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Errores comunes en el
lenguaje periodístico
Juan Manuel Rodríguez
- "Me duelen tanto los ojos que casi
pierdo la vista", me comenta un historiador, miembro de
la Academia Ecuatoriana de la Historia, con el último
Boletín de esa institución en la mano. La posible
pérdida de la visión la explica por el efecto provocado
por la lectura de varios artículos de los académicos,
en una edición dedicada a resaltar la personalidad de
un periodista ambateño.
Me entrega el Boletín con subrayados, acotaciones, correcciones,
tachaduras y comentarios al margen. Al rato pienso que medio
artículo para Chasqui ya lo tengo casi elaborado, y mis
ojos se fijan en la frase de la portadilla "Academia Nacional
de História (sic). Uno trata de justificar el error y
se dice que tal vez es un gazapo. Pero la palabra vuelve a escribirse
de igual forma: "Jornadas de História (sic) Social".
Prevenido con estas señales, me sumerjo en la lectura
para comprender el malestar del amigo. De inmediato me topo con
lo siguiente:
Estilo afectado: "Esta Biblioteca, alimentada por tan ilustres
manantiales, nutrida por sagradas e incunables obras, un aciago
día fue impactada por un duro y bárbaro golpe,
del cual mejor no quiero acordarme. Trátese de una causa
o de otra, la verdad amarga y lacerante es que esos amados libros
ya no están, nunca más estarán, (sic) en
los venerables anaqueles, y no habrá nepente pródigo
alguno, que nos haga olvidar tan infando golpe de lesa cultura
y civilización" (p. 83).
Estilo oscuro: "Todo infante es el ser más puro y
sublime de la creación. Brilla con luz propia". El
autor sigue hilando unas frases más del niño universal
y, de pronto, concluye con el enunciado particular: "Este
niño, así descrito, se llamó Celiano Monge".
Y en otro párrafo: "No obstante. (sic) esos conocimientos
sobre los derechos de los niños, el pequeño Celiano,
(sic) se vio obligado a trabajar, (sic) porque sabía que
el trabajo descubre el mérito del hombre; (sic) es un
dulce recreo y que (sic) con él 'se quiere más
aquello que se ha conseguido con muchas fatigas, sin jamás
comer el pan ajeno" (p. 52). Y luego: "Estuvo tan cercano
a la vida cotidiana del pueblo y sus ideales y llegaba con la
efectividad de su palabra, en forma oportuna" (p. 53). El
anacoluto es claro en la última cita porque la frase carece
de la segunda parte. El "tan" no tiene el elemento
de comparación. Tal vez quiso decir: "Estuvo tan
cercano a ... que llegaba..."
Estos ejemplos nos conducen a dos preguntas que pueden ser las
claves del estilo: ¿Qué es escribir? ¿Escribo
como me da la gana o como puedo?
Escribir significa poseer la destreza de expresar información
con sentido, es decir, en forma correcta, articulada y coherente.
Los prejuicios que acompañan al acto de escribir suelen
estar reñidos con la buena escritura. Algunos de ellos
son: el escritor nace por obra y gracias de algún espíritu
o musa, si el escrito es muy afectado entonces es más
bello, cuanto más incomprensible es un párrafo
está mejor escrito, las frases y palabras muy complicadas
son mejores que las breves y sencillas, hay que estar inspirado,
lo que me gusta está bien escrito, lo intrincado es mejor
que lo llano, escribo como me sale, si algo suena bien está
bien escrito, etc.
Contra esos prejuicios que tanto daño han hecho al discurso
hablado y escrito, los estilistas retoman actualmente el criterio
de legibilidad. Este concepto manifiesta el respeto debido al
lector para que descifre con facilidad el sentido del texto.
Facilidad no significa levedad, simpleza, literatura vaselina,
sino corrección y claridad mínimas para que el
lector pueda entender, retener y comprender un mensaje. La expresión
debe adecuarse al público a quien se dirige, pero en ningún
caso la alta legibilidad implica oscuridad y amaneramiento, por
el contrario, significa naturalidad y llaneza.
La legibilidad expresiva se consigue, según los estudiosos,
si usamos palabras breves y sencillas, si evitamos los adjetivos
innecesarios, si escogemos frases cortas, si construimos párrafos
donde se observa con facilidad la idea central y el entramado
del pensamiento, si preferimos el lenguaje concreto al abstracto,
si utilizamos verbos de acción. En definitiva, la legibilidad
alta resulta de tener respeto al lector y de ponerse en el lugar
de nuestros posibles lectores.
A la segunda pregunta, contestamos que una persona no escribe
como quiere sino como puede. Por tanto, los escritores no escriben
como les da la gana, sino como para ellos es posible. Su posibilidad
no es ilimitada, pues está recortada por los temas que
conoce, ideas que maneja, normas y convenciones de la lengua.
Cuando el escritor somete el idioma a una voluntad de forma,
debe tener claro que la alta legibilidad se produce cuando tiene
recursos expresivos (competencia lingüística) y claridad
de pensamiento. La voluntad de forma con la que el autor trabaja
las palabras para someterlas a un sentido, no es una libertad
absoluta, su libertad acaba donde terminan sus conocimientos
del lenguaje y su información del mundo. Cuando una voluntad
de forma se descarrila aparecen los estilos afectados y antinaturales,
también la oscuridad y el caos.
Con textos más legibles obtendremos más lectores,
pues les evitaremos el dolor de ojos y la pérdida de la
visión. Por ello, el reto para usted es tomar los ejemplos
de los académicos y escribirlos en un estilo llano y legible.
Algunas ayudas logradas con el uso del Diccionario de la RAE
son: infando = indigno de que se hable de ello; nepente = exento
de dolor, y bebida que usaban los dioses para curarse de las
heridas. Por ello, sit tibi labor levis (que el trabajo te sea
leve), te desearían los romanos, y es también mi
deseo en esa prueba de coraje, ingenio y bravura, ya que a escribir
se aprende también corrigiendo.
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