|
Alianzas para superar
la fragmentación
- Armand Mettelart, que conoce América
Latina desde los años sesenta, ha desarrollado un trabajo
intelectual de más de tres décadas y tiene en su
haber más de 30 obras que, puede decirse, giran en torno
a tres ejes fundamentales: comunicación, poder y libertad.
El periodista chileno José Zepeda, director del Departamento
Latinoamericano de Radio Nederland y antiguo colaborador de Chasqui,
sostuvo recientemente en Amsterdam una interesante entrevista
con Mattelart. Parte de esas reflexiones las hemos editado y
adaptado para nuestra acostumbrada columna de Opinión.
-
- En los años 80 empezó todo
un período de desregulación y de privatización
de los medios y de los sistemas de telecomunicaciones. A partir
de ese momento, se podría hablar también de una
desregulación de todo el sistema, es decir, tanto de los
contenidos como de las maneras de verlos.
Por otro lado, cada vez se razona más en términos
de eventos globales que congregan a la mayor parte de las audiencias;
es decir, con la crisis de los medios públicos de comunicación,
la idea de información se ha transformado y se ha acercado
cada vez más a la noción de entretención
y, consecuentemente, a la búsqueda de la mayor audiencia
posible, sin posibilidad de profundizar realmente en las raíces,
en las repercusiones de cada información.
Con la crisis de los medios, la idea de información
se ha transformado y se ha acercado cada vez más a la
noción de entretención y a la búsqueda de
la mayor audiencia posible
-
- Es la misma argumentación que toman
para luchar en contra de la idea de qué hacer, cómo
escapar de la cultura, de la información hecha a la medida
de las reglas de un mercado salvaje. Creo que la manera cómo
se ha deformado y literalmente adulterado el concepto de diversidad
cultural sirve también a los interesados en fortalecer
y legitimar el proceso de concentración de los grandes
grupos multimedia.
Un ejemplo es el discurso que tenía el director o responsable
del grupo universal Vivendi o de cualquier otra institución
similar de, finalmente, ofrecer diversidad de los contenidos.
En realidad, lo que han hecho es deformar el concepto de diversidad
cultural, que para ellos es únicamente la diversidad de
la oferta en el mercado, que no tiene nada que ver con la noción
de diversidad cultural propiamente dicha, que trata, digamos,
de luchar en contra de la tendencia hacia la homogeneización.
-
- La mundialización
-
- Voy a dar un ejemplo muy significativo
de la deformación de la información. Hay una palabra
en lengua latina -que es muy antigua- que forma parte del patrimonio
del movimiento internacionalista: es la palabra mundialización.
Esta es una palabra que surge a principios del siglo XX como
alternativa al proyecto global, se podría decir, de la
Liga o Sociedad de Naciones, después de la Primera Guerra
Mundial. Es una palabra que congregaba, en 1919, a quienes no
estaban de acuerdo con el proyecto de reordenamiento colonial
del mundo.
-
- Tenemos una tendencia a responder al
orden dominante de manera demasiado fragmentaria
-
- Es muy interesante ver cómo la
palabra mundialización y mundialismo, a partir sobre todo
del G7 de Génova, finalmente ha llegado a designar a los
antimundialización. La mundialización es una reivindicación
histórica de todos los sectores que luchan por la justicia.
En forma igual, en el ámbito de la información,
hay un conjunto de términos que circulan y que han sido
expropiados por el enemigo, y que crean una confusión
mental tremenda.
- Es el colmo que nos reprochen que estamos
en contra de la mundialización. Yo pienso que uno de los
frentes importantes, en la lucha de quienes critican el modelo
de globalización neoliberal, está también
el campo semántico. Con toda razón el subcomandante
Marcos decía que la Tercera Guerra Mundial va a ser una
guerra semiótica. Nosotros debemos vigilar para que tengamos
nuestro propio vocabulario, y que no estemos designados por los
otros con palabras, nociones y conceptos totalmente deformados.
-
- La globalización
-
- Es muy interesante ver que la palabra
globalización surge de manera incontestada en sociedades
donde no encuentran enseguida la crítica social. Por ejemplo,
en Europa, entra primero por Italia y por España. El único
país que lo resiste, a nivel del vocabulario y a nivel
de la calle, es Francia, que sigue manteniendo la palabra mundialización.
Muchos periodistas tienen la impresión de quedar aislados
de la problemática del movimiento social
-
- Entonces hay que reflexionar mucho y hay
que releer los textos de Orwell. El desafío es tratar
de entablar una lucha a nivel de los modos de expresar la realidad
y aquello que se nos presenta como el destino.
Ahí hay una actitud que es un problema estructural, un
problema que venimos arrastrando desde hace décadas, y
ojo- hay que plantearlo de frente. Es verdad que el movimiento
social, el movimiento crítico, tiene la tendencia a quedarse
aislado en lo local. Es lo que llamo "la comunicación
alternativa" y -ojo- es necesario articular frentes de lucha.
Hay que pensar más en la lucha de los sindicatos de los
periodistas dentro de los propios medios de comunicación
dominantes. En el foro que tuvimos sobre globalización,
información y comunicación (Tercer Foro Social
Mundial de Porto Alegre, enero del 2003), muchos periodistas
que trabajaban en prensa, radio o televisión me plantearon
el problema, porque ellos tienen la impresión de quedar
aislados de la problemática del movimiento social. Debe
haber posibilidad de alianzas dentro de los medios que tienen
una irradiación, una trasmisión más general.
Prueba de eso es la Radio Nederland, como lo puede ser Radio
Francia Internacional.
Tenemos una tendencia de responder al orden dominante de manera
demasiado fragmentaria. Cada uno se queda con su estrategia,
sin ver que es una trampa si nos quedamos únicamente en
lo local, sin incorporarnos en un espectro más amplio
de la comunicación.
A través de la tecnología de la información
y comunicación se decide un modelo de sociedad futura
-
- Se podría tomar el caso francés.
En el mes de abril del 2002, todo el sistema mediático,
en los sondeos transmitidos a través de los grandes medios
de comunicación, hicieron que finalmente la gente creyese
que la suerte de la elección estaba decidida y que iban
a quedar solo dos candidatos: Lionel Jospin y Jacques Chirac.
De repente y tras los comicios de primera vuelta se comprueba
que los sondeos y todos los medios se equivocaron, ya que llegó
segundo Jean-Marie Le Pen, de la extrema derecha. En consecuencia,
en los períodos electorales se ha agudizado, efectivamente,
la previsibilidad mediática de los resultados.
-
- Comunicación, un tema político
-
- Cada sociedad genera sus antídotos
y sus resistencias y el drama, en la mayor parte de las sociedades,
es no haber puesto todos estos problemas que nos conciernen cotidianamente,
digamos, de no haberlos puesto como un problema esencial de la
democracia. Pero estamos dando pasos positivos, porque se empieza
a reconocer que la comunicación es un tema político.
Es extraño decirlo así pero es una realidad, es
decir, hay poca conciencia en muchos movimientos sociales de
que se trata de un dominio capital y, es cada vez más
capital, porque la cuestión de la comunicación
ya no es solamente la de los medios de comunicación: es
la cuestión de las tecnologías de la información
y comunicación. Finalmente, hoy en día, el modelo
de ordenamiento del mundo camina a través de los modelos
de la arquitectura de las redes. Se ve concretamente, por ejemplo,
en las discusiones sobre lo que es la llamada, -de nuevo un concepto,
un neologismo que nos ha sido impuesto para hablar entre nosotros-
"sociedad global de la información". Se ve que
a través de la tecnología de la información
y comunicación se decide un modelo de sociedad futura,
si no lo resistimos, que va hacia la negación del principio
de servicio público. De ahí la importancia de ligar
lo local con lo global, porque ahora las luchas son imposibles
de otro modo.
-
- El principio de la excepción
cultural
-
- Debo decirle que son luchas muy largas
y de hecho tienen antecedentes históricos. Fundamentalmente,
desde los años 20, entre las dos guerras, muchos países
tomaron conciencia de la importancia de tener políticas
de defensa de sus culturas por, digamos, la importancia, el peso,
que tomaban ciertas industrias, entre ellas, la industria cinematográfica.
Por ejemplo, en Francia, en Inglaterra, en Alemania y en otros
países europeos, en el período entre las dos guerras,
hubo políticas nacionales de protección del cine,
de producción del cine, porque estaba muy vinculado a
la idea de la identidad cultural. Evidentemente, no estamos en
esa época, estamos en otra donde han florecido los grandes
grupos multimedia. El principio de excepción cultural
que logró imponer a la Organización Mundial del
Comercio que en esa época se llamaba GATT, en diciembre
de 1993, es un avance. La idea de que se necesitan políticas
públicas nacionales y más regionales para proteger
y generar productos de industrias culturales que reflejen una
identidad más regional o nacional, yo creo que es un logro,
pero, cada vez más hay ofensiva de parte de los Estados
Unidos porque, concretamente, el conflicto está entre
la delegación norteamericana en la Organización
Mundial del Comercio y la Unión Europea.
Cuando el principio se aprobó, y la OMC estuvo obligada
a reconocer el principio de la excepción cultural, en
Europa existían muchos gobiernos que estaban a favor,
pero el panorama ha cambiado en 7 años, con, por ejemplo,
Berlusconi en Italia y Aznar en España. Se ve entonces
que todas estas conquistas son frágiles. De allí
que este modelo de política, hay que decirlo, nunca está
definitivamente conquistada.
La cuestión de la comunicación ya no es solamente
la de los medios de comunicación: es la cuestión
de las tecnologías de la información y comunicación
-
- Es muy interesante ver la estrategia del
Departamento de Comercio de los Estados Unidos después
de su derrota frente a la Organización Mundial de Comercio
por el reconocimiento de la excepción cultural. Como decía
Mitterand "hay que sacar los productos de la mente o del
espíritu, de las lógicas del mercado salvaje".
Los Estados Unidos tiene una doble estrategia: primero, impedir
que cada vez más países tomen como modelo la excepción
cultural europea. Por ejemplo, están presionando a todos
los países que son candidatos a la Organización
Mundial de Comercio o a la OCD para que, finalmente, no acepten
esta política. Hubo últimamente dos casos muy significativos,
el de Corea del Sur en Asia, que no tiene nada que ver con Europa
ni América Latina. Corea del Sur ha aplicado el principio
de excepción cultural y ha reinventado sus industrias
culturales cinematográficas. Pues bien, con ocasión
de la reorganización del Tratado bilateral con los Estados
Unidos, éste ha tratado de poner una cláusula que
hay que anular, cancelar este tipo de excepción cultural.
Lo mismo ha ocurrido en Chile hace poco. En la renegociación
bilateral con los Estados Unidos, Chile se ha encontrado, finalmente,
casi forzado a aceptar cierto tipo de condiciones que hace, por
ejemplo, que la reivindicación de los pequeños
editores en Chile, o digamos, lo que se llama la coalición
para la diversidad cultural, esté bloqueada, con lo que
el gobierno chileno pierde instrumentos de una política
nacional en materia de cultura.
Un primer aspecto es este, estamos en una lucha feroz en el
campo internacional.
El segundo elemento de esta lucha, de esta estrategia, es que
cada vez más la delegación norteamericana está
tratando de alinear la reglamentación, sobre las industrias
culturales, sobre un denominador común lo más pequeño
posible. De tal manera que, en el contexto de lo que se llama
la convergencia tecnológica -ordenador, teléfono,
televisión- alinear la legislación sobre el medio
que finalmente pone menos problemas. Y, ¿cuál es
ese medio? El teléfono, las telecomunicaciones. Su filosofía
es finalmente reducir la reglamentación de los flujos
de las industrias culturales a una llamada telefónica.
Es un problema clave porque, finalmente, pretenden alinear los
flujos culturales sobre las leyes del mercado. Ese es el desafío,
el envite de las negociaciones que van a empezar con los debates
en la Organización Mundial del Comercio sobre los servicios.
El gran problema de estas discusiones, ahora, es la idea misma
de servicio público. La excepción cultural es la
heredera de una filosofía del servicio público,
por eso no se puede dejar la cultura como tampoco la educación,
la salud y el medio ambiente a lógicas puramente comerciales.
|