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La prensa en el referendo venezolano
Andrés Cañizález
En lo mediático,
el Centro Carter jugó papel clave para que se llegara
a un acuerdo, a favor del equilibrio informativo en la campaña
electoral previa al referendo
Como era de esperarse, la sola
realización de una consulta electoral en Venezuela no
ha significado el fin de la crisis política. Las autoridades
del Consejo Nacional Electoral (CNE), con el aval de la Organización
de Estados Americanos (OEA) y del Centro Carter, confirmaron
el triunfo de Hugo Chávez el pasado 15 de agosto en el
inédito referendo revocatorio del mandato presidencial.
Con los resultados obtenidos, el presidente venezolano culminará
su mandato en 2006. Con el 59 por ciento de los votos a favor
y 41 por ciento en contra, la tendencia de división social
parece inalterable: los pobres están con el jefe de Estado
y quienes lo rechazan, en su mayoría, están en
los estratos medios y altos. De hecho, esta proporción
de porcentajes es casi la misma con la que Chávez fue
electo por primera vez en 1998 y relegitimado en 2000, la gran
diferencia en esta oportunidad ha sido la menor abstención
(en torno a un 25 por ciento, cuando tenía una media histórica
de 40 por ciento), lo cual quiere decir que se movilizaron más
personas, de lado y lado. Sin embargo, las primeras reacciones
de desconocimiento mutuo, entre gobierno y oposición,
presagian un período de ausencia de diálogo político
y de conflictividad, tal como venía sucediendo en los
dos años previos al referendo. Se trata pues de la polarización
después de la polarización.
En lo estrictamente mediático, el Centro Carter jugó
papel clave para que se llegara a un acuerdo, a inicios de julio,
a favor del equilibrio informativo en la campaña electoral
previa al referendo. En este acuerdo participaron propietarios
de medios privados, directivos de medios estatales, autoridades
electorales y altos dirigentes del gobierno. Decir que se logró
un acuerdo político, de alto nivel, con el fin de que
los medios se comprometieran al equilibrio, es clara demostración
de los tiempos que se viven en Venezuela. Con contadas y no significativas
excepciones, este acuerdo se hizo realidad y fue monitoreado
por un equipo de especialistas durante cuatro semanas. El día
siguiente al referendo, después de que en horas de la
madrugada se conociera el primer resultado de la consulta que
daba como ganador a Chávez, y de que la opositora Coordinadora
Democrática denunciara fraude, todo volvió a ser
como de costumbre. Significativos medios de comunicación,
de forma sistemática, pasaron a ser voceros de las posiciones
de la oposición y en el tratamiento informativo han excluido
la posibilidad de encontrar razones políticas, sociales
y económicas que le dieran el triunfo al populista presidente
venezolano.
La
polarización ha tenido un correlato mediático,
pues también medios y periodistas se han atrincherado
en posiciones que excluyen la posibilidad de entender al otro
Caminando en la polarización
En los últimos dos años,
de forma especialmente dramática, se ha hecho evidente
en Venezuela una profunda polarización. Si bien existen
otras múltiples posiciones, y de hecho ha crecido un llamado
tercer sector en medio del conflicto, también resultaría
ingenuo no percatarse que dos expresiones políticas se
han radicalizado en torno a la figura del presidente Hugo Chávez,
quien es odiado o amado, en ambos casos de forma visceral, de
acuerdo con la acera política en la que se esté
ubicado.
En las encuestas previas al
referendo revocatorio se evidenciaba el sector de los llamados
ni-ni, aquellos que marcan distancia de radicales posturas de
gobierno y oposición, y que se ubicaban entre 30 y 40
por ciento de los venezolanos en edad de votar. Sin embargo,
una consulta de este tipo, en torno a solo dos opciones cerradas,
pareció inclinar la balanza mayormente a favor de Chávez.
La polarización ha implicado
un desconocimiento del otro, en cuanto sector político
con posturas igualmente legítimas, y el discurso de dirigentes,
tanto de gobierno como de oposición, no tiene la capacidad
de tender puentes con quienes militan en las filas adversas.
La polarización ha tenido un correlato mediático,
pues también medios y periodistas se han atrincherado
en posiciones que excluyen la posibilidad de entender al otro
y, en un prolongado círculo vicioso, la parcialidad política
de los medios privados es respondida por una igualmente toma
de partido extrema en los medios estatales, así como de
acciones o discursos oficiales que colocan en el terreno enemigo
a las principales empresas mediáticas del país.
En sociedades polarizadas,
como la venezolana de este inicio del siglo XXI, cada sector
político cree tener la verdad y excluye cualquier puente
de entendimiento con el adversario. Es imposible que se comparta
la mesa con aquel que antes se llamó dictador o enemigo
de la patria. Los medios, en estos contextos, no solo reproducen
el discurso político excluyente, sino que a la par, al
ser parte intrínseca del conflicto, construyen una agenda
periodística-simbólica que refuerza el desconocimiento
del otro. En el caso venezolano, de forma adicional, la fractura
que siguen viviendo los partidos políticos (incluido el
del presidente Chávez, el Movimiento V República),
hace mucho más dependiente a la estrategia política
de su dimensión comunicacional, pues no existen canales
formales partidistas que permitan, o bien transmitir decisiones
desde la cúpula o bien recoger demandas desde las bases.
La acción política del jefe de Estado es esencialmente
mediática, en cuanto se construye desde los medios, principalmente
del Estado, pero también con un uso abusivo de las cadenas
presidenciales.
Andrés Cañizález, venezolano, profesor de la Escuela
de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela
(UCV) e investigador asociado del Centro de Derechos Humanos
de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).
Correo-e: andres@derechos.org.ve
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