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Diseñando el
lenguaje para el ciberperiodismo
- Los cibermedios han tomado prestados
de sus predecesores, sobre todo de la prensa, los géneros
y los estilos periodísticos
En 2004 se cumplen diez años desde que los primeros medios
hicieron su aparición en Internet. Esta década
ha supuesto una de las mayores sacudidas experimentadas por la
prensa en toda su historia. Ciertamente, no cabe considerar de
otro modo a la emergencia de una nueva plataforma para la información,
que ha venido a trastocar las más esenciales características
de la profesión periodística. Desde que los periodistas
conviven con (y en) Internet, la investigación, producción
y difusión informativas han evolucionado de raíz.
Incluso los propios perfiles del periodista, el medio y hasta
el público han experimentado también mudanzas radicales.
Sin embargo, hay un ámbito en el cual apenas se ha comenzado
a dar los primeros pasos: el lenguaje ciberperiodístico.
Al igual que hicieron
la radio y la televisión en sus inicios, los cibermedios
han tomado prestados de sus predecesores, sobre todo de la prensa,
los géneros y los estilos periodísticos. Tipos
de texto como la noticia, la entrevista, el reportaje, la crónica
o la columna de opinión han encontrado nuevo acomodo en
los cibermedios. De igual modo, el estilo impersonal, la estructura
del titular y texto, y la pirámide invertida se han trasladado,
entre otras rutinas del estilo informativo clásico, a
las publicaciones digitales. Pero este solo ha sido el punto
de partida.
Desde estas formas heredadas de codificación de los mensajes
informativos, los cibermedios han comenzado a diseñar
un lenguaje propio, que aspira a aprovechar las posibilidades
propiciadas por la nueva plataforma digital. Y esa plataforma
ofrece unas nuevas claves lingüísticas que los periodistas
deberán aprender a utilizar. Veamos cuáles.
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- Tres retos comunicativos
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- La configuración de un nuevo lenguaje
para los cibermedios pasa por incorporar, sobre todo, tres novedosos
ingredientes para el periodismo: multimedialidad, hipertextualidad
e interactividad. Por las características de sus respectivos
soportes, la prensa, la radio y la televisión no han contado
hasta ahora con la posibilidad de difundir informaciones hipertextuales,
multimediáticas e interactivas. Para conseguirlo, era
necesaria una condición tecnológica añadida:
un soporte digital y la posibilidad de conectar a los interlocutores
del proceso comunicativo (periodistas y público) mediante
redes. Esta posibilidad llegó hace una década de
la mano de Internet. Gracias a esta plataforma tecnológica,
han nacido y crecido miles de cibermedios que han comenzado a
aprovechar las nuevas posibilidades lingüísticas.
Pero nos hallamos solo al principio del camino. Se equivocan
quienes piensan que los géneros y formatos que encontramos
hoy en los más avanzados cibermedios son lo máximo
a lo que se puede aspirar. Es como si, a finales de los años
1950, un televidente pensara que el cénit del lenguaje
televisivo fueran las telecomedias, documentales y magazines
en blanco y negro de entonces. Medio siglo después, sabemos
que el medio televisivo da para muchísimo más (aunque
no pocas veces algunos programas actuales se encuentren muy por
debajo de la calidad de aquellos). El lenguaje ciberperiodístico
apenas ha dado sus primeros balbuceos y compete a los periodistas
diseñar un nuevo idioma de la información. Y, como
ya hemos dicho, se dibujan tres retos esenciales en el horizonte:
multimedialidad, hipertextualidad e interactividad.
¿Qué necesitan los periodistas para enfrentarse
al primer reto de la multimedialidad? De entrada, un elevado
conocimiento del código escrito y del código audiovisual.
Durante años se ha establecido una frontera entre los
periodistas de la palabra y los periodistas de la imagen. Entre
los de la máquina de escribir y la cámara. Esta
división carece ya de sentido en los cibermedios. Ahora,
un periodista debe saber contar una historia indistintamente
con palabras, con imágenes o con sonidos; es el reto de
la multimedialidad. Debe saber cuándo una noticia reclama
un protagonismo del texto y cuándo, por el contrario,
una imagen o un sonido hacen que sobren mil palabras. Más
aún: llegado el caso, debe saber contar la historia con
textos, imágenes y sonidos a la vez. El desarrollo del
lenguaje multimedia, en suma, no tiene que ver tanto con el dominio
tecnológico de ciertos programas o aparatos informáticos,
como con la capacidad de articular formas de expresión
periodística que, hasta la fecha, los periodistas han
mantenido alejadas unas de otras.
Segundo reto: la hipertextualidad. O sea, la capacidad propiciada
por la red de organizar estructuras discursivas, lineales y no
lineales, mediante unidades de contenidos multimediáticos
(textos, imágenes y/o sonidos). Los periodistas deben
aprender a aprovechar las posibilidades hipertextuales de la
red para imprimir mayor profundidad y riqueza narrativa a sus
informaciones. Esto no significa solo que se acostumbren a incluir
enlaces en sus textos, práctica que ha comenzado a extenderse
entre los cibermedios. Esta práctica apenas pasa de ser
un modesto paso inicial. El verdadero aprovechamiento del hipertexto
implica aprender a disponer de manera estratégica las
unidades de contenido o nodos para articular un discurso coherente,
completo y hasta múltiple. Gracias al hipertexto, el periodista
puede proponer a sus lectores diversos itinerarios de lectura,
a semejanza de lo que, por ejemplo, Julio Cortázar ideó
en Rayuela, o lo que ya nada menos que en el siglo XVIII adelantó
Laurence Sterne con su peculiar novela Vida y opiniones del caballero
Tristram Shandy. Con el hipertexto, el periodista propone pero
el lector dispone. El primero sugiere caminos posibles, pero
corresponde al segundo decidir su itinerario particular de lectura.
Aprender a convivir con esta creciente capacidad decisoria del
lector será otro de los retos para los periodistas.
Y, muy ligado a esto, emerge el tercer gran reto: la interactividad.
Los medios clásicos se han malacostumbrado a ser altavoces
solo de su propia voz. Son esencialmente unidireccionales: entienden
su labor como simple transmisión de informaciones y opiniones
a públicos inertes. En la red, este monopolio de la palabra
se ha roto. Como demuestran los pujantes fenómenos de
los weblogs y los foros, hoy, cualquier persona tiene posibilidad
de difundir sus mensajes a públicos diversos. En su relación
con los cibermedios, tienen asimismo mayor capacidad de elección
y de respuesta. Y la usan. Saber escuchar y prestar la voz a
estos nuevos lectores activos y exigentes es quizá la
última gran lección que deberán aprender
los nuevos periodistas.
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- Nacen nuevos géneros
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- La combinación experimental de
estos ingredientes ha comenzado a dar sus primeros frutos.
Ya en 2001, la tragedia del 11-S contribuyó a que algunos
cibermedios experimentaran por primera vez con productos multimediáticos
que integraban de manera simultánea textos, imágenes
y sonidos.
Ahí tenemos, por ejemplo, el reportaje The Darkest Day,
que puede verse en la siguiente direccion del web http://www.msnbc.com/modules/wtc_terror_experien-
ce/default.asp. Fue producido por MSNBC, apenas cinco días
después de los ataques a los Estados Unidos, y ofrecía
un relato sobrecogedor de los atentados, combinando los diversos
códigos comunicativos.
Siguiendo este modelo, en el ámbito hispano han destacado
durante los últimos años medios como el argentino
Clarín.com, quien ha publicado novedosos especiales multimedia,
como el relacionado con los Piqueteros en http://www.clarin.com/diario/especiales/piqueteros
o el denominado La frontera más caliente en http://www.clarin.com/diario/especiales/especial_sierra_mexico.
Otro género que ha reflejado, especialmente, el desarrollo
del lenguaje multimediático ha sido la infografía
digital. Aparecida en los cibermedios hacia 1998, la infografía
en Internet ha pasado de ser una mera traslación de gráficos
estáticos, previamente elaborados para el soporte impreso,
a ser un género específico que aprovecha a fondo
las posibilidades de integración textual, icónica
y sonora de la Web.
De hecho, la infografía digital no solo se ha convertido
en un banco de pruebas para la multimedialidad. También
se ha tornado en uno de los más fecundos laboratorios
para el hipertexto periodístico. Ciertamente, los infográficos
nos brindan hoy algunos de los ejemplos más avanzados
de relatos informativos, compuestos mediante estructuras hipertextuales,
tanto lineales como no lineales. Podemos encontrar fabulosos
ejemplos en las áreas multimedia de cibermedios como NationalGeographic.com,
The New York Times on the Web, Elmundo.es, Elpaís.es y
muchos otros.
Por último, la interactividad también se abre paso
en los géneros ciberperiodísticos. Además
de los ya veteranos foros de lectores, en los últimos
años descuellan formatos periodísticos en los que
el lector tiene una participación directa. Así,
los cibermedios actuales nos ofrecen entrevistas digitales, en
las que los lectores plantean las preguntas; sondeos y encuestas,
donde los lectores votan; áreas de comentarios, donde
se expresan opiniones a propósito de informaciones específicas,
y muchas otras variantes. En España, la sección
Participación de Elpaís.es o, desde otra perspectiva,
la red de cibercomunidades, mantenida desde la revista digital
En.red.ando, son ejemplos excelentes, entre muchos otros, de
las posibilidades de la interactividad aplicada a la información
periodística cotidiana.
Cabe señalar, asimismo, la creciente influencia de la
información de última hora, como factor añadido
para la evolución de los géneros ciberperiodísticos.
El protagonismo que asignan los cibermedios a la información
en vivo está propiciando el desarrollo de géneros
nuevos, como las crónicas simultáneas herederas
del lenguaje radiofónico, y profusamente utilizadas, por
ejemplo, para la narración en directo de acontecimientos
deportivos; las crónicas con formato weblog que,
minuto a minuto, permiten relatar de manera cronológica
y acumulativa acontecimientos de todo tipo; los flashes informativos
para reseñar noticias de ultimísima hora, y tantos
otros.
- Retos pendientes
-
- Estos nuevos géneros constituyen
solamente el despertar de un nuevo lenguaje periodístico.
Con ser muchos los avances, apenas se han dado los primeros pasos
en el camino que tendrá que recorrer el periodismo en
busca de nuevas formas de expresión para el ciberespacio.
Los nuevos periodistas, y también quienes nos dedicamos
a estudiar las claves del ciberperiodismo, estamos obligados
a realizar un esfuerzo de creatividad para no repetir, sin más,
viejos formatos. Estructuras discursivas, como la pirámide
invertida, nacieron hace ya más de un siglo y tuvieron
razón de ser en circunstancias muy distintas a las del
nuevo periodismo hipertextual. Nada tienen que ver, en verdad,
el viejo telégrafo y la linotipia, con las modernas redes
interactivas y las plataformas multimedia. Por lo tanto, tratar
de perpetuar acríticamente aquellas rutinas antiguas,
sin plantearse siquiera si cabe renovarlas lo que no implica
necesariamente rechazarlas para aprovechar las posibilidades
comunicativas que descubre el ciberespacio, es una renuncia torpe
y arriesgada. Y es que los medios se arriesgan nada menos que
a perder definitivamente a su futuro público, formado
por los jóvenes de hoy, acostumbrados al lenguaje audiovisual
y a los contenidos lúdicos e interactivos.
Las señales de movimiento en los medios son, sin embargo,
todavía muy escasas. Por ejemplo, apenas existen en los
medios iniciativas tan necesarias como libros de estilo específicos
para sus ediciones en la Web. De hecho, quien esto escribe solo
tiene conocimiento de una iniciativa de esas características
en el mundo hispano, a cargo del diario El Tiempo (Bogotá,
Colombia). En el mundo anglosajón tampoco abundan precisamente
este tipo de iniciativas, si bien revistas como Wired o la agencia
de noticias Associated Press cuentan ya con manuales de estilo
específicos para sus contenidos en Internet. Desde el
mundo de la Universidad, algunos profesores hemos tratado humildemente
de aportar también nuestro grano de arena con la reciente
edición del primer Manual de redacción ciberperiodística
(Barcelona: Ariel, 2003, 597 págs.).
Todas estas aportaciones, qué duda cabe, son importantes
y necesarias. Pero no bastan. El reto de diseñar un nuevo
lenguaje para el periodismo del siglo XXI es demasiado grande
como para contentarse solo con ellas. Y es un reto que ya está
llamando a la puerta.
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Una investigación efectuada en abril
por el diario El Tiempo de Bogotá, Colombia, sobre el
trabajo en las redacciones de los periódicos digitales,
arrojó, entre otros, los siguientes resultados:
· El trabajo de los periodistas
digitales se enfoca a la edición y a la redacción,
muy poco a realizar notas en los lugares donde ocurre la noticia,
y aunque los cronistas no tienen formación académica
en esta especialidad, desean adquirirla, en particular en cuanto
a la creación de productos multimedia.
· La mayoría de las empresas
que emplean a estos periodistas asegura que los ingresos que
generan sus páginas on line no les alcanzan para mantener
su operación, por lo que se han planteado en algún
momento cobrar por sus contenidos.
· El 68 por ciento de los periódicos
digitales son manejados por ocho o menos periodistas, lo que
representaría, en la mayoría de los casos, entre
el 5 y el 10 por ciento de la redacción total.
Solo el 10 por ciento de las páginas
web de periódicos latinoamericanos dice actualizar sus
noticias 24 horas al día y el 61 por ciento lo hace entre
15 y 20 horas. Durante el fin de semana, solo el 5 por ciento
actualiza las 24 horas, mientras que el 67 por ciento lo hace,
pero en menos cantidad de horas y el 9 por ciento afirma que
no renueva sus noticias. Por su parte, el 78 por ciento actualiza
su sitio cuantas veces sean necesarias.
· La mayoría de los periodistas
on line que trabaja en los diarios latinoamericanos tiene entre
20 y 30 años de edad.
· La mayor parte de los editores
de estos periódicos cree que son percibidos como de menor
nivel por sus colegas de la edición impresa. Esto se refleja
en los datos que señalan que casi la mitad, el 49 por
ciento, de los periodistas de las ediciones digitales de los
diarios gana menos que los periodistas de las ediciones de papel,
mientras que el 43 por ciento gana igual.
· Más de la mitad de los
periodistas digitales (el 53 por ciento) no tiene formación
académica en periodismo digital. Del 47 por ciento restante,
el 17 por ciento obtuvo capacitación fuera del país,
mientras que el 30 lo hizo en su país de origen.
· El 70 por ciento de los responsables
de este tipo de diarios cree que su mayor necesidad en términos
de capacitación es la creación de productos multimedia;
la segunda, cómo escribir para Internet. Además,
solo el 43 por ciento ofrece capacitación interna sobre
periodismo digital y ésta se ofrece apenas entre una y
tres veces al año.
· La mayoría de los periodistas
digitales cree que su principal actividad es la edición
y redacción de textos y no el desarrollo de productos
multimedia. El 91 por ciento dice que edita de alguna forma los
cables internacionales y el 78 por ciento dice no reescribir
los textos de su edición impresa.
· Las ediciones digitales concentran
la mayor cantidad de su contenido propio en: noticias calientes,
entretenimiento, deportes y tecnología.
· El 43 por ciento de los sitios
web de noticias utiliza audio y vídeo. De ellos, la mitad
lo hace en forma sistemática; la otra, solo para proyectos
especiales
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