Periodismo, telenovelas
y computadoras
Gabriel García Márquez
- Yo pienso permanentemente en los lectores,
y eso me viene del periodismo. Además, yo empleo el mismo
método, por eso he dicho muchas veces que la línea
que separa al periodismo de la literatura es muy sutil. Me interesa
más que los lectores me digan que mis libros les gustaron
que los análisis críticos. Estos últimos
años hace mucho que no los leo, salvo que sean cosas muy
serias.
Pero los lectores, cuando alguien me dice que no pudo soltar
mi libro, me quedo tranquilo, porque eso quiere decir que lo
atrapé, que es lo que quería.
- A mí me fascinan los folletines
y las telenovelas. Lo malo del folletín y de la telenovela
es el tratamiento literario, el melodramatismo demagógico,
digamos. Pero esos autores trabajan con elementos de la vida
real que son útiles para un escritor. A mí no me
preocupa manejar esos elementos, siempre que pueda darles un
valor literario, porque al fin y al cabo son cosas que le suceden
a la gente. Estuve a punto de publicar la novela (El amor en
los tiempos del cólera) como un folletín, por entregas,
como se hacía antes. La telenovela influye sobre las costumbres
domésticas; hay casas donde se cambia el horario de las
comidas para que puedan ver la telenovela las señoras
y criadas. Es la fascinación de los hechos de la vida
real. Poder hacer eso, con valor y calidad literaria, sería
una maravilla. Poderlos atrapar en esa forma, hacerlos cambiar
de costumbres para que se interesen por las fábulas de
uno, tiene que ser la aspiración de cualquier escritor.
- Los latinoamericanos somos la clase media
del mundo. Yo me di cuenta de eso viajando por Africa, porque
desgraciadamente para la humanidad, hay gente que está
mucho más atrás que nosotros. En Africa me di cuenta
de que yo no conocía realmente el subdesarrollo, que ellos
están en una edad histórica anterior. Es importante
para un latinoamericano darse cuenta de eso. Somos una gran clase
media del mundo, desigualmente desarrollada; entonces tenemos
un poco eso de querer vivir por encima de nuestras posibilidades
que es característico de las clases medias de América
Latina y de andar siempre insatisfechos, tratando de dar
el salto de clase.
- Creo que a eso de la computadora le han
puesto demasiada música. Para mí, la computadora
es una máquina de escribir mucho más simple, práctica
y útil. Yo empecé con la pluma aquella de palo
de madera y luego pasé por la estilográfica, la
vieja máquina de escribir mecánica, la eléctrica
y ahora la computadora, que no escribe las novelas para mí,
sino que me permite trabajar mucho más rápido,
y más descansado. Si a mí me hubieran dado la computadora
hace veinte años, tendría dos veces más
libros escritos.
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