Revista Chasqui
  Lenguaje

Simón Espinosa Cordero, ecuatoriano, periodista, profesor universitario, exmiembro de la Comisión Anticorrupción del Estado Correo-e: sec@interactive.net.ec

Errores comunes en el lenguaje periodístico

Renovar la lengua

María Moliner en su Diccionario de uso del español define así el verbo transitivo "renovar": "Dar otra vez actividad, fuerza, intensidad o validez a una cosa decaída, envejecida, olvidada, etc." La lengua española contiene refranes y dichos envejecidos. He aquí una oportunidad para que el periodista los renueve, les dé intensidad, fuerza y validez.

La época de oro de la lengua española correspondió a la del poder político español de mediados del siglo quince a mediados del siglo diecisiete. El pastoreo de ovejas y merinos enriqueció a Castilla. El descubrimiento del Nuevo Mundo financió las guerras del imperio español, el fausto de la Corte y el florecimiento de las letras y las artes. La agricultura de los indios y caribeños enriqueció a España y a su lengua. Las conquistas, las minas y la administración del vasto imperio alimentaron el poder español y su orgullo por la lengua: "Habla Dios en castellano,/ a los hombres en francés,/ a su lebrel en germano,/ a su musa en italiano,/ y a su caballo en inglés".
Lo prueba la abundancia de refranes, dichos y proverbios tomados de esas actividades humanas e imperiales. "Cada oveja con su pareja". "A buey viejo, cencerro nuevo". "A caballo regalado, no le mires el diente". "A carnero castrado, no le mires el rabo". "Meterse en la boca del lobo". "A boca de costal". "A banderas desplegadas". "Inglés, pirata es". "El huevo de Colón". "Hidalgos y nabos, ralos". "Malos reyes, muchas leyes". "Río, rey y religión, tres malos vecinos son". El Diccionario de refranes, dichos y proverbios" (Luis Junceda, Madrid: Espasa Calpe, 1998) trae más de cinco mil ejemplos clasificados de la A a la Z.

El imperio español empezó a hacer agua en la segunda mitad del siglo diecisiete y se hundió a fines del siglo diecinueve. La lengua española ha repetido, desde entonces hasta ahora, los significados y sonidos del francés e inglés, idiomas de la política, el comercio y las finanzas, las ciencias y la tecnología, la cultura y el predominio de lo visual. Con el inglés convertido en lengua franca de la mundialización de esos departamentos, la lengua española come de las migajas que caen de la mesa del amo usaíta.

Esta es una realidad. Cuando no hay la palabra exacta en español, no queda más remedio que rebautizar un término inglés, porque lo creado en esos lares ha sido bautizado en el idioma de los creadores. Eso sí, un rebautismo con ceremonia, cura y padrinos propios.

Las condiciones para un rebautismo propio son, al menos, tres: adaptar el término a la fonética del español, dotarlo de sexo gramatical, y mostrase creativos con los recién bautizados. De esta suerte, el periodista podrá adaptar e inventar nuevos refranes, dichos y proverbios, puesto que los yacimientos lingüísticos de la agricultura, pastorero, minas, galeones, reyes, virreyes y otras aves de la jerarquía imperial ya han perdido para nosotros un significado que nos mueva y conmueva.

Tal renovación es un proceso cuyo punto de partida radica en incorporar al relato periodístico la riqueza de las ciencias y la tecnología. Un ejemplo de esta incorporación es la novela de Jonathan Franzen: "Las correcciones" (The Corrections, New York: Ferrar, Straus and Giroux, 2001). El autor, en serio y en broma, con ironía y humanismo, acude al vastísimo campo de las ciencias y la tecnología para ir construyendo unos personajes contemporáneos, cuyos nombres se incorporarán al de conocidos personajes de la ficción narrativa.

Este paso inicial del proceso de adaptación es una condición necesaria. El periodista debe poseer, a más de una cultura tradicional sólida, una cultura de lo actual; solo con incursionar en este campo podrá renovar su lenguaje. Pero una cosa es renovar el lenguaje propio y otra es renovar ese lenguaje renovando a la vez la lengua española. Y esto no es fácil por un pudor mal entendido.

"Navegar por la red" es castizo. Pero es largo. "Internet" se españoliza en "Interné" como "carnet" en "carné". Estas "tes" finales no suenan a español. El nombre Interné debe dar origen al verbo correspondiente: internear. Aquí viene el pudor. - "¿Quién soy yo para renovar el idioma? Si lo hago suena extraño. Muchos me van a criticar. Hay un cierto aire de pedantería en este afán". Y así es; pero si la palabra se impone, en unos años nadie se extrañará al usarla y no podrá prescindir de ella. Y así hay centenares de palabras que deben españolizarse.

Teniendo ya las palabras renovadas, hay que aventurarse en el mágico mundo de dichos y proverbios, ya sea para adaptarlos a la cultura de hoy, ya sea para crear dichos totalmente nuevos. Aquí está el reto periodístico. A un mundo nuevo, palabras nuevas, dichos nuevos, refranes nuevos, proverbios nuevos, nuevas avenidas para llegar al corazón de la realidad, al corazón del lector. Amasar el nuevo pan de la lengua y meterlo en los moldes de nuestra sintaxis y fonética. La harina será importada, el horno es mundial, pero el decirlo así y no de otra manera será nuestro, rotundamente nuestro. Los usaítas nos dan el significado; pongámosle un significante nuestro; grave una veces y salsero otras. Seamos renovadores y no meros papagayos.
 

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