PALABRAS Y FRASES
- Sería buena cosa que los españoles
se pusieran de acuerdo para hablar con palabras y no con frases,
cutre y mala costumbre a la que le han empujado la frecuente
escasa formación y raro gusto de quienes hablan en voz
alta: políticos, periodistas, locutores de radio y televisión,
etcétera.
- La frase suele caer en el tópico,
que a veces hasta se fomenta, con lo cual se suma un curioso
valor añadido a la necedad. El buen gusto, el amor a la
lengua y respeto al prójimo deberían vetar el decir
vaciedades como asignatura pendiente, tercera edad, recta final,
ópera prima, Estado español, este país y
tantas y tantas otras más que ni merece la pena traer
al recuerdo.
- Es peligroso no respetar la lengua que
se habla y es triste ver que la falta de respeto, en estos casos,
no suele ser sino el resultado de una inercia nutrida por la
holgazanería.
- Decir asignatura pendiente no es grave,
pero sí relamido y convencional.
- Decir tercera edad es el índice
del más huero paternalismo y finta de la más humillante
caridad; a quienes tenemos la edad que tenemos no nos importa
que se nos llame viejos, que es lo que somos, aunque sí
que se nos den palmaditas en la espalda, se nos sonría
sin venir a cuento y se nos hable con eufemismos y por elevación,
como dispara la artillería.
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- Decir recta final u ópera prima
no es sino muestra de la más decantada cursilería,
y como lo cursi también tiene su defensa, recuérdese
lo amorosas y agradecidas que suelen ser las cursis, no quisiera
insistir ni en el menosprecio ni en la saña.
- Y decir Estado español o este país
tampoco es más cosa que ñoñería descentralizadora,
mansa y disimuladamente racista.
- Decía Kierkegaard que cada cual
se corre como puede y que la angustia es el vértigo de
la libertad. Yo creo que tenía razón, sobre todo
en su primer supuesto, y que el más claro y cruel síntoma
de impotencia es la tendencia y no digamos el hábito
a hablar con frases y no con palabras, con estereotipos y no
con voces perseguidoras de la idea.
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