Revista Chasqui
  Páginas de grandes periodistas

 Entrevista de Carlos Gabetta

Periodismo, telenovelas y computadoras

Gabriel García Márquez

    Yo pienso permanentemente en los lectores, y eso me viene del periodismo. Además, yo empleo el mismo método, por eso he dicho muchas veces que la línea que separa al periodismo de la literatura es muy sutil. Me interesa más que los lectores me digan que mis libros les gustaron que los análisis críticos. Estos últimos años hace mucho que no los leo, salvo que sean cosas muy serias.
    Pero los lectores, cuando alguien me dice que no pudo soltar mi libro, me quedo tranquilo, porque eso quiere decir que lo atrapé, que es lo que quería.
    A mí me fascinan los folletines y las telenovelas. Lo malo del folletín y de la telenovela es el tratamiento literario, el melodramatismo demagógico, digamos. Pero esos autores trabajan con elementos de la vida real que son útiles para un escritor. A mí no me preocupa manejar esos elementos, siempre que pueda darles un valor literario, porque al fin y al cabo son cosas que le suceden a la gente. Estuve a punto de publicar la novela (El amor en los tiempos del cólera) como un folletín, por entregas, como se hacía antes. La telenovela influye sobre las costumbres domésticas; hay casas donde se cambia el horario de las comidas para que puedan ver la telenovela las señoras y criadas. Es la fascinación de los hechos de la vida real. Poder hacer eso, con valor y calidad literaria, sería una maravilla. Poderlos atrapar en esa forma, hacerlos cambiar de costumbres para que se interesen por las fábulas de uno, tiene que ser la aspiración de cualquier escritor.
    Los latinoamericanos somos la clase media del mundo. Yo me di cuenta de eso viajando por Africa, porque desgraciadamente para la humanidad, hay gente que está mucho más atrás que nosotros. En Africa me di cuenta de que yo no conocía realmente el subdesarrollo, que ellos están en una edad histórica anterior. Es importante para un latinoamericano darse cuenta de eso. Somos una gran clase media del mundo, desigualmente desarrollada; entonces tenemos un poco eso de querer vivir por encima de nuestras posibilidades ­que es característico de las clases medias de América Latina­ y de andar siempre insatisfechos, tratando de dar el salto de clase.
    Creo que a eso de la computadora le han puesto demasiada música. Para mí, la computadora es una máquina de escribir mucho más simple, práctica y útil. Yo empecé con la pluma aquella de palo de madera y luego pasé por la estilográfica, la vieja máquina de escribir mecánica, la eléctrica y ahora la computadora, que no escribe las novelas para mí, sino que me permite trabajar mucho más rápido, y más descansado. Si a mí me hubieran dado la computadora hace veinte años, tendría dos veces más libros escritos.
 

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