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Errores comunes en el
lenguaje periodístico
Las palabras: botín
de guerra
- Noche del 11 de marzo. Un equipo de la
"Coalición de la buena voluntad" (Coalition
of the willing) ingresa en el "teatro de operaciones"
(theater of operations), produce un "golpe quirúrgico"
(surgical strike) y ejecuta con éxito un "ataque
preventivo" (preventive attack) para impedir que la enfermedad
se esparza. La "Operación libertad para Irak"
(Operation Iraqui Freedom), una especie de "ejercicio de
decapitación" (decapitation exercise), la han realizado
los mejores cirujanos "libertadores" (liberators) y
"combatientes de la libertad" (freedom fighters), aprovechando
la "oportunidad presentada" (targets of opportunity)
y evitando así "daños colaterales" (collateral
damage) en el organismo.
Las palabras son las primeras víctimas de la guerra, convertidas
en arma para transmitir la violencia y la agresión, la
falsedad y la mentira. El medio para unir a las personas y propiciar
la convivencia se utiliza como expresión del odio y el
insulto. Si gracias a las palabras somos seres simbólicos
y portadores de sentido, también con ellas volvemos a
la barbarie y a la degradación. Cuando el sin sentido
y la brutalidad intervienen en la vida social, el significado
de la palabra sufre una gran mutación, pues la intención
de uso ya no es la claridad de la información ni la belleza,
sino la representación de un mundo hostil. Con el recurso
de las palabras confundimos al público, hacemos propaganda
del engaño, escamoteamos el referente, cambiamos el tono
y estilo, desinformamos y creamos un entorno de caos con la ambigüedad,
el doble sentido, la ocultación, los eufemismos, la degradación
y otras desviaciones del idioma que nos permiten las figuras
literarias.
La palabra nomina el mundo. Al comienzo de la guerra, la palabra
nombra al adversario porque sin un enemigo señalado, definido,
declarado y reconocido no hay conflicto. El enemigo es nominado
mediante artificios literarios que lo describen como lo malo,
lo dañino y contrario. La distorsión y la caricatura,
el sarcasmo, la metonimia, la atenuación (lítote)
y la hipérbole son algunos de los mecanismos literarios
utilizados por la maquinaria de la guerra para que el enemigo
sea fácil de reconocer y muestre las características
más odiadas en una cultura. Si somos blancos, el enemigo
es lo negro; si nosotros representamos la verdad, el adversario
el engaño.
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- Atribuimos todos los sentidos peyorativos
a la imagen del enemigo. El trabajo de la propaganda ideológica
se dirige hacia una nueva forma de representar la realidad. La
arbitrariedad lingüística es un campo amplio donde
las palabras pueden adquirir otros significados; para ello se
motivan y fuerzan los nuevos sentidos con acepciones ambiguas
y equívocas..
Antes del conflicto, el lugar donde habitan los perversos no
es un paraíso terrenal, sino su contrario, el "Eje
del mal" (Axis of Evil). El "Mal" es el "Diablo",
y el lugar donde habita ese personaje es un "Eje",
término que nos recuerda la antigua polarización
de la Segunda Guerra mundial (Eje: Alemania, Japón, Italia).
Por oposición, el hablante determina que el eje contrario
es el "Eje del bien". De una forma maniquea y reduccionista
tenemos ya descrito el espacio de la guerra y su valoración,
dada por los opuestos: cielo - infierno, bien mal. En el
desierto del mal viven los "terroristas" y los que
amenazan la libertad y la democracia. Por ello, se acuña
el término para la misión guerrera: "Operación
libertad para Irak" (Operation Iraqui Freedom). Debemos
tener claro que estamos nominando un nuevo mundo y espacio: el
de la guerra. El jefe de los malos, Saddam Husein es el "monstruo",
sanguinario y tirano. No negamos que lo haya sido, sino que tales
nominaciones son motivadas por el contexto de que ya no es monstruo
para los iraquíes sino para el mundo (USA), para los norteamericanos,
para los amantes de la libertad y la democracia, para los buenos.
No es lo mismo un tirano para los extraños, que un monstruo
para mí. Las cosas cambian radicalmente cuando el objeto
de la enunciación y el objeto del enunciado coinciden,
pues las palabras ya no son solamente envases de significados,
sino símbolos con otra referencia.
- Definido el enemigo, también debemos
calificar a los amigos. Los soldados "buenos", aunque
conquistadores e invasores, son los "libertadores"
(liberators), los "guerreros de la libertad" (freedom
fighters). Esta gran armada de "héroes" es el
grupo de los "aliados" (allies), como en las películas
de la Segunda Guerra Mundial con toda la connotación de
libertad, bondad, ayuda que los héroes de las películas
bélicas prestaban en Europa contra los nazis. Esta máquina
de guerra es la "Coalición de la buena voluntad"
(Coalition of the willing), porque USA es el país de la
buena voluntad, y lo que se derrama desde los aviones y barcos
no son bombas sino afectos, cariños y amores. El Evangelio
trae la buena nueva, se anuncia a los hombres de "buena
voluntad" (amor), el signo cristiano de una fe cargada de
caridad reaparece bajo los efectos de la propaganda. De esta
forma se motiva la creencia de que esas palabras indican la bondad
evangélica y divina que llevan los "libertadores".
Su invasión suena entonces a una especie de misión
salvadora y mesiánica.
Iniciada la guerra sicológica, se disimula el atropello,
se camufla el horror, se esconde la injusticia bajo palabras
de legalidad. Esta legalidad se muestra como respuestas a varios
interrogantes: quién ataca, a quién ataca, para
qué y cómo ataca. Quién y qué ataca
son referentes personales, por ello las palabras ocultarán
la sangre de las víctimas y la inhumanidad de los agresores.
Además los persuasores deben buscar consensos y eliminar
diferencias entre los ciudadanos para que el ataque sea "consentido"
por todo un pueblo y no solamente por unos cuantos rapaces incrustados
en el poder. Para qué se ataca justifica la acción
invasora y guerrera: dar libertad, expandir la democracia, encontrar
las armas biológicas y de destrucción masiva. Cómo
se ataca responde a la forma aséptica, limpia, de esa
cirugía que erradicará para siempre el mal del
organismo social.
Una vez que las palabras han desdibujado los referentes y se
ha logrado el consenso en la guerra mediante un fanatismo patriotero
que ha sido manejado con términos de excesiva connotación
patológica, comienza el desangre, la muerte, las mutilaciones,
el llanto, la angustia, el odio, la venganza y otros horrores.
Pero estamos inmunizados cuando participamos de la muerte como
dioses, sin que la sangre nos salpique, sentados frente al televisor,
porque también la guerra es un espectáculo que
entretiene. ¿Te gustó la última?
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