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Una voz mágica
para contar las noticias
Emma Rodero
Es el susurro nocturno de la voz del
locutor el que nos obliga a soñar, es la firmeza sonora
de su voz la que dibuja la realidad y es el ánimo en el
sonido de su voz el que desliza el entretenimiento. La radio
queda muda sin voz, es la voz la que la transforma en mágica,
la reviste de evocación, la convierte en ilustradora de
imágenes mentales ansiadas, en pintora de sueños
imposibles.
Y por
eso, la voz del locutor en la radio resulta tan importante. Es
más, resulta casi mágica; porque como el medio
es sonido, la voz se convierte en el principal instrumento de
trabajo de los periodistas radiofónicos. Se transforma
en el enlace con el oyente, en el puente que materializa la comunicación
con la audiencia, en el hilo invisible que conduce las informaciones.
Como ésta es su importancia, debemos entonces exigir a
los que nos hablan por la radio unas determinadas cualidades
en sus voces. Porque no toda voz resulta mágica, aunque
casi todas pueden alcanzar a serlo.
-
- Entonces, ¿cuáles deben
ser esas cualidades? Para averiguarlas hemos realizado un experimento
en el que los miembros de una muestra seleccionada al efecto
han determinado las características que deben poseer las
voces en la radio para transmitir las noticias de una manera
agradable.
-
- Cómo alcanzar la magia en la
voz
-
- Quizás esta sea la pregunta que
se formulan muchos de los locutores: ¿cómo sé
si mi voz se encuentra entre las consideradas como más
agradables?, ¿cómo puedo conseguir que sea mágica?
Esta cuestión es la que trataremos de responder en este
apartado.
A la hora de determinar las características que debía
alcanzar una voz agradable en la transmisión de las noticias,
se sometió a los miembros de la muestra a la escucha de
ocho tipos de voces diferentes: cuatro masculinas y cuatro femeninas,
que leían una misma noticia. Todas ellas se seleccionaron
atendiendo a las cualidades vocales que pueden definir con mayor
precisión una voz: el tono y el timbre.
De esta manera, los sujetos experimentales escucharon los siguientes
tipos de voces:
-
- Todas ellas correspondían a locutores
profesionales de publicidad, para evitar una elección
demasiado fácil basada en la escasa preparación,
aunque no demasiado conocidas, para eliminar contaminaciones
por familiaridad.
Pero lo interesante fueron los resultados que se obtuvieron.
Para una exposición más sencilla, los dividiremos
en función de las cualidades vocales analizadas: tono
y timbre.
-
- Decisiones en función del tono
de la voz
-
- Si existe una cualidad vocal muy clara
en cuanto a las preferencias, percibida como más agradable
por los sujetos encuestados, ésta fue sin duda el tono
de voz grave. Tanto en las voces masculinas como femeninas, las
voces seleccionadas en primer lugar resultaron ser las más
bajas, desde un punto de vista tonal.
En concreto, la voz masculina más agradable para la muestra
fue aquella caracterizada por el tono más grave y un timbre
muy resonante. Este tipo de voz se encontraba en niveles tonales
que se situaban en los 90 Hz. Acústicamente se percibía
como muy brillante y resonante. Este locutor consiguió
el ochenta y cinco por ciento del apoyo de los miembros de la
muestra que la declararon preferirle por las siguientes razones:
Es una voz agradable, más acorde con las noticias, más
cómoda de escuchar, más inteligible, más
clara y transparente. Resulta convincente, comunicativa, tranquila,
creíble, segura, cercana y directa.
Similares resultados se obtuvieron con las voces femeninas. Aquella
declarada como la más agradable fue la más grave
de cuantas se presentaron. Se situaba en torno a los 171 Hz y
acústicamente era resonante y muy segura. A pesar de ello,
sus resultados no fueron tan rotundos como en las voces masculinas,
ya que apenas logró el cincuenta por ciento del apoyo.
Los sujetos experimentales realizaron los siguientes comentarios
para justificar su decisión:
Es una voz acogedora, seria, natural, directa y suave. Transmite
sensaciones de mayor credibilidad, seguridad, tranquilidad y
veracidad.
En cambio, en el extremo contrario, las voces que resultaron
ser más desagradables fueron siempre las de tono más
agudo, tanto en las masculinas como en las femeninas.
En principio, en lo referente a los locutores, la voz seleccionada
en último lugar se caracterizaba por un tono agudo situado
en los 136 Hz, además de resultar ligeramente aniñada,
muy juvenil. Un setenta por ciento de los miembros de la muestra
decidieron que era la peor de las escuchadas, por los siguientes
motivos:
Se trata de la voz más fría, aburrida y nerviosa.
No es habitual en informativos y no impone autoridad ni seriedad.
También en las voces femeninas la más alta desde
el punto de vista tonal resultó ser la más desagradable.
En concreto, ésta se situaba en torno a los 215 Hz y acústicamente
se percibía también como una voz aniñada,
con escasa resonancia. Un cincuenta y cinco por ciento de los
miembros encuestados la declararon en peor situación.
Por tanto, de nuevo observamos que los porcentajes son menores
que en las voces masculinas. Estos fueron los motivos que colocaron
a esta voz en último lugar:
La voz más aniñada, carente de credibilidad
y seguridad.
Tras exponer estos resultados, podemos preguntarnos ahora por
qué razón son siempre los tonos graves los que
con preferencia se imponen a los agudos, no sólo en la
radio, si no también en otros ámbitos sociales.
Para descubrir la respuesta es necesario analizar las asociaciones
de tonos agudos y graves con determinadas sensaciones que presentan
una raíz puramente psicológica, compartida eso
sí por la mayoría de los oyentes, como así
lo han demostrado en sus respuestas los sujetos sometidos a este
experimento.
En primer lugar, el tono grave se asocia a estados psicológicos
negativos: tristeza, depresión, aburrimiento y, por lo
tanto, a situaciones de mayor tranquilidad y sosiego mientras
las voces y registros agudos evocan, en general, estados de ánimo
positivos: de euforia, jovialidad, alegría, en resumen,
situaciones de excitación. Por eso, si la voz es muy aguda
y se expone durante un tiempo prolongado acabará produciendo
agotamiento a quien la escucha, mientras la monotonía
será el rasgo asociado a la exposición prolongada
de una voz grave.
Pero quizá el mayor problema con que se encuentran las
voces y los registros graves es su oscuridad. Se perciben como
apagadas y opacas, sin claridad. Por esta razón, a la
gravedad tonal se añade siempre como condición
fundamental, y este estudio así lo demuestra, la cualidad
tímbrica de la brillantez y resonancia. En cambio, los
tonos agudos se perciben con absoluta nitidez, suenan claros
y transparentes. Desde un punto de vista acústico, resultan
más inteligibles.
En su beneficio, las voces graves presentan la mayor sensación
psicológica de cercanía que producen. Suenan con
más presencia. Sin embargo, las agudas suenan más
lejanas, su presencia suele ser menor y resultan más distantes.
Además, al contrario de lo que sucede con las agudas,
las voces graves transmiten mayor credibilidad, madurez y seguridad.
Por eso, resultan más válidas para crear ambientes
íntimos, para programas serios o nocturnos y entonces,
de manera especial, para los programas informativos radiofónicos.
Por su parte, las voces agudas se adscriben mejor a programas
alegres y distendidos, diurnos y dirigidos fundamentalmente al
entretenimiento.
A la vista de las características asociadas a las alturas
tonales, no podemos extrañarnos de los resultados obtenidos
en este estudio. Se prefieren las voces graves a las agudas principalmente
porque, desde un punto de vista acústico, una aguda transmite
distancia y frialdad, frente a la calidez y la presencia de una
grave. Por lo tanto, empleando los tonos graves se establecen
unos lazos de comunicación más cercanos con el
oyente. Además, desde una perspectiva psicológica,
las voces graves se perciben como más seguras y creíbles
que las agudas.
- Y estas dos características credibilidad
y seguridad resultan muy estimables para un locutor informativo
radiofónico. Y estas han sido precisamente las cualidades
destacadas en este estudio por los sujetos encuestados. Por tanto,
Rodríguez Bravo concluye lo siguiente:
"El locutor construirá una voz mucho mejor aceptada
por los oyentes siempre que procure hablar situándose
acústicamente en torno a sus registros más graves.
Es decir, siempre que sitúe el tono modulador en la zona
más baja de su tesitura".
Eso sí, esta recomendación será siempre
más estricta para las voces masculinas y en menor medida
para las femeninas, como demuestran los menores porcentajes de
exigencia del estudio para las locutoras. Este dato tampoco debe
extrañarnos en modo alguno:
"Por su calidez y cercanía, se prefieren los graves
frente a los agudos. Entonces a los hombres, con esta cualidad
por naturaleza en sus voces, se les impone un tono más
bajo y sus voces suelen considerarse agradables. De igual forma,
pero nunca con tanta exigencia porque no es su cualidad tonal
definitoria, se buscan tonos graves pero también medios
para las voces femeninas".
Una vez determinado el tono de la voz preferido por los sujetos
encuestados, vamos ahora a averiguar los resultados del estudio,
pero referidos al timbre de la voz.
-
- Decisiones en función del timbre
de la voz
-
- Al igual que con la cualidad tonal, también
los resultados en cuanto al timbre resultan similares para las
voces masculinas y femeninas. En ambos casos se prefieren las
voces con timbres resonantes, brillantes, claros, en definitiva,
con presencia.
Para exponer los datos de esta segunda cualidad buscamos las
posiciones segunda y tercera, ya que la primera como más
agradable y la segunda como más desagradable
se encuentran ocupadas por las voces más graves y más
agudas respectivamente.
En primer lugar, la voz masculina más valorada en cuanto
al timbre, descrita en segundo lugar, es la voz tímbrica
más clara frente a la más apagada, a pesar de que
se trata de una voz aguda. Exactamente la mitad de los encuestados
la colocaron en esta posición, debido a las siguientes
razones:
Es una voz natural, informal, ágil y poco empalagosa.
Los mismos resultados se obtienen para las voces femeninas, donde
en segundo lugar se descubre aquella que, a pesar de ser aguda,
se percibe como clara y resonante. Además, acústicamente
resultaba ser bastante dulce. Esta voz obtiene el apoyo de casi
el cuarenta por ciento de la muestra. De nuevo, los resultados
quedan matizados con respecto a los obtenidos por los locutores.
Los motivos para describirla en esta situación fueron
los siguientes:
Es la más inteligible, limpia y delicada.
Estos fueron los datos para las voces más agradables.
En el extremo contrario descubrimos las voces peor situadas que,
tanto en las masculinas como en las femeninas, fueron las definidas
por un timbre poco resonante, apagado o rugoso.
En las masculinas esta voz queda definida por poseer un timbre
bastante rugoso, a pesar de ser la segunda voz más grave
de cuantas se escucharon. La mitad de los sujetos experimentales
la situaron en esta posición porque les suscitaba las
siguientes sensaciones:
Se trata de una voz aburrida, apagada, sin fuerza y artificial.
Para las voces femeninas, la voz situada en tercer lugar se definía
por un timbre muy maduro, poco resonante y apagado. Por eso,
la escogieron el veinte por ciento de los miembros de la muestra.
Los resultados, como siempre en las voces femeninas, son menos
claros que en las masculinas. Estas fueron sus razones:
Es una voz como de cuento, de abuela.
En definitiva, en cuanto al timbre se prefieren siempre las voces
con resonancia y presencia, claridad y dulzura como rasgos esenciales.
Los primeros resonancia y presencia son ineludibles
para las masculinas y los segundos claridad y dulzura
para las femeninas.
Ahora bien, ¿cómo puede un locutor alcanzar estas
cualidades? Rodríguez Bravo en su Tesis Doctoral, afirma
que "esta agradabilidad depende de forma importante de la
armonicidad del timbre de la voz y de una actitud del locutor
lo bastante tranquila y amistosa para que se consiga un sonido
relajado y cálido". Por eso, los locutores no deben
desanimarse con sus voces. El timbre vocal puede variarse con
una adecuada reeducación. No sólo es cuestión
de nacer con una buena voz, también es necesario trabajarla
y ejercitarla. Esta será entonces la principal tarea de
los locutores: aprender a manejar su voz con destreza, adaptando
sus cualidades al tipo de mensaje transmitido. Como concluye
Cicerón "debemos desear una voz hermosa, y si bien
no depende de nosotros el poseerla, sí depende de nosotros
cultivarla y fortificarla".
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