Revista Chasqui
  Lenguaje

Juan Manuel Rodríguez, español por nacimiento, ecuatoriano por adopción. Decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad San Francisco de Quito. Correo-e: <juan@mail.usfq.edu.ec>

Errores comunes en el lenguaje periodístico

Juan Manuel Rodríguez

"Me duelen tanto los ojos que casi pierdo la vista", me comenta un historiador, miembro de la Academia Ecuatoriana de la Historia, con el último Boletín de esa institución en la mano. La posible pérdida de la visión la explica por el efecto provocado por la lectura de varios artículos de los académicos, en una edición dedicada a resaltar la personalidad de un periodista ambateño.

Me entrega el Boletín con subrayados, acotaciones, correcciones, tachaduras y comentarios al margen. Al rato pienso que medio artículo para Chasqui ya lo tengo casi elaborado, y mis ojos se fijan en la frase de la portadilla "Academia Nacional de História (sic). Uno trata de justificar el error y se dice que tal vez es un gazapo. Pero la palabra vuelve a escribirse de igual forma: "Jornadas de História (sic) Social".

Prevenido con estas señales, me sumerjo en la lectura para comprender el malestar del amigo. De inmediato me topo con lo siguiente:

Estilo afectado: "Esta Biblioteca, alimentada por tan ilustres manantiales, nutrida por sagradas e incunables obras, un aciago día fue impactada por un duro y bárbaro golpe, del cual mejor no quiero acordarme. Trátese de una causa o de otra, la verdad amarga y lacerante es que esos amados libros ya no están, nunca más estarán, (sic) en los venerables anaqueles, y no habrá nepente pródigo alguno, que nos haga olvidar tan infando golpe de lesa cultura y civilización" (p. 83).

Estilo oscuro: "Todo infante es el ser más puro y sublime de la creación. Brilla con luz propia". El autor sigue hilando unas frases más del niño universal y, de pronto, concluye con el enunciado particular: "Este niño, así descrito, se llamó Celiano Monge". Y en otro párrafo: "No obstante. (sic) esos conocimientos sobre los derechos de los niños, el pequeño Celiano, (sic) se vio obligado a trabajar, (sic) porque sabía que el trabajo descubre el mérito del hombre; (sic) es un dulce recreo y que (sic) con él 'se quiere más aquello que se ha conseguido con muchas fatigas, sin jamás comer el pan ajeno" (p. 52). Y luego: "Estuvo tan cercano a la vida cotidiana del pueblo y sus ideales y llegaba con la efectividad de su palabra, en forma oportuna" (p. 53). El anacoluto es claro en la última cita porque la frase carece de la segunda parte. El "tan" no tiene el elemento de comparación. Tal vez quiso decir: "Estuvo tan cercano a ... que llegaba..."

Estos ejemplos nos conducen a dos preguntas que pueden ser las claves del estilo: ¿Qué es escribir? ¿Escribo como me da la gana o como puedo?

Escribir significa poseer la destreza de expresar información con sentido, es decir, en forma correcta, articulada y coherente. Los prejuicios que acompañan al acto de escribir suelen estar reñidos con la buena escritura. Algunos de ellos son: el escritor nace por obra y gracias de algún espíritu o musa, si el escrito es muy afectado entonces es más bello, cuanto más incomprensible es un párrafo está mejor escrito, las frases y palabras muy complicadas son mejores que las breves y sencillas, hay que estar inspirado, lo que me gusta está bien escrito, lo intrincado es mejor que lo llano, escribo como me sale, si algo suena bien está bien escrito, etc.

Contra esos prejuicios que tanto daño han hecho al discurso hablado y escrito, los estilistas retoman actualmente el criterio de legibilidad. Este concepto manifiesta el respeto debido al lector para que descifre con facilidad el sentido del texto. Facilidad no significa levedad, simpleza, literatura vaselina, sino corrección y claridad mínimas para que el lector pueda entender, retener y comprender un mensaje. La expresión debe adecuarse al público a quien se dirige, pero en ningún caso la alta legibilidad implica oscuridad y amaneramiento, por el contrario, significa naturalidad y llaneza.

La legibilidad expresiva se consigue, según los estudiosos, si usamos palabras breves y sencillas, si evitamos los adjetivos innecesarios, si escogemos frases cortas, si construimos párrafos donde se observa con facilidad la idea central y el entramado del pensamiento, si preferimos el lenguaje concreto al abstracto, si utilizamos verbos de acción. En definitiva, la legibilidad alta resulta de tener respeto al lector y de ponerse en el lugar de nuestros posibles lectores.

A la segunda pregunta, contestamos que una persona no escribe como quiere sino como puede. Por tanto, los escritores no escriben como les da la gana, sino como para ellos es posible. Su posibilidad no es ilimitada, pues está recortada por los temas que conoce, ideas que maneja, normas y convenciones de la lengua. Cuando el escritor somete el idioma a una voluntad de forma, debe tener claro que la alta legibilidad se produce cuando tiene recursos expresivos (competencia lingüística) y claridad de pensamiento. La voluntad de forma con la que el autor trabaja las palabras para someterlas a un sentido, no es una libertad absoluta, su libertad acaba donde terminan sus conocimientos del lenguaje y su información del mundo. Cuando una voluntad de forma se descarrila aparecen los estilos afectados y antinaturales, también la oscuridad y el caos.

Con textos más legibles obtendremos más lectores, pues les evitaremos el dolor de ojos y la pérdida de la visión. Por ello, el reto para usted es tomar los ejemplos de los académicos y escribirlos en un estilo llano y legible. Algunas ayudas logradas con el uso del Diccionario de la RAE son: infando = indigno de que se hable de ello; nepente = exento de dolor, y bebida que usaban los dioses para curarse de las heridas. Por ello, sit tibi labor levis (que el trabajo te sea leve), te desearían los romanos, y es también mi deseo en esa prueba de coraje, ingenio y bravura, ya que a escribir se aprende también corrigiendo.
 

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