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Prensa en Estados Unidos
¿Un siglo de
ética perdida?
- En 1905, Walter Williams, primer decano
de la primera escuela de periodismo en los Estados Unidos, publicó
El Credo del Periodista (The Journalist's Creed), una declaración
ética de siete párrafos que hoy cuelga en bronce
de las paredes del Club de Prensa en Washington D.C. "Creo
en la profesión del periodismo" escribió Williams
en tono confesional, como "creo en que un periódico
es un asunto de confianza pública donde todos los vinculados
a su actividad son los depositarios." En su severa religiosidad,
Mr. Williams formula que "el periodismo más exitoso
es el que le teme a Dios y respeta al hombre," el vigorosamente
independiente, el libre de orgullos y ambiciones de poder, el
constructivo y tolerante, el cuidadoso, el autocontrolado, el
paciente y el respetuoso con sus lectores. (El Journalist's Creed
puede consultarse en la página www.journalism.missouri.edu).
Aunque patriota,
concluye este pionero, la prensa debe ser siempre valiente e
indignada ante la injustica. Nuestra profesión -decía-
debe promover con sinceridad la buena voluntad internacional
y la camaradería mundial en beneficio de un periodismo
de la humanidad para la humanidad. En 1999, dada la tradición
y vigencia de sus ideas, la Universidad de Missouri (donde Williams
fue presidente hasta 1935) consideró oportuno publicar
la biografía A creed for my profession: Walter Williams,
journalist to the world, escrita por Ronald T. Farrar. Este gran
líder, pregona la imprenta universitaria, "no solo
inventó la educación del periodismo, sino que difundió
el evangelio de la profesión en todo el mundo." Y
en cuanto al Credo se refiere, no hay duda que "es el pronunciamiento
más importante de este tipo que se haya hecho [en la historia
de la profesión]," afirma sin modestia la Escuela
de Periodismo de la Universidad de Missouri. Según ellos,
la escuela de Missouri no solo es la primera sino la mejor del
mundo en este campo.
Estén o no de acuerdo con tantas alabanzas, ¿habrán
olvidado los periodistas estadounidenses los preceptos básicos
de la ética de su inspirador, sobretodo a partir del 11
de septiembre? No dudo que existan reporteros en el país
de la Primera Enmienda que desconozcan por completo quién
es Walter Williams, pero, con seguridad, tienen que haber leído
o escuchado en su carrera alguno de los principios originales
o de las ramificaciones de su Credo.
Si Williams no es tan popular o universal como Missouri espera,
menos se puede decir de Willard G. Daddy Bleyer, el notable Ph.D.
graduado en la Universidad de Wisconsin, a quien varios historiadores
consideran el pionero más sofisticado del estudio del
periodismo en las primeras décadas de 1900. Bleyer buscaba
también formar profesionales éticos que protegieran
la democracia "de reporteros immaduros, pseudo-educados
e inescrupulosos". Y aunque éticamente terminó
endosando al entonces presidente de Harvard University, Charles
W. Eliot, que hablaba del periódico como "una gran
influencia moral y religiosa en la comunidad moderna," Bleyer
creía que ser periodista era más un asunto de trabajo
académico que de vocación profesional pura. Algo
así como la profesión de abogado o de médico.
Por eso planteaba la necesidad de mejorar la práctica
de la profesión con la enseñanza de las humanidades,
las ciencias sociales y la investigación. Un estudiante
de carrera, decía, debe contar con las herramientas teóricas
para entender cómo influye la prensa en las opiniones
y los gustos, en los estilos de vida y en la moral o ética
de su audiencia. (Ver, Communication and journalism from "Daddy"
Bleyer to Wilbur Schramm, by Everett M. Rogers and Steven H.
Chaffee, Journalism Monographs, 1994).
Con Williams y Bleyer, Eliot y Pulitzer, surge la legendaria
ética angloamericana.
-
- Pautas éticas de ayer y hoy
-
- Son muchos los códigos de ética
adoptados por los medios de noticias en los Estados Unidos desde
el Credo de Williams y no tiene objeto ni tenemos espacio para
discutirlos aquí. Digamos, simplemente, que los hay de
diferente énfasis, fluidez y longitud.
Pero, teóricamente, y luego de revisar una treintena de
ellos, la gran mayoría sigue una misma inspiración,
unos cánones que parecen extractados del mismo patrón:
la Declaración de Principios (Statement of Principles)
de la Sociedad de Editores de Periódicos Norteamericanos
(ASNE) aprobada en octubre de 1922. De sus premisas, la responsabilidad
del periodismo como un encargo público, la necesidad de
la independencia y de decir la verdad con precisión, y
la importancia de proteger la libertad de prensa, la impacialidad
y el juego justo, los tres primeros vienen del Credo de Williams.
El concepto de juego justo o fair play, es decir, el respeto
a los derechos de los demás, también sigue la misma
línea del Credo.
Con poca creatividad y evidente misticismo, la ASNE bautizó
su declaración ética con el título de "Cánones
del Periodismo," un nombre que cayó en desuso cinco
décadas después cuando decidieron "secularizarlos"
en 1975. Otra organización, la Sigma Delta Chi o SDX,
creada en Indiana en 1909 y conocida hoy como la Sociedad de
Periodistas Profesionales o Society of Professional Journalists-SPJ,
empleó también como suyos estos mismos cánones
por casi cincuenta años. En 1973, la SPJ decidió,
al fin, redactar su propio código, reformándolo
tres veces entre 1984 y 1996 cuando los abusos y la corrupción
por la desregulación masiva se multiplicaban.
- Cuatro principios básicos
-
- El actual Código de Ética
de la SPJ es un documento con cuatro principios básicos:
buscar la verdad y reportarla, minimizar los daños, actuar
independientemente y responder por todo acto (accountability).
En la búsqueda de la verdad, el periodista está
obligado a presentar la información en su debido contexto.
Lejos de imponer valores culturales propios a otras sociedades,
un periodista debe evitar los estereotipos de raza, edad, religión,
etnicidad y ubicación geográfica, orientación
sexual, inhabilidad o apariencia física y estatus social.
Para reducir los daños, se recomienda tener compasión
con los afectados por la noticia, en especial los niños.
Ser sensibles a la tragedia y al sufrimiento de los demás,
tener buen gusto y reconocer el valor del derecho a la privacidad
de las personas son expectativas no negociables de la profesión.
Un individuo común no puede tratarse como si fuera un
empleado oficial o como una figura pública con deseos
de influencia, y los sospechosos de cualquier crímen merecen
el derecho a un juicio justo, sin afectar el derecho del público
a saber.
Para miles de escritores, editores y profesionales que acogen,
voluntariamente, este documento, actuar independientemente significa
evitar conflictos de intereses y mantenerse libres de vínculos
que comprometan su integridad y su credibilidad, incluyendo anunciantes
que intenten presionar el trabajo periodístico. Rechazar
favores, especialmente del gobierno y de las empresas privadas,
es una obligación del buen periodista, tanto como vigilar
y tener el coraje de denunciar a quienes abusan del poder.
En un renovado espíritu de independencia, por ejemplo,
el actual Código de Ética y Conducta Profesional
de la Asociación de Directores de Noticias en Radio y
Televisión, aconseja al reportero resistir a los que quieran
comprar o influir políticamente los contenidos noticiosos.
Resistir a los que intimiden a los medios, resistir a quienes
con intereses de propiedad o manejo influyan negativamente en
la noticia, y resistir a los que con presiones egoístas
erosionen el quehacer periodístico son principios claves
de todo radiodifusor. Es más, para llegar a la verdad,
declara este código, adoptado el 14 de septiembre del
2000, se deben "resistir las distorciones que oculten la
real importancia de los eventos." Resistir y resistir las
amenazas públicas y privadas del poder era el estado de
ánimo de la radiodifusión un año antes del
trágico 11de septiembre. Todo cambió a partir de
entonces, especialmente para la televisión.
Responderle a la audiencia, para un periodista, es clarificar
y explicar su conducta y sus reportes, invitando el público
al diálogo y dándole voz a los que no la tienen.
Uno de los criterios más importantes de estas claúsulas
es que la libertad de expresión, definida en la Primera
Enmienda en los Estados Unidos, garantiza al pueblo, a través
de la prensa, su derecho constitucional a pensar como quiera
y a expresarse como piensa. Admitir errores de inmediato, actuar
con los mismos criterios de alta conducta con que se supervisa
a otros, y denunciar faltas a la ética cometidas incluso
por sus propios colegas u empleadores son deberes de todo periodista.
-
- Verdad, justicia y democracia
-
- Los códigos de ética angloamericanos,
como se dijo anteriormente, tienden a reconocer y patrocinar
unos mismos valores, en especial la verdad, la justicia y la
democracia. La honestidad, la integridad, la credibilidad y el
servicio al público son también criterios rectores
de la actividad periodística, tal y como señala
el preámbulo del Código de Ética de la Convención
Nacional de la SPJ aprobado en 1996.
El Código de Ética de la Asociación Nacional
de Fotoperiodistas Norteamericanos cree, así mismo, que
hay que dejar atrás la codicia, ya que hacer todo por
dinero es no prestarle un servicio al público. La promoción
mercantil es esencial, dice, pero las falsedades en la industria
son incompatibles con el arte del fotoperiodismo. Es preciso
recordar que este documento se endosó en los Estados Unidos
hace apenas cinco años (en 1999).
Entre los pormenores de la ética del periodismo angloamericano
encontramos textos puntuales, como el del Código de Ética
Editorial del Orlando Sentinel (1999): "no hay que dar la
impresión de ser alimentados por ninguna fuente o agencia."
Podremos almozar con millonarios y poderosos, pero no podemos
dejarles pagar la cuenta, exige la Política de Ética
de la Sala de Redacción del Tampa Tribune. Para garantizar
su cumplimeinto, el Chicago Tribune advierte: cualquier empleado
del área editorial que viole un mandato del código
de ética recibirá una sanción disciplinaria,
que va desde la reprimenda o la suspensión hasta la terminación
del contrato. Aún así, reporteros y editores caen
con frecuencia en las trampas del glamour de la profesión,
siendo los casos más recientes los del New York Times,
el Boston Globe y el Salt Lake Tribune.
Y hay una cosa más. Según el código de ética
del Los Angeles Times, un reportero tampoco debe participar en
actividades políticas o gubernamentales y no debe aceptar
pagos de ninguna campaña u organización política.
Solo cuando se establezca que no hay conflictos de intereses
podrá un periodista lanzarse en elecciones a cargos públicos
o colaborar con una campaña electoral. En medios profesionales
norteamericanos, el fenómeno de los periodistas-candidatos
es por lo general mal visto, en especial si el reportero quiere
volver al medio y ser respetado como un profesional independiente.
Entre más códigos se adoptan y más se reforman,
más tiende la excentricidad a dominarlos. Conceptos cargados
de moralismo en áreas como las relaciones sociales y personales,
la indecencia, el juego, y el activismo político o comunitario
suelen entrometerse con la actividad periodística. Al
final, "lo perfecto rara vez se logra" admite el San
Francisco Chronicle en su código de ética, sobretodo
en un ambiente de presión por horarios y puestos de trabajo.
En terrenos dudosos, al periodista solo le queda recurrir a su
buen juicio profesional, concluye este periódico.
-
- Nueve pecados capitales
-
- En pocas palabras, son nueve los pecados
capitales de un periodista contemporáneo, según
el Statesman Journal de Salem, Oregon: inventar fuentes y afirmaciones,
distorcionar deliberadamente la verdad, aceptar sobornos y copiar
materiales de otros medios. Tampoco se deben alterar fotos usando
la tecnología, no se puede usar la reputación del
medio para obtener beneficios personales, no se debe pagar por
las noticias, no se deben fabricar historias ni abusar de los
lectores, las fuentes o los colegas. Para mayor información,
puede consultarse este y otros códigos de ética
mencionados en la página web de la Asociación Norteamericana
de Editores de Periódicos (ASNE), www.asne.org.
Aunque en la academia ha existido siempre una sabia diferencia
entre lo moral y lo ético, la moralidad, es decir, la
conducta o el estilo de vida asociado a creencias o valores religiosos,
ha doblegado a la ética. En la Grecia clásica,
explica Louis A. Day en su libro Ethics in Media Communications
(1997), la ética se ocupaba, simplemente, de los usos
o costumbres y del proceso racional de escoger el camino correcto
entre dos alternativas. La ética de hoy, sin embargo,
especialmente en el periodismo angloamericano, tiene un sabor
a puritanismo típico de una ortodoxia Judeo-Cristiana,
donde la potencialidad de convertirse en un obstáculo
a la libre expresión es patente.
La teoría de la ética enseña que el marco
Judeo-Cristiano es solo uno de muchos paradigmas. Gozan de popularidad
en los Estados Unidos otras perspectivas como la virtud moral
de Aristóteles, el punto medio ideal de Confucio, el imperativo
categórico de Kant, el principio de la utilidad para la
mayoría de Jeremy Bentham y John Stuart Mill, y la teoría
de la justicia de John Rawls. Como era de esperarse, en un continente
de profunda formación cristiano-colonial, los valores
más profesados en los Estados Unidos son los Judeo-Cristianos.
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- El eclipse total del 9/11
-
- El nuevo siglo ha sido una desilusión
para los amantes del periodismo libre y de calidad en los Estados
Unidos, en especial desde el 11 de septiembre. Al mes de la terrible
destrucción de las Torres Gemelas, las cadenas de televisión
ya estaban violando, abiertamente, uno de los fundamentos de
la ética periodística: la independencia editorial.
En ese inolvidable 10 de octubre del 2001, las cinco cadenas
privadas de televisión decidieron claudicar su responsabilidad
de informar al público a pedido del gobierno federal.
"Creo que la supresión de noticias es indefendible"
-escribió Walter Williams en su Credo- "como no sea
por una consideración distinta al bienestar social."
¿Le servía al bien común norteamericano
censurar o poner límites a la transmisión de los
videos grabados por Osama Ben Laden? Por supuesto, contestaban
los doctrinarios de la seguridad nacional y el autoritarismo.
Pero para los amigos de la democracia (escasos en esos primeros
meses de la crisis), la censura no servía de nada. Como
bien dijo un ejecutivo anónimo del New York Times en esos
días: "¿qué sentido tiene mantener
esas imágenes fuera del aire, cuando pueden ser transcritas
o reproducidas en los periódicos y el Internet?"
Con admirables excepciones, el anonimato, típico de los
regímenes sin garantías, fue la forma de expresarse
de los disidentes en los comienzos de la guerra antiterrorista
en los Estados Unidos.
Aquí se violó otro gran principio de la ética,
darle voz al que no la tiene. Como explicara al momento Marvin
Kalb, ex-corresponsal de televisión y actual director
de la oficina en Washington del Shorenstein Center on the Press
de Harvard University, la prensa "se adornó de imágenes
de patriotismo y se dedicó a obtener gran parte de su
información de fuentes oficiales." ¿Resistir
las distorciones que oculten la importancia y el contexto de
los hechos? ¿Resistir las amenazas públicas y privadas
del poder? En una actitud pro-gobiernista, los medios abandonaron
con el 9/11 gran parte de su público y, en última
instancia, a la sociedad civil entera. La verdad de los hechos
no se buscó ni con independencia, ni con la responsabilidad
de un encargo público, ni tampoco con el compromiso de
decirla en su real dimensión. Fueron muchos los que tuvieron
que emigrar a medios foráneos en el Internet para obtener
información completa de lo que pasaba en el país.
Bastante se habla de objetividad e imparcialidad en los códigos
de ética en los Estados Unidos, pero imparcialidad fue
lo que menos hubo en los meses siguientes al 9/11. A las voces
pacifistas, por ejemplo, se les criticó sin oportunidad
de rebatir o se les silenció negándoles el acceso
a los estudios. No quedó rastro del concepto de fair play
o juego justo cuando se trataba de hablar de los árabes,
de la guerra de Afganistán, o de los prisioneros de guerra
recluídos en Guantánamo. Es más, con exasperante
lentitud vinieron a entender algunos medios que sus notas xenofóbicas
contra los palestinos le estaban causando graves daños
a la comunidad árabe-norteamericana y a otros immigrantes.
Lejos de no imponer valores culturales propios a otras sociedades
o de no estereotipar por motivos de raza, religión, etnicidad
o ubicación geográfica como manda la SPJ, el ultranacionalismo
de la mayoría de los medios, en especial de la radiodifusión,
reinó en el país hasta hace poco. ¿"Compasión"
con los afectados por la noticia? ¿Sensibles no solo a
la tragedia propia sino también al sufrimiento de los
demás? Estos principios de ética no parecían
tener significado en la prensa tradicional cuando se trataba
de hablar del mundo árabe.
- La U.S. Patriot Act
-
- También en octubre del 2001, el
Congreso de la nación adoptó como ley el criticado
U.S. Patriot Act o Ley Patriota. Nada se dijo en los medios sobre
su inconveniencia, a pesar de ser un estatuto de más de
300 páginas con normas restrictivas de acceso a la información
y vigilancia de las personas en su actividad privada y profesional,
incluyendo periodistas. Comparable al Smith Act de 1940 y las
leyes de espionaje y sedición de 1917 y 1798, la Ley Patriota
fue aprobada sin debate con un sentido de urgencia y la promesa
de caducar en cinco años. Pero el presidente Bush, en
su reporte de último año del cuatrenio, ha pedido
renovar esta ley indefinidamente (Pariot Act II). La nueva ley
es aún más restrictiva que la original. Este es
el premio a una gran prensa oficialista y pasiva, que negocia
su compromiso ético de proteger el derecho del público
a saber y a la libertad de expresión.
Lo curioso es que la mayoría de los periodistas, por pasiones
de partido o por temor a ser señalados como anti-americanos,
apoyaron la Ley Patriota. ¿Resistieron, como aconseja
la ética, a los que intimidaban a los medios o a quienes
con presiones personales y egoístas erosionaban el quehacer
periodístico? No, todo lo contrario, el reportero común
hizo caso omiso de sus pautas de ética profesional.
En el 2002, con los escándalos de Enron, Worldcom y demás,
la prensa tuvo que replantear su confianza en el gobierno y en
las grandes empresas frente al público en general. Citando
a Herbert Gans, un sociólogo que estudia la cultura noticiosa
en las salas de redacción, digamos que la premisa de los
reporteros y editores norteamericanos es que las empresas compiten
para generar ganancias y prosperidad social. Pero este argumento
se volvió insostenible con la corrupción de los
empresarios. Como advierte Gans, tal ética no funciona
en un complejo industrial donde el etnocentrismo, el individualismo
y el parroquialismo de sus miembros, incluída la prensa,
predomina.
Con los escándalos de Wall Street y los conglomerados
se aceleró la avalancha de talleres, seminarios y conferencias
que intentaban dar solución a la crisis del llamado capitalismo
responsable. La falta de ética de la prensa era ya un
tema punzante en los Estados Unidos antes del 9/11. Se hablaba
de engaños de los medios (como cuando un reportero oculta
su identidad para obtener noticias), de invasiones de la privacidad
y de conflictos de intereses por fusiones millonarias y por la
corrupción del gran capital. Al llegar la guerra antiterrorista,
el país se sumió en una crisis general de valores
de la que no ha salido todavía.
-
- Los incrustados
-
- Con la guerra de Irak y sus incrustados
se generó también otra fuente de conflicto entre
los medios. Periodistas de la reputación de Dan Rather
en la CBS, Ted Koppel en ABC, y Bernad Shaw en CNN dudaron de
la conveniencia del embedding (el incrustarse). Este último
manifestó que "la idea de los periodistas de dejarse
abrigar por el ala militar de los Estados Unidos [era] demasiado
peligrosa. Pienso que los periodistas que aceptan ir al combate
acompañando a las unidades militares quedan en efecto
cautivos, prisioneros de esa unidad militar." Cuando a Koppel
le preguntaron si no le preocupaba haber sido manipulado por
el gobierno cuando reportó como incrustado desde Irak,
el periodista contestó: "Yo he sido manipulado por
más de 40 años de vida profesional."
El problema del incrustado es la falta de credibilidad. Uri Avnery,
el famoso periodista israelí, llegó a decir que
incrustarse equivalía a acostarse con los militares en
una especie de press-titución. Sin embargo, había
que ver a cientos de reporteros jugando a la guerra en entrenamientos
militares para convertirse en incrustados. ¿Dónde
quedaron los códigos de ética y el preámbulo
de la SPJ que hablaban de la credibilidad como un principio rector
del periodismo? En la guerra de Irak se incurrieron también
en graves abusos éticos a la hora de publicar información.
Dos sonados casos son los del fotógrafo Brian Walsky,
del Los Angeles Times, que alteró una foto con la complicidad
de su jefe, y del heroico rescate de la soldado Jessica Lynch,
del cual surgieron versiones distintas a las pro-gubernamentales.
Estas y otras historias son un claro ejemplo de graves faltas
al compromiso ético de la verdad, la honestidad, la integridad
y el servicio al público.
Para miles de escritores, editores y profesionales que acogen
los códigos de ética, actuar con independencia
significa evitar conflictos de intereses y mantenerse libres
de vínculos que comprometan su integridad y su credibilidad.
Rechazar favores, especialmente del gobierno y de las empresas
privadas, en la recolección de noticias, es una obligación
del buen periodista, tanto como vigilar y tener el coraje de
denunciar a quienes abusan del poder.
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- El caso de Jayson Blair
-
- A la concentración del poder en
los medios, las presiones de censura oficial y la autocensura,
se sumó otra crisis: la de Jayson Blair. ¿Triste
que hasta los mejores periódicos de hoy deban preguntarse
cuál es y donde está su Mr. Blair? Porque una cosa
es segura -comentó Gary Weiss, del BusinessWeek en mayo
del 2003- esta enfermedad infecta tantas salas de redacción
que no puede continuar así, "algo habrá que
hacer para evitar que esto ocurra de nuevo."
Jayson Blair, que tanto daño le ha hecho al New York Times
con su carrera de mentiras, "es una deshonra," escribió
Weiss. "Nosotros, los periodistas, estamos conmocionados,
horrorizados y avergonzados en todas partes." Una autocrítica
no nos iría nada mal -dice- pues "las organizaciones
noticiosas necesitan pensar sobre el sesgo de sus noticias, sobre
la falta de preparación de sus reporteros y la falta de
sofisticación de todo lo que pasa por el periodismo de
hoy."
Las violaciones son cada vez más obvias y generalizadas,
y por eso hay que desarrollar una política de tolerancia
cero contra los comportamientos sin ética en las salas
de redacción, comenta la editora Cheryl Smith en NewsWatch,
un Centro por el Mejoramiento del Periodismo en la San Francisco
State University. Los abusos ocurren en toda la nación,
reconoció un foro de 31 editores organizado por la ASNE
y el American Press Institute (API) el año pasado (2003).
Por eso hay que redactar nuevos criterios de ética, nuevos
conceptos de liderazgo y manejo editorial, nuevas formas de entrenamiento
de reporteros, y nuevas reglas de exactitud, corrección
y uso de fuentes. En definitiva, hay que hacer bien lo que todo
medio noticioso debe hacer si quiere sobrevivir y transcender
-y que rara vez hace-: comunicarse realmente con su público
y sus reporteros.
Porque los medios le fallaron a su audiencia hay un afán
de cuanta organización gremial existe en los Estados Unidos
por tratar de re-educar al periodista del nuevo siglo. A finales
del siglo, más de 11.000 cursos y seminarios de ética
se dictaban en las universidades y centros de educación
superior de los Estados Unidos, tanto en escuelas de comunicación
como en facultades de derecho, filosofía, medicina, negocios,
administración de empresas, ingeniería, sicología,
trabajo social y ciencias de la computación. Unos buscan
redefinir los códigos de ética para fijar nuevas
reglas de comportamiento, mientras otros se oponen a lo que ven
como una puerta abierta a la autocensura. De lo que sí
parecen convencidos todos es que "el periodismo no sobrevivirá
el siglo XXI con los principios éticos del siglo XX."
Esta es una afirmación del fundador y presidente del Institute
for Global Ethics, Rushworth Kidder.
Es indispensable restaurar la credibilidad como el principal
activo de todo medio serio, afirma el Código de Etica
del Chicago Tribune. La credibilidad y la supervivencia de los
medios depende en gran parte del respeto a los principios éticos
de la profesión, subrayó el Secretario General
de la Organización de Estados Americanos (OEA), César
Gaviria, en la útima reunión annual de la Sociedad
Interamericana de Prensa (SIP) en Chicago. Una prensa crítica
e independiente es vital para garantizar los derechos humanos
y la participación ciudadana, luego, si un código
de ética no puede resolver todos los dilemas, anota el
Tampa Tribune, solo nos queda pensar criticamente. "Lo único
que tenemos son nuestros principios" recomienda el diario,
y para un periodista, entre más crítico y más
comprometido esté con los lectores sin voz y con la comunidad,
mucho mejor.
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- CREDO DEL PERIODISTA
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- El Credo del Periodista, publicado por
la Escuela de Periodismo de la Universidad de Missouri, Estados
Unidos, y cuya autoría corresponde al periodista norteamericano
Walter Williams, es el siguiente:
CREO en la profesión de periodista.
CREO que el periódico es la confianza del público;
que todos los conectados con él, son en toda la capacidad
de su responsabilidad, depositarios de la confianza del público;
y que la aceptación de un servicio en menoscabo del servicio
al público es una prevaricación de esa confianza.
CREO que pensamientos y expresiones claras, precisión
e imparcialidad son reglas fundamentales de buen periodismo.
CREO que un periodista solo debe escribir aquello que con profunda
convicción considera ser la verdad.
CREO que la supresión de las noticias, por otra consideración
que no sea el bienestar de la sociedad, es indefendible
CREO que nadie debe escribir como periodista lo que no diría
como caballero; que el soborno con el propio bolsillo debe ser
tan evitado como el soborno del bolsillo ajeno; que la responsabilidad
no podrá excusarse alegando instrucciones o gananciales
de otro.
CREO que las columnas de anuncios, noticias y editoriales deben
servir en el mismo grado los intereses de los lectores y que
la misma norma de honestidad, pureza y utilidad debe ser aplicada
a todas por igual; que la prueba suprema de buen periodismo está
en la medida de su servicio público.
- CREO que el periodismo que mejor éxito
tiene, y que merece el mejor éxito, teme a Dios y honra
al hombre; es resueltamente independiente, inamovible por orgullo
de opinión o codicia de poder, es constructivo y tolerante,
pero nunca descuidado, tiene dominio sobre sí, y es paciente
y respetuoso para con sus lectores, pero nunca se dejará
intimidar; es rápido en indignarse con la injusticia;
es inamovible por la atracción del privilegio o el clamor
de la turba; trata de darle una oportunidad a todo hombre, y,
tanto como lo permita la Ley, el sueldo honrado y el reconocimiento
de la humana hermandad, una oportunidad igual a todos; es profundamente
patriótico mientras trata de promover una sincera buena
voluntad internacionalmente cimentando una camaradería
mundial, es un periodismo de la humanidad de, y para el mundo
de hoy".
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