TERRORISMO Y MEDIOS
DE COMUNICACIÓN EN MÉXICO
- Las televisoras abusaron de las imágenes
hasta el cansancio
La imagen del derrumbe de las Torres Gemelas de Nueva York ha
sido repetida hasta el cansancio. Imagen que a fuerza de machacar
ha perdido su perplejidad para muchas personas, hasta convertirse
en una parte del escenario (o escenografía) que los medios
han construido desde el conflicto.
En México, la transmisión en vivo del desastre
provocó en los televidentes y en los propios conductores
un dejo de incredulidad, estupefacción y, por qué
no, de incapacidad de explicar lo que sucedía. La densidad
del momento rebasó los medios de comunicación:
la rapidez de los acontecimientos no daba lugar a un entendimiento
coherente de lo que sucedía; se fincó en los reportajes
un sentimentalismo basado en el ánimo del corresponsal
y el miedo y la incertidumbre se reflejaban en la transmisión,
pero también en la calle. La Ciudad de México durante
esa mañana se percibía callada, tensa, en shock.
En México, a diferencia de otros países, los atentados
tuvieron una connotación distinta. La cercanía
con los Estados Unidos produjo efectos políticos y económicos
en lo inmediato. El cierre y control total de la frontera entre
ambos países afectó todas las actividades económicas
y colocó al gobierno mexicano en una posición de
adhesión a los Estados Unidos de manera indiscutible.
Por otro lado, la muerte de mexicanos (legales e ilegales) en
las torres provocó inseguridad en las comunidades mexicanas,
aun de aquellas ubicadas en estados tan distantes como Montana
o Los Ángeles, generando un éxodo de familias hacia
México en busca de un refugio temporal o definitivo en
aquellos pueblos que años atrás habían abandonado
en busca del sueño americano.
Esta condición sui generis de México no fue ajena
a los medios de comunicación los que, en las primeras
transmisiones, resaltaron la muerte de mexicanos en Nueva York.
Un común denominador en los medios mexicanos fueron las
historias de connacionales que habían perdido la vida
en Nueva York y la tristeza de sus familiares que aún
habitaban en territorio nacional.
Pero los medios de comunicación no sólo mediatizaron
el conflicto, ellos mismos fueron constructores de conflictos.
Por un lado, los medios hicieron sentir a los mexicanos que el
terrorismo estaba al otro lado de la frontera, a la vuelta de
la esquina. La posibilidad de que algunos de los involucrados
en los atentados se hubieran internado en territorio nacional
provocó no sólo movilizaciones policíacas,
sino un temor entre la ciudadanía nunca antes experimentado.
Por otro lado, en el diario Milenio se publicó una nota
sobre la vulnerabilidad de México a ataques terroristas,
debido a su estratégica posición respecto a los
Estados Unidos. Y para remarcarlo el diario cita una nota anterior
del mes de julio, donde el Presidente de México, Vicente
Fox, se comprometió a emprender una lucha frontal contra
el terrorismo organizado, luego de haber detectado en el país
la presencia de presuntos terroristas de la ETA.
Cabe recordar que la experiencia "terrorista" en México
no ha tenido una circunstancia importante como en España,
Irlanda, Israel o Colombia. Desde los años 70 grupos subversivos
atentaban contra funcionarios o empresarios, sin que tuvieran
la dimensión de un acto terrorista. Es importante destacar
que en la segunda mitad de los 80, siendo presidente Miguel de
la Madrid, durante el tradicional desfile obrero del primero
de mayo frente al Palacio Nacional, un trabajador arrojó
una bomba molotov contra el palco presidencial sin que se registrara
consecuencias importantes. Ya en los 90, los movimientos armados
como el del EZLN, con posiciones en la defensa de los derechos
indígenas, los coloca en una posición distinta
a las guerrillas históricas en América Latina.
En esta misma década de los noventa, los grupos de narcotraficantes
recurrieron a ciertos métodos poco ortodoxos para amedrentar
a funcionarios policíacos, como dejar granadas sin activar
en la cochera de sus casas.
Un mes antes del 11 de septiembre un grupo ligado al insurgente
Ejército de Liberación Popular Independiente, escisión
del Ejército Popular Revolucionario (EPR), hizo estallar
petardos de fabricación casera en sucursales bancarias
de BANAMEX (filial del norteamericano Citibank) y BBVA Bancomer
y cuyo saldo fueron unos cristales rotos y la pinta de consignas
en las paredes de dichas sucursales. Estos incipientes actos
fueron catalogados como terroristas y los medios sobredimensionaron
esta noticia, al grado de preguntarse si las autoridades policíacas
ya habían elaborado manuales para el combate del terrorismo
organizado.
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Los sucesos en Nueva York llevaron a un estado de pánico
en los medios y a un temor generalizado en la opinión
pública
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- Los sucesos en Nueva York, su cercanía
y la sensación de vulnerabilidad sobre los mexicanos,
llevaron a un estado de pánico en los medios y a un temor
generalizado en la opinión pública de lo que pudiera
suceder en el país debido a nuestra vecindad. Pero conforme
pasaron los días y la atención se trasladó
de Nueva York a Kabul, las inquietudes disminuyeron y el sentido
del miedo cambió. Podemos decir que dicha cobertura puede
dividirse en tres etapas: la sorpresa ante los atentados, el
juego de los expertos que no explicaban nada , y por último,
una etapa de decepción informativa, ya que el enfrentamiento
no resultó, noticiosamente hablando, todo lo espectacular
que se esperaba. De cualquier forma, los medios no han cesado
de querer convertir el conflicto en el espectáculo de
la primera guerra del siglo XXI.
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- Cerco informativo: la dependencia de
CNN y NBC
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- Salta a la vista que la reproducción
de las imágenes de Nueva York fue transmitida por las
cadenas estadounidenses a través de los canales locales
en México. Curiosamente, las primeras imágenes
no se dieron a conocer por los noticieros matutinos de Televisa
y Tv Azteca, sino por el modesto canal CNI 40, cuya señal
abierta se limita al Valle de México. Fue el programa
de Brozo, un payaso que hace sátira política de
la información diaria, el primero en transmitir la noticia.
Durante todo el día las cadenas de televisión transmitieron
lo que sucedía a través de las imágenes
de CNN y NBC. La opinión y los juicios de las cadenas
televisivas estadounidenses permeó en lo subsiguiente
la opinión pública en México. Los diarios
de mayor circulación en México (Milenio, Reforma,
El Universal) mostraron pautas similares de condena a los atentados.
Una excepción fue La Jornada, diario crítico con
fuerte influencia en los medios universitarios, el cual señaló
que los Estados Unidos cosecharon lo que sembraron. Para el diario,
los acontecimientos eran la revancha de "los pueblos del
tercer mundo sobre la soberbia de la metrópoli".
Pero en general podemos decir que los medios escritos tuvieron
una posición de condena a los atentados y de la aprobación
subrepticia a la respuesta estadounidense.
Las estaciones de televisión, una vez repuestas de la
sorpresa, movilizaron sus recursos humanos y materiales hacia
los puntos de conflicto (Nueva York y Afganistán). En
algunos de los casos, como Tv Azteca, envió corresponsales
sin ninguna experiencia en este tipo de situaciones, optando
por contratar a periodistas de otras estaciones como Telemundo,
cadena estadounidense de habla hispana, y estableciendo una línea
editorial de corte amarillista para competir en rating con Televisa,
el principal consorcio televisivo en México. Con todo
ello, la censura de Washington sobre los medios alcanzó
a las empresas mexicanas y permeó en gran parte la opinión
pública del país.
Otro aspecto por resaltar en los medios mexicanos fue la creciente
necesidad por entender lo que pasaba. Los errores de interpretación
se notaron desde un principio, los conductores no atinaban a
definir terrorismo, guerra , enemigo. En no pocas ocasiones llegaron
a establecer sinónimos entre árabes, musulmanes
y terroristas. No tenían una idea clara de definir lo
que acontecía. Y no la tenían porque lo que estaba
frente a ellos era nuevo y los conceptos se habían desbordados.
Como dice Bachelard que "no hay que poner nombres viejos
a cosas nuevas."
Ante su propia ignorancia, los medios se abrieron a los círculos
académicos e intelectuales. Pero en vez de beneficiar
y aclarar las confusiones generaron otras de mayor profundidad.
Los especialistas fueron incapaces de analizar la coyuntura,
al encerrarse en argumentaciones definidas, rebasadas por los
acontecimientos y en su propia incapacidad de traducir sus conocimientos
a un lenguaje mediático. Por ejemplo, establecieron el
inminente choque de civilizaciones de Samuel Huntington como
una verdad ineludible y no como un concepto útil para
entender la coyuntura. Ya lo dijo Ortega y Gasset en El Espectador:
"Mientras tomemos lo útil como útil, nada
hay que objetar. Pero si esta preocupación por lo útil
llega a constituir el hábito central de nuestra personalidad,
cuando se trate de buscar lo verdadero tenderemos a confundirlo
con lo útil. Y esto, hacer de la utilidad verdad, es la
definición de la mentira."
Otro aspecto que resaltar fue la falta de especialistas sobre
el mundo árabe y el Islam y la improvisación en
el tema de periodistas y académicos. En no pocas ocasiones
muchos de los intelectuales que tenían una vaga idea sobre
el mundo árabe se convirtieron de la noche a la mañana
en expertos sobre el tema. Debatían y daban juicios "sumarios"
sobre el terrorismo, aunque nunca lo definieron a la luz de estos
acontecimientos. Se dieron casos como el de un investigador de
El Colegio de México (COLMEX), experto en análisis
económico y político de la Cuenca del Pacífico,
quien en un acto de conversión se volvió experto
en Islam y terrorismo y aparecía en cuanto programa de
televisión se hablara sobre el tema. Quizá sea
puntual una autocrítica de Fernando Escalante, investigador
de El COLMEX, quien declaró: "A todos nos sorprendieron
los atentados del 11 de septiembre; todos seguramente pensamos
y dijimos ese día bastantes sandeces y es natural. Lo
raro es que muchas de ellas se sigan repitiendo, tanto tiempo
después."
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- De lo intangible a lo sensible
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- Desde el inicio de los acontecimientos
y hasta la guerra en Afganistán, los medios han apostado
más a la imagen que a la palabra, más a la sensibilidad
de la opinión pública que a la reflexión
detenida sobre lo que acontecía. El rating se impuso en
lo perceptivo de la imagen y no en la abstracción de las
ideas. En este sentido, le fue negada a la palabra su condición
de generar ideas y se volvió un simple susurro. Pero la
pugna por la imagen no fue sólo de las estaciones de
televisión, los diarios publicaron a ocho columnas fotografías
impactantes bajo el viejo cliché de "una imagen habla
más que mil palabras". Sin embargo, la imagen por
sí sola no establece nada, es pobre en significaciones
y queda la fotografía como un signo en sí misma
y no de significaciones de procesos más complejos.
La censura de Washington sobre los medios alcanzó a las
empresas mexicanas y permeó en gran parte la opinión
pública del país
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- Milenio Diario y el periódico Reforma
intentaron mediar la imagen con la palabra, pero al final se
impuso el uso gráfico, quedando como apéndice las
ideas sobre el mismo. Por su parte, las televisoras abusaron
de las imágenes hasta el cansancio. Su repetición
continua ante los espectadores volvió trivial la imagen
misma: un lugar común y normal al prender la televisión.
Televisa es quizá la que más ha hecho hincapié
en este abuso de la imagen como un icono del nuevo siglo. La
radio tampoco escapó de este mundo de la percepción
y la sensibilidad. Las notas relacionadas con el conflicto eran
descritas a detalle. Radio Red, MVS noticias y Radio Fórmula
hicieron de la palabra el medio de reconstituir la imagen en
sus detalles, estableciendo más un lenguaje perceptivo
(concreto) que un lenguaje conceptual (abstracto).
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- La banalidad en la tragedia
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- Conforme pasaban los días y las
noticias disminuían, tanto en Nueva York como en Afganistán,
los medios de comunicación en México, sobre todo
la televisión, apostaron más a mostrar notas de
color, anécdotas sobre la vida cotidiana en ambas partes
del mundo. Carreras de caballo, corte de barba, la salida a
la calle de las mujeres sin la aprisionante "burka"
o la proyección de una película en Kabul, eran
noticias de primera línea. La comida, el flirteo en los
bares, la venta de souvenirs de las Torres Gemelas, etc., eran
notas de color de los corresponsales de Televisa y Tv Azteca.
Los medios escritos tuvieron una posición de condena a
los atentados y de aprobación subrepticia a la respuesta
estadounidense
-
- Aunado a estas notas de color, se transmitieron
notas especiales de la vida de los corresponsales, de su modo
de vida en la zona de conflicto y de su vida privada en México.
Se hicieron reportajes especiales de su biografía y entrevista
a sus familiares. Hubo el caso del periodista de Telemundo,
Armando Guzmán, contratado como corresponsal por TV Azteca
que, esta última empresa le organizó un homenaje
en sus instalaciones. Para ello puso a disposición un
helicóptero, una hora de programa especial, enlace con
sus familiares y remembranzas de su vida personal.
Reflexiones finales
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- "Favor de enviar un comunicado comunicable",
tal pareciera que esta es la petición que los mexicanos
hacían a los medios sobre sus coberturas especiales en
Afganistán. Los medios se preocuparon tanto por ser didácticos
que al final ni siquiera ellos entendieron qué era lo
que pretendían explicar a su auditorio.
Y es que fue tanta la preocupación de los medios por hacer
ver a los ciudadanos que ésta era no sólo la primera
guerra del siglo, sino la fatídica guerra del fin del
mundo, que el conflicto, simple y sencillamente pasó a
ser un espectáculo más que permitió a las
televisoras elevar su raiting, en los días posteriores
a los atentados, en 20 por ciento, según información
de Televisa.
Lo único cierto es que "la cobertura de la guerra,
lejos de ser un negocio para las estaciones de televisión,
ha significado, de septiembre a octubre, un desembolso sin retorno
de aproximadamente 800.000 dólares", según
palabras del vicepresidente de información internacional
de Televisa, Leonardo Kourchenko, en entrevista con el diario
El Financiero.
Citó como ejemplo los precios que imponía a su
información la cadena Al Jazera (única con acceso
a imágenes y noticias generadas por el régimen
Talibán): "compramos a esta televisora una entrevista
exclusiva con Osama Bin Laden, a principios de octubre, por la
que pagamos entre 15.000 y 20.000 dólares por seis minutos.
Sólo un enlace de 15 minutos, vía satélite,
cuesta 1.500 dólares".
Así, entre pérdidas económicas para las
televisoras, confusión, reportajes sentimentalistas,
héroes periodísticos fabricados y una guerra del
fin del mundo que nunca fue tal, la cobertura del conflicto Afgantistán-Estados
Unidos simple y sencillamente dejó de ser noticia de primera
plana.
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