Revista Chasqui
  Páginas de grandes periodistas

 Enrique Maza, Mexicano, periodista de la Revista Proceso. Correo-e: emaza@proceso.com.mx

Lo mismo de siempre FOX PRESIDENTE

    El pueblo de México se movió durante las campañas presidenciales con el mismo mensaje frágil de la tentación

    En estas elecciones presidenciales del 2000, escuchó el pueblo de México cómo le planteaban de nuevo el mesianismo político; el afán de milagros; las esperanzas terrenas; los prodigios como medios de propaganda o de dominio; la búsqueda solo del pan, como símbolo de todo lo material, no del hombre entero. Quieren el prodigio sin la confianza radical en algo superior; buscan el poder, pero se olvidan del amor, de la equidad y de la justicia.
    El pueblo de México se movió durante las campañas presidenciales en ese terreno frágil de la tentación. Todas las voces parecían invitarlo al milagro externo, al pan del mundo, al reino político y militar, no al pan que está al servicio del hombre.
    La vana promesa de libertad
    En la política mexicana todos nos prometen la libertad, que se vuelve el don más preciado de nuestra fe política, pero todos los anuncios y la fantasmagoría delirante y seductora de la propaganda y de la publicidad, durante las campañas electorales del 2000, van en contra de la libertad. Es el futuro envuelto en promesas de regalo, enfundado en palabrería de brillantes colores. Pero matan la libertad, inclusive, la libertad democrática de la que hablan ellos.
    Durante cinco siglos ­desde que los redentores vinieron a salvar a los indígenas de sí mismos­, nos hemos estado atormentando por esta libertad. Nos la prometieron los españoles conquistadores, que nos emplazaron para el reino de la tierra, y los misioneros, que nos emplazaron para el reino de los cielos. Nos la prometieron Hidalgo y Morelos, los insurgentes y los realistas, y el emperador Iturbide. Nos la prometieron Antonio López de Santa Anna y el emperador Maximiliano, y el republicano Benito Juárez y el dictador Porfirio Díaz. Nos la volvieron a prometer la Revolución Mexicana y la dictadura del Partido de la Revolución y del gobierno, igual que nos la prometieron todos los candidatos en la campaña del 2000.
    La gente, más que nunca, gracias a esta campaña publicitaria, aérea, bravucona, tragicómica y milagrera, cree que es más libre que nunca, que ya llegamos a la democracia. Y, sin embargo, ha traído su libertad y la ha puesto a los pies de quien le ofreció pan, pero después de haber ayunado durante cinco siglos, la gente sigue teniendo hambre.
    Dostoyevski, en el Gran Inquisidor, decía: "Tú les ofreces a los hombres una ofrenda de libertad que ellos, en su simpleza y en su innata cortedad de luces, ni imaginar pueden, que les infunde horror y espanto, porque nunca en absoluto hubo para el hombre y para la sociedad humana nada más intolerable que la libertad."
    Los hombres corren detrás de los que les convierten las piedras en pan. Es la libertad que se compra con pan. Como decía Dostoyevski, "no existe el crimen, no hay pecado, solo hay hambrientos". Como decía la norma soviética: "Entre la seguridad y la libertad, el pueblo prefiere la seguridad, y no le importa que le dosifiquen la libertad". No importa el yugo, si es el precio de la comida segura. La libertad ­la que se proclamó en las campañas y se ha predicado en los discursos de ahora y desde hace años­ y el pan de la tierra para todos, no se conciben juntos.
     
    70 años del PRI
     
    El pueblo pobre no necesita ­ni le sirve de nada­ la libertad de elegir. ¿Elegir entre qué y qué?
     
    El PRI gobernó por más de 70 años y se fue haciendo cada vez más corrupto, a un grado que apenas empezamos a barruntar. Fue creando un ámbito de corrupción, una cultura, un modo de ser, de gobernar, de comportarse, de hacer negocios, de dar y de obtener, de moverse por los laberintos de la burocracia, de enriquecerse y de enriquecer, de solucionar los problemas, de subir y de bajar en las escalas políticas y económicas, de engañar y de mentir, de sobornar y de exigir el soborno, de dar concesiones, de construir y de destruir personas, fortunas y hasta edificios ­lo supimos por el terremoto del 85­, todo en el ámbito, en la atmósfera de corrupción que se fue convirtiendo en el modus vivendi de nuestro país, como pueblo y como nación. Concertacesiones, mordida, cochupo, embute, relaciones políticas, favores. Le hemos dado mil nombres a la corrupción.
    Pero nos familiarizamos con ella, la aceptamos como norma y como forma de vida y de sobrevivencia. Finalmente, no fue solo corrupción corporativa, impunidad corporativa, complicidad corporativa, tapadera corporativa, organización corporativa del grupo en el poder, de los dueños de la Revolución y del país, que administraban y sobornaban corporativamente, sino que la corporación PRI se convirtió en vida.
    La corrupción, no fue solo de los de arriba. Se nos fue inyectando en la vida como nación y aun como seres humanos. Desde la mordida al policía de la esquina, desde el soborno para obtener un permiso, desde el regalo al político. Ahí están las casas y los ranchos y las cuentas bancarias y el Fobaproa y los sindicatos charros y las policías y el perpetuo fraude electoral y las autoconcesiones de obras, como los ejes viales; y la venta de los bancos y los enriquecimientos ilícitos y el dominio impúdico de los medios de comunicación, prensa, televisión y radio, utilizados para la corrupción y la mentira y el ocultamiento y el lavado cerebral por decenas de años.
    Una Cámara de Diputados esclava servil del Ejecutivo; una Cámara de Senadores como última prebenda o premio de consolación para priistas y para funcionarios viejos en vísperas de retiro. Un Poder Judicial y una Suprema Corte como ramas obedientes y, consecuentemente, corruptas del Ejecutivo. Una Procuraduría de Justicia venal, sucia, cruel y violadora de todos los derechos de los demás. Una policía ­o un conglomerado de cuerpos policíacos­ igualmente venal, no solo inútil sino contraproducente, que solo ha servido para sobornar y dejarse sobornar, y para amparar y proteger a todo delincuente que pague.
    Todos fuimos parte. Todos hemos dado para que nos den y todos aceptamos este modo de vida erigido sobre la corrupción. Por eso pudo durar 70 años.
     
    El PRI: represión y violencia
     
    Cuando la corrupción no funcionaba, se echaba mano de la represión. Ha habido en México muchos brotes de libertad y, en consecuencia, muchos golpes de represión. Hay que recordar a los periodistas muertos, a los luchadores civiles asesinados, a los cientos de perredistas ejecutados, a los indios masacrados, a los rebeldes de las montañas de Guerrero, a los sindicalistas suprimidos, a los defensores de los derechos humanos eliminados, a los disidentes torturados, a los extranjeros civiles y clérigos expulsados, a las organizaciones civiles perseguidas y amenazadas, a los ferrocarrileros y a los médicos encarcelados, a los estudiantes y maestros apresados, amedrentados y muertos. Todos ellos y otros muchos fueron brotes de libertad y de esperanza, liquidados por la desesperanza y por el temor.
    Son las paradojas y las contradicciones del poder que, de hecho, no existe sino por la violencia. Si renuncia a ella, se destruye a sí mismo, porque los hombres dejan de temerlo. El poder hace daño, hiere, encarcela, mata. Pero se justifica a sí mismo: le es necesario utilizar la fuerza para que reine el orden. Pero el poder no mantiene el orden que necesita la sociedad, sino el orden que le conviene para asegurar su sobrevivencia y su primacía, y por eso se asienta en minorías fuertes y privilegiadas que se aprovechan de los demás, los someten, los despojan y medran a costa de la mayoría. Es la historia y es la realidad del PRI, es el círculo vicioso del poder.
    Hay que recordar al ejército y a los paramilitares en Chiapas, a los granaderos y a los halcones y las guardias blancas, a los cuerpos policíacos represores, al ejército en la universidad, la intervención de teléfonos, el espionaje sobre la población, las torturas en los separos de la Procuraduría, las represiones violentas y asesinas de campesinos en el medio rural, los despojos de tierras, las masacres de Aguas Blancas y de Acteal, los encarcelamientos arbitrarios, las amenazas a luchadores sociales, los traslados forzados de poblaciones enteras, como en Acapulco.
     
    El PRI y los de abajo
     
    El PRI no fue derrotado ni por la democracia ni por la izquierda, sino por un candidato conservador
     
    Este es el modo al que se había acostumbrado México, pero del que ya estaba harto. Solo que el hombre le teme, más que a nada, a lo desconocido. Las burguesías nacionales, los intelectuales, los que tienen recursos, las clases medias con bienestar, podían pensar en votar por otro que no fuera del PRI y que satisficiera sus aspiraciones, sus exigencias y sus concepciones del país. Pero la gente de abajo, en la ciudad y el campo, ha dependido y depende de las concesiones del PRI, está acostumbrada a los modos del PRI, sabe sus caminos en la burocracia del PRI, sabe cómo proceder, a dónde ir, qué obtener y cómo obtenerlo, conoce los vericuetos o tiene sus compadrazgos o conoce al amigo que sabe el camino y tiene los recursos o está esperando que le tramiten lo que necesita o ya hizo el contacto o ya dio la mordida o ya le dijeron con quién y con cuánto. Eso lo ha tenido y sabe que lo tendrá con el PRI. Pero no sabe qué pasará con cualquier otro que venga al poder, ni qué cambiará, ni cómo le irá, ni si va a conseguir lo que necesita. Y más vale malo conocido que bueno por conocer. Entre la seguridad y la libertad, es preferible la seguridad, única en la que tiene cierta posibilidad de conseguir el futuro en la forma como lo necesita. Es mucha la gente que vive esta situación.
    El pueblo pobre no necesita ­ni le sirve de nada­ la libertad de elegir. ¿Elegir entre qué y qué? Quiere comer, quiere empleo, quiere vivienda, quiere salud, quiere escuela para sus hijos, quiere posibilidad de vivir en un mundo que le niega todo. Y prefiere no arriesgar. Ahí estaba la fuerza electoral del PRI. En México, solo las personas mayores de 90 años han conocido la vida sin los revolucionarios que se adueñaron de México, y solo los mayores de 70 años han conocido la vida sin el PRI.
     
    Fox el hacedor de milagros
     
    No parece correcto pensar que ya empezó el imperio de la sociedad. Fox es autoritario y lo va a demostrar. Él manda.
     
    Y aquí entró Fox. Se ofreció a sí mismo como el líder carismático, el hacedor de milagros, el que comanda a los ejércitos celestiales para que detengan la caída del país, el guerrero macho y populachero, retador, con aureola católica, que combate a los ejércitos de la corrupción, que da cauce y salida a los agravios y a las humillaciones del pueblo, que alivia el hartazgo ya sofocante de la corrupción priista, el hacedor de la nueva etapa histórica. El nuevo dios a quien adorar.
    ¿Y no se parece a eso la política? ¿No es buscar al dios a quien hay que adorar, sobre todo en una sociedad mágica como la nuestra? ¿No es el presidente de la República el dios de turno, la última palabra de todas las cosas, el supremo hacedor, el infalible? ¿No está orientada al presidente toda la liturgia política? A él se le pide perdón y a él se le desagravia, a él se le suplica y se le pide, es su palabra la que se escucha y él habla a todos sus súbditos y les dice lo que tienen que hacer y cómo tienen que pensar, a él se le consagran las ofrendas y se le ofrecen los dones, a él se le alaba y ante él se doblan las rodillas. ¿No es cierto que todas las jerarquías ­religiosas, civiles y económicas­ nos han enseñado a obedecer?, pero no nos han enseñado a rebelarnos por la justicia, a ser libres y a luchar por nuestros derechos.
    Desplazamiento a la derecha
     
    México no sabe qué pasará con cualquier otro que venga al Poder
     
    Por estas razones, el PRI no fue derrotado ni por la democracia ni por la izquierda, sino por un candidato conservador. El pueblo de México es conservador y religioso. Desde 1987, cuando el Centro de Estudios Educativos y el CREA publicaron su estudio de la psicología y de la idiosincrasia del mexicano, "Cómo somos los mexicanos", quedaron claras muchas cosas. El 43% es anticomunista y antiizquierdista; el 11% se colocó en la izquierda, el 33% en el centro y el 56% en la derecha. Una mayoría se manifestó reformista y en un tiempo de derecha, pero sin violencia. Es decir, se ha venido dando un desplazamiento importante de la población hacia la derecha, pero conservadoramente. Cuando un líder carismático de derecha, conservador y abiertamente católico ofreció, sin violencia, esa reforma ya largamente esperada, la gente votó por él. Pero esos fueron los valores primordiales, no la pobreza reinante, no la justicia necesaria, porque Fox es conservador dentro de la corriente que originaron Ronald Reagan y Margaret Thatcher, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, y en México, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo. Fox no se va a salir de ese programa ni de esa corriente. No pertenece a los pobres, pertenece a los empresarios. No parece correcto pensar que ya empezó el imperio de la sociedad. Fox es autoritario y lo va a demostrar. El manda. Los gobiernos panistas son de derecha: económica, política, social, religiosa y moral. Lo han demostrado. Y muchos tienen mentes cerradas e impositivas.
     
    Conclusión
     
    En el fondo, seguimos sin saber a quién adorar, a quién confiar la conciencia, con quién unirnos en esta ansia de unión universal que nos urge. Fox promete ­y quiere­ vestir la púrpura y refundar el imperio mexicano y darnos la paz del hormiguero, porque dominó las conciencias y dirigió la libertad, porque tiene en sus manos el pan. Pero va a continuar con la antropofagia que se alimenta del pueblo, y el pueblo seguirá huyendo a otros países como ha estado huyendo, o seguirá rebelándose y morirá como ha estado muriendo, o vendrá a echarse a los pies del poder y del dinero como tantos han estado haciendo, para recibir la felicidad apacible de los seres apocados, convenencieros o serviles.
    El tiempo dirá si el triunfo de Fox va a ser permanente o efímero. Derrotó al partido que nació de las luchas revolucionarias, porque se había corrompido y anquilosado en el poder. Lo derrotó con la promesa y con la esperanza de mejorar las condiciones de vida de las gentes y de acabar con la pobreza que las fuerzas revolucionarias no solo no remediaron, sino extendieron e intensificaron. La Revolución se hizo para acabar con la dictadura y para remediar las condiciones de vida del pueblo; pero creó otra dictadura y empeoró las condiciones de vida de la mayoría.
    Las condiciones en que gana Fox no son tan favorables. El mundo de hoy es distinto del de 1910. El objetivo primordial de Estados Unidos es, obviamente, mantener las políticas económicas que inició Miguel de la Madrid y solidificaron Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, y mantener la estabilidad del "buen vecino". A Estados Unidos no le importa la democracia en México. Le importa que prosperen en México sus intereses económicos y su hegemonía. Y está contento con Vicente Fox, porque va a seguir adelante con el proceso neoliberal. Solo que eso le va a costar a su presidencia, más temprano que tarde, la popularidad y la aceptación, porque será muy difícil, con ese proyecto, elevar el nivel de vida del pueblo.
    Y eso podría abrirle el camino al PRD, si logra ­lo necesita a marchas forzadas­ cuajar como partido, con un liderazgo visionario, actual. Y tal vez, inclusive, al PRI, si logra mantenerse intacto, si logra rehacerse como partido político no gubernamental, si logra reparar su corrupción y si logra encontrar un liderazgo nuevo, limpio y auténticamente revolucionario en favor del pueblo al que olvidó. Por lo pronto, el PRI fue arrastrado por su propia corrupción hasta la catarata del repudio popular.
 

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