Sondeos de opinión
¿El fracaso del
oráculo?
- Las elecciones se han convertido en
la confrontación audiovisual de unos líderes que
personalizan el partido, las ideas, los programas
A diferencia del resto de las democracias occidentales, España
estructura su sistema político y consolida su sistema
de partidos desde pautas que lo van a convertir en un sistema
peculiar. Nos referimos a la implantación del sistema
democrático con unos medios de comunicación de
masas modernos, sobre todo, la televisión. Este elemento
va a ser decisivo en la construcción de los partidos políticos
que pasarán de clandestinos a partidos de masas con tendencias
catch-all, de los liderazgos, de la personalización de
las campañas electorales y la deriva de unas elecciones
parlamentarias a una mecánica de elección presidencialista.
Estos rasgos distintivos van a marcar el sistema de partidos
español.
Las elecciones se han convertido en la confrontación audiovisual
de unos líderes que personalizan el partido, las ideas,
los programa. El sistema de partidos es el resultante de esta
confrontación mediática donde prima el político-seductor,
el político-mediático ante el político clásico.
Pero antes de entrar en el análisis de los sondeos y de
sus influencias, se debe enmarcar el sistema de partidos español
y sus características, para situar mejor el contexto donde
se ubican la opinión pública y el electorado.
-
- El debate sobre el sistema de partidos
-
- El sistema de partidos español
y su evolución han fijado la alternancia en el sistema
político en tres períodos: UCD, PSOE y PP. Si en
el primer período, que podríamos denominar de la
transición, la UCD es el partido que obtiene la mayoría
relativa en las dos elecciones de 1977 y 1979, configurando un
sistema de pluralismo limitado y centrípeto, la victoria
del PSOE en 1982, inaugura la fase de consolidación y
de implantación de un sistema de partido predominante,
para iniciar, desde 1996, un nuevo ciclo político de normalidad
democrática y de sistema de partidos que se deberá
definir en las próximas elecciones, aunque el PP ha pasado
de obtener una mayoría relativa (1996) a conseguir la
mayoría absoluta (2000).
Desde la consolidación del sistema democrático
en España, se ha debatido la naturaleza del sistema de
partidos. En el plano analítico, la importancia de la
conceptualización radica en el hecho que, en primer lugar,
responde al grado de polarización del electorado de las
diversas zonas y, en segundo lugar, y como consecuencia de lo
anterior, que permite examinar las bases de la competencia entre
partidos.
La discusión se centra sobre si las Comunidades Autónomas
tienen un sistema de partidos propio con sus características
o, en cambio, son un sub-sistema del sistema de partidos español,
con el mismo tipo de mecanismos explicativos de funcionamiento.
La literatura científica ha optado por las dos visiones,
la más homogeneizadora del sistema de partidos y la que
considera que existen varios sistemas de partidos.
La diferencia sustancial está en qué tipo de ejes
se estructura la competencia de los partidos: si en el eje izquierda-derecha
o si le debemos añadir el eje sobre el sentimiento de
pertenencia.
Los sistemas de partidos en Cataluña y el País
Vasco donde el partido nacionalista (CiU y PNV) gobierna desde
las primeras elecciones (1980), aunque existen diferencias entre
los dos sistemas a partir de los bloques de competencia.
En Cataluña, además existen unas características
de voto dual y de abstención diferencial, y un elemento
particular con el País Vasco ya que no existe fractura
social, porque los partidos de izquierda fueron elemento integrador
durante el proceso de transición.
-
- Tipologías
-
- Las encuestas se convierten así
en noticia, se reducen a titulares
-
- Cuando se analizan las encuestas de opinión
pública se comprueba que las elecciones generales son
consideradas de primer orden: son las elecciones más políticas,
a diferencia de las autonómicas que son consideradas de
segundo orden: más administrativas.
Las elecciones legislativas son de lista cerrada y bloqueada,
de fórmula proporcional, con una barrera mínima
del 3% y con una participación media de un 65%.
Siguiendo a Giovanni Sartori se puede tipificar el sistema de
partidos como de pluralismo limitado y centrípeto. El
caso del País Vasco es diferente al ser el único
sistema de partidos que tiene uno que es anti-sistema (Herri
Batasuna), lo que comporta una definición de sistema de
pluralismo extremo y centrífugo.
Si pautamos la tipología de Sartori se puede afirmar que
existe un sistema de partido hegemónico aunque sería
más correcto hablar de partido predominante.
- Los sondeos
- Con el inicio de la campaña electoral,
los medios de comunicación ponen en marcha el acostumbrado
carrusel de encuestas para saber qué pasará el
día de las elecciones. Los titulares acostumbrados, con
las variaciones de cada caso, son: Aznar aventaja a.... El PP
aventaja... La estimación de escaños es.... El
voto declarado para.... Los indecisos decidirán el ganador...
Las encuestas se convierten así en noticia, se reducen
a titulares, para acabar en un mero ruido mediático cuya
superficialidad no merece ningún tipo de credibilidad,
y pierde así su sentido más profundo: saber en
un momento determinado de la campaña qué piensan,
qué opinan los electores; esa opinión pública
que no hemos de confundir con la opinión publicada. La
opinión pública y la opinión publicada deberían
saber o acordarse de algunos datos sobre las encuestas antes
de demonizarlas o sacralizarlas.
Como muy bien apunta Joaquín Leguina cuando afirma que
"el sistema de las encuestas no recurre al foro ni al ágora
en sentido estricto, pues aquellos lugares de reunión
han sido sustituidos en nuestros días por los medios de
comunicación, pero pretende confirmar o rechazar la acción
de gobierno permanentemente e incluso a priori, convirtiendo
así a los políticos y a la política en objeto,
no de vigilancia, sino de sanción continua".
-
- ¿Para qué sirve una encuesta?
-
- Los institutos de opinión son
contrarios a jugarse el prestigio en operaciones de las que son
conscientes de su falta de fiabilidad
-
- En primer lugar cabe preguntarse ¿para
qué sirve una encuesta? La respuesta de entrada es que
sirve para saber los resultados electorales y la distribución
de los escaños. Sí y no. La parte afirmativa es
correcta, pero la negativa indica que una encuesta nos permite
conocer indicadores sobre la sociedad que pueden ayudar a los
analistas a afinar los mensajes, los elementos de movilización,
la posición ideológica de los entrevistados. Los
sondeos de opinión son la primera fuente de información
que tienen las empresas, las instituciones o los partidos políticos
para intentar, a partir de esta foto fija en blanco y negro,
conocer la gama de colores cambiantes de la sociedad.
En segundo lugar, ¿cómo se lee una encuesta? De
entrada, el lector, politizado o apolítico, dirige su
mirada de manera ansiosa hacia la tabla de intención de
voto y la distribución de escaños. Craso error.
La primera cosa que se debe analizar en una encuesta es la ficha
técnica. Los datos que contiene nos indican si vale la
pena seguir con la lectura o, contrariamente, es mejor pasar
directamente al crucigrama. Uno de los datos relevantes es que
el margen de confianza no supere en ningún caso el 5%.
Este es el límite fatídico de credibilidad de una
encuesta política. El otro es el porcentaje de no sabe/no
contesta, que se debe situar en unos márgenes aceptables.
Por ejemplo, una encuesta con un 40% de no- respuesta anula las
conclusiones.
En tercer lugar, ¿por qué se equivocan las encuestas?
Las encuestas, si están bien hechas, y, en general lo
están, no se equivocan. Lo que es equivocado es la exigencia
de los medios de comunicación y de la opinión pública
de saber la estimación de voto. La proyección de
voto se realiza a partir del voto declarado o voto directo, más
algún indicador que transforma este dato en otro que se
convierte en un posible resultado final, obtenido a partir de
una muestra, es decir, del conjunto de entrevistas, casi siempre
insuficiente, para que sea significativo a nivel del territorio
que se está estudiando.
A favor de los institutos de opinión se debe de señalar
que son contrarios a jugarse el prestigio en operaciones de las
que son conscientes de su falta de fiabilidad.. Pero el cliente
manda.
Cuando se inicia una campaña se entra de lleno en la sondeomanía.
En la obsesión por los sondeos: quién gana, quién
pierde, punto arriba, punto abajo. Este proceso de choque analítico
se denomina en los manuales "Horse Race History" que
viene a significar que los medios de comunicación y los
analistas dedican más tiempo a analizar las variaciones
más insignificantes de los sondeos de opinión que
no a analizar las propuestas de los candidatos. Es más
importante ganar un punto en un sondeo que no el debate político
en sí mismo.
Se debería evitar que la publicación de las encuestas
se convierta en el centro del debate electoral. Este debate es,
por definición, un debate centrado en las propuestas,
los programas y candidatos que interesan a la opinión
pública. En cambio, el debate que interesa a la opinión
publicada es otro: convertir las campañas en noticias
en sí mismas, de manera que la relación entre candidato
y electorado se canaliza a través de los medios de comunicación.
Se podría volver a preguntar qué es más
importante, el medio o el mensaje.
Pero, ¿los sondeos tienen un efecto sobre los electores?
Sí, porque modifican el comportamiento. Existen efectos
movilizadores por la publicación de las encuestas de resultados
optimistas o desmovilizadores per resultados pesimistas. Por
esto se intenta controlar el nervio de la campaña a partir
de la publicación de los sondeos de opinión.
-
- Con el inicio de la campaña
electoral los medios de comunicación ponen en marcha el
acostumbrado
carrusel de encuestas
Dos efectos clásicos: el Bandwagon o carro ganador, que
es el efecto de arrastrar votos favorables hacia el ganador en
un efecto avalancha (Ronald Reagan contra Carter, 1980) y el
Underdog, que es el voto hacia el candidato perdedor para convertirlo
en ganador (Harry Truman contra Dewey, 1948). Estos dos fenómenos
son difusos y no cuantificables, y algunos académicos
sostienen que no son importantes, pero la legislación
vigente en España prohibe la publicación de encuestas
la última semana de campaña.
El día después de las elecciones se conoce el único
sondeo electoral válido: el voto de los ciudadanos. Según
el tipo de elección los electores tienden a desautorizar
las encuestas o las encuestas acierten con el sentir de los electores.
En este sentido, Jordi Capo puntualiza que "las consecuencias
de las encuestas no se sitúan, por tanto, como muchas
veces se dice, en la determinación del voto sino en que,
bajo la imagen de recoger la opinión pública, revierten
en una fuerza considerable, a favor de los primeros, en el diálogo
entre los medios de comunicación y el mundo político.
Por la vía de convertir la publicación de encuestas
en el acontecimiento relevante del debate electoral, los medios
de comunicación determinan en buena medida las preocupaciones
de los políticos y los centros de interés".
-
- La espiral del silencio
-
- El concepto de la Espiral del Silencio
acuñado por Elisabeth Noëlle-Neuman (1995) es perfectamente
aplicable a la situación política española
desde 1993. Si en los primeros años de la transición
ningún partido del sistema quería situarse en la
derecha, debido a los cuarenta años de franquismo, a partir
de 1993 con la ajustada victoria socialista en los comicios,
se va a producir el fenómeno inverso sobre el electorado
socialista. La denuncia de los casos de corrupción, el
ataque frontal por una parte importante de los medios de comunicación
en una estrategia perfectamente diseñada y el acoso parlamentario
del partido mayoritario de la oposición, el Partido Popular
y de su líder José Mª Aznar que fueron desgastando
de manera constante el gobierno de Felipe González. Esa
legislatura estuvo marcada por la desaparición de una
parte del electorado socialista en las encuestas de opinión
pública que pasaron a engrosar las filas de los "no
sabe/no contesta" de la misma manera que los electores populares
se hicieron visibles. Ello provocó un problema en los
cálculos de las estimaciones electorales ya que los "transformadores"
no estaban adaptados a la nueva realidad. Joaquín Leguina
(1999) escribe que "Así pues, no se trata aquí
de analizar si acertaron, o no, las distintas y dispares encuestas,
sino criticar el método en sí, la manipulación
que comporta.../...Este sistema de rutas aleatorias, paradójicamente
no es aleatorio y al no serlo no pueden calcularse los errores
de muestreo, pero eso poco les importa a los chamanes de la encuesta".
-
- Sondeos y resultados reales
publicados en 1996 y 2000
-
| Diarios |
Sondeos
1996 |
Sondeos
2000 |
|
PP |
- PSOE
|
- Diferencial
|
- PP
|
- PSOE
|
- Diferencial
|
- El Mundo
|
- 42,3%
|
- 31,4%
|
- +10,9%
|
- 42,9%
|
- 36,2%
|
+6,7% |
- El País
|
- 40,5%
|
- 33,8%
|
- +6,7%
|
- 41,6%
|
- 37,3%
|
+4,3% |
- ABC
|
- 43,0%
|
- 30,0%
|
- 13,0%
|
- 41,8%
|
- 38,2%
|
- +3,6%
|
- El Periódico
|
- 42,5%
|
- 31,8%
|
- +8,7%
|
- 42,6%
|
- 36,6%
|
- +6%
|
- Resultados
|
- 38,79
|
- 37,63
|
- 1,16
|
- 44,52%
|
- 34,16%
|
- 10,36
|
Los dos ejemplos más claros se encuentran en el gráfico
referido a las elecciones generales de 1996 y de 2000. En ninguno
de los dos casos los sondeos acertaron a interpretar los movimientos
electorales y no pudieron atribuir de manera correcta la distribución
de los indecisos.
- Si analizamos el margen de error de los
institutos de opinión en 1996, la diferencia final entre
los dos partidos fue de 1 punto y los institutos lo situaron
en 10% de media; en cambio en el 2000, los institutos no se atrevieron
a fijar un nivel demasiado alto entre los dos partidos debido
a la experiencia anterior (promedio de 4%), mientras que la realidad
fue que el Partido Popular obtuvo finalmente 10 puntos de ventaja
y la mayoría absoluta.
El debate sobre las encuestas es un debate sobre la propia campaña
electoral. Bajo el lema de "hay que derrotar a las encuestas",
Felipe González hizo campaña durante las legislativas
de 1996. Las encuestas se han convertido en un elemento básico
en el debate de las campañas electorales, su amplificación
por parte de los medios de comunicación las han convertido
en la materia primordial del debate político pero las
encuestas no son la opinión pública, representan,
en el fondo, las opiniones públicas diversas y plurales
que se convierten en opinión pública. Centrar el
debate electoral en la sondeomanía es reducir la política
a una estadística y a los ciudadanos, en unos números.
-
- ¿Por qué fallan las encuestas
en España?
-
- Cuando se comparan los resultados de las
encuestas pre-electorales entre España y los Estados Unidos,
la pregunta que puede plantearse cualquier ciudadano es ¿por
qué fallan las encuestas en España y no en los
Estados Unidos? La respuesta podría ser que también
falla el servicio meteorológico. Pero, seamos científicos
y serios.
Lo primero que debe saber el lector es discernir entre los dos
tipos de sistemas electorales: en Estados Unidos la fórmula
electoral es de mayoría simple a una vuelta y en España
la fórmula electoral es proporcional, con lista cerrada
y bloqueada.
En Estados Unidos la competencia entre partidos se reduce a dos,
demócratas versus republicanos, mientras que en España
la competencia es plural. Siguiendo las tipologías de
Arendt Lijphart, el sistema norteamericano aplica el modelo Westminster,
mientras que el español se enmarca en el modelo consociativo.
A nivel de encuestas es más sencillo acertar un resultado
binario (demócrata vs republicano) que acertar un resultado
complejo de distribución de escaños en un sistema
proporcional.
La verdad es que las encuestas españolas empiezan a errar
el resultado en el momento que se produce el fenómeno
del voto oculto socialista a partir de las elecciones legislativas
de 1993. Mientras que desde 1982 hasta 1989 las encuestas acertaron
el resultado final.
El problema estriba en la interpretación de los no sabe/no
contesta y su atribución al voto directo. Cuando se afine
más este punto, las encuestas volverán a situarse
en la línea de interpretación que le corresponde.
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