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La nueva geografía
de Internet
- El uso de las tecnologías modifica
el espacio del mundo real y la percepción que tenemos
de él
Se ha dicho que las tecnologías de la información
y de la comunicación provocan la muerte de la distancia,
de los Estados-Nación y, por consiguiente, de la geografía.
La imagen en este caso, diseminada en numerosos medios, es la
de una nube. Todo indica que no es en absoluto el caso, y los
trabajos efectuados por varios estudiosos del caso llevan a preguntarse
si no somos nosotros quienes estamos en las nubes al hacer afirmaciones
de esta índole.
Parece que sí.
Martin Dodge, profesor en el University College de Londres, considera
que "la idea de que Internet nos libera de la geografía
es un mito". Cómo podría ser de otra forma,
si la geografía es la ciencia de la organización
del espacio, de la repartición de los fenómenos
físicos y humanos y la relación que estos guardan
entre sí.
El funcionamiento de Internet se ve constreñido por la
geografía. Así lo indica por ejemplo el hecho de
que es mucho más conveniente bajar un programa de un servidor
cercano que de otro más remoto. A los habitantes de Nueva
York y Londres puede no importarles el punto, no así los
de Oaxaca, México, o de Piura, en Perú, alejados
como están de los cables que permiten un tráfico
de banda ancha y de los servidores que albergan buena parte del
contenido que les interesa.
La primera evidencia que no debe pasarse por alto es que la localización
sí cuenta, tanto en el ciberespacio como en el mundo real,
pero no de la misma forma y ahí está el origen
del problema. Conforme las tecnologías de Internet se
vuelven más complejas, las actividades más variadas
y las personas conectadas más numerosas, tanto la geografía
como el mundo real recuperan sus derechos.
China, Singapur, Arabia Saudita y Cuba son ejemplos de cómo
ciertos Estados son capaces de controlar el fenómeno.
Y no es cuestión sólo de prohibir. Les basta, como
sucede en China, con erigir una suerte de gigantesca firewall
(muy parecida a las que utilizan ciertas empresas) para controlar
los sitios a los cuales sus ciudadanos tienen acceso.
-
- Internet sirve para hacer negocios
-
- Una famosa máxima nos dice que
la geografía sirve para hacer la guerra. En Internet,
cuyos orígenes militares no debemos olvidar, todo indica
que sirve para hacer negocios.
Ya proliferan las empresas que ofrecen servicios centrados alrededor
de la capacidad de localizar al usuario. El cometido de algunas
es saber dónde viven, el de otras, dónde se encuentran.
- Saber donde está el usuario
mientras se desplaza permite enviarle mensajes sobre los comercios
cercanos a su ubicación, con el fin de invitarlo a realizar
compras
-
- Dime dónde vives y te diré
qué puedes comprarme: esa parece ser la fórmula
clave en la materia. La localización geográfica
del lugar de residencia del usuario es "una ventana hacia
su identidad". Su identidad estadística, en todo
caso. El barrio de residencia revela, la mayoría de las
veces, la capacidad de compra.
Saber dónde está un usuario mientras se desplaza
permite enviarle mensajes sobre los comercios cercanos a su ubicación,
con el fin de invitarlo a realizar compras. La precisión
depende por ahora de los puntos de enlace por los que pasa su
teléfono celular o PDA. Puede ser mejorada gracias al
Global Positioning System, que determina la ubicación
de un aparato receptor, con un margen de error cada vez más
reducido.
Nuevas concepciones del espacio
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- Afirmar que el mundo real influye en la
organización del ciberespacio tiene más que ver
con el sentido común que con un pensamiento revolucionario.
Pero los problemas no terminan ahí. De hecho dos cosas
por lo menos llaman la atención. La primera es que a su
vez el uso de las tecnologías modifica el espacio del
mundo real y la percepción que tenemos de el. La segunda,
como lo veremos después, es que las redes tienen propiedades
topológicas particulares.
Al igual que Martin Dodge, el escritor angeleño Joel Kotkin
combate la idea según la cual las tecnologías de
la información y la comunicación restarán
importancia al concepto de lugar. En un libro dedicado a las
modificaciones del paisaje estadounidense, The New Geography
How the Digital Revolution is Reshaping the American Landscape
(La nueva geografía - Cómo la revolución
digital está cambiando el paisaje estadounidense), cuestiona
la convicción según la cual las tecnologías
de la información y la comunicación (TIC) nos "liberan
de la tiranía de las asociaciones del pasado". Cierto
pensamiento tradicional afirma que en la medida en que la economía
post industrial se alimenta de flujos de información que
circulan en una red siempre disponible, individuos y empresas
se pueden ubicar "donde quieren y no donde deben" independientemente
de la localización de las materias primas, de trabajadores
y demás recursos. "Creo, escribe Kotkin, que la economía
digital puede tener precisamente el efecto opuesto sobre el lugar."
En efecto: "si la gente, las compañías o las
industrias pueden verdaderamente vivir en cualquier parte, o
por lo menos escoger entre una multiplicidad de lugares, la cuestión
de donde instalarse depende de manera creciente de los atributos
de cada lugar."
- El funcionamiento de Internet se ve
constreñido por la geografía
-
- En sus estudios del paisaje urbano estadounidense
distingue tres nuevos tipos de comunidades. El creciente sector
de los trabajadores de la información tienden a agruparse
en lo que se llama Nerdistans, zonas autosuficientes tipo Silicon
Valley al sur de San Francisco o Raleigh-Durham en Carolina del
Norte o en Valhallas, comunidades rurales tipo Jackson Hole en
las Montañas Rocosas que les permite gozar de las virtudes
de la naturaleza, sin dejar de estar conectados con sus negocios.
Pero si algunos lugares prosperan, otros pierden su atractivo.
Así es como ciertos 'suburbs' cotizados en los años
cincuenta y sesenta pierden la clase media que más participa
de la economía digital y se vuelven más pobres.
Esos midopolis según la apelación de Kotkin son
lugares de pobreza creciente y de dinamismo menor.
- Dos consecuencias imprevistas
-
- Estos desplazamientos se han dado paulatinamente
en el curso de los últimos 40 años, hasta llevar
a dos consecuencias imprevistas y de mayor importancia sobre
el paisaje urbano: en primer lugar la transformación de
ciertos suburbios exitosos en verdaderas ciudades constituidas
alrededor de actividades de alta tecnología como San José,
Houston, Phoenix. A diferencia de las ciudades, de antes, no
suelen concentrarse alrededor de empresas grandes, la actividad
económica se reparte en un mayor número de empresas
más chiquitas.
Segunda consecuencia, menos previsible pero no menos interesante,
ciertas actividades específicas de la nueva economía
tienden a concentrarse en el centro de ciudades tradicionales.
La producción del hardware, de las máquinas, se
localiza fácilmente en los nerdistans, pero todo el aspecto
soft, el de la creación intelectual, de los medios de
comunicación, de la moda, del design requiere jóvenes,
parejas sin hijos, artistas, intelectuales y profesionales de
áreas creativas que se sienten bien en las ciudades tradicionales,
donde la actividad cultural es más intensa y la tolerancia
mayor.
No hay lugar donde se vea mejor la repartición que en
la bahía de San Francisco, donde las actividades del lado
duro se encuentran alrededor de San José y las actividades
creativas de la web en San Francisco.
Todo esto demuestra, para Kotkin, la importancia de la geografía
hoy. "Lo que ha cambiado, y profundamente, son las reglas
que rigen la geografía." La paradoja es que: "Mientras
más la tecnología nos libera de la tiranía
del lugar y de las afiliaciones del pasado, mayor se vuelve la
necesidad para cada lugar de ser más atractivo."
La era de la información, después de la era del
ferrocarril y de la era del automóvil, está modificando
el paisaje urbano. El reto mayor según Kotkin es que las
elites tienden a aislarse del resto de la población, buscan
espacios protegidos que no quieren compartir con las masas. El
imperio romano cayó cuando la elite perdió contacto
con el resto de la sociedad, explica Kotkin. Venecia y Ámsterdam
florecieron en la Edad Media, gracias a las estrechas relaciones
entre ciudadanos de diferentes clases sociales, unidos por un
objetivo común.
El estudio de Kotkin vale en la medida en la que corresponde
a un serio trabajo sobre el terreno y propone algunas formulaciones
atractivas. Pero la expresión más desarrollada
es obra del catalán Manuel Castells y de su "teoría
del espacio de los flujos" (La era de la información
Economía, sociedad y cultura Vol. 1: La sociedad
Red, Alianza Editorial, Madrid, 1996, p 457 y 461).
La geografía de nuestro mundo, el espacio en que se desarrollan
las actividades económicas, culturales y sociales fundamentales,
debe ser concebida como tejidos de flujos de personas, productos
e información.
- Vivimos en lugares (la plaza del pueblo,
el centro comercial, los sitios de trabajo o de culto), pero
estos son puntos a los que los flujos circulantes dan vida. Hace
tiempo que Nueva York no se definía por las dos torres
del World Trade Center, sino por los flujos financieros que pasaban
por Manhattan, por los flujos de personas que transitaban por
sus estaciones y aeropuertos, por la comida que llegaba y se
consumía, por los productos industriales, etc.
"La ciudad global no es un lugar", explica Manuel Castells,
"sino un proceso mediante el cual los centros de producción
y consumo de servicios avanzados, así como las sociedades
locales que dependen de ellos, están conectados en el
seno de una red global".
- Se ha dicho que las tecnologías
de la información y de la comunicación provocan
la muerte de la distancia, de los Estados-Nación y, por
consiguiente, de la geografía
-
- Cuesta entender el concepto de espacio
de los flujos por la sencilla razón de que nuestra experiencia
diaria, concreta, inmediata es de otro tipo de espacio que Castells
califica de "espacio de lugares". Solemos percibir
el mundo a partir de los lugares en los cuales nos movemos. "Un
lugar es una localidad cuya forma, función y significado
se contienen dentro de las fronteras de la contigüidad física"
escribe Castells para aclarar su punto. "La gente sigue
viviendo en lugares," reconoce Castells. "Pero como
en nuestras sociedades la función y el poder se organizan
en el espacio de los flujos, el dominio estructural de su lógica
altera de forma esencial el significado y la dinámica
de aquellos."
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- Topología de las redes
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- De manera más o menos explícita,
Dodge, Kotkin y Castells han estudiado el impacto de las redes
sobre la geografía. Para profundizar todavía sus
aportes, resulta indispensable traer a colación trabajos
realizados durante los últimos tres o cuatro años
sobre la topología de las redes. Permiten a la vez ilustrar
y llevar a modificar la percepción que tenemos de la organización
del espacio en el mundo de hoy.
Buena parte de estas investigaciones vienen presentadas de manera
muy comprensible en un libro reciente de Albert-László
Barabási, profesor de física en la Universidad
de Notre Dame intitulado Linked, The New Science of Networks
(Enlazados, la nueva ciencia de las redes).
El primer punto notable para nuestro enfoque es que la topología
de las redes siempre es la misma. "Si apenas se mira a la
topología, la estructura subyacente es prácticamente
idéntica en la mayoría de las redes," sostiene
el profesor Barabási. Además de los nodos y enlaces,
Barabási constató y explicó la presencia
de agrupamientos de nodos (cluster, racimos) y la existencia
de un pequeño número de nodos con un enorme número
de enlaces a otros nodos (los hubs, cubos).
La tendencia humana al agrupamiento parece corresponder a la
búsqueda de seguridad. Pero se encuentra en todas las
redes: "el descubrimiento que el apiñamiento (clustering)
es ubicuo lo ha rápidamente transformado de una propiedad
única de la sociedad a una propiedad genérica de
las redes complejas," escribe Barabási.
"Los cubos (hubs), sin embargo, pueden resultar más
importantes todavía, y esto es realmente el mensaje de
Linked: mantienen la cohesión de la mayoría de
las redes," explicó Barabási en una entrevista
por e-mail después de haber afirmado que "todo sistema
complejo tiene una estructura subyacente en red."
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- Vivimos en mundos pequeños
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- El segundo punto que pica la curiosidad
de todos es la demostración de por qué vivimos
en 'mundos pequeños'. La impresión común
según la cual, Internet contribuye al desplome de las
distancia ahora tiene base matemática. De hecho, nos explicó
"en las redes más complejas, la distancia entre nodos
es más bien corta. En este caso, 'distancia' se refiere
por supuesto al número de brincos necesarios para ir de
un nodo a cualquier otro siguiendo el camino de los enlaces."
Los humanos constituyen una red de seis mil millones de nodos
y la web tiene dos mil millones de nodos. "Sin embargo,
esas redes son más bien 'pequeñas' en el sentido
en el cual existe un camino corto entre cualquier par de nodos.
La distancia es de 6 entre un par de humanos y de 19 entre un
par de páginas de la web."
El tercer punto, es el que más parece haber sorprendido
a Barabási: "la ausencia total de democracia, equidad
y valores igualitarios. La topología de la web nos prohibe
ver casi todo, a no ser un puñado de los miles de millones
de documentos que tiene."
Comparado con los hubs, "el resto de la web es invisible,"
explica Barabási. En efecto, los nodos no se conectan
entre sí al azar y, en un ambiente de constante competencia,
buscan los nodos más atractivos Barabási
propone un indicio de fitness (aptitud física) lo
cual lleva a afirmar que la noción según la cual
"los ricos se vuelven más ricos" es el mecanismo
clave.
El libro es fascinante y de lectura fácil. Falta sin embargo
una explicación de por qué las redes se multiplican
hoy, por qué parecen ganar en fuerza, frente a las demás
formas de organización, como lo hacen de manera convincente
John Arquilla y David Ronfeldt (no citados en el libro de Barabási)
en sus trabajos sobre la Netwar o guerra de redes.
La emergencia de una nueva ciencia propia de las redes invita
a adoptar lo que podríamos llamar un tipo de "pensamiento
red" y da instrumentos para hacerlo con propiedad. "Las
redes son la nueva geometría del mundo moderno" nos
escribió Barabási. "De alguna manera, entender
las redes se ha vuelto la disciplina que la ciencia de la cartografía
fue hace siglos."
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- Mayor información sobre el tema
en:
· Martin Dodge: http://www.geog.ucl.ac.uk/casa/martin/martin.html
· The New Geography: http://www.newgeography.com/book.htm
· Manuel Castells: http://sociology.berkeley.edu/faculty/castells/
· Virtual Library on the information City: http://www.informationcity.org/resources/Geography_of_Communications/
· Albert-László Barabási: http://www.nd.edu/~alb/
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