Revista Chasqui
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Angel Rodríguez Kauth, argentino, profesor de Psicología Social y director del Proyecto de Investigación "Psicología Política", en la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de San Luis, Argentina. Correo-e: <akauth@unsl.edu.ar>

El caso Aznar, Fabricando mentiras en los medios

El tema propuesto no es en absoluto original -por el contrario- no solo ha sido enfocado por múltiples tratadistas, sino que resulta más evidente en la población llana que tiene, al menos en algunos sectores, clara conciencia de que en los mass media se fabrican mentiras que luego son vendidas como verdades. Fue George Orwell posiblemente, con su novela -sociológica- de ciencia ficción 1984, quien -de un modo frío y descarnado- anticipó que la demagogia totalitaria encontraría, en la diseminación de la mentira, la forma en que las estructuras del poder político y económico lo contaminarían de su infección y extenderían éste a las relaciones sociales que se encuentran en su base. Esto iba a ser factible con el uso del recurso retórico de cambiar el sentido del lenguaje -desde la cúpula de quienes están en las estructuras de poder político- para lograr vender, a los que se encuentran sometidos a sus designios, lo falso como si fuese verdadero. Esto no es más que un síntoma del totalitarismo que sirve para dominar, bajo el engaño, a los individuos y colectivos que están bajo su férula.
No es necesario ser muy astuto de entendederas como para comprender que en lo que va del corto siglo XXI, las sociedades que tenían patente de democráticas han optado por hacerse cargo de la versión antidemocrática y totalitaria de sus manejos desde lo más alto del poder, dominando la información que circula y utilizando la mentira como el instrumento de apoyo a sus pretendidas políticas de seguridad nacional e internacional. Quizás, los casos más elocuentes que confirman lo que vengo afirmando se encuentre en los gobiernos encabezados por G. Bush, A. Blair y L. Aznar en los Estados Unidos, Gran Bretaña y España, respectivamente.

Pero, algo que no señalé, y que resulta casi una obviedad, es que la mentira en la política mayúscula tiene patas cortas, al igual que ocurre con nuestras acciones de la cotidianeidad, más aún, en la vida familiar, laboral, social en general; en esos ámbitos, la mentira se puede ocultar por más tiempo que en el quehacer político. Esto es debido a que existen menos espacios por donde se pueda filtrar la mentira, hay menor número de cómplices, de resentidos que, por esos avatares de la política, fueron abandonados a su suerte, y de personas honestas que quisieron poner la situación blanco sobre negro, denunciando las mentiras que sostuvieron por algún tiempo a aquellos regímenes ante la opinión pública, que creyó a pie juntillas lo que se le estaba vendiendo como verdadero.

Al respecto, recientemente J. Alcalde Villacampa (2003) presentó un sesudo informe acerca de la influencia de la televisión en el voto español, concluyendo que, estadísticamente, influye en los calificados como indecisos. Eso deberá ser tenido presente a la hora de evaluar el vuelco entre los datos de las encuestas preelectorales y los resultados efectivos. Asimismo, cabe hacer notar que sus resultados coinciden con las conclusiones dadas por Zaller.
 
Cronología de una mentira
 
Pues bien, veamos como se desarrollaron los acontecimientos y lo que podemos llamar sin eufemismos la cronología de una mentira.
Jueves 11 de marzo:
· En tres minutos -07h39 a 07h42- estallan seis bombas en diferentes estaciones del ferrocarril metropolitano con destino a Madrid.
· Las emisoras de radios y televisión atribuyen el episodio a ETA.
· A las 10h30, uno de los máximos responsables de la organización terrorista vasca los desvincula de ellos.
· A las 12h00, Mariano Rajoy -delfín sucesor de Aznar por el Partido Popular- asegura en TV 5 que ETA fue la responsable.
· A las 13h15, el Ministro del Interior -Ángel Acebes- afirma que: "ETA ha conseguido su objetivo. El Gobierno no tiene ninguna duda".
· A las 14h00 horas, Aznar habla por los medios, califica los hechos de infamia, pero sin mencionar a ETA.
· A las 17h25, se envía un comunicado de la Cancillería a las embajadas que dice: El Ministro de Interior ha confirmado la autoría de ETA ... Aprovechen las ocasiones que se les presenten para confirmar la autoría de ETA.
· 19h00, se difunden fotografías de nueve supuestos etarras responsables de los atentados.
· 20h00, es descubierta una camioneta abandonada en la que se halla una cinta magnetofónica en árabe. Acebes baja el tono de sus afirmaciones tajantes expresando: No descartamos ninguna hipótesis, pero la primera línea de investigación es ETA.
· 21h00, Al Qaeda reivindica el ataque terrorista desde Londres.
Viernes 12 de marzo
· 11h00, Aznar insiste en que el principal sospechoso es ETA y reprocha a quienes lo pongan en duda.
· 18h15, Acebes reitera que: No hay en este momento ningún motivo para que ETA no sea la primera línea de investigación.
· 18h30, ETA reitera, a través de sus voceros, su no participación.
· 18h45, el Ministerio del Interior dice no creer en la información difundida por ETA.
· 19h00 se inician en todo el país las manifestaciones en repudio, sobre las que volveremos más adelante.
Sábado 13 de marzo
· 15h00, Acebes dice que: La investigación avanza en las dos vías que están fijadas, aunque insistiendo en que la de ETA es la prioritaria.
· 20h00, Acebes anuncia cinco detenciones: tres marroquíes y dos hindúes, pero continúa sin descartar a ETA.
· 21h00, Rajoy denuncia masivas concentraciones frente a las sedes de su Partido, considerándolas ilegales y antidemocráticas.
· A medianoche, Acebes comunica la existencia de un video en el cual se reivindica la matanza por parte de Al Qaeda.
Desde ese momento, ya no se podía seguir mintiendo a la población; la suerte estaba echada, en muy pocas horas -según el periódico El País, de Madrid- el 8 por ciento del electorado decidió votar contra Aznar y lo que él y su camarilla representaba.
 
El juego de la mentira
 
Obvio es aclarar que, insistentemente, los mensajes oficiales eran transmitidos por todos los canales y radios de España, aunque algunos de ellos desde un principio sospecharon que los responsables no estaban donde sostenía el Gobierno. Como decíamos al principio de esta nota, la mentira tiene patas cortas y -esta vez- ni siquiera les alcanzó para llegar al día de las elecciones. Al contrario, les jugó en contra, ya que el pueblo no es tonto y supo distinguir la verdad de la mentira.

Mas, en este juego de mentir, Aznar no estuvo solo, fue bien acompañado por sus cómplices Bush y Blair, que también han sido objeto de investigaciones acerca de las mentiras que les vendieron a los habitantes de sus países. La situación de Bush y de Blair, en su asociación ilícita para delinquir en Afganistán y en Irak, es por demás conocida y ellos -muy seguramente- encontrarán su Apocalipsis en las próximas reválidas electorales, aunque este sería tema de prognosis y, en consecuencia, prefiero abocarme a quien encontró su Waterloo recientemente en España, luego de los repudiables atentados terroristas del 11 de marzo en Madrid. Por ello continuaré poniendo el acento en lo ocurrido en España, tras tan trágica experiencia. Esto no significa, en este escrito, que no deje de atender los avatares que están sacando de sus casillas a sus cómplices de la alianza delictiva, ya que ellos, junto con Berlusconi -y otros socios menores, oportunistas- conforman un conjunto político y económico que resulta indisoluble a la hora del análisis al que estamos abocados.

Pues bien, a poco de conocerse los hechos, los españoles sintieron que eran manipulados -a través de los medios- por el gobierno que no dejaba de repetir -insistentemente no solo por sus voceros, sino por los periodistas de canales de televisión que repetían "ETA, ETA"- que la autoría del episodio se atribuía a la organización terrorista vasca. El sentimiento que los atravesaba era que estaban siendo manipulados y esto alcanzó su ápice en la manifestación que el Gobierno convocó para la tarde siguiente, cuando millones de personas se reunieron en las ciudades, pueblos y villas para expresar su repudio. Muchos manifestantes acudieron a la cita con carteles -usados en ocasiones de actos terroristas con el sello de la organización vasca- donde expresaban "ETA No". Mas, a poco de iniciados los actos de repulsa, los carteles fueron bajando, debido a que para entonces se tenían serias sospechas de que ETA no había participado y que lo más probable era que hubiese sido provocado por alguna organización terrorista internacional.

El clima psicosocial giró notablemente, no se trataba solo de la repulsa, sino que también se agregó la bronca de saber que se estaba utilizando, desde el Gobierno, un acto infame en favor de volcar una masiva votación a sus intereses en las elecciones que tendrían lugar cuatro días después. Esto, pese a que en pocas horas habían evidencias que demostraban que el atentado había sido de fundamentalistas islámicos y se sabía que:
a) ETA rechazaba desde sus voceros cualquier participación en ellos; y
b) Al Qaeda emitió -desde Londres y en árabe- un comunicado en que se responsabilizaba por los atentados, advirtiendo a Occidente que éste no sería el último.

Pero, insisto, la mentira tiene patas cortas y la gente de a pie sospechó que ETA no participó en estos hechos terroristas. Ellos llevaban el sello de Al Qaeda, la organización de Osama ben Laden que declaró la guerra contra los países occidentales que apoyaron a Bush en la invasión a Afganistán y que lo secundaron en la posterior invasión al pueblo irakí, a la que el triunfante dirigente del PSOE, Rodríguez Zapatero, definió sin eufemismo alguno, como una guerra por si acaso.

La acción terrorista de Al Qaeda tuvo sus frutos: no solo sembró el pánico entre la población española -objetivo principal de los ataques terroristas de tales organizaciones- sino que obtuvo un resonante éxito a diferentes puntas en la política internacional. En el espacio limitado de este informe -ya que también se tendría que hacer referencia a las graves consecuencias políticas internas que están sufriendo los gobiernos de Bush y Blair de puertas adentro, como asimismo la movida que ha habido en los realineamientos de alianzas- solamente me abocaré a algunas de las consecuencias que han tenido los atentados en Madrid y su manipulación gubernamental.
 
Vuelco del resultado electoral
 
De tal suerte, digamos algo que es más que conocido por el público que modificó de modo sustancial el panorama político español, dando lugar a un vuelco en las preferencias electorales en relación a menos de 72 horas. Ocurre que para la fecha de las elecciones, el gobierno se olvidó que un año antes una cifra cercana al 90 por ciento de la población se manifestó en multitudinarias marchas repudiando que España enviase tropas a Irak, que formaba parte de una coalición que iba a contrapelo de lo resuelto por las Naciones Unidas. Así, la ciudadanía reconoció que si los atentados -como la marcha de las investigaciones por organismos de inteligencia nacionales y euronorteamericanos lo confirmaba en un secreto a voces- eran obra de Al Qaeda, entonces debían expresar su repudio al gobierno no solo en las calles, sino en las urnas a las que estaban convocados. Ya no se trataba de continuar con un modelo, que a algunos les había llevado prosperidad, sino que el propósito era terminar con el modelo que los había conducido a una guerra no deseada. Eso sucedió. En 48 horas, el PSOE invirtió la tendencia electoral previa y sacó unos seis puntos de diferencia sobre el PP. Esto lo logró con la modificación de la dirección del voto de los electores indecisos y -sobre todo- logrando romper con la abstención ciudadana prevista. Una victoria pírrica, pero victoria al fin, que tuvo la virtud de terminar con un régimen que hizo oídos sordos al reclamo popular.

Y he aquí un principio elaborado por Maquiavelo, que tiene una presencia inusitada para el caso que nos ocupa. Los que pretenden ser grandes en política no deben olvidar que la grandeza de los pueblos está por encima de sus deseos. En su momento -hace ocho años- Aznar le pidió a su pueblo que le creyera y éste le creyó. Usó la confianza de su pueblo pensando que ella era ilimitada y llegó al colmo de criminalizar a quienes no pensaban como él, ya que seguía sin escuchar los reclamos que venían desde abajo de la pirámide del poder. La mentira, la manipulación, son hijas de la arrogancia y la soberbia, las que lo llevaron a distanciarse de sus amigos de la Unión Europea, para lo cual debió crear nuevos lazos de amistad con aquellos que no eran amigos del pueblo que gobernaba. Así fue como lo defraudó y perdió su confianza, al punto tal que -cuando convocó al pueblo a manifestarse masivamente- aquél continuó creyéndole presa del dolor que convocaba a unos y otros, sin diferencias partidarias. Pero siguió mintiendo y, entonces, el pueblo advirtió la maniobra espuria y tomó la única arma que en un sistema democrático se puede usar contra los manipuladores: la boleta electoral y así el pueblo se engrandeció, empequeñeciendo a los que los estaban utilizando.

El segundo éxito de Al Qaeda tiene -al menos- dos puntas en la política internacional. El primero fue advertir que no estaba desarticulado, como quiso hacerlo creer la prensa occidental con las mentiras bajadas desde la Casa Blanca y, en consecuencia, podía repetir actos semejantes en cualquier parte. El segundo éxito -que espera confirmación- fue un tiro por elevación hacia las elecciones en los Estados Unidos para noviembre próximo; funciona como advertencia a los norteamericanos, que el modelo belicista de los halcones que acompañan a las delirantes pretensiones mesiánicas de Bush no funciona para combatir al terrorismo. Es hora de abandonar las armas y negociar, término éste que solamente se utiliza para hacer negociados por parte de los empresarios capitalistas, con la complicidad pública o encubierta de los políticos del establishment, pero que no se lo usa, habitualmente, en las mesas de negociaciones políticas para zanjar diferencias entre partes aparentemente irreconciliables.

Bush apunta a su reelección y, luego del 11M no puede dejar de leerlo como un llamado de atención para la forma en que conduce la política exterior de los Estados Unidos. Debiera ser más que débil mental no asociar la derrota de Aznar, con el apoyo armado brindado a Bush en la invasión a Irak, como un voto castigo a un aliado incondicional. El triunfo de Rodríguez Zapatero complica la situación de Bush en el frente interno, ya que aquel aseguró -luego de su resonante triunfo- que hará regresar a los 1.300 soldados españoles de Irak, con lo cual Bush deberá reforzar ese frente con fuerzas propias. Lo que los norteamericanos no aceptan.

Aznar -al igual que la Alemania de Hitler y los nazis- llegó al gobierno hace ocho años acompañado de una enorme cantidad de votos, mientras que el dictador alemán arribó al poder acompañado por una inmensa mayoría de votantes que le dieron su apoyo, tuvo la ocurrencia de aliarse a la política internacional de Bush en busca de un supuesto arsenal de armas de destrucción masiva en Irak. Pero esas malditas armas -aquí vale la demonización- que desvelaron a la población mundial durante cuarenta años, volvieron a aparecer. Ya no en el plano de la realidad concreta, objetiva y tangible como lo fue antes, sino en el de las fantasías que alimentaron las afiebradas mentalidades paranoides de quienes se convirtieron en los mandamases de la política y la economía mundial.
 
El pueblo no tragó la mentira
 
Para el caso español que nos ocupa, se puede afirmar que los pueblos que no pasan intensas necesidades básicas -alimentarias, educativas, de salud, etc.- no están encadenados a las prácticas clientelistas que alientan la corrupción política entre los necesitados de ayudas; por eso la ciudadanía española primero se alarmó y luego se indignó. Indignación que en principio se dirigió contra los que realizaron los atentados, mas, rápidamente tomó otro rumbo: fue hacia quienes pretendieron manipularlos como si fuesen títeres, cuyos piolines se manejaban desde la Moncloa. No les deben favores para sobrevivir indignamente y viraron sus preferencias electorales. Primó un carácter ético por encima de un criterio pragmático.

A su vez, a lo del pragmatismo se lo puede observar en las diferentes formas electorales que se tuvieron para deslegitimar al gobierno que había mentido y manipulado información a primera hora y que lo había hecho antes en distintas ocasiones. Existían múltiples ofertas electorales, se lo pudo hacer desde el abanico que va de la Izquierda Unida a los partidos regionales y, salvo el caso de Izquierda Catalana, el resto no ganó escaños, sino que perdió algunos que tenía en el anterior parlamento.

Otro tanto ocurrió con militantes de algunos de los partidos regionales, los que prefirieron asegurar la formación de un gobierno enfrentado a Aznar, sin especular para afirmar con su protagonismo el objetivo de esa mayoría que quiso ver cuanto antes el alejamiento de un gobierno que los había manipulado a última hora, sobre la congoja de los cadáveres emergentes de los atentados terroristas.

En definitiva, lo que quiero significar es que, en el caso presentado, los gobernantes españoles actuaron por dentro de uno de los signos más perversos de la contemporaneidad, cual es el fanatismo, semejante al de los terroristas -aunque encubiertos por la legitimidad del poder- que tanto daño hizo a la historia de la humanidad y que en plena época de transportes espaciales, de desciframiento del genoma humano, de la cibernética, etc., ha retornado con fuerza suficiente como para testimoniar hasta qué punto lo humano puede moverse de un extremo a otro, desde la sabiduría a la brutalidad, esta vez esta última expresada desde el terrorismo masmediático de Estado.
 

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