LA CRISIS ARGENTINA
Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
- Es difícil dar cuenta de los últimos
dos meses en la Argentina, revuelta popular con saqueos a supermercados,
renuncias de presidentes (tres en menos de quince días),
"cacerolazos", y una agudización de la crisis
económica más grave de su historia como telón
de fondo.
Desaliento, angustia, escepticismo, corridas bancarias y reacciones
a veces violentas son la característica de la opinión
pública argentina de estos meses de crisis aguda.
Intentaré explicar de manera breve el papel que le cupo
y le cabe a los medios de comunicación en la construcción
de esta realidad.
Sostiene Mark Wheeler que "lejos de ser utópicos
espectadores e instrumentos sociales de transmisión más
o menos aséptica de simples datos, y lejos de ser sencillas
o sofisticadas correas de transmisión de previos y externos
intereses políticos y económicos" los medios
de comunicación "están siendo actores sociales
que desempeñan papeles claves de control político,
en la medida que asumen algunas de las responsabilidades propias
del 'cuarto poder'; y esta responsabilidad se ve acrecentada
en momentos de incertidumbre social y política",
como la que nos toca vivir hoy en la Argentina.
-
- Fuertes esperanzas
-
- Es imprescindible, para comprender la
actuación de los medios de comunicación durante
los últimos meses en la Argentina, retrotraernos unos
años. Al asumir el presidente Fernando De la Rúa
a finales de 1999, los medios de comunicación y la opinión
pública en general depositaron fuertes esperanzas en un
gobierno de coalición de centro-izquierda que venía
a solucionar los problemas sociales y económicos que habían
quedado sin hacer en más de una década del "tandem"
peronista-conservador, encarnado en el ex-presidente Carlos Menem
y su "superministro" de economía Domingo Cavallo.
Demasiadas
- expectativas y una Alianza que se mostró
ineficaz para contener un desmedido gasto público y niveles
de corrupción de enorme magnitud, los medios de comunicación,
entre ellos Clarín y sus multimedia, ya a comienzos del
nuevo milenio, ametrallaron al gobierno con su crítica
furibunda. Sin embargo, esta actitud se transformó en
una crítica más leve a partir de la llegada de
los fondos del F.M.I. y el consecuente ajuste económico
que el gobierno denominó "Blindaje". La Nación,
el tradicional diario de Buenos Aires, quizás fue el último
medio en intentar un salvataje al gobierno de la Alianza, seguramente
por los vínculos de amistad que el Presidente mantenía
con algunos directivos del diario.
Quizás la muestra más elocuente de esta crítica
feroz haya sido la reiterada caricaturización del presidente
De la Rúa que, en no pocos casos, llegó a niveles
de agresividad, seguramente inaceptables en una democracia.
-
- Escepticismo
-
- Los medios de comunicación están
siendo actores sociales que desempeñan papeles claves
de control
político
-
- A esta ola de crítica mediatizada
y a la falta de salidas a la creciente crisis económica
-que llevó a nombrar como ministro de economía
al mismo Domingo Cavallo-, se sumó la prédica que
desde hacía varios años venían realizando
dos programas de televisión de entretenimiento con una
dosis importante de crítica política: Caiga Quien
Caiga (CQC) conducido por Mario Pergolini y Videomatch a cargo
de Marcelo Tinelli. Estos programas estaban dirigidos a un público
mayoritariamente joven y su mensaje, cargado de ironía,
dejaba al espectador una sensación de escepticismo y de
inutilidad de la clase dirigente argentina en general y de los
políticos en particular. Los medios de comunicación
funcionan como un sistema de referencia, con ejemplos y contraejemplos,
con relatos de logros y fracasos, en torno a algunas disposiciones
sociales estables, que ayudan a la gente a entender la complejidad
de su entorno. Es evidente que desde este tipo de programas de
televisión se sembró el escepticismo más
duro sobre las instituciones republicanas y, no es extraño
que las elecciones legislativas de finales del 2001 mostraran
la creciente disconformidad del pueblo argentino, no sólo
con el gobierno de turno, sino más bien con toda la clase
política.
El "cacerolazo" espontáneo y pacífico
de la clase media urbana que signó la renuncia de De la
Rúa, llevó cierta algarabía a las redacciones
-
- Los acontecimientos se precipitaron a
fines de diciembre del 2001.En medio de rumores alentados por
algunos periodistas de televisión y radio de "golpe
institucional" que supuestamente daría una autoconvocada
Asamblea Legislativa -de mayoría peronista-, se desataron
los saqueos a supermercados y los medios mostraron azorados la
irrupción de una masa de desocupados y hambrientos que
terminaron de socavar al alicaído gobierno de De la Rúa.
Los grandes diarios y los noticieros de televisión se
vieron desbordados por los acontecimientos que ellos ayudaron
a gestar. Las imágenes de la violencia se adueñaron
de las pantallas de televisión y de las primeras planas
de los diarios argentinos y recorrieron el mundo. Ya era tarde
para llamar a la cordura periodística.
Reacción popular
-
- El "cacerolazo" espontáneo
y pacífico de la clase media urbana que signó la
renuncia de De la Rúa, llevó cierta algarabía
a las redacciones. La figura romántica del "pueblo
que expresa libremente su hastío", sin divisiones
ni ideologías, se transformó en la frase hecha
de la mayoría de los medios de comunicación.
Luego de la renuncia de los siguientes dos presidentes, envueltos
nuevamente en "cacerolazos", ya menos espontáneos
(muchos de ellos gestados a través de la Internet), y
furibundas críticas periodísticas, llega al poder
Eduardo Duhalde, ex-gobernador de la provincia de Buenos Aires
y candidato a presidente por el peronismo en las elecciones de
1999 que ganó De la Rúa.
- A partir de este punto debemos señalar
una postura diferente de los medios de comunicación. En
primer lugar llamó poderosamente la atención la
ausencia de algunas de las figuras más representativas
del periodismo televisivo, radial y escrito que, a pesar de la
relevancia de los hechos que acontecían, no suspendieron
la ya clásica temporada vacacional del mes de enero.
- Los grandes matutinos, Clarín y
La Nación se han mostrado más cautos, limitándose,
las más de las veces, a seguir los acontecimientos tan
cambiantes del mes de enero. En sus páginas encontramos
a veces un tibio apoyo a los reincidentes cacerolazos y algunas
críticas veladas a aspectos de la gestión de Duhalde,
pero que no llegan a subir los decibeles en ningún momento.
El miedo a la desintegración social es evidente entre
sus editores.
-
- Crítica mordaz y agresiva
-
- Por otro lado, encontramos ciertos periodistas
televisivos y radiales que parecen intentar adueñarse
del movimiento de protesta "cacerolero". Entre ellos
quizás el más virulento sea el periodista Daniel
Hadad, dueño de Radio 10 (una de las radios de mayor audiencia
en el país) y que cuenta entre sus periodistas a González
Oro y Marcelo Longobardi, por momentos voceros de una crítica
mordaz y muy agresiva contra toda la dirigencia política.
Hadad fue en su momento un aliado tácito del menemismo
y un furibundo crítico de la administración delarruista.
Desde sus programas de radio y televisión, ha sido uno
de los referentes de algunos de los participantes en los últimos
cacerolazos.
En la otra punta del espectro ideológico, Jorge Lanata,
fundador del diario de centro-izquierda Página 12 en los
años ochenta, también ha intentado hacerse eco
de los sectores críticos de la opinión pública
capitalina, brindándole su espacio televisivo a los diversos
grupos que conforman el heterogéneo magma de "caceroleros".
Entre los diarios, Ámbito Financiero es el único
que ha incorporado un discurso combativo muy duro contra el gobierno
de Duhalde. Éste es un periódico de información
económica dirigido por Julio Ramos, cuyo público
es el establishment empresario y financiero. Desde sus páginas
se popularizó el denominado "índice de riesgo
país", una controvertida manera de medir la decadencia
de la economía argentina que contribuyó a generar
en la población la idea de que el accionar de la administración
De la Rúa era ineficaz para gestionar la economía
nacional. Ramos, en los últimos tiempos, asimismo, ha
iniciado un combate personal contra el grupo Clarín, dueños,
entre otros medios, del diario del mismo nombre, del Canal 13
de televisión, Radio Mitre, y del servicio de televisión
por cable Multicanal, a quienes acusa de apoyar al gobierno de
Duhalde para sacar mejores condiciones de financiamiento para
su enorme deuda.
-
- Dos males del momento
-
- En medio de rumores alentados por algunos
periodistas de televisión y radio se desataron los saqueos
-
- En síntesis, creo que la Argentina
está sufriendo de dos males que tienen su raíz
en las últimas tres décadas. Por una parte, una
clase política, sindical y empresaria ineficaz y corrupta
y por otra, unos medios de comunicación incapaces de generar
consenso entre la opinión pública y que, por el
contrario, con su ataque sistemático y constante a la
clase dirigente en general, sin discriminar entre buenos y malos,
generaron un descreimiento en la población, no solo sobre
los políticos sino sobre las propias instituciones republicanas.
Existe una sensación de escepticismo e inutilidad de la
clase dirigente argentina en general y de los políticos
en particular
-
- Los medios en la Argentina parecen no
querer asumir aquello que señalaba Davies Merritt acerca
de los cambios que debieran hacerse en la prensa contemporánea:
ser capaces de trascender "la misión limitada de
'contar las noticias' hacia una misión mucho más
amplia de ayudar a que la vida pública funcione bien,
y actuar basándose en este imperativo".
Justamente el lunes 4 de febrero, en su editorial, el diario
La Nación hacía una interesante reflexión
y un mea culpa al respecto. Señala la editorial que los
medios de comunicación no están exentos de la "obligación
moral" de revisar su actuación y de asumir "la
cuota de responsabilidad que les cabe en el actual descalabro
político, económico y social".
-
- Revisar prácticas periodísticas
-
- El texto propone revisar las prácticas
periodísticas para establecer si en algún momento
se ha incurrido en "el sensacionalismo, la mercantilización
de la información, la utilización de medios ilegales
y hasta perversos para obtener una supuesta noticia, la vocación
por el escándalo con olvido del respeto que merece la
dignidad de todo ser humano, el incumplimiento de los principios
que obligan a confirmar la veracidad de una información
antes de difundirla, la frivolidad en el tratamiento de cuestiones
de gravísima repercusión social, la violación
a menudo delictuosa de la intimidad de las personas, la exacerbación
maliciosa de los ánimos en el despliegue de temas que
generan violencia o son causa de disolución social, la
tendencia a alentar los resentimientos o los enconos que pueden
existir entre distintos sectores de la población, la incitación
directa o tácita a provocar situaciones tumultuosas o
potencialmente lesivas para la seguridad de las personas."
Sin agotar el repertorio de la mala praxis periodística,
he aquí un inventario de las actitudes que, durante este
último año, han abundado en la prensa argentina
y, que sin ser la única causa y ni siquiera la más
importante, han contribuido a sembrar el descreimiento y el caos
en nuestra sociedad.
"La Argentina", finaliza La Nación en su editorial,
"será mejor en la medida en que todos los ciudadanos
y todos los sectores sociales nos miremos para descubrir de cuánta
responsabilidad -grande o pequeña- debemos hacernos cargo".
Por mi parte agregaría que quienes ejercen la profesión
de comunicadores públicos tienen siempre una responsabilidad
mayor, ya que todo discurso comunicativo en el espacio público,
como sostiene García Noblejas "siempre es ética
y políticamente relevante, dado el carácter formal
de proyecto que supone el ideal democrático y el papel
configurador que tienen los medios de comunicación en
el acceso de las gentes al ámbito de lo públicamente
interpretado".
|