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México: Controversia
entre los Medios de Comunicación y el Gobierno
Juliana Fregoso Bonilla
Fox se ha visto en la necesidad de establecer
un pacto con la radio y la televisión en México
- Una de las características del
sistema político mexicano es su difícil relación
con los medios, caracterizada por ser a la vez tan lejana como
cercana. Por un lado, cada gobierno de turno busca limitar la
crítica a sus acciones, pero, a la vez, busca influir
en la opinión pública, con el objetivo de utilizar
a los medios como un instrumento efectivo para, en el mejor de
los casos, "trascender", o en su defecto asegurar la
siguiente elección a su favor.
En esta relación
de uso-beneficio, también los medios de comunicación
se erigen como grupos de presión que si bien aceptan ciertas
limitaciones a la crítica, ejercen su derecho de cobrar
por los favores hechos al sistema.
El año 2000 no sólo significó para México
el cambio del partido político en el poder. Con la llegada
del conservador Vicente Fox (Partido Acción Nacional)
inició también un gobierno mediático, en
el que los logros de las políticas sociales se aprecian
más en la propaganda que en los hechos.
A dos años de asumir el poder, y tras romper con más
de 70 años de dominio del Partido Revolucionario Institucional
(PRI), Fox ha dado continuidad a la tirante relación medios-gobierno,
que ha derivado en enfrentamientos con los reporteros, a quienes
acusa de orquestar campañas de desprestigio, como venganza
por la desaparición de una serie de prebendas, de las
que, según el Presidente, gozaban con los anteriores gobiernos.
Sin embargo, ante la incapacidad de su administración
para cumplir con las promesas de campaña y satisfacer
las expectativas depositadas por los electores, Fox se ha visto
en la necesidad de establecer un pacto con la radio y la televisión
en México.
El 10 de octubre del 2002, bajo el auspicio del llamado "Gobierno
del Cambio", se tejió uno más de los hilos
en la relación Medios-Gobierno en el país.
Para disgusto de muchos y sorpresa de pocos, el Presidente Fox
emitió un decreto en el que la administración federal
eliminó el 12.5 por ciento de tiempo oficial de transmisión
al que tenía derecho el Estado, tanto en radio como en
televisión (equivalente a tres horas diarias de programación).
A cambio, recibirá de los medios electrónicos 18
minutos diarios de programación en televisión y
35 minutos en radio.
Las modificaciones implican que la transmisión de los
programas oficiales ya no será de madrugada, cuando la
mayoría de la población duerme, sino en horarios
considerados como los de más alta audiencia (entre las
6:00 y las 24:00 horas), lo cual permitirá al gobierno
federal hacer llegar sus mensajes de manera más efectiva,
pues competirá con patrocinadores de telenovelas y programas
cómicos.
"La nueva segmentación ofrece mayor versatilidad,
pero no es obligatoria. Esto permite la emisión de mensajes
breves que tienen mayor impacto y penetración, sin demérito
de la profundidad que ofrecen los programas de 5 minutos o más",
justificó la Secretaría de Gobernación en
un desplegado publicado en la prensa escrita el 18 de octubre.
El acuerdo trae como resultado hacer más eficiente el
uso de los medios en aras de difundir los programas oficiales,
con miras a los cambiantes tiempos políticos mexicanos
que arrancan en el 2003 con las elecciones legislativas, en las
que el Presidente necesitará ganar la mayoría en
el Congreso, para garantizar la aprobación de sus programas
y presupuestos que, hasta ahora, han sido bloqueados por la oposición.
También lleva implícito el inicio temprano de la
elección presidencial del 2006.
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- La historia de los tiempos oficiales
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- La radio y televisión en México
operan bajo un sistema de concesiones en el que las empresas
son dueñas de los activos, pero el gobierno es propietario
de las frecuencias, que las revalida o suspende a discreción
del Presidente de turno.
Como ejemplo, en 1968 el gobierno hizo uso de su derecho como
propietario de las frecuencias e intentó supervisar el
contenido, sobre todo, de programas noticiosos.
La difusión de las protestas de los estudiantes, previo
a la represión del 2 de octubre del 68 en la Plaza de
las Tres Culturas de Tlatelolco, molestó al entonces Presidente
Gustavo Díaz Ordaz, quien ejerció un control cuasi-absoluto
de los medios electrónicos y escritos.
En particular la radio y televisión fueron objeto de turbias
negociaciones a las que, para conservar sus concesiones, se les
pretendió cargar un impuesto del 25 por ciento mensual
sobre sus ingresos por publicidad, lo que elevaba los precios
a los anunciantes y disminuía las ganancias para los medios.
Ante la molestia de los empresarios del ramo, la Presidencia
ofreció una segunda opción: que las empresas colocaran
el 49 por ciento de sus acciones a la venta, lo cual daba al
Gobierno la posibilidad de comprar las acciones.
Ninguna de las posibilidades agradó a los empresarios,
por lo que se buscó un nuevo acuerdo: que las estaciones
de radio y televisión cedieran más tiempo gratuito
al Estado, que los concesionarios garantizaran mejoras en su
programación dando al Gobierno el derecho de revisar,
cada cinco años, si se cumplía con esta obligación
y que, si el Poder Ejecutivo consideraba que algún tema
perturbaba la paz pública, podría llamar la atención
al licenciatario (el dueño del permiso o concesión
de transmisión).
El arreglo final se publicó el primer día de julio
de 1969 y contemplaba que el impuesto se cubriría si se
ponía a disposición del Estado el 12.5 por ciento
de tiempo diario, pero ante la incapacidad del Gobierno para
realizar producciones de calidad o capaces de atraer al público,
con el paso de los años el uso del tiempo oficial se haría
en horarios de madrugada.
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- 33 años después
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- El tiempo pasó y los tiempos oficiales
quedaron temporalmente fuera de la polémica entre los
medios y el gobierno.
Fox obtuvo lo que buscaba: una mayor promoción para
dar continuidad a un gobierno mediático, en el que los
programas sociales y de infraestructura fueron sustituídos
por el culto a la imagen
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- Nuevos sucesos políticos y sociales
plantearían a la Presidencia la necesidad de ejercer un
nuevo control sobre lo que se difundía en la radio y la
televisión.
La urgencia de informar, en tiempo real, sobre el alzamiento
del insurgente Ejército Zapatista de Liberación
Nacional el 1 de enero de 1994; el asesinato del candidato oficialista
a la Presidencia, Luis Donaldo Colosio el 23 de marzo de ese
año; la devaluación económica de 1995 y
el entonces fenómeno Fox durante la lucha presidencial
del 2000, parecía que terminarían con el control
del gobierno sobre los medios.
A más de tres décadas de las negociaciones del
tiempo oficial, todo sigue igual en lo que a concesiones se refiere,
sólo que ahora el control lleva implícito un acuerdo
mutuo.
Esa nueva relación del gobierno con los medios no es bien
vista por distintos sectores en México. Uno de esos sectores
es el encabezado por una comisión multipartidista de legisladores
que busca promover una controversia constitucional para anular
este decreto presidencial y restituir al Ejecutivo los tiempos
oficiales fijados hace más de 30 años.
Los cambios en los tiempos oficiales dan a la Presidencia de
la República la oportunidad de llegar a un auditorio más
amplio, pero quitan a otras entidades oficiales como el Poder
Legislativo y las Secretarías de Estado, la posibilidad
de acceder a un espacio en radio y televisión, aunque
sea de madrugada.
Fox obtuvo lo que buscaba: una mayor promoción para dar
continuidad a un gobierno mediático, en el que los programas
sociales y de infraestructura fueron sustituidos por el culto
a la imagen.
Mientras, para los industriales de la Cámara Nacional
de la Industria de la Radio y la Televisión, la negociación
es un símbolo de los nuevos tiempos y un lastre menos
para la libertad de expresión, para el foxismo significa
un factor de presión, en un contexto en el que está
pendiente la reforma del estado, en cuyas negociaciones, los
grupos de oposición pensarán que si el Presidente
cedió ante los medios de comunicación, también
deberá ceder ante ellos, en asuntos que sí implican
un cambio más de fondo en la conducción de las
políticas públicas.
Al darse el anuncio del cambio en los tiempos oficiales, la radio
se limitó a explicar en qué consistía el
acuerdo, pero las dos televisoras más importantes del
país, Televisa y TV Azteca, a través de sus noticieros
estelares, hicieron un inusual alarde de lo que para ellos era
una nueva etapa en las relaciones entre el gobierno y los medios
de comunicación, en la que se dejan atrás medidas
de "represión" para controlar la opinión
pública.
La característica del sistema político mexicano
es su difícil relación con los medios, a la vez
tan lejana como cercana
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- Para todos quedó claro que, de
momento, la radio y la televisión no serán un espacio
crítico, pues desde el anuncio de la reducción
en los tiempos oficiales nació una nueva alianza Fox-medios.
El conductor estelar de Televisa, Joaquín López
Dóriga, en su edición del Noticiero, el mismo 10
de octubre, saludó la medida como una "decisión
de los nuevos tiempos".
En el mismo tono, Javier Alatorre, conductor del noticiero Hechos
de TV Azteca, agradecía entre líneas al foxismo
por las nuevas reglas.
"Hoy, el Presidente Vicente Fox corrigió esta barbaridad
histórica (los tiempos oficiales obligatorios), y en un
reconocimiento a la responsabilidad de los medios, decidió
eliminar este absurdo impuesto", editorializó Alatorre.
Para los grupos radiofónicos el beneficio fue casi inmediato,
pues el 4 de noviembre, ocho de las once principales cadenas
de radio en la capital del país firmaron un acuerdo para
reducir en 50 por ciento sus tarifas publicitarias, lo cual les
abre campo para atraer a un mayor número de clientes,
después de 7 años en los que la baja en las ventas,
el recorte de personal y la operación en número
rojos han sido una constante en las empresas de comunicación.
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- La pareja presidencial a cuadro
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- La discusión sobre la negociación
entre el gobierno de México y los medios electrónicos
tiene otra arista en la que se involucra, como lo ha estado haciendo
últimamente en los asuntos de Estado, a la primera dama
Martha Sahagún de Fox, quien durante el primer año
de gobierno fungiera como vocera presidencial y fuera la responsable
de construir un muro entre los medios y Vicente Fox.
Este acuerdo permite, en primer término, borrar las antipatías
que generó en los medios Sahagún, durante su etapa
como vocera presidencial y, en segundo término, fue una
respuesta de los esposos Fox a los favores recibidos de los medios
electrónicos, en cuanto a la difusión de sus atributos
personales, principalmente en lo concerniente a la fundación
filantrópica "Vamos México".
Para su proyecto filantrópico, la señora Fox
ha recibido importantes apoyos de Televisa
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- Para su proyecto filantrópico,
la señora Fox ha recibido importantes apoyos de Televisa
(la principal televisora del país), entre ellos, el pago
de los gastos de organización de un concierto del cantante
inglés Elton John para recaudar fondos a favor de "Vamos
México".
Dentro de esta cadena de promociones personales gratuitas también
se añade al actual secretario de la gobernación,
Santiago Creel, quien en aras de una candidatura presidencial
hacia las elecciones del 2006, favorecería la negociación
entre la administración Fox y los industriales de la radio
y la televisión. No hay que descartar que en el 2003 habrá
en México elecciones para renovar el Congreso y en las
que se prevé que el partido de Fox, el PAN, no podrá
alcanzar la mayoría para dominar el Legislativo y facilitar
la aprobación de las iniciativas del Estado.
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- Los beneficios de parte y parte
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- La reducción en el tiempo oficial
da a cada una de las partes lo que más necesita:
Al gobierno, la posibilidad de trascender mediante obras mediáticas.
A la radio y la televisión un beneficio económico.
Para muestra basta un botón: según los últimos
informes trimestrales de la Secretaría de Hacienda, el
tiempo fiscal que utilizó la Presidencia de enero a septiembre
equivale a 306.8 millones de pesos, a un costo de 425.4 pesos
el minuto en televisión y 13.1 pesos el minuto en radio.
Para una televisora que transmite hasta 24 horas al día,
el tiempo fiscal significaba otorgar 180 minutos al Estado, lo
que implicaba un valor estimado de 76.576 pesos diarios.
Ahora, con los 18 minutos, el costo actual sería de 7.658
pesos, una reducción del 90 por ciento.
En el caso de una radiodifusora que transmite todo el día,
el anterior tiempo fiscal acarreaba un costo de 2.530 pesos al
día. Ahora, con la obligación de dar a Estado sólo
35 minutos, el costo será de 457 pesos, 81 por ciento
menos.
Mientras tanto el debate continúa, ante todo por la nueva
etapa que marcan estos cambios en la relación entre el
gobierno y los medios, no en lo concerniente a la libertad de
expresión, sino en el manejo discrecional entre ambos.
- Para obtener mayor información:
- Referencias bibliográficas:
· Fernández Claudia y Paxman Andrew (2001), "El
Tigre Emilio Azcárraga y su imperio Televisa", México,
Siglo XXI
· Rodríguez Rafael (1990) "Prensa vendida",
México, Alianza
· Iniciativa de Ley de Ingresos de la Federación
1969, México, Presidencia de la República
· Informes Trimestrales al Primero, Segundo y Tercer Trimestre
Sobre las Finanzas Públicas, la Deuda Pública y
la Situación de la Economía (2002),
México, Secretaría de Hacienda y Crédito
Público.
- Referencias en Internet:
· Cámara Nacional de la Industria de la Radio y
la Televisión www.cirt.com.mx
· Presidencia de la República www.presidencia.gob.mx
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