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Ley mordaza en Venezuela
- En la mayoría de sus intervenciones
públicas, el Presidente Chávez se reserva un espacio
para fustigar a los medios
-
- Han sido más de cuatro años
de un polémico contrapunto. En la gran mayoría
de sus intervenciones públicas, el presidente Hugo Chávez
se reserva un espacio significativo para fustigar el papel de
los medios de comunicación, los cuales, no es difícil
constatarlo, están alineados con la oposición.
En este 2003, el gobierno ha puesto todo su esfuerzo en la aprobación
de la Ley de Responsabilidad Social de Radio y Televisión,
una especie de colofón a la cadena de críticas
y señalamientos de estos años.
La ley, que fue aprobada en primera discusión, y que la
mayoría parlamentaria del oficialismo espera votar definitivamente
en el primer semestre del año, tiene un total de 150 artículos,
20 de los cuales se agregaron a último momento por legisladores
del Movimiento V República (MVR) y que justamente apuntalan
el carácter punitivo del instrumento legal.
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Chávez,
en un acto público el 23 de enero, cuando languidecía
el llamado "paro cívico nacional" que pretendía
forzar su renuncia, llamó a sus legisladores a hacer valer
su mayoría parlamentaria para aprobar esta ley con amplia
reglamentación de los contenidos de la televisión
y la radio en Venezuela. Todo esto, además, coincide con
un polémico momento político, tras iniciarse procesos
administrativos oficiales contra los cuatro principales canales
del país.
La ley fue introducida ese 23 de enero en la Asamblea Nacional
(Parlamento), en la que el chavismo tiene 85 votos sobre un total
de 165 diputados. Legisladores de oposición acudieron
sin éxito al Tribunal Supremo para impugnar el mecanismo
utilizado por el gobierno, de aprobar una ley ordinaria, cuando
este proyecto, por normar derechos constitucionales, debía
ser orgánica. La cuestión es simple matemática
política: una ley ordinaria requiere mayoría simple,
una orgánica necesita de una mayoría calificada
que hoy no posee el oficialismo.
Una semana antes de este acto político del 23 de enero,
en el cual Chávez volvió a criticar duramente a
los medios, a los que acusó de "golpistas",
el Ministerio de Infraestructura inició procesos administrativos,
primero contra los canales RCTV y Globovisión, poco después
contra Televen y, finalmente, contra Venevisión. También
se vio afectada una estación televisiva regional, pero
el discurso presidencial va claramente dirigido contra las cuatro
principales empresas de televisión del país, a
las que llama "los cuatro jinetes del Apocalipsis".
La mayoría oficialista (83 votos sobre un total de 165
diputados) aprobó en primera discusión, a las 4
de la madrugada del 6 de febrero, la Ley de Responsabilidad Social
de Radio y Televisión. Esta jugada política, en
la que se puso fuera a la oposición por cansancio, dejó
en evidencia que no pretendía discutir el proyecto, sino
sencillamente aprobarlo. Aunque para la segunda discusión
entra en un proceso que puede ser más complejo, de debate
y votación de cada artículo, el gobierno ha dejado
en claro que este instrumento se aprobará y para ello
hará valer su bancada legislativa.
Expertos como Antonio Pasquali, tradicionalmente críticos
de los medios privados, creen que es inconveniente "en este
momento político" aprobar un instrumento como el
que propone el gobierno. El presidente Chávez ha insistido
en calificar a la prensa como "enemiga del proceso revolucionario"
y por tanto, en tales circunstancias, no podría esperarse
tampoco una ley equilibrada del sector gubernamental.
Esta coyuntura no es la más idónea para aprobar
una ley, debido a la alta confrontación política
existente y donde los medios de comunicación han estado
claramente alineados con la oposición. Así, el
instrumento legal, una vez puesto en práctica, puede terminar
siendo un mecanismo para controlar la radio y la televisión
comercial y por tanto restringir el libre flujo del debate político.
Por otra parte, expertos del mundo académico, como Marcelino
Bisbal, han precisado que el gobierno pretende que los medios
privados asuman su responsabilidad, pero en esa ley no se establecen
claramente los deberes oficiales de cara a los entes estatales
bajo su jurisdicción, como el Canal 8, Radio Nacional
de Venezuela y la Agencia de Noticias Venpres.
La ministra de Comunicación e Información, Nora
Uribe, criticó que en el contexto venezolano los medios
se dediquen "más a la propaganda política
que a la información". Al defender la postura oficial
de impulsar la aprobación de la ley, resaltó que
"todos tenemos derechos y deberes, nadie puede estar excluido
de su responsabilidad. Quien emite el mensaje tiene responsabilidad
y el medio por el cual se transmite también la tiene",
afirmó Uribe.
La Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL),
pese a ser el ente gubernamental a cargo de la supervisión
técnica del sector, por decisión oficial preparó
la primera versión de la ley. Sin embargo, entre ésa
y la que presentaron varios diputados oficialistas, se sumaron
20 artículos adicionales.
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- Sanciones que contempla el proyecto
de ley
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- En la versión que finalmente entró
en el debate parlamentario, según precisó la periodista
Taynem Hernández, quien revisó las dos versiones,
se incluyeron sanciones adicionales y más severas, y se
le dio un tinte político a lo que se suponía que
tenía por finalidad preservar la programación y
los horarios infantiles. CONATEL había manejado, durante
los meses pasados, que la ley básicamente respondía
a darle cuerpo a una serie de derechos de los infantes contenidos
en la Ley Orgánica de Protección de Niños,
Niñas y Adolescentes. Esta dimensión sigue presente,
pero el añadido explícitamente político
cobró fuerza en la nueva versión.
Entre las sanciones se contempla el cierre hasta por 48 horas
para las televisoras y radioemisoras que difundan contenidos
que promuevan, apologicen o inciten a la guerra, a las alteraciones
del orden público, al delito o que sean contrarios a la
seguridad nacional. El proyecto también califica como
"infracciones muy graves" la difusión de contenidos
que "promuevan, apologicen o inciten al irrespeto a las
instituciones y autoridades legítimas" como diputados,
magistrados, jefe de Estado, ministros, autoridades electorales
o militares. En esta sección se establecen multas absolutamente
desproporcionadas, para el contexto venezolano, que podrían
sumar hasta 350.000 dólares estadounidenses.
También será castigada, por ser una "infracción
muy grave", la difusión de contenidos que inciten
a "la violencia o la agresión como una solución
fácil o apropiada a los problemas o conflictos humanos".
Las sanciones incluyen, tras una serie de castigos progresivos,
la revocatoria de la concesión otorgada por el Estado.
Una infracción de este tipo sólo puede entenderse
en el actual contexto polarizado de Venezuela.
A juicio de juristas, un ordenamiento de este tipo permitiría
un nivel de discrecionalidad importante, con lo cual algunos
de los puntos podrían ser interpretados subjetivamente
por funcionarios o jueces. Un ejemplo de ello lo constituyen
las diferentes valoraciones que le podrán dar los funcionarios
encargados de monitorear las programaciones a contenidos sexuales
en los programas, y en ese sentido también serán
los castigos, que tendrán una dosis de subjetividad.
Este proyecto y los procesos abiertos contra los canales parecen
ser el punto culminante de un largo debate entre autoridades
y medios en Venezuela. El presidente Chávez, salvo excepciones,
dedica parte importante de sus discursos públicos a señalar
a los medios, llegando a criticar coberturas o políticas
editoriales y hasta haciendo comentarios sobre la vida personal
de propietarios de los medios.
Por su parte, los empresarios del sector han justificado públicamente
su papel opositor en la presente crisis política. Esto
se vivió recientemente, cuando grupos y organizaciones
de oposición realizaron durante dos meses, a partir del
2 de diciembre de 2002, un "paro cívico", para
presionar por una salida anticipada de Chávez del poder.
Los canales de televisión suspendieron su programación
regular y cedieron de forma gratuita la totalidad de sus espacios
comerciales (los avisos fueron suprimidos) a convocatorias o
cuñas opositoras.
Punta de lanza
-
- Tras cuatro años del encendido
discurso del presidente venezolano Hugo Chávez, el cual
ha tenido como uno de sus blancos predilectos a los medios y
las coberturas periodísticas, parece haber llegado la
hora en que el gobierno dictará sanciones y restricciones,
en lo cual la ley jugará un papel importante.
En cuestión de cuatro semanas, las dos últimas
de enero y las dos primeras de febrero, el gobierno venezolano
puso sobre la mesa acciones en varios frentes: apertura de procesos
administrativos, revisión y multas por cuestiones tributarias,
y la aprobación de la ley para regular los contenidos
en radio y televisión. Estos elementos tienen como complemento
las constantes críticas presidenciales hacia el papel
de los medios y a los reporteros, camarógrafos y fotógrafos
convertidos en blanco de ataques y agresiones, en su mayoría
por parte de personas que se identifican con el oficialismo.
El argumento central del gobierno para justificar estas acciones
es señalar que los medios no solo son voceros exclusivamente
de la oposición, sino que han pasado a ser, en sí
mismos, la oposición política. Efectivamente, existen
en Venezuela medios y periodistas alineados con la defensa de
las posturas opositoras, sin crítica hacia éstos
y con un silenciamiento de las voces oficiales. Sin embargo,
en un clima democrático de debate y de respeto a la libertad
de expresión, resulta contradictorio que justamente se
quiera castigar, con distintos mecanismos, opiniones que se consideran
críticas o falsas sobre la gestión gubernamental.
El rol de los medios ha quedado en entredicho en dos ocasiones
en el último año: en abril de 2002 se produjo un
inédito silencio informativo, con lo cual se ocultó
una serie de hechos que dieron pie al regreso de Chávez
al poder, tras un frustrado golpe de Estado; y en diciembre último,
cuando los canales de televisión y muchas emisoras de
radio literalmente se plegaron al "paro cívico"
convocado por la oposición que presionaba por la
renuncia de Chávez y modificaron sustancialmente
su programación, al tiempo que cedieron sus espacios comerciales
exclusivamente a mensajes opositores.
En tanto, de forma incipiente aún, se han venido produciendo
debates, intercambios e iniciativas de periodistas e instituciones,
en los cuales ha estado en el centro la cuestión de la
calidad periodística, de los retos éticos en medio
de una crisis política y del papel mediador de los comunicadores,
sean empresarios o profesionales, en las sociedades modernas.
El inicio de procesos administrativos ha estado viciado. Se hace
desde el Ejecutivo que públicamente ha dicho que los medios
son sus enemigos, en tanto el presidente Chávez ha dicho
ya que serán castigados "los cuatro jinetes del Apocalipsis",
como gusta llamar a los cuatro principales canales de televisión
del país: Venevisión, RCTV, Globovisión
y Televen.
Autoridades del sector de telecomunicaciones y de la administración
tributaria colocaron una multa a Globovisión y pidieron
al Colegio de Periodistas información personal sobre los
agremiados. Estos hechos, que no tienen precedentes y que son
tomados justamente en un momento en que se cuestiona con fuerza
a los medios, no pueden entenderse sino en una lógica
de retaliación política, aunque tengan un sustento
legal.
El conjunto de acciones oficiales van dirigidas, y así
lo han hecho saber diferentes voceros, a que los medios modifiquen
sus actuales líneas editoriales, identificadas con los
intereses de la oposición política. Aun cuando
debe insistirse en el debate sobre la pluralidad informativa,
la responsabilidad en el manejo de la información y el
derecho a ser informados como parte sustancial del derecho a
la libertad de expresión, no es a través de decisiones
oficiales, de un gobierno que se asume con la verdad absoluta,
como podrá lograrse un periodismo de calidad en Venezuela.
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- Pronunciamiento divulgado en julio
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- En julio, un grupo de científicos
de la comunicación encabezados por Antonio Pasquali divulgó
un comentario formal respecto de la legislación que se
prepara, sosteniendo que es una propuesta política destinada
a ejercer control gubernamental sobre los medios de comunicación,
por lo que merece rechazo.
Ese planteamiento, dijeron, se asienta sobre las siguientes consideraciones:
1. Consideración jurídica de control. Vemos con
preocupación el conjunto de proyectos de leyes introducidos
en la Asamblea Nacional, que de forma directa o indirecta, de
manera muy explícita o implícita tratan el tema
de los Medios de Comunicación y sus contenidos: Proyecto
de Ley de Responsabilidad Social en Radio y TV, Proyecto de Participación
Ciudadana, Proyecto de Ley contra el Terrorismo, Proyecto de
Ley Orgánica de la Cultura, Proyecto de Reforma del Código
Penal. En todos ellos el tema de los medios se hace presente
para intervenirlos, regularlos, controlarlos.
2. Consideración política. La propuesta de la Ley
de responsabilidad Social en Radio y Televisión o Ley
de Contenidos es estrictamente política. No es una iniciativa
legislativa que procura una armonía o un estado de consenso
entre actores a los fines de normar. Es una iniciativa del Poder
Ejecutivo, respondiendo específicamente a intereses y
propósitos de la propuesta política que el sector
hoy en el gobierno quiere imponerle al país. No refleja
una noción de Estado, de país, una visión
compartida.
Los actores, voceros, representantes parlamentarios son simplemente
intermediarios, mensajeros de una instrucción presidencial.
En este particular caso no están "representando"
a nadie que no sea el mandante: el presidente Hugo Chávez
Frías. No están actuando en nombre de sus electores,
de sus comunidades, mucho menos en correspondencia con los actores
que conforman el sector .
3. Consideración de control gubernamental. El articulado
en lo sustantivo no procura lineamientos o normas relativas a
lo moral, la violencia, la convivencia, la infancia, la dignidad,
aspectos en que como sociedad occidental y democrática
debemos / podemos lograr posibles y fáciles niveles de
consenso y acuerdo. La propuesta está definitivamente
orientada a burocratizar y crear instancias de control gubernamental
en la existencia, manejo, dirección y producción
de contenido de los medios radioeléctricos.
4. Consideración constitucional. Un proyecto de ley que
procura legislar sobre derechos tan fundamentales como los relativos
a la libertad de expresión, la libertad de información
y de comunicación debe tener carácter orgánico.
Con esta propuesta "no orgánica" queda al descubierto
la obvia maniobra de carácter político, del interés
meramente gubernamental.
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- Cinco planteamientos
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- Tras otras consideraciones sobre el conflicto
medios-gobierno en Venezuela, los firmantes del documento plantearon:
1) Exhortamos a la Asamblea Nacional a postergar la discusión
del Proyecto de Ley sobre la responsabilidad social en radio
y televisión así como cualquier otro instrumento
normativo referido a la comunicación social, hasta tanto
existan condiciones político institucionales propicias
para un diálogo nacional sobre la materia.
- 2) Exhortamos a rechazar la invitación
a negociar el proyecto. Nuestra posición debe ser de franca,
abierta, activa y militante rechazo, oposición. No convalidar
instancias de consulta, de análisis. La visión
de "negociar" el proyecto no se puede circunscribir
a lo que es o sería la creación y funcionamiento
de estructuras gubernamentales y burocracias (cargos, niveles,
procedimientos) pues una de las características del actual
régimen es su franca, abierta y verbalizada oposición
a todo lo que se refiera al respeto y desempeño autónomo
de las instituciones. (CNE, Asamblea, TSJ, FIEM, SENIAT, BCV,
Fiscalía General de la República...!) Vamos por
esta vía, la de la negociación, una vez más,
a "legitimar" una acción autoritaria, continentalmente
expuesta a los cuatro vientos. Desde el propio gobierno se administrarán
"los contenidos" de la libertad de expresión
e información, señalando que se actúa con
base a una Ley que aprobó el propio Poder Legislativo.
3) Solicitamos a la Asamblea Nacional que en el momento oportuno
se sometan a discusión todas las diversas propuestas legislativas
consignadas en el parlamento y, en particular el Anteproyecto
de Ley Orgánica de Radio y Televisión preparado
por la Asociación Civil Comité por una Radiotelevisión
de Servicio Público, introducido en febrero de 2002 en
la Asamblea Nacional, con el respaldo del Instituto de Investigaciones
de la Comunicación de la Facultad de Humanidades y Educación,
con la finalidad de: a) dotar al país de una autoridad
independiente para la radio y la televisión, b) crear
el servicio público universal de la radiotelevisión,
desgubernamentalizado y de cobertura nacional total, que garantice
el acceso a la información a todos los ciudadanos por
igual, sin exclusiones y con criterios de pluralismo, imparcialidad
y calidad.
4) Exigimos a los medios de comunicación privados el respeto
irrestricto del derecho de los ciudadanos de acceso a la información
plural, imparcial, suficiente y de calidad, única garantía
para alcanzar credibilidad.
5) Pedimos a los miembros de la Asamblea Nacional y de la Contraloría
General de la República el inicio de las investigaciones
pertinentes sobre el manejo presupuestario y gerencial de los
medios radioléctricos del Estado: Venezolana de Televisión,
canal 8; Radio Nacional de Venezuela y el grupo de emisoras de
YVKE Mundial hoy en manos del Gobierno. Allí ha habido,
desde hace tiempo, una degradación de la idea de "servicio
público". En ese sentido tenemos que diferenciar
entre servicio público y brazo informativo y contrainformativo
del Gobierno-Estado. Requerimos de unos medios de servicio público
que sean modélicos y que se constituyan en el contrapunto
necesario ante las potencialidades del mercado.
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