Revista Chasqui
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Alfonso Navarro Bernachi, periodista y diplomático. Actual secretario para Asuntos Políticos y de Prensa de la Embajada de México en el Ecuador
Correo-e: navarropliego@hotmail.com

FOX Una visión diferente

    Hablando de México resulta más justo el término "evolución" y no "transición" democrática
     
    Hasta hace una década los mexicanos desconocían la incertidumbre política

    El triunfo de Vicente Fox en las elecciones presidenciales del 2 de julio pasado ha planteado, entre otras, la interrogante de si es posible que en México ocurra una transición pacífica en el poder, considerando que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y sus antecesores han ocupado la Presidencia de la República hasta el 30 de noviembre próximo y desde 1929.
    Ello es relevante al observar que recientemente y bajo el tamiz de la "agenda global", el sistema político mexicano comenzó a ser objeto de escrutinio público interno y externo, tanto por sus características como por su impacto en el desarrollo del país en diversos ámbitos: derechos humanos, modernización, participación de la sociedad civil y relaciones con la comunidad internacional, entre otros.
    Si bien no al ritmo deseado por muchos, la existencia y posibilidad de dicho escrutinio se debe, precisamente, a la propia evolución democrática del país.
     
    Evolución y no transición
     
    Hablando de México resulta más justo el término "evolución" y no "transición" democrática, pues el Gobierno del Presidente Ernesto Zedillo y los que lo antecedieron desde 1929 surgieron y han ejercido el poder sobre la base de instituciones esencialmente democráticas, a diferencia del régimen de Francisco Franco en España, por citar el caso con el que ha sido usual comparar al sistema político mexicano.
    El matiz se da porque los partidos Nacional Revolucionario (PNR) y de la Revolución Mexicana (PRM), respectivamente "abuelo" y "padre" del PRI, ajustaron sus respectivos idearios políticos y estrategias electorales a las exigencias de las diversas etapas del desarrollo de México, ora incorporando a los caudillos de la Revolución de 1910, ora propiciando la oscilación política pendular entre sus propias filas, ora identificándose con las pujantes clases medias urbanas de los ochenta.
    Otras fuerzas políticas
    Variopintas fuerzas políticas también desempeñaron un papel en esta evolución, desde el Partido Comunista Mexicano (PCM) fundado en 1919 y que accedió al Congreso luego de la reforma política de 1977, hasta el Partido Acción Nacional (PAN) surgido en 1939 al calor del debate ideológico sobre el modelo social y económico que debía seguir el país y que en virtud de un persistente trabajo político se convirtió en opción real de poder desde 1989.
    La importancia de estas transformaciones generalmente pasó a segundo plano ante la presencia, en el escenario político mexicano, de un partido predominante, mas no único.
     
    Así, los mexicanos, sus organizaciones y sucesi-
    vos gobiernos y legislaturas fueron preparando el camino que ha desembocado en la actual circunstancia política y social, de manera gradual aunque no exenta de sobresaltos, tales como los sucesos de Tlatelolco en 1968, las reñidas elecciones federales de 1988 o la irrupción violenta en Chiapas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994.
    Si bien es cierto que hasta hace una década los mexicanos desconocían la incertidumbre política, como dato consustancial a su régimen electoral, también lo es el hecho de que a partir del 1 de diciembre próximo el Gobierno del Presidente Vicente Fox podrá capitalizar a su favor los saldos del dilatado y único (por propio) proceso de perfeccionamiento democrático del país.
     
    Histórica jornada
     
    La histórica jornada del 2 de julio configuró el mejor de los escenarios posibles para México
     
    La histórica jornada del 2 de julio configuró el mejor de los escenarios posibles para México: elección conducida por una entidad ciudadana (IFE) con criterios de legalidad, certidumbre y transparencia; amplia y activa concurrencia a las urnas; reconocimiento casi inmediato de todos los candidatos a los resultados preliminares oficiales difundidos la misma noche de los comicios; pública expresión de respaldo del Jefe de Estado al ganador y persistencia de un clima de paz social antes, durante y después de las elecciones.
    Así y más que por el lado de una Trasmisión de Mando con contratiempos, los retos inmediatos y mediatos de México tendrán que ver con la capacidad del próximo Gobierno para dialogar, negociar y concertar con un Poder Legislativo (bicameral) en el que no cuenta con mayoría.
    La tarea del nuevo Presidente
    Asimismo, el Presidente Fox tendrá sobre sus hombros el peso de la expectativa de los millones de ciudadanos que le entregaron su voto y de los millones más que están dispuestos a apoyar a su próximo Gobierno. Si no soluciones mágicas, una buena parte de esos mexicanos esperan cuando menos una acción gubernamental digna de ser ratificada en las elecciones de medio periodo en el 2003 y, desde luego, en las presidenciales del 2006.
    En este sentido, ciudadanos, organizaciones sociales, medios de comunicación y partidos políticos están llamados a conducirse con madurez cívica, propiciando el necesario escrutinio público de las autoridades, al tiempo de procurar que la evolución y el perfeccionamiento democrático de México se siga dando por la vía del diálogo, la participación y la paz. En esas dos variables radica el principal reto político de México.
 

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