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 Revista Chasqui No. 87

Ensayos

 

Una real boda mediática

Juan Varela

Juan Carlos I es el rey de la televisión. La restauración monárquica no habría sido posible sin democracia y sin televisión.

25 millones de españoles vieron en directo algún momento la boda real entre Felipe de Borbón y Letizia Ortiz. El "sí, quiero" de los novios principescos marcó el récord absoluto de audiencia de la historia de la televisión en el Reino de España. El consumo de televisión se elevó a casi cinco horas, récord absoluto por encima de las cuatro y mucho de la dieta cotidiana nacional.

Uno de cada tres ciudadanos estuvo pendiente el sábado 22 de mayo del enlace entre el príncipe y la periodista. Ni el ocurrente Billy Wilder habría filmado mejor comedia.
Anoten los programadores, si en algún momento hay que reflotar la televisión ya se sabe la receta: casar príncipes e infantas. Las bodas de las infantas Elena ­sevillana, romántica y colorista­ y Cristina ­barcelonesa, burguesa y sobria­ siguen a la de Felipe y Letizia en el ranking histórico de la caja boba.

La monarquía hispánica será televisiva o no será. Un propósito que el Rey Juan Carlos y la Casa Real persiguen con empeño, sabedores de la necesidad de construir un futuro dinástico en un país donde manda el fervor juancarlista.

Si en otros tiempos la corona fue católica y lejana, hoy es catódica y popular. En tiempos de reality shows y salsa de (tripas) y corazón abundante en todas las televisiones, la realeza necesita de la televisión como precisan de ella los políticos. Donde éstos buscan aclamación y votos, los Borbones ansían empatía y ese cariño de súbdito que asegure, boda mediante y heredero a la vista, el futuro de la dinastía.

El socialista presidente José Luis Rodríguez Zapatero empuja sorpresivamente la perpetuación real con su intento de reformar la Constitución de 1978, para abolir la ley que prima a los varones como herederos al trono. Igualdad hereditaria como ejemplo igualitario y método de evitar males mayores si el vástago deseado es niña.

La monarquía no admite fallos

Ni las gestas del Real Madrid en Europa, ni los fracasos de la selección nacional de fútbol, ni Operación Triunfo, ni Titanic (la película que marcó registros inopinados de público) soñaron jamás con congregar a tanta gente ante la pequeña pantalla.

En algunas cadenas de electrodomésticos, mayo fue más que nunca el mes de las flores. La boda real y la Eurocopa de Portugal ­aseguran los gerentes de mercadeo­ dispararon la venta de televisores: un 300 por ciento más de venta que en mayo de 2003.

Los españoles no fueron los únicos apasionados del bodorrio. Los nórdicos, que recientemente habían celebrado sus propios enlaces principescos, siguieron la boda con fervor rayano en el absurdo: cuotas de pantalla superiores al 80 por ciento. El 84,6 por ciento en Noruega y cotas similares en Dinamarca, donde el festejo fue retransmitido simultáneamente por dos cadenas. En Suecia, la audiencia superó el 63 por ciento, según datos de la consultora de audiencias Sofres.


Juan Varela. Español, periodista y editor del portal, www.periodistas21.blogspot.com
Correo-e: juan-varela@telefonica.net

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