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La tecnología
de los medios en tiempos de guerra
- El siglo XXI ha traído un cambio
fundamental de paradigma en la industria de la teledifusión.
La actual transición digital, acelerada por Internet,
la banda ancha y el uso extendido de computadoras, nos hace pasar
de una televisión basada en la difusión, a un conjunto
de servicios de vídeo digital sustentados en el acceso.
Nuevas tecnologías han surgido para integrar las áreas
de adquisición, producción, almacenamiento, emisión
y monitoreo. A lo largo de la cadena de video digital, nuevos
procesos más eficientes y baratos transforman la práctica
cotidiana de hacer televisión, ya se trate de capturar
contenidos, producir, posproducir o transmitir.
Este nuevo escenario
es, a la vez, digital y multimedial. Sus contenidos ya no se
distribuyen sólo en la televisión abierta; también
abarcan sistemas de cable y difusión satelital directa
(DBS), la llamada 'Telco TV' -basada en redes telemáticas-,
y los diversos dispositivos de comunicación móvil
inalámbrica.
Así, esta transición planetaria sienta las bases
de una nueva industria de teledifusión digital (digicasting),
centrada hoy en crear y probar modelos de negocio emergentes
en teledifusión, multidifusión y difusión
de datos (broadcasting, multicasting, datacasting).
La transición planetaria sienta bases para una nueva
industria de teledifusión digital
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- Distribuir noticias, información
y entretenimiento ya no es, pues, un negocio exclusivo de los
difusores de la era analógica. Estas nuevas tecnologías
tienen el potencial de convertir a cualquier individuo con acceso
a ellas, en difusor digital.
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- Proliferación de audiencias
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- Una primera consecuencia de estos cambios
es la proliferación de audiencias fracturadas en unidades
más pequeñas: más nichos, y menos masas.
Como resultado, proveedores de contenido y anunciantes para cualquier
plataforma trabajan en busca de fórmulas para atraer y
retener usuarios.
De ahí que las más exitosas empresas de medios
y tecnología insistan en articular la creación
de contenidos con un gran conocimiento de tendencias e intereses
de los consumidores.
Nadie puede predecir hasta dónde conducirán estas
transformaciones. Pero, está claro que el televidente
del siglo XXI tiende a buscar la gratificación inmediata.
La razón es que la difusión digital multimedial
permite -y se dirige hacia- el ideal de ofrecer acceso a voluntad
('lo que quiera, cuando quiera'), en forma de VOD (video on demand
o video a la carta), o de Near VOD (casi VOD).
Si hoy vivimos rodeados de computadoras, juegos de vídeo,
cámaras digitales, reproductores de música MP3,
minicomputadoras Palm, teléfonos celulares con pantalla
para vídeo y reproductores de DVD, por nombrar solo algunos,
es porque la sinergia entre tecnología e industrias de
información y entretenimiento genera nuevos servicios
y negocios, basados en producir y reempacar contenidos para todos
esos dispositivos dirigidos a nichos de usuarios.
Por tanto, no podemos sorprendernos de que nuestra era mediática
digital modifique, en un lapso más corto de lo esperado,
no sólo la forma de hacer televisión, sino nuestra
propia televidencia, es decir, el proceso humano de ver televisión.
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- La evolución de las noticias
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- El campo noticioso ha sido espacio privilegiado
de esta evolución. Gracias a tecnologías como procesamiento
digital y compresión de video, cámaras de control
remoto, teléfonos satelitales y sistemas de transmisión
satelital móvil (flyaways), la 'captura electrónica
de noticias', también conocida por sus siglas en inglés
(ENG), ya se venía transformando aceleradamente durante
la década del noventa en el pasado siglo.
Distribuir noticias, informacióny entretenimientoya
no es un negocio exclusivo de los difusores dela era analógica
-
- Sin embargo, toda una nueva generación
de herramientas, dirigida a satisfacer la demanda creciente de
cobertura en vivo por parte del público -en particular,
la información noticiosa televisada o difundida vía
Internet (streaming media), en tiempo real-, resquebrajó
las bases tradicionales de la producción televisiva y
permitió reinventar la gestión noticiosa.
Sumadas al auge de nuevos formatos cobijados bajo la denominación
reality show, muchas premisas de la televidencia analógica
entraron en crisis con la cobertura de tragedias como la del
11 de septiembre de 2001, o de conflictos bélicos como
la invasión de Afganistán o la guerra de Irak.
La omnipresencia de la imagen puso en entredicho la tradicional
'calidad de teledifusión' (broadcast quality), un esfuerzo
técnico permanente que solía garantizar vídeo
con un mínimo nivel aceptable.
La propia demanda de información instantánea desafía
hoy las restricciones inherentes a dicha calidad, que se volvió
irrelevante ante el hecho de que los televidentes preferimos
recibir imágenes deficientes de videófonos satelitales
o de cámaras de aficionado, en vez de nada.
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- La nueva tecnología
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- Las coberturas en vivo de Afganistán
e Irak usaron diversas combinaciones de codificador de vídeo,
teléfono satelital y alimentación de energía,
e incluso equipos para videoconferencia.
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- Ello incluyó la Talking Head (cabeza
parlante): un videófono satelital del tamaño de
un maletín de ejecutivo, fabricado por 7-E Communications
Ltd., de Londres, que cabe en el compartimiento superior de un
avión, recibe alimentación eléctrica del
encendedor de cigarrillos de un automóvil, y tiene todas
las interfaces de vídeo y audio que necesitan los periodistas.
Su último modelo, TH-2, puede establecer un enlace entre
dos teléfonos InMarSat para enviar vídeo y audio
a 123 Kbps, deficiente para la mayoría de las necesidades
noticiosas, pero suficiente para salir en vivo antes que lleguen
las flyaways u otras señales de vídeo.
Según Dick Tauber, vicepresidente de CNN para satélites
y circuitos "son una especie de herramienta de noticias
que da el primer golpe". Originalmente, muchas de estas
operaciones se hacían a 64 [Kbps]. Cuando usted duplica
el ancho de banda, logra una mejora importante en la calidad
de la imagen" (Sanjay Talwani. Prueba de fuego para videófonos,
TV Technology América Latina, marzo de 2002).
Y esto último se logra al digitalizar la señal
transmitida, a fin de multiplicar la capacidad del transpondedor
satelital. Al combinar pequeñas antenas parabólicas
para teléfonos satelitales geoestacionarios, con cámaras
DV y editores portátiles con software para noticias, equipos
de reportería como los de CNN, CBS, NBC y AP, consiguieron
hacer cobertura permanente en vivo, como nunca antes había
ocurrido en una guerra.
El televidente del siglo XXI tiende a buscar la gratificación
inmediata
-
- Así grabaron y editaron historias
en diez minutos, las comprimieron y enviaron vía protocolo
de transferencia de Internet (FTP), hasta servidores en sus sedes,
desde los cuales las pusieron al aire. En 2002 también
se comercializaron softwares como 'Net2Phone' y 'Microsoft Messenger',
capaces de convertir cualquier computadora personal en un videófono.
En suma, al combinar movilidad con bajo precio, sin depender
de conexiones eléctricas ni líneas telefónicas,
estas nuevas tecnologías le brindan al periodista una
independencia física inexistente hasta ahora.
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- La información como arma de
guerra
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- Al momento de redactar este artículo,
13 periodistas habían muerto en Irak; diez estaban heridos
y dos, desaparecidos. Se dice que es el conflicto bélico
internacional en que más colegas han caído. Y eso
es muy grave. Pero, ¿no es también el resultado
lógico de haber convertido la información en arma
de guerra, y a los periodistas en protagonistas?
En la tradición bélica, la información estratégica
se le negaba al enemigo, y en vez de ello se usaba el engaño
para sorprenderlo. Pero, en Irak, el gobierno Bush convirtió
a los medios en un arma de guerra. Mediante la información,
intimidó a los líderes militares iraquíes.
Al permitir el acceso a las noticias televisivas, envió
"un mensaje sencillo y directo: ríndanse. La oposición
no tiene esperanza. Si no nos creen, sólo miren la televisión"
(Lucian Truscott, In this war, News is a Weapon, The New York
Times, marzo 25, 2003).
Es decir, como lo analiza Francis Pisani, la información
desempeñó una doble función clave para la
campaña en Irak, por un lado, los Estados Unidos basó
gran parte de su superioridad militar en la circulación
de una cantidad considerable de información en tiempo
real, entre los servicios y las unidades en combate.
"La logística está sustentada en este principio.
Las fuerzas especiales coordinan sus ataques directamente con
la aviación, gracias al acceso simultáneo a toda
la información disponible.
"La rápida circulación de la información
nos permite atacar un objetivo en sólo unos pocos minutos;
a veces, ocho a diez minutos", explica John Arquilla, profesor
de estrategia militar en la Escuela Naval de Monterrey. Durante
la guerra del Golfo, se requerían 10 horas entre el momento
en que se detectaba el objetivo y la intervención de la
aviación".(La información y las bombas, México,
Sala de Prensa 54, abril de 2003).
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- Los periodistas en el conflicto
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- Por otro lado, al convertir la información
noticiosa en recurso táctico en Irak, las fuerzas militares
estadounidenses fomentaron la participación de periodistas
más allá de la cobertura profesional.
Los introdujeron a la operación militar en zona de guerra
y, en muchos casos, los incorporaron a la vida cotidiana de los
combatientes, para compartir las raciones de comida y sufrir
las mismas penurias a bordo de un tanque blindado o un portaviones,
no sin antes brindarles un mínimo de preparación.
En enero de 2003, 50 periodistas de radio, prensa y televisión
se sometieron a una semana de entrenamiento militar en la base
naval de Norfolk, y en la de infantería de marina de Quantico,
en el estado de Virginia. El propósito era enseñarles,
a personal no militar, cómo sobrevivir en situaciones
de batalla.
El entrenamiento incluyó prácticas de campo y visitas
a destructores, cruceros, submarinos nucleares y portaviones,
para orientar a los comunicadores sobre posiciones para grabación
en cubierta, o mientras se encuentren con fuerzas militares durante
un escenario de combate (Susan Ashworth, Entrenamiento prepara
a los medios y equipos para la batalla. TV Technology América
Latina, marzo/abril de 2003).
Es muy difícil establecer el papel y el lugar desde donde
un periodista ejerce su oficio en medio de una guerra. Pero resulta
conflictivo integrarse a un grupo de combatientes, cuando la
misma Convención de Ginebra establece en el artículo
79 del Protocolo Adicional que los "periodistas involucrados
en misiones profesionales peligrosas en zonas de conflictos armados
deben ser considerados como civiles". ¿Qué
hace, pues, un civil a bordo de un vehículo militar en
medio de una batalla?
No hay respuestas simples para preguntas complejas. El entrenamiento
buscaba salvar las vidas de los periodistas. Y ello está
muy bien. Pero, terminó por convertirlos en protagonistas
que narraban su propia experiencia humana, lo cual constituyó
una trampa para la propia información periodística
(¿recuerda a Peter Arnett, despedido de la NBC por dar
declaraciones a la televisión de Irak?)
Según Ignacio Ramonet, la nueva ideología de información
en tiempo real, que la radio y la televisión han adoptado,
establece que no puede existir un acontecimiento sin que sea
grabado y seguido en directo. "Esa idea consigna que el
mundo tiene cámaras en todas partes y que cualquier cosa
que se produzca puede ser grabada.
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- Y si no se graba no es importante.
"En el nuevo orden de los medios, las palabras, los textos,
no valen lo que las imágenes. ¿Cómo ocultan
hoy la información? Por un gran aporte de ésta:
la información se oculta porque hay demasiada para consumir
y, por lo tanto, no se percibe la que falta" (Comunicación
contra información, México, Sala de Prensa 30,
abril de 2001).
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- Monitores de los centros de poder
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- Robert Fisk, especialista en Medio Oriente
y corresponsal del diario británico The Independent, define
a los periodistas como "los monitores de los centros de
poder".
Sin embargo, podríamos preguntar con Ramonet, ¿cuáles
son realmente los poderes hoy? "El primero de todos es el
poder económico; el segundo, el mediático, y, relegado
en una tercera posición, el político".
Vivimos cambios acelerados en el oficio periodístico,
que la propia tecnología disponible promueve y facilita.
¿Debe haber, entonces, límites para que el periodismo
televisivo se convierta en protagonista del poder mediático?
¿Y, si se asume dicho protagonismo como natural, debería,
en consecuencia, monitorearse a sí mismo?
Está claro que la movilidad inalámbrica, liberada
de conexiones eléctricas y líneas telefónicas,
le otorga al periodista una independencia física sin precedentes.
Pero no ocurre lo mismo con la independencia profesional. La
información noticiosa convertida en mercancía o
en arma de guerra, le hace un flaco favor a la misión
fundamental de los medios: aclarar el debate democrático.
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