El periodista debe ser
un poco poeta Luka Brajnovic
- El periodismo puede proporcionar no pocas
ocasiones para convertirse en portador de arte. Pero mientras
el arte totalmente creativo da vueltas alrededor de la verdad
objetiva con el propósito de no quemarse al contacto con
ella, el arte de un periodista es exactamente lo contrario: no
puede dar vueltas alrededor de la verdad informativa sin tocarla,
por muy peligrosa que sea la quemadura de este contacto. Porque
el periodista debe exponer esa realidad o verdad y, en muchos
casos, explicarla, describirla y criticarla o defenderla.
En esta explicación el periodista también crea,
porque ya no se trata simplemente de ser intermediario entre
un hecho y los destinatarios de la información, sino que,
además, se trata de una intervención personal y,
como tal, subjetiva.
Esta intervención está a veces cargada de las más
decisivas características de su personalidad. Entre estas,
la inteligencia, el buen gusto y estilo, la erudición,
la integridad ética y la habilidad de penetrar en el mundo
de sus lectores u oyentes son las más importantes. Sería
un error no tener en cuenta el hecho de que también el
destinatario posee igualmente dignidad humana y que en muchos
casos este destinatario tiene la fuerza cocreativa, gracias a
su cultura, imaginación e intelección.
Pero, además, puede surgir poesía en el modo de
utilizar la libertad de expresión, en la búsqueda
no solo de la verdad, sino también de la bondad y la belleza,
en el tratamiento de los temas que, hechos pura prosa, aplastan,
pero que con un poco de poesía elevan el pensamiento y
los ánimos. Pienso que hay muchos temas en los que se
puede descubrir la alegría poética. Hay poesía
en todo y, desde luego, en la realidad, ya que los poetas también
comunican diferentes aspectos de la realidad, una realidad elevada,
quizá, a la enésima potencia, pero al fin y al
cabo una realidad.
Aunque existe, por supuesto, el gran peligro de que la sensibilidad
poética deje su puesto al realismo duro y embrutecido
de la sequedad y trivialidad cotidiana, se puede ser un poco
poeta ejerciendo la profesión periodística. No
hay que convertirse en rapsodas retóricos de las nubes
del poder político triste antipoesía,
sino en defensores y portadores de los valores humanos.
Se puede ser un poco poeta y se puede ser muy poeta, como nos
demuestra la historia del periodismo español y universal.
Se puede ser a la vez poeta y periodista, porque la poesía
es, entre otras virtudes y características, el espejo
en el que se refleja la luz que ilumina el tiempo, el hombre
y el mundo en que vivimos. Reconstruir la vida, las realidades,
las sensaciones propias y ajenas significa también reconstruir
aquellos momentos en los que surjan visiones poéticas
como consecuencia de una lucha, y también sufrimientos
interiores líricos o épicos, emotivos o prosaicos,
pero siempre nacidos de lo más intimo del ser humano.
El periodistapoeta vive en la actualidad, pero se encuentra
fuera de ella para poder abarcarla entera. Está aquí
y allá. Al mismo tiempo abraza la realidad cotidiana y
se quiere librar de ella. Le atraen los hechos pero se defiende
para que no le cautiven. El periodistapoeta ve mejor la
realidad de lo que ella le ve a él. Se miran desde diferentes
ángulos y se ven en distintos colores. Y a pesar de todo
esto y de todas las situaciones prosaicas en las que se encuentra
o se puede encontrar, el periodista debe ser un poco poeta.
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