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El caso Aznar, Fabricando
mentiras en los medios
- El tema propuesto no es en absoluto original
-por el contrario- no solo ha sido enfocado por múltiples
tratadistas, sino que resulta más evidente en la población
llana que tiene, al menos en algunos sectores, clara conciencia
de que en los mass media se fabrican mentiras que luego son vendidas
como verdades. Fue George Orwell posiblemente, con su novela
-sociológica- de ciencia ficción 1984, quien -de
un modo frío y descarnado- anticipó que la demagogia
totalitaria encontraría, en la diseminación de
la mentira, la forma en que las estructuras del poder político
y económico lo contaminarían de su infección
y extenderían éste a las relaciones sociales que
se encuentran en su base. Esto iba a ser factible con el uso
del recurso retórico de cambiar el sentido del lenguaje
-desde la cúpula de quienes están en las estructuras
de poder político- para lograr vender, a los que se encuentran
sometidos a sus designios, lo falso como si fuese verdadero.
Esto no es más que un síntoma del totalitarismo
que sirve para dominar, bajo el engaño, a los individuos
y colectivos que están bajo su férula.
No es necesario ser muy astuto de entendederas como para comprender
que en lo que va del corto siglo XXI, las sociedades que tenían
patente de democráticas han optado por hacerse cargo de
la versión antidemocrática y totalitaria de sus
manejos desde lo más alto del poder, dominando la información
que circula y utilizando la mentira como el instrumento de apoyo
a sus pretendidas políticas de seguridad nacional e internacional.
Quizás, los casos más elocuentes que confirman
lo que vengo afirmando se encuentre en los gobiernos encabezados
por G. Bush, A. Blair y L. Aznar en los Estados Unidos, Gran
Bretaña y España, respectivamente.
Pero, algo que no
señalé, y que resulta casi una obviedad, es que
la mentira en la política mayúscula tiene patas
cortas, al igual que ocurre con nuestras acciones de la cotidianeidad,
más aún, en la vida familiar, laboral, social en
general; en esos ámbitos, la mentira se puede ocultar
por más tiempo que en el quehacer político. Esto
es debido a que existen menos espacios por donde se pueda filtrar
la mentira, hay menor número de cómplices, de resentidos
que, por esos avatares de la política, fueron abandonados
a su suerte, y de personas honestas que quisieron poner la situación
blanco sobre negro, denunciando las mentiras que sostuvieron
por algún tiempo a aquellos regímenes ante la opinión
pública, que creyó a pie juntillas lo que se le
estaba vendiendo como verdadero.
Al respecto, recientemente J. Alcalde Villacampa (2003) presentó
un sesudo informe acerca de la influencia de la televisión
en el voto español, concluyendo que, estadísticamente,
influye en los calificados como indecisos. Eso deberá
ser tenido presente a la hora de evaluar el vuelco entre los
datos de las encuestas preelectorales y los resultados efectivos.
Asimismo, cabe hacer notar que sus resultados coinciden con las
conclusiones dadas por Zaller.
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- Cronología de una mentira
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- Pues bien, veamos como se desarrollaron
los acontecimientos y lo que podemos llamar sin eufemismos la
cronología de una mentira.
Jueves 11 de marzo:
· En tres minutos -07h39 a 07h42- estallan seis bombas
en diferentes estaciones del ferrocarril metropolitano con destino
a Madrid.
· Las emisoras de radios y televisión atribuyen
el episodio a ETA.
· A las 10h30, uno de los máximos responsables
de la organización terrorista vasca los desvincula de
ellos.
· A las 12h00, Mariano Rajoy -delfín sucesor de
Aznar por el Partido Popular- asegura en TV 5 que ETA fue la
responsable.
· A las 13h15, el Ministro del Interior -Ángel
Acebes- afirma que: "ETA ha conseguido su objetivo. El Gobierno
no tiene ninguna duda".
· A las 14h00 horas, Aznar habla por los medios, califica
los hechos de infamia, pero sin mencionar a ETA.
· A las 17h25, se envía un comunicado de la Cancillería
a las embajadas que dice: El Ministro de Interior ha confirmado
la autoría de ETA ... Aprovechen las ocasiones que se
les presenten para confirmar la autoría de ETA.
· 19h00, se difunden fotografías de nueve supuestos
etarras responsables de los atentados.
· 20h00, es descubierta una camioneta abandonada en la
que se halla una cinta magnetofónica en árabe.
Acebes baja el tono de sus afirmaciones tajantes expresando:
No descartamos ninguna hipótesis, pero la primera línea
de investigación es ETA.
· 21h00, Al Qaeda reivindica el ataque terrorista desde
Londres.
Viernes 12 de marzo
· 11h00, Aznar insiste en que el principal sospechoso
es ETA y reprocha a quienes lo pongan en duda.
· 18h15, Acebes reitera que: No hay en este momento ningún
motivo para que ETA no sea la primera línea de investigación.
· 18h30, ETA reitera, a través de sus voceros,
su no participación.
· 18h45, el Ministerio del Interior dice no creer en la
información difundida por ETA.
· 19h00 se inician en todo el país las manifestaciones
en repudio, sobre las que volveremos más adelante.
Sábado 13 de marzo
· 15h00, Acebes dice que: La investigación avanza
en las dos vías que están fijadas, aunque insistiendo
en que la de ETA es la prioritaria.
· 20h00, Acebes anuncia cinco detenciones: tres marroquíes
y dos hindúes, pero continúa sin descartar a ETA.
· 21h00, Rajoy denuncia masivas concentraciones frente
a las sedes de su Partido, considerándolas ilegales y
antidemocráticas.
· A medianoche, Acebes comunica la existencia de un video
en el cual se reivindica la matanza por parte de Al Qaeda.
Desde ese momento, ya no se podía seguir mintiendo a la
población; la suerte estaba echada, en muy pocas horas
-según el periódico El País, de Madrid-
el 8 por ciento del electorado decidió votar contra Aznar
y lo que él y su camarilla representaba.
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- El juego de la mentira
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- Obvio es aclarar que, insistentemente,
los mensajes oficiales eran transmitidos por todos los canales
y radios de España, aunque algunos de ellos desde un principio
sospecharon que los responsables no estaban donde sostenía
el Gobierno. Como decíamos al principio de esta nota,
la mentira tiene patas cortas y -esta vez- ni siquiera les alcanzó
para llegar al día de las elecciones. Al contrario, les
jugó en contra, ya que el pueblo no es tonto y supo distinguir
la verdad de la mentira.
Mas, en este juego de mentir, Aznar no estuvo solo, fue bien
acompañado por sus cómplices Bush y Blair, que
también han sido objeto de investigaciones acerca de las
mentiras que les vendieron a los habitantes de sus países.
La situación de Bush y de Blair, en su asociación
ilícita para delinquir en Afganistán y en Irak,
es por demás conocida y ellos -muy seguramente- encontrarán
su Apocalipsis en las próximas reválidas electorales,
aunque este sería tema de prognosis y, en consecuencia,
prefiero abocarme a quien encontró su Waterloo recientemente
en España, luego de los repudiables atentados terroristas
del 11 de marzo en Madrid. Por ello continuaré poniendo
el acento en lo ocurrido en España, tras tan trágica
experiencia. Esto no significa, en este escrito, que no deje
de atender los avatares que están sacando de sus casillas
a sus cómplices de la alianza delictiva, ya que ellos,
junto con Berlusconi -y otros socios menores, oportunistas- conforman
un conjunto político y económico que resulta indisoluble
a la hora del análisis al que estamos abocados.
Pues bien, a poco de conocerse los hechos, los españoles
sintieron que eran manipulados -a través de los medios-
por el gobierno que no dejaba de repetir -insistentemente no
solo por sus voceros, sino por los periodistas de canales de
televisión que repetían "ETA, ETA"- que
la autoría del episodio se atribuía a la organización
terrorista vasca. El sentimiento que los atravesaba era que estaban
siendo manipulados y esto alcanzó su ápice en la
manifestación que el Gobierno convocó para la tarde
siguiente, cuando millones de personas se reunieron en las ciudades,
pueblos y villas para expresar su repudio. Muchos manifestantes
acudieron a la cita con carteles -usados en ocasiones de actos
terroristas con el sello de la organización vasca- donde
expresaban "ETA No". Mas, a poco de iniciados los actos
de repulsa, los carteles fueron bajando, debido a que para entonces
se tenían serias sospechas de que ETA no había
participado y que lo más probable era que hubiese sido
provocado por alguna organización terrorista internacional.
El clima psicosocial giró notablemente, no se trataba
solo de la repulsa, sino que también se agregó
la bronca de saber que se estaba utilizando, desde el Gobierno,
un acto infame en favor de volcar una masiva votación
a sus intereses en las elecciones que tendrían lugar cuatro
días después. Esto, pese a que en pocas horas habían
evidencias que demostraban que el atentado había sido
de fundamentalistas islámicos y se sabía que:
a) ETA rechazaba desde sus voceros cualquier participación
en ellos; y
b) Al Qaeda emitió -desde Londres y en árabe- un
comunicado en que se responsabilizaba por los atentados, advirtiendo
a Occidente que éste no sería el último.
Pero, insisto, la mentira tiene patas cortas y la gente de a
pie sospechó que ETA no participó en estos hechos
terroristas. Ellos llevaban el sello de Al Qaeda, la organización
de Osama ben Laden que declaró la guerra contra los países
occidentales que apoyaron a Bush en la invasión a Afganistán
y que lo secundaron en la posterior invasión al pueblo
irakí, a la que el triunfante dirigente del PSOE, Rodríguez
Zapatero, definió sin eufemismo alguno, como una guerra
por si acaso.
La acción terrorista de Al Qaeda tuvo sus frutos: no solo
sembró el pánico entre la población española
-objetivo principal de los ataques terroristas de tales organizaciones-
sino que obtuvo un resonante éxito a diferentes puntas
en la política internacional. En el espacio limitado de
este informe -ya que también se tendría que hacer
referencia a las graves consecuencias políticas internas
que están sufriendo los gobiernos de Bush y Blair de puertas
adentro, como asimismo la movida que ha habido en los realineamientos
de alianzas- solamente me abocaré a algunas de las consecuencias
que han tenido los atentados en Madrid y su manipulación
gubernamental.
-
- Vuelco del resultado electoral
-
- De tal suerte, digamos algo que es más
que conocido por el público que modificó de modo
sustancial el panorama político español, dando
lugar a un vuelco en las preferencias electorales en relación
a menos de 72 horas. Ocurre que para la fecha de las elecciones,
el gobierno se olvidó que un año antes una cifra
cercana al 90 por ciento de la población se manifestó
en multitudinarias marchas repudiando que España enviase
tropas a Irak, que formaba parte de una coalición que
iba a contrapelo de lo resuelto por las Naciones Unidas. Así,
la ciudadanía reconoció que si los atentados -como
la marcha de las investigaciones por organismos de inteligencia
nacionales y euronorteamericanos lo confirmaba en un secreto
a voces- eran obra de Al Qaeda, entonces debían expresar
su repudio al gobierno no solo en las calles, sino en las urnas
a las que estaban convocados. Ya no se trataba de continuar con
un modelo, que a algunos les había llevado prosperidad,
sino que el propósito era terminar con el modelo que los
había conducido a una guerra no deseada. Eso sucedió.
En 48 horas, el PSOE invirtió la tendencia electoral previa
y sacó unos seis puntos de diferencia sobre el PP. Esto
lo logró con la modificación de la dirección
del voto de los electores indecisos y -sobre todo- logrando romper
con la abstención ciudadana prevista. Una victoria pírrica,
pero victoria al fin, que tuvo la virtud de terminar con un régimen
que hizo oídos sordos al reclamo popular.
Y he aquí un principio elaborado por Maquiavelo, que tiene
una presencia inusitada para el caso que nos ocupa. Los que pretenden
ser grandes en política no deben olvidar que la grandeza
de los pueblos está por encima de sus deseos. En su momento
-hace ocho años- Aznar le pidió a su pueblo que
le creyera y éste le creyó. Usó la confianza
de su pueblo pensando que ella era ilimitada y llegó al
colmo de criminalizar a quienes no pensaban como él, ya
que seguía sin escuchar los reclamos que venían
desde abajo de la pirámide del poder. La mentira, la manipulación,
son hijas de la arrogancia y la soberbia, las que lo llevaron
a distanciarse de sus amigos de la Unión Europea, para
lo cual debió crear nuevos lazos de amistad con aquellos
que no eran amigos del pueblo que gobernaba. Así fue como
lo defraudó y perdió su confianza, al punto tal
que -cuando convocó al pueblo a manifestarse masivamente-
aquél continuó creyéndole presa del dolor
que convocaba a unos y otros, sin diferencias partidarias. Pero
siguió mintiendo y, entonces, el pueblo advirtió
la maniobra espuria y tomó la única arma que en
un sistema democrático se puede usar contra los manipuladores:
la boleta electoral y así el pueblo se engrandeció,
empequeñeciendo a los que los estaban utilizando.
El segundo éxito de Al Qaeda tiene -al menos- dos puntas
en la política internacional. El primero fue advertir
que no estaba desarticulado, como quiso hacerlo creer la prensa
occidental con las mentiras bajadas desde la Casa Blanca y, en
consecuencia, podía repetir actos semejantes en cualquier
parte. El segundo éxito -que espera confirmación-
fue un tiro por elevación hacia las elecciones en los
Estados Unidos para noviembre próximo; funciona como advertencia
a los norteamericanos, que el modelo belicista de los halcones
que acompañan a las delirantes pretensiones mesiánicas
de Bush no funciona para combatir al terrorismo. Es hora de abandonar
las armas y negociar, término éste que solamente
se utiliza para hacer negociados por parte de los empresarios
capitalistas, con la complicidad pública o encubierta
de los políticos del establishment, pero que no se lo
usa, habitualmente, en las mesas de negociaciones políticas
para zanjar diferencias entre partes aparentemente irreconciliables.
Bush apunta a su reelección y, luego del 11M no puede
dejar de leerlo como un llamado de atención para la forma
en que conduce la política exterior de los Estados Unidos.
Debiera ser más que débil mental no asociar la
derrota de Aznar, con el apoyo armado brindado a Bush en la invasión
a Irak, como un voto castigo a un aliado incondicional. El triunfo
de Rodríguez Zapatero complica la situación de
Bush en el frente interno, ya que aquel aseguró -luego
de su resonante triunfo- que hará regresar a los 1.300
soldados españoles de Irak, con lo cual Bush deberá
reforzar ese frente con fuerzas propias. Lo que los norteamericanos
no aceptan.
Aznar -al igual que la Alemania de Hitler y los nazis- llegó
al gobierno hace ocho años acompañado de una enorme
cantidad de votos, mientras que el dictador alemán arribó
al poder acompañado por una inmensa mayoría de
votantes que le dieron su apoyo, tuvo la ocurrencia de aliarse
a la política internacional de Bush en busca de un supuesto
arsenal de armas de destrucción masiva en Irak. Pero esas
malditas armas -aquí vale la demonización- que
desvelaron a la población mundial durante cuarenta años,
volvieron a aparecer. Ya no en el plano de la realidad concreta,
objetiva y tangible como lo fue antes, sino en el de las fantasías
que alimentaron las afiebradas mentalidades paranoides de quienes
se convirtieron en los mandamases de la política y la
economía mundial.
-
- El pueblo no tragó la mentira
-
- Para el caso español que nos ocupa,
se puede afirmar que los pueblos que no pasan intensas necesidades
básicas -alimentarias, educativas, de salud, etc.- no
están encadenados a las prácticas clientelistas
que alientan la corrupción política entre los necesitados
de ayudas; por eso la ciudadanía española primero
se alarmó y luego se indignó. Indignación
que en principio se dirigió contra los que realizaron
los atentados, mas, rápidamente tomó otro rumbo:
fue hacia quienes pretendieron manipularlos como si fuesen títeres,
cuyos piolines se manejaban desde la Moncloa. No les deben favores
para sobrevivir indignamente y viraron sus preferencias electorales.
Primó un carácter ético por encima de un
criterio pragmático.
A su vez, a lo del pragmatismo se lo puede observar en las diferentes
formas electorales que se tuvieron para deslegitimar al gobierno
que había mentido y manipulado información a primera
hora y que lo había hecho antes en distintas ocasiones.
Existían múltiples ofertas electorales, se lo pudo
hacer desde el abanico que va de la Izquierda Unida a los partidos
regionales y, salvo el caso de Izquierda Catalana, el resto no
ganó escaños, sino que perdió algunos que
tenía en el anterior parlamento.
Otro tanto ocurrió con militantes de algunos de los partidos
regionales, los que prefirieron asegurar la formación
de un gobierno enfrentado a Aznar, sin especular para afirmar
con su protagonismo el objetivo de esa mayoría que quiso
ver cuanto antes el alejamiento de un gobierno que los había
manipulado a última hora, sobre la congoja de los cadáveres
emergentes de los atentados terroristas.
En definitiva, lo que quiero significar es que, en el caso presentado,
los gobernantes españoles actuaron por dentro de uno de
los signos más perversos de la contemporaneidad, cual
es el fanatismo, semejante al de los terroristas -aunque encubiertos
por la legitimidad del poder- que tanto daño hizo a la
historia de la humanidad y que en plena época de transportes
espaciales, de desciframiento del genoma humano, de la cibernética,
etc., ha retornado con fuerza suficiente como para testimoniar
hasta qué punto lo humano puede moverse de un extremo
a otro, desde la sabiduría a la brutalidad, esta vez esta
última expresada desde el terrorismo masmediático
de Estado.
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