La prensa amarilla en
amÉrica latina
- El presente texto surge de la preocupación
por la mayor presencia de la prensa amarilla en nuestras naciones.
Ciertamente mucho se ha escrito y discutido sobre la prensa amarilla,
de cómo tergiversa la información, cómo
inventa noticias, cómo resalta el morbo e incentiva la
violencia y banaliza la vida social. Dada la amplia discusión
que este fenómeno ha tenido desde la prensa de masas norteamericana
hasta los tabloides ingleses, no hay muchas novedades si solo
nos centramos en el análisis de los textos y de las estructuras
narrativas de estos diarios. Más allá de una nueva
condena o la apelación a una legislación más
severa, estimo que el fenómeno de la prensa amarilla ya
ha sido ampliamente descrito desde su dimensión periodística.
Sin embargo, como fenómeno comunicativo y cultural, la
reciente prensa amarilla sugiere una serie de interrogaciones
y preguntas que no han sido abordadas suficientemente. Al concebirse
la prensa amarilla al margen del periodismo, de cierta manera
ha primado una visión negativa y condenatoria (estimo
que con justa razón), sin embargo, ello ha impedido observar
las tramas culturales que ésta entreteje con las culturas
de sus lectores y con la agenda pública .
La prensa amarilla tergiversa la información, inventa
noticias, resalta el morbo, incentiva la violencia y banaliza
la vida social
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- Ciertamente, pensar la prensa amarilla
como un proceso comunicativo supone superar la perversidad con
que sus dueños usan y tergiversan la información
y nos lleva a comprender la comunicación también
desde el punto de vista de sus públicos. Si partimos de
esta premisa, debemos entender a la prensa amarilla desde otra
perspectiva: como un proceso dinámico, en el que están
involucrados otra oferta de prensa, otros medios audiovisuales,
un sistema político. En una sociedad de intercambios cada
vez más dinámicos que trascienden el tiempo y el
espacio, no podemos pensar la relación entre el lector
y el diario amarillo como si estos estuvieran aislados de lo
que ocurre en el mundo, es necesario analizarlos en sus contextos
culturales y mediáticos.
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- La prensa amarilla actual
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- Como muchos autores han señalado,
la prensa amarilla ha evolucionado, de las primeras planas del
Journal de New York de 1895, pasando por el Bild alemán,
hasta los diarios amarillistas peruanos como el Chino y Ajá
o los bolivianos como Extra y Gente, el sensacionalismo ha permeado
tanto a la prensa seria como a la televisión y la radio.
Es evidente su influencia en los noticieros y programas periodísticos,
como también en otros géneros audiovisuales. Frecuentemente,
resulta difícil trazar una línea tajante entre
el sensacionalismo y la prensa amarilla. De hecho, el término
prensa amarilla surgió de una disputa entre el World de
Albert Pulitzer y el Journal de Rodolf Hearst, por una tira
cómica que se publicaba en ambos diarios llamada "yellow
kid", y cuyo color pasó a representar el tipo de
periodismo en extremo sensacionalista. Sin embargo, la prensa
amarilla de nuestra época presenta algunas particularidades
que detallaremos.
Esta prensa cumple una doble función, sirve tanto para
ser comprada y consumida por sus lectores como para ser mirada
en sus titulares. La práctica de ver los titulares es
muy común; más del 50% de los consumidores limeños
prestan atención a los titulares, es más, durante
el proceso electoral peruano del 2000 muchos titulares no tenían
interiores (no para que sirvieran como gancho para la compra)
pues su objetivo era llegar al transeúnte, al que pasa
en el ómnibus, a la que observa desde su propio auto.
Ciertamente, estos diarios estuvieron articulados al poder corrupto
de Fujimori y Montesinos y fueron parte de los operativos psicosociales,
pero también reflejan la velocidad de la vida cotidiana,
donde lo audiovisual tiene su imperio y toda la diagramación
periodística está organizada para ser más
vista que leída.
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Los diarios amarillistas son fuente de entretenimiento, de satisfacción
de necesidades,de protagonismo
y también de voyeurismo público
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- A diferencia de la prensa amarilla de
finales del siglo XIX, en nuestro medio esta prensa se ocupa
muy poco de las noticias internacionales o de personajes de la
realeza. Más bien, una lista interminable de personas
anónimas, como albañiles, profesores, vendedores
ambulantes, cobradores de microbuses discurren entre sus páginas,
entre las notas exageradas y distorsionadas. Personajes que de
ninguna manera son los protagonistas de los diarios serios y
sesudos, encuentran en esta prensa una representación,
distorsionada y banal de su cotidianeidad y sus espacios.
El sensacionalismo ha permeado tanto a la prensa seria como a
la televisión y la radio
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- Contra lo que se suele pensar los lectores
de esta prensa no son siempre los menos instruidos, ni los miembros
de las clases sociales más bajas. En el estudio que realizamos
encontramos que muchos miembros de las clases medias también
son lectores asiduos.
Otro dato sorprendente fue que sus lectores suelen consumir otros
diarios que usan para seguir la agenda política. En cambio,
los diarios amarillistas son fuente de entretenimiento, de satisfacción
de sus necesidades de protagonismo y también de vouyerismo
público. Por lo tanto, no estamos frente a un lector de
poca instrucción, ni desvinculado de la agenda política,
no estamos frente al paradigma de la marginalidad, según
el cual esta prensa se ocupa de los márgenes de la sociedad.
Todo lo contrario, esta prensa resalta y apela a dimensiones
que los otros diarios no se proponen, la función lúdica
predominante. Ellos no tiene competencia en los diarios tradicionales
que encasillan el entretenimiento a las secciones de humor y
misceláneas. Por su parte los lectores de estos diarios
se articulan en torno a algunos factores:
-
- · El gusto por el entretenimiento
extremo por encima de la veracidad.
· Por los enfoques trasgresores, es decir, sin reparar
en aspectos éticos, morales o de valores (de allí
el gusto o la tolerancia frente a la crónica roja, el
uso del cuerpo de la mujer como objeto y la escasa preocupación
por la estricta veracidad de los hechos )
· Por la búsqueda de "horizontalidad social",
es decir de espacios, rostros y lenguajes similares a los suyos.
· Y finalmente la preferencia por las narrativas de acción
en desmedro de una actitud más analítica.
- Por lo mismo, estamos hablando de comunidades
de consumo que trascienden las clases sociales y el grado de
instrucción (instrumentos clásicos del análisis
del marketing) y se ubican en lo que podemos llamar cultura de
la trasgresión y la horizontalidad que ampliaremos a continuación.
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- Prensa amarilla y búsqueda de
horizontalidad social
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- La prensa amarilla tiene sus orígenes
en la prensa sensacionalista o popular de los años 50.
De cierta manera, las distintas generaciones han espectado sus
titulares y han sido unas lectoras y otras observadoras del proceso
de radicalización que devino en la actual prensa amarilla.
Existe, por lo tanto, una historia personal de consumo que se
ha constituido a lo largo de los años en cada uno de sus
lectores. Dado que la conformación del gusto no surge
simplemente de la exposición a las ofertas amarillistas,
a este habitus por la noticia amarillista concurren otros medios
y otros fenómenos culturales.
Cuando analizamos la constitución de los públicos
debemos tener en cuenta el sistema de medios, frente al cual
se sitúan como públicos y ante el cual desarrollan
o no diálogos con sus universos culturales. Por ello,
es central en nuestro análisis que los lectores entrevistados
subrayaron que en los diarios serios, los protagonistas de la
información, suelen ser otros.
Ciertamente, la clase política y los sectores económicos
acomodados suelen ser los protagonistas de las noticias, ellos,
en cambio, figuran en las páginas interiores, recluidos
a las secciones policiales. En el momento en que surgieron los
principales diarios amarillistas en el Perú, no existía
una oferta periodística sostenida que recogiera el "mundo
popular", estos diarios ingresaron porque los diarios serios
excluían a amplios sectores, del protagonismo de sus noticias.
La prensa amarilla se incrusta como una cuña allí
donde el periodismo serio y racionalista no facilita la comprensión
de las noticias o éstas están disociadas del entretenimiento
y lo lúdico. Por lo mismo, existe un sistema de medios
en prensa que de alguna manera margina o no tiene ofertas para
los grandes sectores de las poblaciones urbanas. Si analizamos
las fotos de los principales diarios de las capitales latinoamericanas
encontramos que los rostros y personajes, allí representados,
difieren de los personajes populares o de los sectores conocidos
como C, D y E.
Por los personajes, lugares y lenguajes que discurren en la prensa
amarilla pensamos que estamos frente a una prensa pensada para
agradar y responder a las demandas básicas de protagonismo
y visibilidad pública de los sectores más populares
de las sociedades. Se trata de periódicos que construyen
su propia agenda, una agenda que hace de los hechos triviales
y anecdóticos que la prensa seria suele desdeñar,
en sus titulares de portada. De esta manera, las muertes accidentales
cobran protagonismo tratándose de humildes albañiles
o vendedores de fruta, que no sería tal si su espectacularización
no estableciera una relación de espejo que logra con amplios
sectores excluidos de la imagen y presencia pública. Tal
y como lo señala Martini, "no solo la violencia criminal
logra una cobertura sensacionalista: todo conflicto puede ser
relatado desde la retórica sensacionalista", es decir,
que el sensacionalismo puede permear toda la vida cotidiana de
los personajes representados, por más insignificantes
que sean, y por lo mismo la relación de espejo que se
establece viene a ser a veces más importante que las estrategias
discursivas y de diagramación que estos diarios ofrecen
Para sus públicos, la prensa amarilla retrata a pobladores
que usualmente se encuentran en las márgenes, en los espacios
de sombra de lo que es importante y de lo que es protagónico
en la ciudad. Estos diarios, de cierta manera, les dan visibilidad
y representatividad, dando a su vida cotidiana dimensiones épicas
que de otro modo se perderían en la memoria de su entorno
inmediato.
No estamos ciertamente ante un proceso de democratización
de la imagen pública o del protagonismo social, pues este
periodismo se ejerce a través de la exageración,
distorsión y la mentira, estamos, eso sí, frente
a un proceso de horizontalidad del rostro, del territorio y del
discurso de los sectores populares. En los países andinos,
donde no existió en el espacio público un proceso
de reconocimiento y valoración de las imágenes
propias, esto es importante. En otros países como en México,
a través del cine, en Brasil a través de la zamba,
de la salsa en Centroamérica, o del tango en Argentina,
ya se pasó por este proceso.
En conclusión, la prensa amarilla es la solución
perversa que da el mercado y la política a la exclusión
de los sectores populares, es la forma a través de la
cual adquieren protagonismo y son actores de la épica
social, que provienen de los géneros de acción,
en desmedro de los géneros melodramáticos históricamente
anclados en nuestra cultura.
-
- La prensa amarilla como parte de la
cultura de la trasgresión
-
- Las expresiones culturales cotidianas,
sean del signo positivo o negativo, como bien lo señala
Stuart Hall responden a contextos culturales específicos.
Ciertamente nuestras sociedades están atravesadas por
tres procesos:
· La desistitucionalización, por la cual las personas
se desvinculan de las esferas decisorias (sea por caducidad de
las instituciones o por su disfuncionalidad) como resultado de
la reducción del Estado.
· La inserción conflictiva y excluyente de la población
al ejercicio ciudadano, que está permeado de racismo,
autoritarismo e inequidad de género y generacional.
· Hegemonía audiovisual de programas que trasgreden
las normas y costumbres tradicionales, tales como programas cómicos,
talk shows, revistas noticiosas, concursos y musicales.
Estos tres factores vienen conformando esta cultura de la trasgresión.
Pero para nuestro análisis nos detendremos en el factor
mediático.
De hecho la producción de la región se ha visto
inundada del vedettismo, de situaciones que denigran al ser humano,
de revistas periodísticas que enfocan la crónica
roja y se concentran en las notas de trasgresión. Ciertamente
el fenómeno de la prensa amarilla debe leerse como un
fenómeno social que no se agota con un enfoque satanizador
de la respuesta del mercado, tiene que ver con los procesos de
significación que las grandes mayorías hacen de
la vida cotidiana y de su ubicación en las ciudades.
Por lo anterior, debemos tener en cuenta que las instituciones
significadoras de nuestras sociedades están en crisis:
la iglesia, la escuela y la familia han perdido su rol formativo
de valores y constructores de comunidades de significación.
En cambio, los medios de comunicación cumplen una serie
de funciones de soporte social que antes eran de exclusividad
de dichas instituciones, de tal manera que los públicos
demandan a los medios la satisfacción de necesidades de
espiritualidad (encontrar el sentido y significado a su vida),
las necesidades de comunidad (sentirse parte de un proyecto junto
a otros), las necesidades de entretenimiento y las necesidades
políticas (pertenencia simbólica a la comunidad
política a través del seguimiento de la agenda
pública) y hasta las necesidades sexuales, por citar algunas.
Por su parte, los medios evidentemente no están preparados
para asumir ninguna de estas funciones, es más, su visión
del marketing los impulsa a la satisfacción de las necesidades
inmediatas sin comprender la densidad de los procesos políticos,
culturales y sociales que están en juego. La prensa amarilla
en este contexto da cuenta de los segmentos más desagregados
de nuestras sociedades, incentivando el morbo, el entretenimiento
perverso, construyendo comunidades de significación alrededor
de la farándula y el vedettismo.
Las instituciones tradicionales, por su parte, no caminan a la
misma velocidad que los lenguajes audiovisuales y se encuentran
marginadas de las formas actuales de producción de conocimientos,
lo cual las ha debilitado en su rol de constructores de sentidos
que organicen el mundo de la vida de los habitantes de las ciudades.
En medio de este vaciamiento de sentidos operan los medios sensacionalistas.
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- Lamentablemente, estamos frente a una
cultura de la trasgresión, que en el Perú se la
denomina "cultura chicha", hecha de la mezcla, de la
superposición, del sacarle la vuelta a las normas, la
cultura del vivo, del criollo que obtiene lo que quiere sin importar
los medios, una cultura ciertamente híbrida que no tiene
forma ni estructuras, que camina de la mano del mercado, pero
que también se alimenta de su tradición. La cultura
que da forma a la actual versión de la prensa amarilla
es ciertamente signo de la confusión y el desorden de
nuestras sociedades, de la velocidad de la vida actual que sedimenta
con dificultad y que no opera en los plazos largos, sino en la
inmediata satisfacción de necesidades.
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- Política y ablandamiento de
adversarios
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- Diversos autores han señalado los
cambios en el género informativo, el creciente ablandamiento
de sus temas (Brunner, 1988), el uso de géneros híbridos
(Macassi, 1999), de elementos de la sátira (García
Avilez, 1999) en general se ha descrito la tendencia a espectacularizar
las noticias. Sin embargo, no es lo único que ha cambiado,
también las formas de hacer política han sufrido
profundas transformaciones, como bien lo ha señalado Manuel
Castells. Han caducado los partidos de masas y los ciudadanos
no tienen referentes de cómo interpretar los acontecimientos
políticos, por lo tanto recurren a elementos de su vida
cotidiana para relacionarse con el espacio público, interpretando
los gestos o comportamientos de los políticos en lugar
de sus ideas y propuestas (en caso que las tuvieran).
Por su parte, la prensa amarilla desde sus inicios ha estado
fuertemente articulada a la política. Solo basta recordar
la famosa cobertura que el "Journal" realizó
de los acontecimientos que precedieron la invasión de
Cuba por parte de los Estados Unidos en 1998, donde a decir de
muchos, este diario precipitó los hechos. Recientemente
en el Perú los diarios amarillistas sirvieron como herramientas
de presión, difamación y debilitamientos de los
adversarios políticos del régimen autoritario de
Fujimori.
- Posteriormente, se supo que cada titular
le costaba al gobierno entre 2.000 y 4.000 dólares. La
credibilidad de sus lectores en las noticias políticas
era muy baja, pues no encontraban correspondencia entre los titulares
y los interiores. Ciertamente el objetivo del gobierno no era
convencer a los lectores de los diarios, sino influir en todas
aquellas personas que de una manera o de otra miran, a diario,
los titulares en los kioscos. Como lo demostramos en la investigación,
los lectores de titulares fueron quienes más se desilusionaron
y dudaron de sus opciones políticas, a raíz de
los titulares de la prensa amarilla.
Otro de los usos dados a esta prensa fue el de distractor político,
generando cortinas de humo y escándalos de la farándula
o inventando hechos como la "virgen que llora" para
reorientar la atención pública de los hechos que
eran desfavorables al gobierno de turno. Posteriormente la prensa
amarilla siguió apoyando a diferentes candidatos y teniendo
un papel oscuro en el proceso electoral reciente.
Querámoslo o no, la prensa amarilla actual es parte del
tejido político, cultural y social de nuestras sociedades,
las ideas aquí presentadas nos deben servir como preguntas
para repensar las relaciones entre los ciudadanos y los medios,
entre los ciudadanos y la política.
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