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Errores comunes en el
lenguaje periodístico
NEOLOGISMOS EN LA HORMA
DEL ZAPATO
- Liz y Jenny van de shopping. - ¿A
qué mall irán? Irán al "Mall del Sol".
Y allá van las dos, cual rubias hermanitas de rinseado
pelo estyled como se usa en USA.
Compran bacon, pancakes, lomo para roast-beef, aftershave para
el Johnsito al que le están saliendo los primeros pelos,
slips para Kenny, shorts para el Richard, y boxers para que las
balls del Joe resalten mejor. Son tan chiquitas, pobrecito. A
media mañana se toman un coffee break en la bakery del
mall. Y deciden, porque tienen el día off, quedarse a
lunchear e ir a las movies luego de dejar las compras en el parking.
Regresan a las cinco a casa llenas de popcorn y dietcoke. No
quieren perderse la interview que harán en la CNN a Bill
Gates, ya que Peter, el hijo de la Liz, se ha comprado una laptop
y tiene problemas con el mouse.
Los neologismos dan vida a las lenguas vivas. Y vienen de la
cultura dominante. En el siglo antepasado Francia era Francia
y de París a la América Hispana se escurrieron
muchos neologismos que forman parte de la lengua castellana.
El siglo XX y con seguridad el XXI han sido tiempos de innumerables
préstamos del inglés y sobre todo del inglés
usamericano. El poder irradia su influjo en el lenguaje de la
política, ciencias, comunicaciones, recreación
y el inmenso mundo del mercado.
No es para alarmarse. El castellano no morirá. Pero el
fenómeno sí da para pensar. Nuestra lengua puede
perder el sabor propio o al menos volverse desabrida y quedarse
sin "color". La comunicación podría también
volverse menos precisa y clara. Los periodistas deben estar atentos
para no incurrir en una gringoparla innecesaria como en la parodia
de Liz y Jenny que abre esta columna No hay reglas en esta materia
tan fluida. Hay que acogerse a la sombra del sentido común.
El sentido común nos dice que un neologismo es necesario
cuando no existe en castellano. Entonces, el sentido común
aconseja adaptarlo al sonido de nuestra lengua. Y por último
someterlo a la prueba de si ayuda a la claridad de la comunicación.
En los préstamos léxicos (de palabras) habrá
que ver ante todo si no existen en castellano términos
más apropiados. El uso del diccionario se vuelve imperativo.
Decía el académico español Emilio Alarcos:
"El estado del neologismo es provisional ¿Quién
distingue hoy los que fueron en su día neologismos respecto
de las palabras hereditarias, si no son los especialistas? (
) Tenemos recogidas en el diccionario palabras tan recientes
como whisky porque esa bebida, whisky, no es igual a las demás,
y sin embargo todavía ausente hall, palabra también
de uso muy frecuente , aunque verdaderamente innecesaria puesto
que lo que hall designa ya es designado desde mucho antes por
otras palabras que sí están en el diccionario,
como vestíbulo y zaguán. Creo, pues, que un vocablo
se despoja de su carácter neológico cuando pasa
inadvertido entre todos los demás tradicionales".
Este criterio de Alarcos es amplio y da primacía al uso
siempre que el castellano no ofrezca la palabra precisa.
Uso y sonido. El neologismo necesario debe ser adaptado al grave
sonido castellano. Tiene que sonar grave, seguir las normas de
las sílabas y acogerse a nuestra ortografía. Cuando
un pasajero pide a un taxista que lo lleven al World Trade Center,
los taxistas sevillanos responden ; -"Sí, señó,
a Huerto Vicente". No está mal. Sin llegar a este
grado de gracejo natural, bien se puede castellanizar el neologismo
como lo ha hecho la Academia al señalar que el plural
de club es clubes o como lo dicta el buen sentido al escribir
record como récor y su plural con el esdrújulo
récores.
Habrá que ver si el producto obtenido funciona para dar
más claridad y precisión a los pensamientos, afectos
y mensajes que se comunican.
Pero más que seguir cavilando en algo tan fluido como
una lengua viva, valga más bien el consejo de dar con
libros apropiados que nos puedan iluminar, sacar de apuros y
ayudarnos a castellanizar los préstamos de otras lenguas.
Colombia suele ser un modelo en esto: en vez del usaíta
pancake dicen simplemente ponqué. Hay que leer "El
Tiempo" de Bogotá. La agencia española EFE
suele lanzar regularmente al mercado libros breves sobre el uso
de la lengua como "Manual de español urgente",
"El neologismo necesario", "El idioma español
en las agencias de prensa" "El lenguaje deportivo".
Los efesios cuentan con un Departamento de Español Urgente
cuya tarea a cargo de especialistas en lengua y periodismo consiste
en acumular datos, errores, neologismos, barbarismos y otras
muestras de esta laya para sentar doctrina que tiende a que los
corresponsales de la Agencia uniformen el lenguaje dentro de
la natural libertad de creación e información,
ajustándose a las normas de la sintaxis castellana, del
sabor del idioma, de la fonética española, del
genio de la lengua.
En el libro sobre neologismos podrá el periodista leer
con fruto la transcripción de la mesa redonda sobre "Neologismos
en los lenguajes técnicos". Hallará, allí,
listas de neologismos en sentido estricto, la palabra correspondiente
de la lengua original y podrá ver esto de españolizar
el neologismo, por ejemplo acuracidad (accuracy), agroindustria
(agrobussiness), externalidades (externalities) y así
sucesivamente. Hallará una explicación de los préstamos
de otras lenguas a la economía: estanflación, desinversión,
etc. Y una lista de préstamos corrientes desde ad valorem
hasta yuppy y tycoon (taicún, magnate).
Tal vez todo se reduzca a usar frases redondas y claras, bien
construidas, con léxico apropiado. Si en ellas cae algún
neologismo necesario, métamoslo en la horma del zapato
de nuestra lengua en cuanto a sonido y habremos salido bien del
paso.
Con esto de léxico apropiado nos referimos a usar nombres,
adjetivos y verbos en su sentido preciso. Vaya de muestra este
excelente ejercicio tomado de uno de los textos de lenguaje de
Fernando Lázaro. Tan tonto como usar bakery en vez de
panadería es emplear en todo verbos muletillas como realizar,
hacer, estar. Vaya el ejemplo, con la venia de Lázaro
y con su perdón por robarle sus royalties que no son sus
realezas sino sus derechos de propiedad intelectual.
"En las siguientes oraciones sustituir el verbo tener por
otro verbo, de modo que no se repita ninguno:
· Esta habitación tiene catorce metros cuadrados.
· La urbanización tiene todos los servicios imprescindibles.
· Esta doctrina tiene cada día más adeptos.
· Mentir no suele tener buenos resultados.
· Empiezo a tener hambre.
· Los dos hermanos tienen las mismas ideas.
· Este señor tiene un título que no le corresponde.
· Carlota tiene un puesto importante en la empresa.
· Esta ley tiene doce artículos.
· El jazmín tiene un perfume delicioso.
· El balcón del ayuntamiento tiene hoy un bello
tapiz.
· Los rebeldes tuvieron ayer una derrota.
· Los rebeldes tuvieron ayer una victoria.
· Tiene un buen salario.
· Ayer tuvimos un peligro grande.
· Celebraré que todos tengan buena salud.
· Este aparato tiene muchos defectos.
· Este negocio tiene un mal momento.
· Los viejos del asilo tienen una vida bien triste.
· El Duero tiene muchos afluentes.
· Bañarse en los ríos tiene muchos riesgos.
· Tomar drogas tiene consecuencias funestas.
· No quiero tener la responsabilidad de esa decisión.
· Esta nueva propuesta tiene muchas ventajas.
· Cuando madure , ese fruto puede tener el tamaño
de una manzana".
Ojalá (quiera Alá) que este ejercicio les haya
gustado. Y si no, pueden ir de shopping y terminar comiéndose
un macdonald en la maldonadería del señor Maldonado,
primo hermano del señor MacDonald que con sus arcos de
triunfo ya nos tiene hasta la coronilla.
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