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Comunicación
política: Procesos electorales en México y Argentina
- Los mexicanos y los argentinos fueron
convocados a las urnas recientemente -para elecciones legislativas
los primeros y para comicios presidenciales los segundos- y el
mensaje que se transmitió en ambos casos tuvo consecuencias
que ocuparon los titulares de la prensa mundial.
En México se produjo una recuperación del Partido
Revolucionario Institucionalista (PRI), al que lo derrotó
Vicente FOX en el año 2000; y, en Argentina, Carlos Menem
ganó la primera vuelta con escaso margen y, por eso, no
se presentó a la segunda.
Los mexicanos Felipe Gaytán Alcalá y Juliana Fregoso
y el argentino Felipe Rey Lennon analizan en Chasqui lo ocurrido
en ambos países, desde la óptica de los medios
de comunicación social.
-
- Desde la campaña del presidente
Vicente Fox la apuesta por construir una imagen mediática
ha sido una obsesión
-
México
-
- A principios de julio de este año
se efectuaron elecciones para renovar el Congreso de la Unión
y algunos gobiernos locales en México. Los resultados,
para muchos analistas, son sorprendentes, pues el Partido Revolucionario
Institucional (PRI) remontó las encuestas y se colocó
como la primera minoría en el Congreso al alcanzar 224
diputados de un total de 500. Por su parte, el Partido Acción
Nacional, (PAN) actualmente en el poder, retrocedió al
conseguir 158 diputados, cuando en el 2000 contaba con 214.
Pero los resultados electorales en sí mismos
no resultan del todo sobresalientes, sino el proceso de las campañas
que implicaron cuantiosos recursos públicos, el uso y
abuso del marketing político como un oráculo moderno
y, por supuesto, el papel de los medios, a veces alabado por
los actores políticos durante la contienda y estigmatizado
después de los resultados electorales.
Hay que recordar que durante mucho tiempo las elecciones en México
se realizaron bajo la sospecha de fraude a favor del PRI, partido
que mantuvo durante 72 años el control del Estado. Estas
fueron las primeras elecciones de la alternancia política
y, por lo mismo, no se escatimaron recursos para que resultaran
limpias.
El Instituto Federal Electoral (IFE), organismo encargado de
organizar los comicios, gastó aproximadamente 1.100 millones
de dólares, cifra cuestionada por el derroche financiero
en la organización electoral y en la promoción
de los partidos políticos. La distribución de este
monto fue: IFE, 570 millones de dólares, mientras que
para el conjunto de los partidos fueron los 530 millones de dólares
restantes.
La mitad de los recursos para los partidos fue destinado a pagar
spots publicitarios en medios, pagar encuestas y consultores
de marketing. Sumado a este monto, debemos tener en cuenta que
los procesos locales contaron con presupuesto propio, ajeno al
asignado por el IFE, lo que hace de estas elecciones una de las
más caras del mundo.
A continuación presentamos algunas reflexiones en torno
a la relación de estos montos para gasto de campaña
y el marketing en los medios de comunicación.
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- Fox, mediático, no mediador
-
- Desde la campaña del Presidente
Vicente Fox, la apuesta por construir una imagen mediática
ha sido una obsesión. Desde el 2000, la Presidencia ha
gastado 40 millones de dólares en encuestas de opinión
sobre la popularidad del Presidente en la opinión pública.
Se afirma que este es un gobierno mediático, pues toda
su estrategia ha sido la apuesta por construir una imagen positiva
del país en los medios, aunque la realidad lo desmienta
a cada momento.
La falta de pericia para afrontar los distintos conflictos políticos
en todos los ámbitos políticos, la falta de acuerdo
con los partidos de oposición y, paradójicamente,
el constante desencuentro con los medios que lo critican y a
quienes acusan de formar el círculo rojo es decir,
medios que solo observan lo negativo , lo dibujan como un
gobierno que trata de ofertar un vídeo-país con
todas sus virtudes, en donde acusa al Congreso de no dejarlo
gobernar. De hecho, Vicente Fox parece no entender su papel de
Jefe de Estado y actúa como candidato en campaña.
Así lo demuestra su estrategia en estas elecciones: anunciar
todos los programas de gobierno, reales o virtuales, en todos
los medios donde el Presidente aparecía a cuadro en el
esquema de pregunta y respuesta. Esta estrategia la denominaron
"Fox responde".
Comparando entre la propaganda de los partidos y la estrategia
de comunicación del gobierno, resultan datos interesantes:
durante el mes de mayo los spots de los partidos en su conjunto
sumaron 2,483 , mientras que los de la Presidencia alcanzaron
2,768. Ante esto, los partidos de oposición presentaron
quejas formales por la abierta campaña que desde la Presidencia
se instrumentaba. Tuvo que intervenir el IFE para pedir el retiro
de estos spots, a lo que el Presidente respondió favorablemente,
retirando sus anuncios. En el asombro total, los partidos atestiguaron
nuevos spots en los medios, donde el Presidente anunciaba que
retiraba sus spots.
La apuesta hasta este momento de Vicente Fox era trasladar su
popularidad a su Partido, para que los electores tacharan la
boleta electoral a su favor. Fue un gran chasco cuando descubrieron
que la popularidad no es posible transferirla de manera automática.
Marketing sin propuestas
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- Los partidos políticos tampoco
mostraron algo diferente en estas elecciones. En total fueron
11 partidos políticos los que competían, algunos
de ellos se presentaban como opciones ciudadanas, aunque sus
líderes fueran viejos políticos. Otros más
decían defender causas ecológicas a través
de pancartas y plásticos altamente contaminantes para
las ciudades. Otros hacían de las demandas morales, como
el derecho al aborto, el libre consumo de drogas, etc., su plataforma
política. Y los tres partidos mayoritarios (PRI, PAN y
PRD) no mostraron nuevas propuestas, pero sí nuevos slogans.
Los 11 partidos apostaron por contratar a empresas consultoras
de marketing político, para que a través de jingles,
frases cortas pero sin contenido, imagen del candidato y la descalificación
del adversario, pudieran ganar la preferencia del elector. Para
todos los partidos, el elector se presentaba como un consumidor
al que habría que ofrecerle un producto. Los consultores
confundieron la publicidad con la propaganda. La primera tiene
como estrategia colocar un producto que sea del gusto del consumidor,
mientras que la segunda busca disuadir con ideas al elector.
La apuesta por la publicidad llevó a una campaña
política de saturación de imágenes y sonidos
que los electores comenzaron por rechazar. No se discutían
las propuestas políticas, sino el despilfarro y la carencia
de ideas en las campañas. Los electores veían que
la pluralidad política era banalidad, y mostraban su hartazgo
cada vez más en las encuestas. Podemos decir que los publicistas
lograron su meta: hacer que un producto se posicione bien o mal,
pero que no sea indiferente. En este caso su estrategia obtuvo
un rechazó tajante con un 60% de abstención electoral.
Aún más, los partidos, además de las frases
y los jingles, invitaron a sus filas a personajes del espectáculo,
a informadores y artistas plásticos. Era común
ver candidatos cuya profesión era vedettes, villanos de
telenovelas, pintores decadentes, etc. La apuesta era clara,
transformar la popularidad de estos personajes en votos. Curiosamente,
ninguno de ellos logro ganar espacio en la Cámara de Diputados.
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- Críticas a los medios
El fracaso de las estrategias publicitarias condujo a una crítica
acérrima contra los medios de comunicación, como
si estos últimos hubieran sido el gran elector antes que
espacios donde los actores políticos se encontraban y
ofertaban su plataforma política. Un día después
de las elecciones del 6 de julio, el Presidente del PAN acusó
a los medios de criticar sin objetividad los resultados del gobierno
foxista. El PRD, a través de su página de Internet,
realizó una encuesta sobre la poca participación
de los ciudadanos en los comicios. En primer lugar de las probables
respuestas estaba calificar "la falta de compromiso de los
medios". Otros dirigentes partidistas señalaron que
los medios se fijaron más en los aspectos negativos y
escándalos que en las propuestas de los propios partidos.
Curiosamente, esos escándalos eran originados por esos
mismos partidos, y su propaganda inundaba día y noche
todos los medios de comunicación.
Haciendo una evaluación del por qué el PRI obtuvo
una victoria en estas elecciones la respuesta es contundente.
El PRI apostó por movilizar su voto duro y su clientela
política en toda la República Mexicana. Si bien
utilizaron los recursos del marketing, no se confiaron y movilizaron
su base. Si revisamos con cuidado, observaremos que en la elección
del 97, 2000 y 2003 los porcentajes de votación fluctúan
entre el 36 y 39%. Ese margen es donde tiene su voto duro.
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- De Homo Market a Homo Electus
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- Otro aspecto complicado en estas elecciones
fue la gran cantidad de encuestas llevadas a cabo por 6 ó
7 casas encuestadoras durante un periodo mínimo de tres
meses. Lo interesante no era la multiplicidad de encuestas, sino
la competencia entre ellas por tratar de convertirse en el moderno
oráculo político. Cada semana se publicaban múltiples
encuestas, cada una citando a las otras y estableciendo diferencias.
Incluso, instituciones académicas como El Colegio de México
y la UNAM, así como los propios medios, convocaban a los
encuestadores a dirimir las diferencias metodológicas
y a establecer pronósticos, similar a lo que ocurre en
un hipódromo. De un momento a otro las encuestas pasaron
de ser un medio a un fin en sí mismo. Ya no se discutía
los motivos de tales o cuales resultados, sino la confiabilidad
de la encuesta y el historial de la casa encuestadora. La sobre-dimensión
de las encuestas condujeron a que el día de la elección
se cometieran algunos errores de apreciación. En el caso
de los exit polls, los medios se peleaban por dar a conocer a
los ganadores, aunque en algunos casos, horas más tarde,
tenían que rectificar al conocerse los resultados oficiales
de las autoridades electorales.
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- Publicidad insípida
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- Más allá de las encuestas,
la publicidad y el uso de los medios, es preciso reconocer que
el alto nivel de abstención alcanzado en estas elecciones
(60% aproximadamente de un padrón de 64 millones de electores)
no es solo indiferencia de los electores frente a un proceso
que a la sociedad no le interesó. Es también una
forma de no decidir por ninguno de los contendientes. El mensaje
es claro. No es posible gastar tanto dinero en publicidad insípida
que no convence a nadie.
El elector no es un consumidor. La política no es un producto
sujeto a lo voluble de los gustos de los consumidores. La política
es responsabilidad de largo alcance, y los medios tienen que
entenderlo. Para ello, los medios y consultores tendrán
que redefinir sus horizontes, aún más teniendo
en cuenta que el 2006 ya no está lejos en el ánimo
político de la sucesión presidencial. Publicidad
y marketing funcionan para los productos, no para las ideas políticas.
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