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Censura y "circuitos
de información"
- La censura opera de manera desenfadada
sobre la circulación de noticias y la libertad de expresión
-
- En la actividad política de los
periodistas -en cualquier lugar- se ponen de manifiesto dos prácticas,
igualmente "censurables", respecto al quehacer periodístico
en particular y a la libertad de expresión en sentido
amplio, tomada ésta última como un resultado de
la primera. Si un pueblo está desinformado por la censura
de prensa, no puede testimoniar con amplitud su libertad de expresión,
ya que esta fue limitada o tautológicamente censurada-,
de manera indirecta, al carecer de información veraz y
contradictoria a la vez. Aunque parezca paradójico, la
información veraz y falsa no es una auténtica contradicción,
sino que la información contradictoria permite al público
tomar decisiones respecto a la información recibida.
La otra práctica son los "circuitos de información",
es decir, poner en circulación noticias parcialmente verdaderas,
aunque en definitiva sean falsas: noticias necesarias o convenientes
para los intereses de quienes detentan el Poder. Mas, el poder
no está sólo instituido en el Estado, también
los poderes económicos -asociados al primero- utilizan
sus recursos para hacer circular información que precisan
sus intereses espurios.
Censura es un término que tiene variados sinónimos,
que van desde la prohibición hasta el consejo, pasando
por la fiscalización, la amonestación y el castigo.
Es un vocablo que proviene del latín: censor, que significa
el que examina, evalúa o critica.
- Desde el psicoanálisis la censura
fue estudiada por Freud
-
- La censura como tal nace con los primeros
códigos, sean religiosos o penales. Así, en el
Antiguo Testamento, en el Decálogo que Moisés relata
haber recibido como revelación divina, se encuentran sobre
una decena de preceptos -en el Exodo- que el 80% son prohibiciones,
que castigan conductas indeseables. Es la fuente de una expresión
de censura sobre la conducta de quienes pretenden ser religiosos.
A su vez, en el primer código no religioso -pero producto
de una revelación- el de Hammurabi, cuyo origen estaba
en Babilonia, el Rey establecía prohibiciones. Como ejemplo
señalaré solamente la primera de las leyes promulgadas,
que decía: "Si un señor acusa a otro señor
y presenta contra él denuncia de homicidio, pero no la
puede probar, su acusador será castigado con la muerte".
Vale decir que al penarse el probable delito de injuria se penaba
-de modo indirecto- la libertad de expresión, ya que la
carga de la prueba recaía en el denunciante, quien se
hacía responsable de la misma y no un organismo independiente,
como podía -y debería- ser la Justicia.
La censura aparece como institución -no significa que
no haya existido bajo otras formas, como la religiosa- en las
primeras épocas de la República Romana con Catón
el Viejo, más conocido como el Censor (234-149). Él
fue un caso xenófobo, ya que de joven manifestó
fuerte oposición a lo helénico -la cultura griega-
que consideraba enemiga, debido a que debilitaba el sentido de
la romana. Como censor se inició a los 49 años,
edad en que entonces se era senil. Tuvo una opinión particular
de la virtud romana y logró que candidatos al Senado fueran
excluidos por conductas extravagantes y hasta lujuriosas. Repudiaba
el lujo y la riqueza y ganó fama cuando fue enviado como
cónsul a interceder en las luchas entre cartagineses y
tribus vecinas. Tanto le repugnó el lujo de Cartago que
sus palabras más célebres fueron "Cartago
debe ser destruida", dando lugar a la Tercera Guerra Púnica,
que tres años después la arrasó por mano
de los legionarios romanos.
La historia no termina allí, ya que a poco más
de una centuria después Cartago renació de las
cenizas por decisión de Julio César y prosperó
al punto de convertirse en la segunda ciudad imperial, produciendo
personajes que marcaron su paso por la historia, siendo San Agustín
de Hipona el más significativo del cristianismo. Esta
fue, posiblemente, la primera prueba de que la censura siempre
estará presta a ser ella misma "censurada",
es decir, a perder la partida de sus delirios de pureza y de
sus cruzadas en aras de una virtud definida según los
caprichos de quienes detentan el poder.
Los "circuitos de información" ponen en circulación
noticias en definitiva falsas
-
- La censura no es más que los atributos
con que el Poder dota a la "Verdad", su Verdad, o bien
la imposición de aquella "Verdad" sobre el Poder.
Esto que parece un galimatías no es tal, debido a que
en el primer caso es el Poder quien define la Verdad, mientras
que en el segundo -en Estados teocráticos- es la Verdad
religiosa la que define las decisiones políticas de quienes
tienen el poderío formal, tal como actualmente ocurre
en algunos Estados islámicos del Oriente.
En términos jurídicos, la censura es leída
desde los espacios gubernamentales como una medida dirigida a
impedir la publicación, distribución y venta de
impresos de cualquier tipo -libros, periódicos, semanarios,
folletos, etc.- como también obras artísticas
cine, teatro, plásticas, musicales, etc.- que no hayan
sido autorizadas por los que se arrogan el poder de decidir lo
que es "bueno" y lo que es "malo". Sin dudas,
es un atentado a la libertad de expresión, aunque la mayoría
de los tratadistas lo ubican también contra la de pensamiento.
Esto último es un tema para el debate, ya que aún
no se ha inventado el lector de pensamientos; aparatejo que,
a título de ciencia ficción, imaginemos que existiese
y a alguien se le pide que NO piense en dos elefantes haciendo
el acto sexual so pena de muerte. No quepan dudas de que será
ejecutado, ya que el sólo decirlo evoca inmediatamente
las imágenes. Al respecto anótese que el estadista
D. Sarmiento, al marchar al exilio chileno -1831- escapado a
la dictadura de Rosas, escribió en una piedra de la Cordillera:
"Bárbaros, las ideas no se matan". Es cierto,
pero en algo se equivocó: a los que se matan es a sus
portadores, cuando las expresan en voz alta. El pensamiento,
las ideas, hacen a la vida íntima y sobre ellas nadie
puede ejercer censura, si es que no las expresan públicamente.
Desde el psicoanálisis la censura fue estudiada por Freud
pero, curiosamente, su primera especulación al respecto
fue política. En una carta a E. Fliess, en 1887, preguntaba:
"¿Has tenido la oportunidad de ver un diario extranjero
censurado por los rusos al pasar por la frontera? Aparecen tachadas
palabras, frases, párrafos enteros, de manera que el resto
se vuelve ininteligible". En 1900 al tratar sobre la represión,
se refiere a ella como la forma de ocultar y disfrazar los deseos
expresados en los sueños y, en 1914, incursiona en el
súper-yo como censor moral que opera en el sujeto, aunque
en función de las pautas morales impuestas por su cultura.
Pareciera que censurar está instalado en la constitución
de los sujetos y, entonces, no es extraño que los Estados
usen de ella para impedir que afloren contenidos que afecten
las bases sobre las que se ha instalado. No sólo los Estados
autoritarios ejercen el poder de policía de censurar,
también lo hacen los Estados pretendidamente democráticos.
La diferencia está en el cuántum de la actividad
y las expresiones que caben en lo censurable. En general, en
estos últimos la censura se refiere únicamente
a aspectos circunscritos a lo que se denomina la "seguridad
nacional", como lo considerado "secretos de Estado";
pero bajo ese rubro más de una dictadura consideró
seguridad nacional la pornografía o las obras ideológicamente
opuestas a las determinadas por los artífices del poder
como atentatorias para lo que consideran la "seguridad nacional",
con lo cual las diferencias se diluyen en la discreción
que puedan tener los gobernantes al respecto.
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- Un caso de censura literaria
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- Paradigmática fue un caso de censura
la situación del Marqués de Sade (1740-1814) quien
pasó buena parte de su vida preso o en manicomios. Primero
el absolutismo de los Borbones lo encarceló, por la supuesta
pornografía de sus escritos. Pese a ser un noble que estaba
con las republicanos, en primera instancia los revolucionarios
ordenaron su libertad, aunque le duró poco. En 1790 fue
detenido porque sus escritos "atentaban" contra la
"salud pública" revolucionaria. De La Bastilla
pasó a un hospital psiquiátrico por orden de Napoleón.
Las dos estrategias son perversas y tienen un común
denominador: el Poder, ya sea político o económico
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- En Sade las palabras eran estiletes. Si
se leen superficialmente sus escritos aparecerá pornografía.
Los dichos Sade -de 1795- son parábolas acerca del poder,
escenificadas en espacios de perversión sexual. Mostraba
al poder instituido y a los poderosos- haciendo sufrir con
su poderío a otros. A contrapelo, como lo considera la
pacatería moralinesca, era un moralista. Sufrió
la persecución del Antiguo Régimen por falsas denuncias
en su contra, no sólo por depravación sino hasta
por asesinato, todo por indisponerse con su suegra. Para Apollinaire,
Sade desde La Bastilla clamó por la liberación
de los presos mediante un megáfono; no es descabellado,
considerando que por entonces la prisión tenía
pocos detenidos, pero ante las denuncias de torturas físicas
que ilustraba Sade con papeles, tirados por entre las rejas,
enardeció al pueblo y lo condujo a la epopeya revolucionaria.
Puesto en libertad con la Revolución, se convirtió
en secuaz y admirador de Marat, aunque no dejó de oponerse
a la pena de muerte que usaba Robespierre. Fue encarcelado nuevamente.
Recupera en 1794 su libertad pero en tiempos de Napoleón
desata un escándalo al ridiculizar, en una obra teatral,
los amoríos de éste con Josefina ... y de nuevo
al encierro. La argumentación ahora era moral, ya que
su libro Justine fue considerado irreverente para la moralina
de los inmorales.
Con Sade se acentúan sujetos poderosos que consideran
a sus semejantes como objetos de sus deseos. Ello evidencia una
filosofía cínica del poderío de los fuertes
sobre los débiles, para lograr su sumisión. El
dominador es lo que hoy llamamos la burguesía, sean aristócratas,
sacerdotes, o económicamente poderosos; mientras las víctimas
son humildes, ingenuos y generosos que no responden violentamente
a la violencia con que son tratados. Cualquier semejanza con
lo que ocurría en Francia por entonces y la contemporaneidad,
es mera casualidad.
No fue perseguido por lo "amoral" o "inmoral"
de sus obras, sino porque revelaba la voluntad de dominio y usaba
la sexualidad -con eufemismos y analogías- con intención
de despertar el resentimiento de los sojuzgados. En sus textos
se encuentra la voluptuosidad del poder. Esto se daba de patadas
con los principios, tanto revolucionarios como reaccionarios,
de la época; su propuesta era la de una moral hedonista
al estilo epicúreo.
Traje como ejemplo de censura a Sade ya que para él la
palabra era -y es- el instrumento de denuncia contra la injusticia,
la corrupción y el poder omnímodo del Estado. El
lenguaje lo usó como un puñal para luchar por sus
ideas. Al contrario de los censores que usaban armas y hogueras
para luchar contra las ideas, él sólo recurría
a ideas expresadas en palabras. Esa es la sutil diferencia entre
el autoritario y el demócrata; mientras uno mata o encarcela
a los autores, a la par que quema o secuestra escritos u obras,
el segundo ataca al problema denunciando, aunque respeta la vida
y obra del rival. En los dichos, la diferencia es pequeña,
en los hechos las distancias son enormes. Los primeros llenaron
la historia con ríos de sangre y los segundos plagaron
papeles de tinta haciéndolo algunas veces con su sangre,
como ocurrió en las postrimerías de la vida de
Sade.
Un caso de "circuito de información"
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- A fines decimonónicos se publicó
en Rusia, un extenso panfleto -que luego aparecería como
libro- titulado "Los Protocolos de los Sabios de Sión".
Lo produjo la Policía Secreta del Zar y acusaba a los
judíos de tramar una conspiración internacional
-hoy la "sinarquía"- para reemplazar a las monarquías
e instalarse ellos en una "corona mundial". Tuvo el
objetivo de desprestigiar a los líderes revolucionarios
-en gran mayoría judíos opuestos al zarismo- que
transitaban diversas vertientes liberales, desde la extrema maximalista,
pasando por el marxismo a las formas atenuadas de la socialdemocracia.
Fueron tomados como versión real de una reunión
conspirativa que se habría hecho en Suiza, a la que concurrieron
judíos de la extrema izquierda hasta la extrema derecha
del capitalismo. Para el autor, entre aquellos no existían
diferencias ideológicas y su propósito era derrocar
al cristianismo. Los Protocolos sirvieron a quienes rodeaban
al Zar y que lo acusaban de "débil" frente a
los sucesos que ocurrían, con lo cual organizaron -con
anuencia del Zar- persecuciones que costaron la vida de millares
de judíos.
Con el tiempo y aumentado el antisemitismo que recorría
al mundo "civilizado", el panfleto fue avalado por
personajes prestigiosos, como H. Ford y W. Churchill. Ford gastó
varios millones de dólares en imprimir el texto en diferentes
idiomas y repartirlo gratuitamente por EE.UU y Europa. El segundo
tuvo la ocurrencia de publicar una nota periodística en
que afirmaba su autenticidad. Tal "literatura" fue
uno de los fundamentos de los delirios xenófobos nazis;
pero no tuvo su origen en ellos sino que fueron una caja de resonancia
del fuerte antisemitismo que circulaba en Europa desde el siglo
siglo XIX.
Ford y Churchill reconocieron sus errores cuando un periodista
inglés descubrió que los Protocolos eran apócrifos,
guardando el estilo gramatical de un antisemita ruso. El primero
pidió disculpas a la comunidad judía norteamericana
por razones egoístas, ya que los judíos se alejaban
de su marca de automóviles, mientras que el segundo lo
hizo por ver peligrar su carrera política al difundir
falsedades. Pero el daño estaba hecho, la semilla de la
cizaña prendió y, si bien no se la puede culpar
de manera directa del Holocausto, sí se puede asegurar
que fue uno de los elementos que contribuyeron a él.
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- Los peligros de ambas estrategias
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- Las dos estrategias son perversas y tienen
un común denominador: el Poder; ya sea político
o económico. En tal sentido debe reconocerse el poderío
que ejerce la censura en los medios de prensa cuando usa no sólo
los mecanismos inquisitoriales de los gobiernos autoritarios,
sino también los de los que se mueven en espacios titulados
democráticos y, entonces, son perseguidos económicamente
por los anunciantes, a los que no les agrada el tratamiento de
determinados temas o la labor de algunos periodistas.
Si un pueblo está desinformado por la censura de prensa
no puede testimoniar con amplitud su libertad de expresión
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- Con seguridad que el problema de la censura
es el más escabroso de los presentados, ya que opera de
manera más desenfadada sobre la circulación de
noticias y la libertad de expresión, ya que ninguna forma
de limitarlas es éticamente aceptable. En la Argentina
-julio 2001- se discutió a nivel gubernamental cómo
ponerle un límite a las chanzas que se hacían sobre
la figura del Presidente, tanto en programas humorísticos
de televisión o teatro, como en gráficos y en programas
periodísticos "serios". El argumento era sencillo,
decían que atentaban no contra el Presidente como persona,
sino contra la investidura presidencial y para justificarlo realizaban
un juego retórico bastante complejo. La Presidencia, en
términos coloquiales contemporáneos era una entelequia,
ya que se trata de una abstracción. Cuando se hacían
-y se hacen- chistes acerca del ex Presidente De la Rúa
no se ofendía a la investidura, sino que solamente se
hacía referencia a lo que Ingenieros llamó "el
ciudadano que ocupa el Poder Ejecutivo" y que no por su
condición privilegiada de ocupar tal cargo estaba exento
de la posibilidad de ser objeto de chanzas. No es la República
la que se toma en chiste, sino quien ejerce la Presidencia. Sin
embargo, desde ámbitos de Gobierno se intentó frenarlos
merced a un llamado a "bajar los decibeles" de las
chanzas, caso contrario se tomarían medidas legales que
lo protegieran.
Esta es una breve historia de la censura que comenzó con
lo que podía ser relevante, para luego terminar censurando
todo aquello que disgustaba a quienes detentaban el Poder o,
como en el caso argentino, creían detentarlo, ya que el
Poder no estaba en la Presidencia sino en la "dictadura
de los mercados" que siguen manejando al país a su
antojo y más allá de las propuestas gubernamentales.
Justamente, debido a los "excesivos" y subidos de tono
de los chistes hechos sobre De la Rúa, no faltaron personajes
de la pacatería vernácula que apoyaban tales decisiones
limitativas a la libertad de prensa, olvidando que con medidas
anodinas, como llamados de atención o arbitrios legislativos
para preservar la figura presidencial, se comienza una larga
y tenebrosa carrera en pos de cercenar las libertades todas...
y no solamente las de la prensa.
- Conclusiones
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- Cualquiera de las dos estrategias presentadas
en el uso de la información son perversas. Una implica
censura lisa y llana, mientras que la segunda es un "delito
de omisión", que se usa con el fin de facilitar la
circulación de información falsa, para crear un
"clima propicio" a los intereses de grupúsculos.
Las dos son igualmente peligrosas para la libertad de información,
pero contra la segunda no hay otra forma de luchar que no sea
con información veraz, con la verdad, ya que aplicarle
la censura sería caer en el desliz que todos los que aman
la libertad quieren evitar.
Para finalizar citaré a Heidegger "La palabra no
es tan sólo un instrumento que entre muchos otros y cual
uno de ellos posea el hombre. [...] Unicamente donde hay palabra
habrá mundo, esto es, un ámbito de radio variable
de decisiones y realizaciones, de actos y responsabilidades y
aun de arbitrariedades, alborotos, caídas y extravíos".
Podía evitar la cita de quien fue colaboracionista nazi,
pero entiendo que sus dichos son por demás elocuentes
y no traerlo a colación hubiese sido un acto de censura
tan notable y despreciable como es el que actualmente, en Israel,
esté prohibida la música de Wagner porque Hitler
la divinizaba y se la considera como uno de los fundamentos del
nazismo.
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