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Comunicación
política: Procesos electorales en México y Argentina
- Los mexicanos y los argentinos fueron
convocados a las urnas recientemente -para elecciones legislativas
los primeros y para comicios presidenciales los segundos- y el
mensaje que se transmitió en ambos casos tuvo consecuencias
que ocuparon los titulares de la prensa mundial.
En México se produjo una recuperación del Partido
Revolucionario Institucionalista (PRI), al que lo derrotó
Vicente FOX en el año 2000; y, en Argentina, Carlos Menem
ganó la primera vuelta con escaso margen y, por eso, no
se presentó a la segunda.
Los mexicanos Felipe Gaytán Alcalá y Juliana Fregoso
y el argentino Felipe Rey Lennon analizan en Chasqui lo ocurrido
en ambos países, desde la óptica de los medios
de comunicación social.
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- Desde la campaña del presidente
Vicente Fox la apuesta por construir una imagen mediática
ha sido una obsesión
Argentina
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- Sin un liderazgo marcado, con un panorama
político y social incierto y con el recuerdo de la crisis
a flor de piel, las encuestas mostraban un "empate técnico"
-
Siempre es difícil explicar un proceso político
y social en un solo artículo. Los fenómenos sociales
son en esencia complejos y responden a múltiples causas.
Más aún si se trata de poner un poco de luz en
la pasada campaña electoral en la que resultó electo
Néstor Kirchner, el nuevo Presidente de la República
Argentina, incluyendo la decisión de Carlos Menem de no
participar en la segunda vuelta. Me gustan los desafíos,
el lector decidirá si logré mi cometido o fracasé
en el intento.
Las últimas elecciones presidenciales en la Argentina
estuvieron signadas por el cabalístico número 3.
De los seis candidatos presidenciales, con posibilidades ciertas
de acceder al poder, tres provenían del tronco común
Justicialista (el partido peronista) y los otros tres de la Unión
Cívica Radical.
Así, Adolfo Rodríguez Saá -quien fuera gobernador
de San Luis y ejerciera la presidencia durante la crisis del
2001/02 por apenas una semana-; el dos veces presidente de la
Nación Carlos Saúl Menem y el por entonces gobernador
de la provincia de Santa Cruz al sur de la Patagonia, Néstor
Kirchner, concurrieron a las urnas separados aunque los tres
dentro del Partido Justicialista (Peronismo).
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- Superada Ley de Lemas
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- Cabe explicar aquí brevemente cómo
se llegó a esta instancia sin aplicación de la
llamada Ley de Lemas, es decir cuando la Constitución
permite que se presenten listas diferentes de un mismo partido
político y el candidato más votado de un partido
acumula para sí los votos de los otros candidatos de ese
partido. Esta estrategia política, que constituyó
un hecho sin precedentes en la historia política de la
República Argentina, fue maquiavélicamente concebida
por el presidente interino de la Nación (elegido por la
Asamblea Legislativa para reemplazar al renunciante De la Rúa,
no por el voto de los ciudadanos) Eduardo Duhalde, con la intención
abierta de que no se realizaran las elecciones internas en el
Partido Justicialista, en las que con seguridad se hubiera impuesto
Carlos Menem -su archirrival- y paralelamente buscando, como
segunda intención, debilitarlo en caso de que éste
ganara en la primera vuelta electoral. Se impuso, entonces, una
conjunción de odios personales e internas políticas
por encima del interés general de la Nación.
Por el otro lado, también tenemos 3 candidatos "emparentados"
en este caso con la Unión Cívica Radical (U.C.R.).
Dos ex-radicales crearon sus propios partidos políticos
aunque, a pesar de su origen común, separados ideológicamente.
La centro-derecha representada por Ricardo López Murphy
(quién fuera Ministro de Defensa y, por pocos días,
Ministro de Economía de la administración De la
Rúa) y su "movimiento federal" RECREAR Argentina
y la izquierda de Elisa "Lilita" Carrió y el
ARI (Afirmación para una República Igualitaria).
Por su parte, la alicaída U.C.R., aún no repuesta
de la caótica renuncia del ex-presidente De la Rúa
a finales del año 2001, presentó a Leopoldo Moreau.
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- Esto planteó en la Argentina más
que una "renovación" de la clase política,
como lo venía exigiendo la gente en los "cacerolazos"
desde diciembre de 2001, una suerte de "bipartidismo sui
generis" de los partidos que históricamente han gobernado
el país desde la década de 1916; con la salvedad
de los períodos en los que se interrumpió el orden
constitucional, debido a "golpes de Estado" protagonizados
por las Fuerzas Armadas, como ser: 1930-1932, 1943-1946, 1955-1958,
1962-1963, 1966-1973 y 1976-1983.
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- Empate técnico
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- Sin un liderazgo marcado, con un panorama
político y social incierto y con el recuerdo de la pasada
crisis a flor de piel, las encuestas que publicaban los medios
de comunicación mostraban a los precandidatos muy cerca
del 15-22%, es decir un "empate técnico", como
lo expresaban los especialistas en demoscopía, entre los
cinco candidatos, esto es y en ese orden Carlos Menem, Néstor
Kirchner, Ricardo López Murphy, Elisa Carrió, y
Adolfo Rodríguez Saá, dado que el candidato por
la U.C.R., Leopoldo Moreau, no alcanzó nunca a despegar
electoralmente -su intención de voto no superó
el 3%-. Cualquiera de ellos podría llegar a la segunda
vuelta (recordemos que en la Argentina desde la última
reforma constitucional se aplica el sistema electoral tipo francés
del "ballotage").
La corta campaña electoral (la última reforma del
sistema la redujo de 90 a 30 días) se vio caracterizada
por una enorme pobreza, tanto en su aspecto formal como en sus
contenidos. Asimismo, el contexto global, la "guerra de
Irak", y la crisis económica local llevaron a los
asesores políticos a diseñar una campaña
de baja intensidad. La recomendación parecía ser
la de no realizar promesas utópicas ni discursos estentóreos
que pudieran despertar un rechazo en la población. Por
esta razón y, asimismo, por la grave crisis sufrida que
dejó sin fuentes de financiación a los partidos,
no hubo campañas políticas en los medios tradicionales
como la TV o la gráfica. Sí se realizaron anuncios
aislados con poca conexión entre ellos y escasa coherencia
discursiva. La publicidad política en televisión,
el medio preferido por consultores y políticos, fue en
esta campaña un elemento sub-utilizado y, como afirma
Borrini, probablemente influyó muy poco en los resultados.
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- Cómo fueron las campañas
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- Solo quizás López Murphy
logró articular una campaña política, en
el sentido amplio del término, conjugando una coherencia
comunicacional y un cierto estilo en lo formal. Carlos Menem
resultó un tanto lento de reflejos, para lo que todos
conocíamos, acudió a su tradicional discurso neo-liberal,
apoyado en los logros de su primera presidencia. Rodríguez
Saá, por su parte, utilizó un estilo popular, "folklórico"
(editó un cómic en el que aparecía más
joven, musculoso y fuerte luchando contra los "gorilas"),
y a veces terminó enredado en sus múltiples promesas
cargadas de fuerte demagogia (como, por ejemplo, su propuesta
de derogar todas las leyes de la Nación y en sólo
seis semanas renovarlas). El menos conocido de los tres, Néstor
Kirchner, realizó una campaña a la "antigua",
con actos públicos en diversas provincias; poca participación
en programas periodísticos de televisión y una
estética austera y un tanto pasada de moda, sin las nuevas
formas del "marketing político". Pero no hay
que olvidar que Néstor Kirchner se convirtió en
el candidato del presidente Duhalde, quien lideraba la poderosa
y bien organizada "maquinaria" electoral peronista
en la Provincia de Buenos Aires, el distrito electoral más
importante del país. Esto le permitió a Kirchner
avanzar rápidamente y aproximarse en la intención
de voto a Carlos Menem.
Un caso especial lo constituyó la única mujer candidata
a presidente, Elisa Carrió, quien fiel a sus principios
decidió no realizar ninguna campaña. Esto, si bien
fue muy bien recibido por sus seguidores más fieles, afectó
en parte su discurso que no tuvo la claridad ni el "rebote"
en los medios necesario para captar nuevos votantes de los sectores
medios y bajos del país.
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- Pobreza en la cobertura
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- Una campaña electoral carente de
recursos económicos y de ideas renovadoras fue acompañada
por la pobreza de la cobertura periodística. Fijémonos
que, en las últimas dos semanas, los grandes medios de
comunicación se olvidaron de los principios de la corriente
del periodismo cívico, que señalan la importancia
de generar un debate constructivo de las ideas políticas
en los momentos previos a una elección, y cayeron en una
cobertura de los hechos que la literatura anglosajona ha bautizado
como "carrera de caballos": sólo interesa mostrar
como se va perfilando la carrera hacia la presidencia, quien
va primero, quien segundo, a cuantos "metros" de distancia,
etc. Una cobertura más digna de la sección deportiva
que de la política.
Por eso el "tema", si se lo puede considerar así,
de la campaña haya sido las encuestas de opinión
pública, es decir, el sistema por el cual medimos esa
carrera, sustituyó a los contenidos políticos de
la misma. Este hecho provocó que la agenda política
propuesta desde los medios de difusión, y en particular
los grandes diarios nacionales, fuera de una gran pobreza de
contenidos, pobreza que se transmitió directamente a la
opinión pública, tal y como lo afirma la teoría
de la agenda-setting que son los medios de comunicación
los que terminan fijando la agenda pública. Pero, lo que
es más grave, esta "agenda de los medios" llevó
a los mismos candidatos a asumirse como meros competidores en
esta carrera, donde lo que sólo parecía importar
era llegar primero más allá de las propuestas electorales
concretas. Como decía la letra de uno de los tangos que
popularizara Carlos Gardel: "Por una cabeza de un noble
potrillo".
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- Campaña sin debates
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- Sintetizando, hemos tenido una campaña
sin debate de ideas entre los cinco candidatos principales y
una cobertura periodística que, en cierto sentido, agudizó
aún más el problema. Si bien los medios reflejaron
la "discusión" en el transcurso de esta carrera,
no hubo "debate" político. Vale como ejemplo
que en esta campaña electoral se confirmó una vez
más la tradicional renuencia de los candidatos políticos
argentinos al debate televisivo al estilo estadounidense. Un
elemento que no logra consolidarse como tradición republicana
en la Argentina. Parafraseando a Rosen, lo que faltó en
la cobertura de la campaña por parte de los medios de
comunicación fueron oportunidades de diálogo "deliberativo",
en el cual la opinión pública hubiera podido ordenar
sus dificultades, reflexionar sobre sus opciones, escuchar con
atención a los candidatos, en definitiva, profundizar
sus puntos de vista. Hacer que esto sea lo habitual debe ser
un objetivo legítimo de la prensa.
Una vez resuelta la primera elección, se debía
llamar a una segunda vuelta entre los candidatos más votados.
Por primera vez en la historia política argentina esos
dos candidatos eran peronistas, Carlos Menem y Néstor
Kirchner, y ninguno de los dos superaba el 24% de los votos.
Un hecho que merece una explicación especial es que Carlos
Menem, habiendo alcanzado la mayoría de votos en la primera
vuelta -con el 24%, sólo 2% más que Kirchner- prácticamente
se encontró condenado a una derrota de grandes proporciones
en la segunda vuelta. Esto se veía reflejado con suma
claridad en el hecho de que los estudios de imagen e intención
de voto mostraban un porcentaje negativo cercano al 60% para
Carlos Menem y sólo una intención negativa del
30% para Néstor Kirchner, cuya imagen positiva estaba
muy próxima al 65-70%.
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- Triunfo avisado
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- De ahí que, ya en los primeros
días siguientes a la primera vuelta, los medios de comunicación
se hicieran eco de la opinión mayoritaria, entre los analistas
políticos, de que Kirchner tenía todas las de ganar.
La pobreza del debate, entonces, se incrementó aún
más, la segunda vuelta de la "carrera de caballos"
ya no tenía sorpresas, era, como diría la crónica
turfística, "una fija".
Los medios en general se volcaron rápidamente hacia Néstor
Kirchner, excepto quizás el influyente diario económico
Ámbito Financiero y el grupo multimedia de Daniel Hadad
(Radio 10, Infobae y Canal 9 de TV abierta) que se mantuvieron
firmes en su apoyo más o menos evidente a Carlos Menem.
Más allá de las suspicacias de las que por otra
parte nunca hay pruebas, es interesante señalar que la
autopercepción del periodismo argentino es tradicionalmente
más hacia la izquierda que la propia población.
Siendo Menem un peronista muy volcado hacia un neoconservadurismo
de raigambre reganiana, y con el consabido desgaste que lleva
el ejercicio de la máxima magistratura durante más
de diez años y la circunstancia que los tres años
posteriores a su alejamiento del poder no los utilizó
para "reciclar" su imagen deteriorada, ni para "aggiornar"
su discurso, era lógico que la frescura progresista de
Néstor Kirchner atrajera mayores simpatías.
Finalmente, Carlos Menem, en un gesto extraño en su larga
carrera política, renunció a presentarse en la
segunda vuelta electoral para evitar una derrota bochornosa y
arrastrar en la misma a muchos políticos que lo habían
apoyado y que en los próximos meses deben enfrentar procesos
electorales (gobernaciones, senadurías, diputaciones,
intendencias, etc.) en los cuales aún conservan buenas
perspectivas de triunfo. La estrategia aplicada por Eduardo Duhalde
había dado sus frutos. De esta forma tan particular, sin
la confirmación del voto popular en las urnas, pero contando
con el apoyo de los medios de comunicación y gran parte
de la opinión pública, Néstor Kirchner -un
gris político de la Patagonia- alcanzó la presidencia
de la Nación.
Creo que investigaciones más profundas de estos fenómenos
permitirán enriquecer el debate sobre estas y otras cuestiones
que hacen a la relación entre los medios de comunicación
y la gente y, asimismo, en cómo los medios pueden (y deben)
contribuir a fortalecer una sociedad democrática.
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