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La televisión:
Arma y blanco de la
política venezolana
- Las "cadenas" que tanto han
caracterizado al Presidente de la República comenzaron
a interrumpir cada vez más la programación de los
canales privados
Vivir en Venezuela en estos últimos meses hace imposible
que a los espectadores les haya pasado desapercibido el cambio
en la oferta televisiva nacional. El comportamiento deliberado
de los principales canales de televisión, aunque en cierta
medida se avizoraba, no dejó de sorprender a una población
acostumbrada históricamente a una programación
marcada por el entretenimiento.
La lucha frontal, conjunta y coordinada de gran parte de la televisión
privada del país en contra del gobierno del presidente
Hugo Chávez exacerbó la predisposición -justificada
o no- del mandatario y sus seguidores hacia esos medios, y acentuó
la tendencia del canal del Estado a adoptar una política
similar, pero dirigida a los representantes y grupos de la oposición.
En un país donde la TV ha protagonizado
una encarnada batalla política, vale la pena comenzar
a reflexionar sobre la actuación de este medio en la confrontación
de comienzos del siglo XXI en Venezuela, específicamente
en el marco del llamado Paro Cívico Nacional (diciembre
de 2002 y enero de 2003). Aunque durante este periodo la prensa
escrita y la radio también participaron, nos limitaremos
a exponer sucintamente lo relativo a la televisión. Para
los fines del análisis hemos realizado un corte artificial
del paro al 02-02-2003. Ésa era la fecha prevista para
la realización de un referendo consultivo, que había
sido solicitado al Consejo Nacional Electoral por los grupos
de oposición mediante la recolección del número
necesario de firmas de los electores. Pocos días antes
de esa fecha, una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia
impidió la realización de la consulta. En vista
de que el 02-02-2003 fungía como una suerte de desenlace
del conflicto político, aun cuando no se trataba de un
referendo revocatorio, la Coordinadora Democrática -alianza
que agrupa partidos políticos de oposición, organizaciones
no gubernamentales y asociaciones civiles- organizó velozmente
para ese mismo día una consulta pública alternativa:
El Firmazo.
Una vez recogidas las firmas para nueve o más documentos
elaborados por esa alianza política, los voceros de la
oposición anunciaron, por un lado, la flexibilización
y, por el otro, la finalización del Paro Cívico
Nacional. Entretanto, el gobierno ha afirmado en repetidas oportunidades
que la situación del país es normal. Para no caer
en detalles y polémicas sobre ese particular, nos limitaremos
a decir simplemente que para el momento æfebrero de 2003æ
no vivimos en Venezuela al igual que hace tres meses.
- Síntesis del Paro Cívico
a través de la TV
-
- El esfuerzo de la televisión
por elecciones anticipadas no tiene marcha atrás
-
- Como es bien sabido, en Venezuela se instaló
en noviembre de 2002 una mesa de negociación y acuerdos
facilitada por el secretario general de la Organización
de Estados Americanos, César Gaviria. En esa mesa participaron
representantes del gobierno y de la oposición.
El 02-12-2002 el Comité de Conflicto de la Coordinadora
Democrática, junto con Fedecámaras y la Confederación
de Trabajadores de Venezuela (CTV), máximos organismos
de los empresarios y de los trabajadores respectivamente, anunciaron
el comienzo del Paro Cívico Nacional. La convocatoria
tuvo poca receptividad los primeros días, pero la represión
por parte de la Guardia Nacional a un grupo de manifestantes
y periodistas ubicados PDVSA-Chuao (una sede en Caracas de Petróleos
de Venezuela, la principal empresa petrolera del país),
transmitida en vivo por los principales canales de televisión
del país, y la adhesión de la Gente del Petróleo
(asociación civil conformada por trabajadores de PDVSA)
y de los tripulantes del buque-tanquero "Pilín León"
le dieron fuerza a la paralización.
A primera vista, los principales canales privados de televisión
del país (Radio Caracas Televisión, Venevisión,
Televen y Globovisión) también se unieron al paro.
Cambiaron su programación habitual, convirtiéndose
prácticamente en canales temáticos o especializados
en información las veinticuatro horas del día.
Los programas de opinión, las transmisiones en directo
y el fomento de mecanismos de participación de las audiencias
como llamadas telefónicas, mensajes de texto vía
celular o encuestas a través de Internet se constituyeron
en el plato fuerte y cotidiano de estos canales. De igual modo,
esta suerte de política editorial conjunta fue asumida
por algunas televisoras regionales. Paralelamente a la sobredosis
de información y opinión, los canales de televisión
eliminaron de sus pautas los mensajes publicitarios. En su lugar
transmitieron una campaña propagandística conformada
por mensajes breves de la Coordinadora Democrática. Estos
mensajes persuasivos convocaban a las marchas que diariamente
se organizaban en Caracas y en el resto del país, criticaban
al gobierno, ponían en entredicho o convertían
en objeto de burla las declaraciones del presidente de la República
o de los voceros del gobierno, solicitaban la renuncia de Hugo
Chávez y la realización inmediata de elecciones,
en fin, fue significativo el volumen y la variedad de los mensajes
que se transmitieron durante esos dos meses. A ello se sumó
la transmisión diaria, simultánea en esos canales
y en directo del "parte" de los presidentes de la CTV,
Fedecámaras y Gente del Petróleo. En esas "cadenas"
se informaba acerca de las acciones de protesta que se llevarían
a cabo el día siguiente y los resultados obtenidos hasta
el momento, expresados básicamente en términos
de aceptación de las convocatorias. Entre semana, los
reportes del Secretario General de la OEA también se transmitieron
en directo y en "cadena".
Por su parte, igualmente el canal del Estado (Venezolana de Televisión,
VTV) incrementó en duración y número los
programas informativos y de opinión. Asimismo, transmitió
mensajes propagandísticos, favoreciendo al gobierno y
desmintiendo o burlándose de los voceros de la oposición.
Las "cadenas" que tanto han caracterizado al Presidente
de la República comenzaron a interrumpir cada vez más
la programación de los canales privados. VTV también
utilizó documentales, programas monográficos de
denuncias sobre los gobiernos anteriores o los empresarios, y
declaraciones progubernamentales de políticos que ahora
se encuentran en la oposición.
En el mencionado lapso, algunos canales de televisión,
periodistas y camarógrafos fueron objeto de amenazas y/o
agresiones. Grosso modo, eso fue lo que ocurrió.
-
- La posición de los canales fue
una respuesta a la falta de funcionamiento de las instituciones
que debían equilibrar la actuación del gobierno
-
- La televisión no se paró
-
- Como es evidente, los principales canales
privados de TV trabajaron activa y mancomunadamente durante el
paro. Sus dueños, llamados por el Presidente de la República
en sus alocuciones "los cuatro jinetes del Apocalipsis",
no niegan que asumieron una política editorial deliberada.
El presidente de Radio Caracas Televisión (RCTV), Marcel
Granier, explicó que la posición de estos canales
fue una respuesta a la falta de funcionamiento de las instituciones
que deberían equilibrar la actuación del gobierno
(Fiscalía, Contraloría, Tribunal Supremo de Justicia,
Asamblea Nacional, Defensoría del Pueblo...), al cambio
en el proyecto ofrecido por Chávez durante su campaña
electoral de 1998 y al gran número de medios audiovisuales
comunitarios al servicio del gobierno. La mayoría de los
representantes de la oposición acusa al Presidente Chávez
de liderar un régimen totalitario; otros consideran que
intenta implantar un sistema comunista. Los partidarios del oficialismo,
por su lado, les reclaman a las televisoras privadas objetividad
y retorno a la programación normal. También manifiestan
que esos canales, en acuerdo con la Coordinadora Democrática,
participaron en una conspiración o golpe mediático
en contra de un gobierno democrático, utilizando para
ello incluso mensajes subliminales. Medios y voceros de la oposición
son calificados frecuentemente por parte del oficialismo como
terroristas.
Los simpatizantes del gobierno reclaman por el respeto al derecho
de los niños y adolescentes en lo que a programas televisivos
se refiere. La oposición esgrime que VTV, el canal del
Estado, es financiado gracias a los impuestos que ella también
paga, pero su programación solo satisface los intereses
del gobierno. Insiste en que ese canal debería estar dirigido
a todos los venezolanos y no solamente al sector de la población
que apoya la gestión presidencial. Tilda al canal estatal
de "ideologizante". El director y los periodistas de
VTV rechazan esta acusación y señalan que hay un
desequilibrio informativo, puesto que los canales nacionales
privados de señal abierta son cuatro y el Estado solo
tiene uno. Así podríamos seguir la lista de acusaciones
y contraacusaciones utilizadas indistinta y paradójicamente
por ambas partes. Expresiones como "somos mayoría"
y "rechazamos la violencia" o adjetivos como "golpistas",
"conspiradores", "terroristas" y "fascistas"
van y vienen de ambos lados. Sendos protagonistas del conflicto
han expuesto repetidas veces argumentos y descalificativos primordialmente
a través de la TV, donde el espectáculo, el drama
y los esfuerzos por utilizar la pequeña pantalla en pro
de sus intereses no han faltado.
Chávez fue elegido con 3,8 millones de votos por eso
insiste en que es un gobierno constitucional
-
- Sobre el último aspecto, es comprensible
que en principio se pensara en la aplicación a la televisión
de teorías conductistas como la hipodérmica, dado
el escaso número de canales, la precariedad de la tecnología
y la lentitud de las comunicaciones, en general, hace medio siglo.
Pero el panorama televisivo ha variado ostensiblemente y los
estudios sobre ella son cada vez más. Ver televisión
ayer y hoy son cuestiones muy distintas. La televisión
de cobertura nacional en señal abierta no es la única
fuente de información. Por el contrario, tecnológicamente,
la avidez y acuciosidad de las audiencias por contrastar las
informaciones son estimuladas hoy por la TV regional, por cable,
satélite o Internet. Por ende, ellas elaboran sus propias
conclusiones a partir de sus características personales,
sus relaciones interpersonales y las versiones suministradas
por los medios que seleccionan, aunque como lo advierte Cebrián
Herreros, el riesgo de manipulación de la información
existe hasta en un futuro próximo.
-
- ¿La TV volvió a la normalidad?
-
- Un vistazo rápido a las televisoras
permitiría deducir que han retomado su programación
normal luego del 02-02-2003. Desde enero, gradualmente los canales
de TV incorporaron las fuertes dosis de entretenimiento que les
han caracterizado. La mayoría de los programas que se
observan ahora, en febrero, incluyen resúmenes o repeticiones
de producciones nacionales o series y largometrajes norteamericanos
desempolvados. Algunos mensajes propagandísticos continúan
al aire. Las cuñas publicitarias o mensajes comerciales
reaparecieron, y los programas informativos y de opinión
han vuelto a su duración y programación tradicional.
Sets asociados a la cotidianeidad de los programas también
volvieron a verse en pantalla. No podría afirmarse, sin
embargo, que las televisoras han retornado a la normalidad. Los
programas especiales relacionados con el tema del momento, la
profusión de avances informativos, la cuota extraordinaria
de información en directo y la retransmisión de
ciertos programas de entrevistas son una muestra. En cuanto a
Globovisión, los cambios no son tan evidentes porque se
trata de un canal especializado en información.
Cabe destacar igualmente que en enero varios canales de televisión
recibieron la notificación de procedimientos administrativos
en su contra por parte del gobierno. Asimismo, se inició
la discusión en la Asamblea Nacional del proyecto de ley
de responsabilidad social de la radio y la televisión,
en el que resaltan el interés del gobierno por el control
de los contenidos y la posibilidad de sancionar con multas millonarias
y fulminantes. El objetivo de esta ley, según explican
sus promotores, es defender primordialmente los derechos de los
niños y de los adolescentes.
Entretanto, el esfuerzo explícito de la televisión
durante el paro cívico por la realización de elecciones
anticipadas ya no tiene marcha atrás.
-
- La participación como arma de
doble filo
-
- Durante el paro cívico, el cubrimiento
periodístico en combinación con las campañas
propagandísticas tuvo como consecuencia concreta y ostensible,
hasta el momento, el aumento de la participación ciudadana
en la actual coyuntura. Como indicamos antes, la televisión
no se paró. Todo lo contrario: logró que la oposición
pasara de actor de reparto a protagonista, mediante una suerte
de acuerdo tácito que expresaba: "es tan grave y
preocupante lo que ocurre, que nos unimos cueste lo que cueste
por un asunto de extremo interés nacional". Producto
de ello, percibimos en estos momentos como principales objetivos
de esos canales privados durante el paro: magnificar la crisis
política y el conflicto en el país, y darle un
sentido de urgencia, materializado en consignas como "¡Elecciones
ya!" y "Chávez, vete ya". Medios y mensajes
en interacción con las audiencias consiguieron que los
ciudadanos manifestaran en marchas multitudinarias o, por lo
menos, definieran su posición política.
Esta situación se torna interesante al recordar la tesis
clásica que señala que la televisión convierte
al pueblo en público, es decir, desmoviliza fomentando
la participación por delegación en los asuntos
públicos (Colombo). En esa misma línea, autores
como Arfuch se refieren a una democracia audiovisual, donde los
medios, en especial la televisión, hacen que los procesos,
debates o asuntos políticos sean percibidos como lejanos.
En consecuencia, los ciudadanos se conforman con estar al tanto
de lo que pasa "o mejor, de lo que los medios nos repiten
hasta el cansancio". "El estar al corriente de lo que
ocurre reemplaza así el participar en lo que ocurre"
(Gubern).
Sin embargo, la política concertada de los mencionados
canales no solo puso a prueba esas afirmaciones, sino contribuyó
a superar el desencanto de la otrora antipolítica. Las
convocatorias diarias a marchas y concentraciones en todo el
país recibieron respuestas contundentes. Nunca habíamos
visto marchas tan frecuentes -diarias- y concurridas, sobre todo
en Caracas. Se llegó a calcular la asistencia desde cien
mil hasta más de un millón de personas por marcha.
En la percepción de ello ha contribuido lógicamente
el crecimiento cuantitativo y cualitativo de la televisión
venezolana.
El gobierno también convocó durante este periodo
a manifestaciones de calle. No obstante, los altísimos
índices de popularidad, de los que gozó el Presidente
Hugo Chávez Frías durante sus primeros años
de gobierno, estableció el punto de comparación
en la capacidad de la Coordinadora Democrática de superar
las demostraciones que en repetidas oportunidades había
dado el oficialismo. La televisión se erigió así
inevitablemente en "marchómetro". Lógicamente,
el medio en el medio se convirtió en arma y blanco, y
surgieron las acusaciones mutuas acerca de las manipulaciones
de las imágenes televisivas.
Es evidente, sin embargo, que la televisión fue un factor
importante en la asiduidad y el volumen de las marchas. La receptividad
de la convocatoria del Consejo Nacional Electoral para la inscripción
y/o actualización de datos en diciembre de 2002 es otra
consecuencia concreta en términos de participación.
¿En favor o en contra de quién? Eso no lo sabe
nadie aún. Por otra parte, la afluencia de ciudadanos
en consultas públicas alternativas como El Firmazo, efectuado
en lugares como plazas, parques y estacionamientos, y convocado
y organizado en una semana es otro ejemplo. En este caso, las
cifras suministradas por las agrupaciones opositoras encargadas
de recolectar las firmas a favor de la enmienda constitucional
y otros mecanismos para anticipar elecciones indican la participación
de aproximadamente 4 millones 300 mil ciudadanos, de un universo
cercano a 12 millones de electores. El presidente Hugo Chávez
fue electo en diciembre de 1998 con alrededor de 3 millones 800
mil votos. De allí que insista en que es un gobierno electo
democrática y constitucionalmente.
Para culminar, con respecto a la tendencia mundial, en especial
del medio televisivo a ser actor social en lugar de un representante
(Martín-Barbero y Rey), el papel de la TV y gran parte
de sus periodistas, como protagonistas políticos y en
actuación conjunta con la Coordinadora Democrática,
es una situación éticamente discutible. A los periodistas
televisivos puede costarles la difícil y doblemente inotorgable
credibilidad. Es innegable que en esta coyuntura este medio ha
contribuido a que los ciudadanos reivindiquen su derecho a la
participación en los asuntos públicos. No obstante,
la participación es un arma de doble filo. En el paro
cívico, la televisión dejó de ser un ente
abstracto: tomó corporeidad y personalidad a través
de los rostros y voces de sus trabajadores y de sus dueños.
Esa humanización de la televisión unida al apoyo
explícito a la oposición política al gobierno,
así como ha generado cierta apología hacia ella
(hubo marchas y documentos para apoyarla e incluso aplausos y
vítores a la llegada de periodistas televisivos a cubrir
pautas), ha creado cierta suspicacia en los televidentes. Al
menos les ha sugerido repetidamente la existencia de intenciones
y grandes intereses, ocultos y/o manifiestos, "de por medio".
En este punto entra en juego no solo la comprobada capacidad
de la televisión para crear matrices de opinión
y proporcionar argumentos y temas de conversación. Es
una guerra de información, donde esa suspicacia, en combinación
con los adelantos tecnológicos y las características
individuales de las audiencias, puede tener un efecto boomerang
en términos de definición de preferencias partidistas.
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