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Comunicación
corporal en los medios
- Está de moda la crítica
sobre la influencia de los medios para interferir en la construcción
y reformulación de ideas y valores
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- Está de moda -en el mundo intelectual
y popular- la crítica sobre la influencia de los mass
media para interferir -y seducir- en la construcción y
reformulación de ideas y valores y, así, en las
pautas de la conducta de las personas. De tal modo que se han
construído nuevos mitos sociales, se han derrumbado tradiciones
y se han transformado hábitos culturales. Esto no es original:
antes de existir los medios de comunicación de masas -MCM-
ocurrieron episodios similares. En todo caso lo que asombra es
la "velocidad" con que se dan las mutaciones. Ello
no extraña, la contemporaneidad vive en la aceleración
y los medios solo facilitan que los cambios que antes demoraban
décadas o siglos, hoy se producen en meses o semanas.
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- Manipulación del cuerpo
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- Un aspecto del fenómeno sucintamente
descrito es el que se refiere a la manipulación del cuerpo,
tanto en lo estético, como en la garantía de plena
salud y recuperación de la juventud perdida, o vivir en
una "eterna juventud", aunque el organismo no tenga
la misma capacidad. A diario los medios ofrecen miles de ejemplos
de cómo se les reclama -desde ellos o sus anunciantes-
a que la gente modifique su apariencia externa en función
de la demanda de los medios, presentando figuras gráciles
y esbeltas como modelos de cultura física. En la actualidad,
la manipulación apunta a féminas o a hombres, a
jóvenes o ancianos, a sanos igual que a enfermos; todos
son potenciales compradores de la imagen de belleza que se vende
por los medios, a partir de los intereses económicos de
las empresas que los comercializan: prendas de vestir, ejercicios,
píldoras o lo que fuese. El culto del cuerpo, de su manifestación
externa o saludable o estética es una de las expresiones
más fuertes de la actualidad. Esa veneración viene
con desinformación y desinterés por lo que ocurra
con la "caja negra" que comanda al organismo, es decir,
el cerebro.
La decadencia de las ideas -su miseria- es posterior al postmodernismo
y, así como Fukuyama habló del fin de las ideologías,
también hay ausencia -salvo excepciones- de ideas fuerzas
que eleven el pensamiento a categoría socialmente valorada.
Pensar es un enlace entre el pasado y el futuro pero, en épocas
"post", el pasado fue y el futuro no interesa, sólo
el presente es valioso.

Esto no significa que cuerpo y mente estén disociados
de la persona. Desde la antigua Grecia que tuvo en cuenta que
solamente se podía tener un cuerpo sano en una mente sana;
es decir, el cuerpo sería esbelto y saludable cuando le
acompañara un cerebro que "piense". Cuerpo y
mente no son dialécticamente contradictorios, sino que
se complementan de modo indivisible; el cual se complementa e
integra en el Otro, con él y los otros.
Fromm se preguntaba: ¿Qué tipo de hombre, pues,
requiere nuestra sociedad para poder funcionar bien, sin roces?
Necesita hombres con los que se pueda cooperar fácilmente
en grupos grandes, que quieran consumir cada vez más y
que tengan gustos normalizados. Necesita hombres que se crean
libres e independientes, no sometidos a ninguna autoridad, ni
principio, ni moral, pero que estén dispuestos a recibir
órdenes, que hagan lo que se espera de ellos y que encajen
sin estridencias en la maquinaria social; hombres gobernables
sin el empleo de la fuerza, obedientes sin jefes y empujados
sin más meta que la de seguir en marcha, funcionar, continuar...".
Volveré sobre el análisis de tan insigne pensador.
Goffman decía que la persona se presenta en la vida cotidiana
a través de su cuerpo y advertía que existían
cuerpos estigmatizados. Cuerpos que dicen de las falencias o
virtudes de su portador frente al que se representa. Por una
suerte de contacto categórico, los cuerpos agradables
a los sentidos -moldeados por la cultura- serán más
rápidamente aceptados y reconocidos por el interlocutor
de turno.
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- La intermediación de los medios
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- Volviendo a lo central, señalemos
que los MCM intermedian la invitación a las personas a
que alcancen un ideal de belleza, esto mediatizado por la publicidad
-el brazo derecho de los mass media- la cual utiliza "modelos
publicitarios", desfiles de modas y otras alternativas como
el exhibicionismo de ídolos deportivos, actores, políticos,
la "gente linda", o fashion. Así el público
se hará cargo de la oferta de sus pasarelas, fiestas,
notas en revistas de actualidad, etc., como ideal de vida por
seguir de manera acrítica, confundido entre la masa y
como uno más, sin identidad propia, salvo la que le ofrece
consumir una camisa, un refresco o un cigarrillo. De algún
modo esto nos retrotrae al ideal oligárquico de Tarde,
para quien en la multitud se conjugan unanimidad y anonimato
que, al igual que en el coro de la tragedia griega, la voz de
los cantantes es la de todos y ninguno.
De tal modo que la exhibición sostenida en la TV y en
los anuncios gráficos de imágenes con cuerpos que
idolatran la vitalidad y la jovialidad, que anuncian técnicas
y métodos de remodelamiento anatómico, movilizan
a multitudes con promesas extraordinarias y variados casos de
éxito, logrado por quienes siguieron el tratamiento ofrecido
en el anuncio. Normalmente, lo que se ofrece es la prolongación
o recuperación de la juventud, el retorno al vigor corporal
y a la satisfacción de placeres hedonistas que los potenciales
consumidores llevan impresos en sí como faltantes para
ser llenados. Se vende una ilusión de lo que de otra forma
no se conseguiría.
La propaganda intenta convencer, a cada consumidor del producto
que anuncia, que solo él es responsable de su apariencia
física y de gestar para sí una mejor apariencia;
lo que se logrará siempre y cuando el interesado siga
las indicaciones dadas, es decir, comprar y continuar consumiendo
el producto como la gran panacea. Los MCM no respetan las características
del cuerpo con que cada uno ha sido dotado; si desea estar en
el mundo -con lo de exitoso que pueda ser- el cuerpo se ha de
proveer de los cánones que la moda crea e impone. Caso
contrario no estará y no será, lo que a nadie agrade.
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- Ofertan modelos de vida
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- Los instrumentos mediáticos, a
través de la publicidad, ofrecen los medios con los cuales
es posible aproximarse al modelo de vida ofrecido. El intento
parece sencillo para quien lo quiera practicar. Solo hay que
adoptar las normas propuestas, las que se mediatizan a partir
del consumo acrítico de los productos ofrecidos: vestidos
de marcas que "marcan" lo adecuado a lo que reclama
la moda; cosméticos que resaltarán los rasgos favorables
y ocultarán los desfavorables, el uso de alimentos "naturales"
o dietéticos para mantener la esbeltez; vida al aire libre
y el ejercicio de deportes, todo esto siguiendo las recomendaciones
que proponen los médicos por los MCM. A la par, es prudente
que si se tienen más de 40 años se piense en una
cirugía plástica que "borre" las arrugas
que ha dejado el tiempo y que testimonian las alegrías
y tristezas; esto también lo aconsejan médicos
que se presentan ante la TV junto con vedettes para mostrar cuántas
maravillas se pueden hacer con su cara y/o el resto del cuerpo.
Todas estas prácticas que se incorporan -aun con sacrificios
físicos, psicológicos y económicos- son
imprescindibles para gozar del supuesto bienestar, lograr la
ansiada felicidad, alcanzar la realización personal y
llegar al status pretendido. ¿Todo esto para qué?:
para lograr el placer de vivir, para sentir que estar vivo es
una "gracia" que se compró con proveedores que
le han hecho el "favor" de pensar en usted y trabajan
para eso.
Respecto a los "favores" médicos, ellos por
algún dinero le facilitan adquirir un mecanismo de tortura
convertido en una placentera visión para "bajar de
peso" y lucir una silueta elegante para lo que requiere
la normativa actual. El artilugio no solamente se ofrece a través
de los MCM, también se obtiene en librerías y al
amparo científico de un sello editorial. Un ejemplo: "El
ayuno terapéutico. El método Buchinger para la
salud del cuerpo y del espíritu", que propone aprender
a ayunar desembolsando 18 dólares.
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- Contradicciones de la publicidad
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- De las contradicciones de la publicidad
comercial, mejor hablar poco. El objetivo es llevar una vida
sana. Pese a esto, los medios de comunicación nos abruman
con publicidades de cigarrillos y diferentes alcoholes. Ambos
son tóxicos y no hacen bien a la salud, pero el negocio
es ofrecerlos. Uno corre tres kilómetros diarios y luego
fuma tres pitillos y bebe un vaso de whisky y ha cumplido con
la obligación deportiva enfundado en un equipo de una
costosa marca comercial: cigarillos y bebidas los vio en un comercial,
como productos que consumen los "machos", los exitosos
en hacer dinero y los famosos del espectáculo, ya sean
del deporte o de la farándula. La contradicción
es absoluta y flagrante y se plantea en múltiples términos.
Para estas formas de concebir la actividad económica,
practicar un deporte no debe ser un placer en sí mismo;
se debe hacer bajo un estricto control de esfuerzo y tiempo,
con lo que el placer de correr tras una pelota o de lo que
sea- se pierde por el control obsesivo que debe hacerse con la
pulsera que mide presión arterial, pulsaciones, nivel
de estrógenos, glucosa y hasta, por qué no, de
eyaculaciones precoces y lentas.
Se nos dice que se debe buscar el placer de vivir, pero con lo
anterior, se castra ese quehacer. Si está jugando un partido
de tenis en el tercer set y seis iguales debe suspenderse, ya
que se cumplieron los 50 minutos que el médico dijo que
debe jugar. La "bronca" con que el jugador se retira
del juego no le producirá satisfacción psicológica,
pero esa es la regla que impone la buena salud física,
como si este fuera el fin último de divertirse en el tenis.
La sentencia de Juvenal: "mens sana in corpore sano"
solo sirve hoy para adornar los frontispicios de instituciones
deportivas. De tal modo se observa que los medios se han convertido
en un fin en sí mismo. Un físico saludable es un
instrumento para gozar la vida de manera plena, en sus facetas
emocional, intelectual, social, espiritual y hasta física.
El fin no puede instalarse solo en último lugar, si así
se lo hace, entonces se desvirtua el objeto de la satisfacción
de vivir la vida de una manera auténtica y plena.
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- Competencia con uno mismo
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- En este marco, el desarrollo de aptitudes
físicas -y su correlato de belleza corpórea- se
convierten para la persona sujeta a esas disposiciones, en una
competencia consigo mismo para mejorar su récord o lograr
admiración por parte de quienes quedan atónitos
frente a un cuerpo escultural o bello. Es decir, la belleza corporal
es egoísta, se adquiere para mostrarla, el placer por
realizar los esfuerzos físicos no empiezan y terminan
dentro del individuo que los hace, sino que se logra cuando se
puede sacar una exclamación de asombro por parte de los
que observan. En estos ideales frívolos, la competencia
con sí mismo nunca finaliza, ella se reinstala con cada
logro obtenido. Es decir, en este "juego" hay una suerte
de mezcla perversa, confusa y difusa de narcisismo y exhibicionismo.
Pero, el cuerpo humano es una máquina que, como toda maquinaria,
sufre de lo que la ingeniería denomina "desgaste
de materiales". Por más que se lo cuide, el organismo
está llamado a desgastarse en sus articulaciones, órganos,
y en sus células epidérmicas e internas. Cuando
llega la inevitable vejez, con su decaimiento orgánico,
la competencia termina siendo una derrota ante lo que otros hacen
o lucen y lo que el sujeto en cuestión ya no puede. De
ahí a la frustración y desazón hay un corto
paso; lo peor es que no se tienen los mecanismos emocionales
e intelectuales que ayuden a superar la depresión y abatimiento
en que se cae, a la par que se es incapaz de buscar sucedáneos
que reemplacen la frivolidad juvenil con la serenidad emocional
que supone la vejez. Desde tal reconocimiento aparece la ancianidad
como denostable. Sin duda que la vejez viene con achaques de
diferente naturaleza, pero también es cierto que tiene
aspectos para aprovechar. Es obvio que se prefiera mantenerse
joven y esbelto, pero no hay que ser muy despierto como para
saber que si no se muere antes, la ancianidad llegará
a todos por igual. José Ingenieros decía que: no
se nace joven: hay que adquirir la juventud. Y sin un ideal no
se adquiere. Al hablar de ideal, no era uno que se lograra con
belleza física, sino que apuntaba sus cañones a
la belleza del espíritu. Si bien ésta no está
en contradicción con la física, sin embargo empíricamente
se ve que mientras mayor esfuerzo se pone en lo corporal, menos
se cultiva el intelecto. Y viceversa. Esto sucede por el decir
aristotélico de que es muy difícil transitar los
estrechos límites del justo medio.
-
- El cuerpo, espacio para el castigo
-
- No ha de olvidarse lo que señaló
Foucault de que el cuerpo ha sido -en la historia- el lugar sobre
el que se infligieron los castigos, como la forma de establecer
y profundizar la sujeción, la dominación, la obediencia
y la humillación de la persona. La modernización
de las tecnologías llevó a que no se castigue en
forma directa, por un agente externo al propio cuerpo; ahora
se autocastiga el sujeto, rechazándose a sí mismo
si no cumple con todas y cada una de las pautas de belleza estética
y física puestas en vigencia por los mandamases de las
modas y del consumo que sacralizó al mercado; y la mejor
forma de venerarlo es consumiendo lo que ofrecen las marquesinas
pobladas de productos que satisfacen la misma necesidad.
Así, las personas de finales del siglo XX y los que entraron
al nuevo siglo viven en una mezcla de satisfacción e insatisfacción,
ya que nunca terminan de elaborar y reelaborar su apariencia
para los dispositivos de performance del cuerpo. Esto mismo ocurre
con la tarea inacabada de "llenar" el cerebro; mas,
en ese caso, nadie cree poder cumplir con la tarea de un imposible
de tal naturaleza, esa es la certeza de los intelectuales.
En cambio, en el ritmo de demandas impuestas al cuerpo, ellas
se presentan como limitadas, aunque con el pasar del tiempo se
presente la satisfacción/frustración como fenómeno
individual y social en forma constante.
El resultado de esto es variado en la psicopatología -anorexia
y bulimia como síntomas histéricos actuales- y
en las relaciones interpersonales los robos, asaltos y hurtos
dicen presente con el fin de sacarle a otro la ropa o las zapatillas,
ya que están de moda y el protagonista del robo no tiene
dinero para comprarlas. En esta concepción, solo se es
-existe- si se usa lo que está de moda para el consumo,
en la parafernalia de ofertas que inundan las góndolas
de comercios y las marquesinas de los anuncios que alientan a
consumir desde la publicidad que es la que indica si se existe
o no. Como en el monólogo shakespeariano -salvando el
contenido que le dio profundidad ontológica- "ser
o no ser" es la consigna de los tiempos y solamente se alcanza
el ser -a despecho de Sartre- cuando se posee apariencia exterior.
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- La bioética contemporánea
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- Unos párrafos merece el tema de
la bioética preocupada por buscar límites al conocimiento,
pero que nada dice de la ignorancia -y de la necesidad de sustraerlos-
de los que todavía creen en las formas de supercherías
mágicas que he descrito.
Europa, que según muchos es la cuna de la civilización,
se rasga las vestiduras por los avances de la biología
molecular y la ingeniería genética que -entre otras-
puedan manipular el devenir de la vida. Para expresar su preocupación,
en 1998 celebraron desde el Consejo Europeo una Convención
acerca de los Derechos Humanos en Biomedicina. La conclusión
fue que hay que poner límites éticos a la biotecnología.
He de confesar que la propuesta de los "talentosos"
científicos que participaron me parece, al menos, descabellada,
propia de la ideología que animó al Tribunal de
la Santa Inquisición en la alta Edad Media y los años
después en que montó espectáculos de hogueras
con personas que ardían entre sus maderos.
Los inquisidores pusieron límites al conocimiento, recuérdese
a G. Bruno -quemado vivo en 1600 en la pontificia Roma- por haber
cometido la herejía de expresar su pensar sobre de la
ciencia; o los casos de sus antecesores Galilei y Copérnico
que se salvaron de la incineración porque -el primero-
abdicó de sus ideas acerca del movimiento de los cuerpos
celestes, mientras que el segundo las presentó de tal
modo que satisficieron a los devaneos cardenalicios. Los inquisidores
hacían sus prácticas perversas bajo el amparo de
la fe católica, apostólica y romana. En cambio,
los inquisidores de hoy lo hacen bajo la moral y el "futuro"
de la humanidad. Siempre hay saludables argumentos para encubrir
los propósitos que nos animan, aunque sean muestras de
impotencia frente al avance de la verdad y el conocimiento.
Sin embargo, poco y nada efectivo hacen por el loable proyecto
de proteger el futuro de la humanidad limitando la destrucción
ecológica del planeta o para ponerle límite a la
falta de ideas fuerza que permitan trascender el estado de imbecilia
colectiva por el que transitamos.
Para los inquisidores contemporáneos nada importa el cuerpo
como soporte de las veleidades frívolas por las que es
demandado, desde un exterior comercial que nos convierte en personas
dirigidas desde afuera. Poco les importa la carencia de pensamientos
fuertes que permitan pensar en algo más que en la mera
sensualidad hedonista del cultivo de lo físico-corpóreo.
Espero que quienes encabezan tales "cruzadas" moralizantes
de la ciencia y la tecnología, piensen que no solo es
posible manipular genes o embriones, también se manipula
gente en pos de intereses bastardos y prostituidos por el trasfondo
comercial en que se sustentan. El día en que se pueda
escapar al monopolio de la atención sobre el "pensamiento
único", como estructura anquilosada de mover las
células grises, entonces, no van a ser necesarias convenciones
internacionales para evitar la destrucción de la humanidad,
cada uno será capaz de cuidarla y protegerla desde la
ética de la responsabilidad que le cabe en el lugar que
ocupa en el mundo, más allá de su esbeltez, belleza
o fealdad física.
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