Revista Chasqui
  Informática

Carlos Eduardo Cortés S., comunicador social colombiano, docente y consultor en nuevas tecnologías. Actualmente, editor de la revista TV Technology América Latina para IMAS Publishing Group, en Estados Unidos. Correo-e: Ccort4@aol.com

La tecnología de los medios en tiempos de guerra

El siglo XXI ha traído un cambio fundamental de paradigma en la industria de la teledifusión. La actual transición digital, acelerada por Internet, la banda ancha y el uso extendido de computadoras, nos hace pasar de una televisión basada en la difusión, a un conjunto de servicios de vídeo digital sustentados en el acceso.

Nuevas tecnologías han surgido para integrar las áreas de adquisición, producción, almacenamiento, emisión y monitoreo. A lo largo de la cadena de video digital, nuevos procesos más eficientes y baratos transforman la práctica cotidiana de hacer televisión, ya se trate de capturar contenidos, producir, posproducir o transmitir.

Este nuevo escenario es, a la vez, digital y multimedial. Sus contenidos ya no se distribuyen sólo en la televisión abierta; también abarcan sistemas de cable y difusión satelital directa (DBS), la llamada 'Telco TV' -basada en redes telemáticas-, y los diversos dispositivos de comunicación móvil inalámbrica.

Así, esta transición planetaria sienta las bases de una nueva industria de teledifusión digital (digicasting), centrada hoy en crear y probar modelos de negocio emergentes en teledifusión, multidifusión y difusión de datos (broadcasting, multicasting, datacasting).

La transición planetaria sienta bases para una nueva industria de teledifusión digital
 
Distribuir noticias, información y entretenimiento ya no es, pues, un negocio exclusivo de los difusores de la era analógica. Estas nuevas tecnologías tienen el potencial de convertir a cualquier individuo con acceso a ellas, en difusor digital.
 
Proliferación de audiencias
 
Una primera consecuencia de estos cambios es la proliferación de audiencias fracturadas en unidades más pequeñas: más nichos, y menos masas.

Como resultado, proveedores de contenido y anunciantes para cualquier plataforma trabajan en busca de fórmulas para atraer y retener usuarios.

De ahí que las más exitosas empresas de medios y tecnología insistan en articular la creación de contenidos con un gran conocimiento de tendencias e intereses de los consumidores.

Nadie puede predecir hasta dónde conducirán estas transformaciones. Pero, está claro que el televidente del siglo XXI tiende a buscar la gratificación inmediata. La razón es que la difusión digital multimedial permite -y se dirige hacia- el ideal de ofrecer acceso a voluntad ('lo que quiera, cuando quiera'), en forma de VOD (video on demand o video a la carta), o de Near VOD (casi VOD).

Si hoy vivimos rodeados de computadoras, juegos de vídeo, cámaras digitales, reproductores de música MP3, minicomputadoras Palm, teléfonos celulares con pantalla para vídeo y reproductores de DVD, por nombrar solo algunos, es porque la sinergia entre tecnología e industrias de información y entretenimiento genera nuevos servicios y negocios, basados en producir y reempacar contenidos para todos esos dispositivos dirigidos a nichos de usuarios.

Por tanto, no podemos sorprendernos de que nuestra era mediática digital modifique, en un lapso más corto de lo esperado, no sólo la forma de hacer televisión, sino nuestra propia televidencia, es decir, el proceso humano de ver televisión.
 
La evolución de las noticias
 
El campo noticioso ha sido espacio privilegiado de esta evolución. Gracias a tecnologías como procesamiento digital y compresión de video, cámaras de control remoto, teléfonos satelitales y sistemas de transmisión satelital móvil (flyaways), la 'captura electrónica de noticias', también conocida por sus siglas en inglés (ENG), ya se venía transformando aceleradamente durante la década del noventa en el pasado siglo.

Distribuir noticias, informacióny entretenimientoya no es un negocio exclusivo de los difusores dela era analógica
 
Sin embargo, toda una nueva generación de herramientas, dirigida a satisfacer la demanda creciente de cobertura en vivo por parte del público -en particular, la información noticiosa televisada o difundida vía Internet (streaming media), en tiempo real-, resquebrajó las bases tradicionales de la producción televisiva y permitió reinventar la gestión noticiosa.

Sumadas al auge de nuevos formatos cobijados bajo la denominación reality show, muchas premisas de la televidencia analógica entraron en crisis con la cobertura de tragedias como la del 11 de septiembre de 2001, o de conflictos bélicos como la invasión de Afganistán o la guerra de Irak.

La omnipresencia de la imagen puso en entredicho la tradicional 'calidad de teledifusión' (broadcast quality), un esfuerzo técnico permanente que solía garantizar vídeo con un mínimo nivel aceptable.

La propia demanda de información instantánea desafía hoy las restricciones inherentes a dicha calidad, que se volvió irrelevante ante el hecho de que los televidentes preferimos recibir imágenes deficientes de videófonos satelitales o de cámaras de aficionado, en vez de nada.
 
La nueva tecnología
 
Las coberturas en vivo de Afganistán e Irak usaron diversas combinaciones de codificador de vídeo, teléfono satelital y alimentación de energía, e incluso equipos para videoconferencia.
 
Ello incluyó la Talking Head (cabeza parlante): un videófono satelital del tamaño de un maletín de ejecutivo, fabricado por 7-E Communications Ltd., de Londres, que cabe en el compartimiento superior de un avión, recibe alimentación eléctrica del encendedor de cigarrillos de un automóvil, y tiene todas las interfaces de vídeo y audio que necesitan los periodistas.

Su último modelo, TH-2, puede establecer un enlace entre dos teléfonos InMarSat para enviar vídeo y audio a 123 Kbps, deficiente para la mayoría de las necesidades noticiosas, pero suficiente para salir en vivo antes que lleguen las flyaways u otras señales de vídeo.

Según Dick Tauber, vicepresidente de CNN para satélites y circuitos "son una especie de herramienta de noticias que da el primer golpe". Originalmente, muchas de estas operaciones se hacían a 64 [Kbps]. Cuando usted duplica el ancho de banda, logra una mejora importante en la calidad de la imagen" (Sanjay Talwani. Prueba de fuego para videófonos, TV Technology América Latina, marzo de 2002).

Y esto último se logra al digitalizar la señal transmitida, a fin de multiplicar la capacidad del transpondedor satelital. Al combinar pequeñas antenas parabólicas para teléfonos satelitales geoestacionarios, con cámaras DV y editores portátiles con software para noticias, equipos de reportería como los de CNN, CBS, NBC y AP, consiguieron hacer cobertura permanente en vivo, como nunca antes había ocurrido en una guerra.

El televidente del siglo XXI tiende a buscar la gratificación inmediata
 
Así grabaron y editaron historias en diez minutos, las comprimieron y enviaron vía protocolo de transferencia de Internet (FTP), hasta servidores en sus sedes, desde los cuales las pusieron al aire. En 2002 también se comercializaron softwares como 'Net2Phone' y 'Microsoft Messenger', capaces de convertir cualquier computadora personal en un videófono.

En suma, al combinar movilidad con bajo precio, sin depender de conexiones eléctricas ni líneas telefónicas, estas nuevas tecnologías le brindan al periodista una independencia física inexistente hasta ahora.
 
La información como arma de guerra
 
Al momento de redactar este artículo, 13 periodistas habían muerto en Irak; diez estaban heridos y dos, desaparecidos. Se dice que es el conflicto bélico internacional en que más colegas han caído. Y eso es muy grave. Pero, ¿no es también el resultado lógico de haber convertido la información en arma de guerra, y a los periodistas en protagonistas?

En la tradición bélica, la información estratégica se le negaba al enemigo, y en vez de ello se usaba el engaño para sorprenderlo. Pero, en Irak, el gobierno Bush convirtió a los medios en un arma de guerra. Mediante la información, intimidó a los líderes militares iraquíes. Al permitir el acceso a las noticias televisivas, envió "un mensaje sencillo y directo: ríndanse. La oposición no tiene esperanza. Si no nos creen, sólo miren la televisión" (Lucian Truscott, In this war, News is a Weapon, The New York Times, marzo 25, 2003).

Es decir, como lo analiza Francis Pisani, la información desempeñó una doble función clave para la campaña en Irak, por un lado, los Estados Unidos basó gran parte de su superioridad militar en la circulación de una cantidad considerable de información en tiempo real, entre los servicios y las unidades en combate.

"La logística está sustentada en este principio. Las fuerzas especiales coordinan sus ataques directamente con la aviación, gracias al acceso simultáneo a toda la información disponible.

"La rápida circulación de la información nos permite atacar un objetivo en sólo unos pocos minutos; a veces, ocho a diez minutos", explica John Arquilla, profesor de estrategia militar en la Escuela Naval de Monterrey. Durante la guerra del Golfo, se requerían 10 horas entre el momento en que se detectaba el objetivo y la intervención de la aviación".(La información y las bombas, México, Sala de Prensa 54, abril de 2003).
 
Los periodistas en el conflicto
 
Por otro lado, al convertir la información noticiosa en recurso táctico en Irak, las fuerzas militares estadounidenses fomentaron la participación de periodistas más allá de la cobertura profesional.
Los introdujeron a la operación militar en zona de guerra y, en muchos casos, los incorporaron a la vida cotidiana de los combatientes, para compartir las raciones de comida y sufrir las mismas penurias a bordo de un tanque blindado o un portaviones, no sin antes brindarles un mínimo de preparación.

En enero de 2003, 50 periodistas de radio, prensa y televisión se sometieron a una semana de entrenamiento militar en la base naval de Norfolk, y en la de infantería de marina de Quantico, en el estado de Virginia. El propósito era enseñarles, a personal no militar, cómo sobrevivir en situaciones de batalla.

El entrenamiento incluyó prácticas de campo y visitas a destructores, cruceros, submarinos nucleares y portaviones, para orientar a los comunicadores sobre posiciones para grabación en cubierta, o mientras se encuentren con fuerzas militares durante un escenario de combate (Susan Ashworth, Entrenamiento prepara a los medios y equipos para la batalla. TV Technology América Latina, marzo/abril de 2003).

Es muy difícil establecer el papel y el lugar desde donde un periodista ejerce su oficio en medio de una guerra. Pero resulta conflictivo integrarse a un grupo de combatientes, cuando la misma Convención de Ginebra establece en el artículo 79 del Protocolo Adicional que los "periodistas involucrados en misiones profesionales peligrosas en zonas de conflictos armados deben ser considerados como civiles". ¿Qué hace, pues, un civil a bordo de un vehículo militar en medio de una batalla?

No hay respuestas simples para preguntas complejas. El entrenamiento buscaba salvar las vidas de los periodistas. Y ello está muy bien. Pero, terminó por convertirlos en protagonistas que narraban su propia experiencia humana, lo cual constituyó una trampa para la propia información periodística (¿recuerda a Peter Arnett, despedido de la NBC por dar declaraciones a la televisión de Irak?)

Según Ignacio Ramonet, la nueva ideología de información en tiempo real, que la radio y la televisión han adoptado, establece que no puede existir un acontecimiento sin que sea grabado y seguido en directo. "Esa idea consigna que el mundo tiene cámaras en todas partes y que cualquier cosa que se produzca puede ser grabada.
 
Y si no se graba no es importante.

"En el nuevo orden de los medios, las palabras, los textos, no valen lo que las imágenes. ¿Cómo ocultan hoy la información? Por un gran aporte de ésta: la información se oculta porque hay demasiada para consumir y, por lo tanto, no se percibe la que falta" (Comunicación contra información, México, Sala de Prensa 30, abril de 2001).
 
Monitores de los centros de poder
 
Robert Fisk, especialista en Medio Oriente y corresponsal del diario británico The Independent, define a los periodistas como "los monitores de los centros de poder".

Sin embargo, podríamos preguntar con Ramonet, ¿cuáles son realmente los poderes hoy? "El primero de todos es el poder económico; el segundo, el mediático, y, relegado en una tercera posición, el político".
Vivimos cambios acelerados en el oficio periodístico, que la propia tecnología disponible promueve y facilita. ¿Debe haber, entonces, límites para que el periodismo televisivo se convierta en protagonista del poder mediático?

¿Y, si se asume dicho protagonismo como natural, debería, en consecuencia, monitorearse a sí mismo?
Está claro que la movilidad inalámbrica, liberada de conexiones eléctricas y líneas telefónicas, le otorga al periodista una independencia física sin precedentes.

Pero no ocurre lo mismo con la independencia profesional. La información noticiosa convertida en mercancía o en arma de guerra, le hace un flaco favor a la misión fundamental de los medios: aclarar el debate democrático.
 

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