Muerte y resurrección
de la televisión venezolana
- Los televidentes están pasando
a ser clientes que pagan por un servicio, lo que traslada la
competencia hacia los contenidos
-
- La televisión ha sido una gran
villana por décadas: culpable del bajo rendimiento escolar,
del aumento de la violencia social, de la degradación
de la moral, entre otros cargos que le adjudica principalmente
la escuela. Así, la televisión y la educación
se enemistaron; su pugna se consolidó, pues como bien
lo señaló J. Alfaro, en su tensa convivencia, una
ha evidenciado las carencias de la otra. Luego del apogeo de
la teoría de la modernización y la comunicación
para el desarrollo, también surgieron dudas en torno a
la comunión entre los medios y la enseñanza.
La popularización de las nuevas tecnologías de
la comunicación y la información, que han incrementado
considerablemente la oferta televisiva, pudiera asociarse con
el recrudecimiento de la diatriba: la televisión por suscripción,
vía satélite y/o cable, significa una mayor cantidad
de programas, una competencia planetaria por el rating y nuevos
temores, reflexiones y especulaciones sobre la relación
entre la televisión global y local.
El desarrollo acelerado de la superautopista de la información,
junto con la tecnología digital, en general, también
se suman a la polémica anterior, pero para anunciar la
muerte de la televisión.
Muerte de la TV
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- Realmente, ¿la televisión
ha muerto? Pérez de Silva afirma que con el fin del reinado
de la televisión analógica, atravesamos una e-volución
que incluye la transformación del concepto de televisión
y de los estilos de los programas, el paso de una "caja
tonta" a un interfaz inteligente, la reivindicación
del valor de los contenidos y el surgimiento de nuevas audiencias
con mayor margen de elección en la programación,
cuyo límite hoy vislumbrable apunta hacia la interactividad
total y la autoprogramación.
El desarrollo acelerado de la autopista de la información
y la tecnología digital se suman a la polémica
para anunciar la muerte de la televisión
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- Consideramos que indudablemente somos
testigos del fin de la televisión, pero de aquella que
era continuamente criticada, vilipendiada, magnificada, incomprendida,
culpable de muchos males, con y sin razón. La televisión
se vio obligada a mirarse a sí misma para encontrar cómo
sobrevivir o revivir frente a la infinidad de ojos que interpelaban
y buscaban la asiduidad de millones de televidentes globales.
Paradójicamente, la voracidad de la programación
de veinticuatro horas continuas y la gran competencia por el
rating, flanco de tantas críticas, le está permitiendo
a la televisión redescubrir espacios, reinventarse. Transitamos
hoy entre la muerte de la televisión que hemos conocido
por décadas y su resurrección.
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- Resurrección
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- En esta reinvención, vinculada
inequívocamente a la fragmentación de las audiencias,
los canales temáticos han respondido provisional y acertadamente
al derecho y necesidad de las personas a la libertad de elección,
es decir, a entretenerse, informarse o aprender a través
de la televisión. La televisión temática
es, como afirma D.Wolton, la materialización de la innovación,
la diversidad y la libertad individual.
Es cierto que se abrieron espacios para la dramatización
y fetichización de lo real, el reciclaje de informaciones
y series enlatadas y la publicidad, pero también debe
reconocerse que el televidente dispone de canales de televisión
para acercarse al conocimiento. En cierto modo se materializa
"el desafío educativo de la televisión"
formulado por J. Pérez Tornero, cuyo norte apuntaba hacia
la autoprogramación y el replanteamiento del uso de este
medio por parte de las audiencias. Se están renovando
las formas de lectura del medio, las programaciones, los programas
y las audiencias, al igual que las relaciones de éstas
con el entorno y con el conocimiento, según sostiene J.Martín
Barbero. Los televidentes están pasando a ser clientes
que pagan por un servicio, lo que traslada la competencia hacia
los contenidos, en opinión de E.Bustamante.
En esta metamorfosis de la televisión hay un resquicio
para la educación. Ya es posible aprender sobre medicina,
literatura, cocina, costumbres, pintura, cine, jardinería,
música, geografía, carpintería, zoología,
historia a través de la televisión. Pareciera que
en el fondo nadie anhelara una televisión educativa, en
el estricto y más puro sentido pensado años atrás.
La pacificación espontánea entre la televisión
y la educación se está perfilando en el sentido
de la "conciliación necesaria" planteada por
G. Villamizar: respetando sus especificidades y diferencias.
Guerra de franquicias
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- Los indicios de este germen que nació
en los canales especializados, comienzan a verse en algunos canales
de programación general. Un caso interesante al respecto
es el programa de concursos "¿Quién quiere
ser millonario?" (Celador Productions Limited y ECM Production),
una franquicia internacional vendida a gran cantidad de canales
de televisión en el planeta, incluidos varios de América
Latina.
Aunque el aprendizaje a través de él no es imposible,
sería absurdo pensar que este programa fue creado para
enseñar o aprender. Los múltiples estímulos
presentes durante la recepción, las interrupciones por
los cortes comerciales, las preguntas que se formulan durante
una hora de programa, multiplicadas por cuatro opciones para
responderlas y la desarticulación del programa televisivo
con otros mecanismos de refuerzo, posteriores a la emisión,
dificultan la retención de la información.
Pero lejos de profundizar en el debate acerca de su carácter
didáctico o de entretenimiento, haremos referencia al
comportamiento de la audiencia venezolana en relación
con este programa. En Venezuela, se transmite los miércoles
desde mediados del año pasado por Radio Caracas Televisión
(RCTV), un canal de señal abierta y programación
general, que por décadas ha rivalizado por la conquista
de la misma audiencia con Venevisión.
Durante sus primeras emisiones, este programa de concursos luchó
por conseguir la preferencia del público venezolano.
En febrero de 2001 ya ubicaba a RCTV en el primer lugar (ranking),
con un rating promedio de 18.60%, seguido con 15.80% por "Yo
soy Betty, la fea", una telenovela colombiana también
transmitida por RCTV, que inicialmente registró promedios
de audiencia entre 30 y 35 puntos.
En su contraataque por el horario de los miércoles a las
ocho de la noche, Venevisión lanzó en abril otra
franquicia, un programa de "televisión real":
"Robinson, la gran aventura" (Pearson Productions).
En el segundo capítulo de las vivencias de un grupo de
venezolanos en un archipiélago panameño, nuevamente
RCTV derrotó a Venevisión con un margen de 74%
a 20% del share (porcentaje de televisores encendidos por canal)
gracias a una edición especial de "¿Quién
quiere ser millonario?" con artistas y cantantes invitados
en calidad de participantes.
A un año de emisión, aunque con una disminución
bastante considerable en el nivel de audiencia, "¿Quién
quiere ser millonario?" mantiene a RCTV de primero en el
ranking con 11.70% de rating promedio. "Robinson, la gran
aventura" se ubica en el cuarto lugar con 10.60%.
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En esta guerra de franquicias es llamativo que un programa que
utiliza el conocimiento como una de sus materias primas, se mantenga
en el primer lugar con respecto a otros que ofrecen televisión
real o drama.
- Millonaria en conocimiento
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- Querer ser millonario rápidamente
no es una aspiración nueva; los programas de concursos
tampoco son innovaciones de la televisión. Entonces,
¿cuáles razones explicarían el exitoso impacto
de este programa? Quizás lo que hemos indicado dé
algunas pistas: el medio, su asociación con el espectáculo
y el entretenimiento, pero a la vez, la transformación
que está experimentado la televisión, específicamente
los cambios en las programaciones, en las preferencias y relaciones
de las audiencias con ella. El exceso de información
y la concienciación que de ello hemos tomado aceleradamente
debido a Internet, a la par de la ampliación de la oferta
televisiva y la familiarización con "pagar para ver
TV" se manifiesta en un nuevo uso de la televisión,
que responde a una interrogante frecuente que las personas se
formulan en la actualidad: cuánto saben. Es una nueva
demanda y este programa reta y responde, en parte, a esa pregunta.
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Estamos claros en que este programa no busca deliberadamente
enseñar o aprender. Sin embargo, fomenta el querer-saber,
deseo indispensable para aprender a través de la televisión.
¡Oh, sorpresa!: televisión y educación en
un programa de un canal de señal abierta del siglo XXI.
Adicionalmente al espectáculo, herencia que aún
no ha perdido la TV, en "¿Quién quiere ser
millonario?" el conocimiento tiene un precio, un valor,
al igual que en la sociedad de la información.
En este programa también encontramos un claro ejemplo
de glocalización. J. Sinclair destaca los casos de glocalización
de la televisión por encima de las tendencias a la homogeneidad
de las programaciones. Particularmente, se refiere a las variaciones
de los programas de concursos internacionales: cada país
quiere y produce su propia versión glocalizada. En el
caso que analizamos, el moderador es local y se incluyen preguntas
relacionadas con las culturas del país que lo transmite.
En Venezuela, además, este programa de concursos originó,
en uno de los programas de comedia más antiguos de RCTV
(Radio Rochela), un sketch que rápidamente se popularizó.
Ambos casos (el programa y su parodia) son versiones glocalizadas,
exitosas y distintas a la franquicia original.
Estamos claros en que este programa no busca deliberadamente
enseñar o aprender
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- Aparte del deseo de ser millonario y de
entretenerse con la desgracia o fortuna de otros, "¿Quién
quiere ser millonario?" es una muestra incipiente de que
la televisión y el conocimiento, a su manera, sí
pueden convivir, incluso en la televisión de señal
abierta y programación general. No se trata de medir
cuánto se enseña o se aprende con cada emisión
de este programa. Queremos destacar que las programaciones especializadas,
la competencia por el rating en términos de variedad y
calidad de programaciones y la insatisfacción de los televidentes
con programaciones cerradas, casi impuestas, han remozado la
televisión educativa. Atrás quedaron las teleclases
de los años sesenta o setenta; hoy, quien quiere aprender,
conocer o evaluar cuánto sabe o le falta por saber, en
múltiples áreas del conocimiento humano, tiene
en la televisión tantas oportunidades como canales y programas
especializados sobre esas áreas.
El querer-saber en esta nueva relación televisión-educación-audiencias
es fundamental: quienes no desean aprender tienen en la televisión,
como siempre, el entretenimiento, al igual que los chicos que
odian ir a la escuela, juegan en lugar de estudiar.
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- Retorno con el elixir
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- Este cambio de la televisión augura
ser favorable. Estamos frente a un puente de plata entre la comunicación
y la educación, donde la televisión cumple la función
de Mac Guffin, planteada por J. Ferrés, recordando a Hitchcock.
Para revitalizar unos procesos de enseñanza y de aprendizaje
"demasiado lánguidos", este autor propone el
uso funcional de cualquier programa televisivo como un pretexto,
una oportunidad para despertar interés por el tema, el
saber y, en nuestro caso agregamos, por una nueva forma de ver
y usar la televisión. Tal vez razones similares motivaron
a la Iglesia venezolana a reconocer, con el Premio "Monseñor
Pellín," a "¿Quién quiere ser
millonario?" como el mejor programa de la televisión.
Ahora bien, no podemos negar que a la par de programas como éste,
también han proliferado algunos reality shows y talk shows,
que en lugar de informar o formar, deforman la realidad que intentan
mostrar y caricaturizan a sus protagonistas. Lamentablemente,
en varias oportunidades estos programas, a manera de cámara
o ventana indiscreta, hurgan en la intimidad humana para alimentar
el morbo del hombre por el espectáculo de sí mismo.
Para ello recurren, en el primer caso, al establecimiento de
dinámicas de juego que apuntan hacia una especie de darwinismo
social en directo y, en el segundo, a la presentación
de testimonios denigrantes de un latinomericano-tipo, que solamente
existe en la conjunción de las necesidades económicas,
las desgracias y las pasiones más bajas de los invitados,
por la imaginación de algunos productores de televisión
y la guerra por la conquista de las audiencias. En consecuencia,
en la transformación de los programas y las programaciones
también hay margen para la denominada "televisión
basura". Paradójicamente, esta batalla por el rating
también pone en duda la veracidad de los testimonios y
las acciones presentadas en esos programas. Ese es un punto a
favor de una lectura diferente del medio, pues contribuye a desmitificar
uno de sus principales "atributos": la transparencia.
Sembrada la duda, queda entonces en manos del televidente seleccionar
sobre qué quiere saber al momento de sentarse frente al
televisor.
En conclusión, existen razones para pensar que hoy las
personas desean y necesitan de la televisión, con la posibilidad
de elegir no solo en qué forma entretenerse, sino también
sobre qué informarse y aprender, como consecuencia del
crecimiento de la televisión especializada, del acceso
a Internet, y de la transición hacia la televisión
digital. La competencia seguirá, pero la calidad en los
contenidos se impone como un requisito inexorable. Afortunadamente,
este proceso no excluye la conciliación entre la educación
y la televisión. A través de muchos canales de
TV nos damos cuenta de que mientras más sabemos, aumenta
lo que nos falta por saber. Es la metamorfosis de una villana
de cristal; es el regreso con el elixir, luego de su resurrección.
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