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Errores comunes en el
lenguaje periodístico
También yo me
equivoco
- Los mensajes de la televisión,
el cine, el videojuego o el espacio web no hablan a nuestra inteligencia
-
- En vacaciones, a veces hay que cuidar
la espalda al compañero. A veces también, por honradez
y labor crítica, hay que hablar de los propios errores,
no vayamos a caer en ese doble juego de criticar la paja en el
ojo ajeno y no ver la viga en el nuestro.
Uno de los problemas al iniciar la profesión de escritor
es suponer que no cometemos errores. Imaginamos que poseemos
un hada madrina que cuida nuestro estilo y nos protege de algún
desliz. Creemos que somos infalibles. Si esto fuera cierto, sobrarían
las profesiones de correctores de estilo y pruebas, editores
y lectores sagaces. No hay un solo autor que no cometa gazapos
y fallas en los trabajos escritos y hablados. En esta afirmación
se incluyen consagrados y bisoños, clásicos y aficionados,
todos. Entonces, si no estamos libres de cometer errores ¿cuál
es la diferencia entre el conocedor del oficio y el aprendiz?
Después de reconocer con humildad nuestra inclinación
humana hacia el error y sin adoptar una actitud derrotista basada
en el refrán popular "mal de muchos, consuelo de
tontos", que nos estatizaría, debemos emprender un
trabajo serio por mejorar. La primera norma requiere una buena
dosis de paciencia. La prudencia señala no apresurarse
y dejar tranquilo el escrito antes de entregar la versión
final. Alguien argüirá que esto es imposible en la
redacción del periódico, donde siempre se trabaja
aprisa. No es tan cierto. En algunos casos y con algo de oficio,
un artículo breve demandará una pausa de media
hora para cambiar de actividad y tomar distancia. Al cabo de
ella, podremos estar listos para realizar el trabajo de relectura
y corrección; como ya no tenemos tan cerca el trabajo,
podremos detectar fallas que antes no observábamos.
Para corregir los errores se necesita atención al detalle.
El idioma es asunto de precisión, de pequeños cuidados.
Una relectura connotativa permitirá que advirtamos los
errores, pues es imposible corregir lo que no se observa. Una
vez que los advertimos, hay que saber corregirlos y tener ciertas
mañas de retoque, que se adquieren con la lectura, el
estudio y la experiencia.
Hace unos días vio la luz un libro de autor múltiple,
titulado Evolución y retos de la televisión. En
él aparece un artículo mío ("Desafíos
de la televisión frente a los otros medios de comunicación"),
resultado de un seminario internacional de noviembre de 2002,
en el que se presentaron variadas conferencias. Hacia este trabajo,
una trascripción de los discursos orales grabados y sin
revisión por los expositores, dirigiré mis reflexiones,
suponiendo que el diálogo con ustedes sobre el particular
nos puede ayudar a remediar los defectos.
Ya en el tercer párrafo se observa un error tipográfico.
Hay una cita del filósofo Ortega y Gasset que aparece
en cursiva y solamente debería estar entrecomillada. Más
adelante se halla el título de la novela Conversación
en la catedral que está entrecomillada y debería
haberse colocado en cursivas. Ya tenemos unos primeros errores
tipográficos que indican desaliño y descuido en
la misma impresión, y aunque no somos responsables directos,
tenemos el compromiso de la limpieza porque está estampado
nuestro nombre.
En el cuarto párrafo leemos: "Cuando las formas de
lo incierto se depositan en la conciencia, surge la preocupación
por el devenir, entonces lo vivido y lo especulado comienzan
a martillar en nuestro presente, el problema sobre el futuro
desaparece por el descuido, por la desatención, por las
diversiones, esta es la primera constancia". Un perspicaz
lector advertiría enseguida que algo falla en la puntuación.
Es cierto. Cuando una idea está completa, se coloca punto,
por tanto esa parte del párrafo carece de tres puntos
seguidos. Correctamente quedaría así: "Cuando
las formas de lo incierto se depositan en la conciencia, surge
la preocupación por el devenir. (Primero) Entonces lo
vivido y lo especulado comienzan a martillar en nuestro presente.
(Segundo) El problema sobre el futuro desaparece por el descuido,
por la desatención, por las diversiones. (Tercero) Esta
es la primera constancia". Estas fallas son de puntuación
(ortográficas.) De forma similar aparece un "cayó",
cuando se dijo "calló". Error ortográfico
por ser palabras homófonas. Otra de estas mismas faltas
es haber escrito "interfases" (palabreja inexistente
en el léxico castellano) cuando se dijo "interfaces"
(plural de interfaz), también palabras homófonas,
suenan igual pero se escriben de diferente manera.
Algo más adelante se lee: "La segunda idea es la
segunda constancia, es que la preocupación por lo incierto
puede manifestarse de muchas maneras". Si usted no se sorprende
por esta expresión, entonces estamos realmente mal. Se
observa una redundancia que parece absurda y lo es en la forma
como se ha presentado. Pero si damos un retoque a lo que fue
escrito, entonces desaparece el absurdo y la redundancia adquiere
validez dentro de la expresión oral (conferencia.). Veamos:
"La segunda idea, (coma porque es un inciso aclaratorio,
mediante el cual el conferencista enumera, aclara y enfatiza)
es la segunda constancia, es que la preocupación por lo
incierto puede manifestarse de muchas maneras". Quitando
el tono coloquial, escribiría: "La segunda idea es
que la preocupación por lo incierto puede manifestarse
de muchas maneras".
El párrafo que citamos ahora es una buena muestra de anacoluto
(inconsistencia e incoherencia en el sentido.) Dice: "Se
descartan aquellas visiones que por cierto grado de aberración
o demasiadas fantasías llevan y conducen a lo absurdo
para no alejarse demasiado de la realidad y fijarse más
bien en el futuro tangible. Si es que hipotéticamente
el futuro puede ser algo tangible, intentamos vislumbrarnos con
la razón y seguir las tendencias que el presente nos marca
como una posibilidad". El conjunto de inconsistencias en
la redacción hace incomprensible el discurso. Reformulado
como se habló, queda así: "Se descartan aquellas
visiones (del futuro) que,* por cierto grado de aberración
o demasiadas fantasías, * llevan y conducen a lo absurdo.
*Para no alejarse demasiado de la realidad y fijarse más
bien en el futuro tangible, * si es que hipotéticamente
el futuro puede ser algo tangible, intentamos vislumbrarlo* con
la razón y seguir las tendencias que el presente nos marca
como una posibilidad." Hemos colocado asteriscos donde están
los cambios. Éstos son la puntuación correcta y
la trascripción exacta de la palabra.
En definitiva, los errores más frecuentes son de sintaxis,
género, régimen, usos verbales, incoherencias,
faltas de concordancia, gazapos ortográficos, sonsonetes,
repeticiones innecesarias y fallas tipográficas. La moraleja
de todo esto es no solamente cuidar nuestros escritos, sino que
cuando leamos o hablemos en público, exijamos poder releer
la reproducción para que no nos hagan decir aquello que
no dijimos, o que si lo dijimos, fue en otro tipo de discurso:
el coloquial con una buena dosis de improvisación.
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