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Errores comunes en el
lenguaje periodístico
Renovar la lengua
- María Moliner en su Diccionario
de uso del español define así el verbo transitivo
"renovar": "Dar otra vez actividad, fuerza, intensidad
o validez a una cosa decaída, envejecida, olvidada, etc."
La lengua española contiene refranes y dichos envejecidos.
He aquí una oportunidad para que el periodista los renueve,
les dé intensidad, fuerza y validez.
La época de oro de la lengua española correspondió
a la del poder político español de mediados del
siglo quince a mediados del siglo diecisiete. El pastoreo de
ovejas y merinos enriqueció a Castilla. El descubrimiento
del Nuevo Mundo financió las guerras del imperio español,
el fausto de la Corte y el florecimiento de las letras y las
artes. La agricultura de los indios y caribeños enriqueció
a España y a su lengua. Las conquistas, las minas y la
administración del vasto imperio alimentaron el poder
español y su orgullo por la lengua: "Habla Dios en
castellano,/ a los hombres en francés,/ a su lebrel en
germano,/ a su musa en italiano,/ y a su caballo en inglés".
Lo prueba la abundancia de refranes, dichos y proverbios tomados
de esas actividades humanas e imperiales. "Cada oveja con
su pareja". "A buey viejo, cencerro nuevo". "A
caballo regalado, no le mires el diente". "A carnero
castrado, no le mires el rabo". "Meterse en la boca
del lobo". "A boca de costal". "A banderas
desplegadas". "Inglés, pirata es". "El
huevo de Colón". "Hidalgos y nabos, ralos".
"Malos reyes, muchas leyes". "Río, rey
y religión, tres malos vecinos son". El Diccionario
de refranes, dichos y proverbios" (Luis Junceda, Madrid:
Espasa Calpe, 1998) trae más de cinco mil ejemplos clasificados
de la A a la Z.
El imperio español empezó a hacer agua en la segunda
mitad del siglo diecisiete y se hundió a fines del siglo
diecinueve. La lengua española ha repetido, desde entonces
hasta ahora, los significados y sonidos del francés e
inglés, idiomas de la política, el comercio y las
finanzas, las ciencias y la tecnología, la cultura y el
predominio de lo visual. Con el inglés convertido en lengua
franca de la mundialización de esos departamentos, la
lengua española come de las migajas que caen de la mesa
del amo usaíta.
Esta es una realidad. Cuando no hay la palabra exacta en español,
no queda más remedio que rebautizar un término
inglés, porque lo creado en esos lares ha sido bautizado
en el idioma de los creadores. Eso sí, un rebautismo
con ceremonia, cura y padrinos propios.
Las condiciones para un rebautismo propio son, al menos, tres:
adaptar el término a la fonética del español,
dotarlo de sexo gramatical, y mostrase creativos con los recién
bautizados. De esta suerte, el periodista podrá adaptar
e inventar nuevos refranes, dichos y proverbios, puesto que los
yacimientos lingüísticos de la agricultura, pastorero,
minas, galeones, reyes, virreyes y otras aves de la jerarquía
imperial ya han perdido para nosotros un significado que nos
mueva y conmueva.
Tal renovación es un proceso cuyo punto de partida radica
en incorporar al relato periodístico la riqueza de las
ciencias y la tecnología. Un ejemplo de esta incorporación
es la novela de Jonathan Franzen: "Las correcciones"
(The Corrections, New York: Ferrar, Straus and Giroux, 2001).
El autor, en serio y en broma, con ironía y humanismo,
acude al vastísimo campo de las ciencias y la tecnología
para ir construyendo unos personajes contemporáneos,
cuyos nombres se incorporarán al de conocidos personajes
de la ficción narrativa.
Este paso inicial del proceso de adaptación es una condición
necesaria. El periodista debe poseer, a más de una cultura
tradicional sólida, una cultura de lo actual; solo con
incursionar en este campo podrá renovar su lenguaje. Pero
una cosa es renovar el lenguaje propio y otra es renovar ese
lenguaje renovando a la vez la lengua española. Y esto
no es fácil por un pudor mal entendido.
"Navegar por la red" es castizo. Pero es largo. "Internet"
se españoliza en "Interné" como "carnet"
en "carné". Estas "tes" finales no
suenan a español. El nombre Interné debe dar origen
al verbo correspondiente: internear. Aquí viene el pudor.
- "¿Quién soy yo para renovar el idioma? Si
lo hago suena extraño. Muchos me van a criticar. Hay un
cierto aire de pedantería en este afán". Y
así es; pero si la palabra se impone, en unos años
nadie se extrañará al usarla y no podrá
prescindir de ella. Y así hay centenares de palabras que
deben españolizarse.
Teniendo ya las palabras renovadas, hay que aventurarse en el
mágico mundo de dichos y proverbios, ya sea para adaptarlos
a la cultura de hoy, ya sea para crear dichos totalmente nuevos.
Aquí está el reto periodístico. A un mundo
nuevo, palabras nuevas, dichos nuevos, refranes nuevos, proverbios
nuevos, nuevas avenidas para llegar al corazón de la realidad,
al corazón del lector. Amasar el nuevo pan de la lengua
y meterlo en los moldes de nuestra sintaxis y fonética.
La harina será importada, el horno es mundial, pero el
decirlo así y no de otra manera será nuestro, rotundamente
nuestro. Los usaítas nos dan el significado; pongámosle
un significante nuestro; grave una veces y salsero otras. Seamos
renovadores y no meros papagayos.
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