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Nuevo Orden Internacional de la Información El sueño en la nevera La del 70 resultó ser una década
de fuego en el campo de la comunicación. Nunca como entonces
fue ella objeto de un candente y fragoso debate internacional.
Detonante de éste fue en 1972 una proposición de
la Unión Soviética para que la Unesco aprobara
una resolución sobre el papel de los medios masivos en
pro de la paz y del respeto a los derechos humanos, así
como en contra del racismo. Frustrada cinco años consecutivos
por la firme reacción norteamericana, la proposición
generó ácido conflicto en todo ese período. La concentración de poder comunicativo a favor de las naciones de mayor desarrollo ha aumentado enormemente La lucha de los no alineados por lograr
ese cambio llegó al punto de conflagración, a principios
de la segunda mitad de la década, cuando la oposición
al mismo por parte de las potencias occidentales se puso de manifiesto.
A lo largo de 1976 las voces propiciadoras del nuevo orden informativo
se hicieron estentóreas en Túnez, Nueva Delhi,
Colombo, Lima y Nairobi, entre otras plazas. Respaldada por el
Grupo de los 77, la propuesta innovadora fue acogida por la Asamblea
General de las Naciones Unidas y la Unesco recibió el
mandato de apoyar la creación del nuevo orden. Por otra
parte, también en 1976 la Unesco patrocinó en Costa
Rica la Primera Conferencia Intergubernamental sobre Políticas
Nacionales de Comunicación bajo el fuego graneado de la
Sociedad Interamericana de Prensa que se opuso a su realización.
En noviembre del 76, en la Conferencia General de la Unesco,
realizada por primera vez fuera de su sede, se produjo el choque
frontal de las posiciones antagónicas. En 1977 las grandes
organizaciones empresariales y agrupaciones profesionales de
la comunicación de Occidente desataron internacionalmente
una drástica y tenaz campaña contra la idea del
NOII, por considerarla atentatoria contra la libertad de información
y opuesta a la democracia. La combustividad aumentó con
ello a tal punto que la Unesco apeló en aquel mismo año
a una fórmula conciliatoria en pos del apacigüamiento:
estableció una Comisión Internacional para el Estudio
de los Problemas de Comunicación, grupo multina multinacional
y pluralista de expertos que, por el apellido de su presidente,
llegó a conocerse simplemente como la Comisión
McBride. En la Conferencia general de la Unesco en 1978 los contendientes
arribaron, mucho más por la vía de facto que por
la declarativa, a una suspensión de hostilidades que no
sólo permitió aprobar, con ajustes, aquella proposición
soviética sobre el papel de los medios sino que, en reconocimiento
de la disparidad tecnológica entre países desarrollados
y subdesarrollados, hizo posible establecer aliviatoriamente
un Programa Internacional para el Desarrollo de la Comunicación
(PIDC). Pese a esta suerte de avenimiento, Estados Unidos y Gran
Bretaña irían a retirarse más tarde de la
Unesco. Informe McBride El NOII se proponía corregir el marcado desequilibrio prevaleciente en la posesión y manejo de los recursos de la información que favorecía a los países avanzados en desmedro de los rezagados En Belgrado en 1980 la Comisión
McBride presentó su informe final a la Conferencia General
de la Unesco, mereciendo aprobación con muy pocas reservas
de algunos Estados miembros. Bien documentado y escrito con profundidad
y ponderación, este estudio que marcó un
hito en la historia de la comunicación convalidó
claramente en sus recomendaciones los planteamientos renovadores
hechos por los países del "Tercer Mundo" en
pos de la equidad. La situación ha empeorado Hoy, a un cuarto de siglo del inicio de aquel insólito proceso, ¿cuál es el estado de la comunicación internacional? La respuesta más concisa que puede darse, infortunada pero no sorprendentemente, es negativa. Para comenzar, es muy evidente que ni una sola de las proposiciones de cambio, alentadas bajo el ideal del NOII, han llegado a materializarse en ninguna parte. Y, lo que es peor, no sólo que no ha habido alivio o mejoramiento alguno en la situación denunciada sino que ella ha empeorado grandemente. Lejos de disminuir, la concentración del poder comunicativo a favor de las naciones de mayor desarrollo ha aumentado enormemente. Grandes consorcios transnacionales dominan el flujo de noticias y el negocio publicitario, especialmente en materia de televisión, y las diferencias en el acceso a los modernos recursos de la telemática son abismales. Estados Unidos de América, los países de la Unión Europea y Japón controlan el 90% de la producción de bienes y servicios informativos. De los 550 millones de computadoras que hay en el mundo, hoy un poco más de la mitad están en Estados Unidos, Japón, Alemania, Inglaterra y Francia. Algo más de dos tercios del total mundial de usuarios de Internet 320 millones corresponden a esos mismos cinco países. Y del total mundial de "internautas" el 57% está en Estados Unidos de América, mientras que en Latinoamérica está sólo el 1%. En suma, la brecha que en los años 70 era de suyo grande, hoy, en la era neoliberal, en el apogeo de la "sociedad de la información" y en el pináculo del proceso globalizador, se ha vuelto gigantesca. Y no existe en el horizonte movimiento internacional alguno que pretenda desafiar la vigencia de semejante poderío sin precedentes. ¿Tiene esperanza el futuro? La idea del NOII fue considerada atentatoria
contra la libertad de información ¿Estará todo, pues, perdido
para siempre? ¿No es que van surgiendo en Europa, por
ejemplo ciertas señales esperanzadoras sobre autoregulación
y políticas? ¿No hay en la propia Europa y en Canadá
indicios de alguna resistencia a la hegemonía tecnológica
mundial? ¿No será que la lucha por el cambio pudiera
ser retomada un día por esas naciones no subdesarrolladas
y no impotentes? ¿Será posible que las Naciones
Unidas y la Unesco vuelvan a abrazar la causa? |
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