BETTY LA FEA: La suerte
de la nteligencia
- La telenovela latinoamericana es el
principal medio de expresión del continente, con más
penetración que el cine, la novela o el teatro
¡Papi, papi, Betty "la fiera", ya es hora! me
gritan todos los días mis "bettyfierólogos"
parientes.
Entonces dejo cualquier obligación académica de
alto voltaje "intelectual", no contesto el teléfono,
me impaciento con alguna tos agripada, echo pestes al ladrido
de nuestras perras y me apoltrono con toda la familia a ver esta
telenovela colombiana que está sacando la cara por las
caras consideradas feas.
Debo aclarar que antes oía vergonzosamente una que otra
de esas radionovelas dedicadas a "la mujer de oficios domésticos".
Después, con el agregado fascinante de la imagen televisiva,
miraba con indiferente desdén a estos productos llamados
"subliterarios" que consideraba triviales o cursis,
poco aptos e indignos para entender nuestras "trascendentales"
realidades. Pero, poco a poco fui dejando atrás el prejuicio
masculino y me fui acercando con curiosidad a este fenómeno
tan raizalmente latinoamericano, que ahora me siento como novia
tímida esperando "con ansias locas " a su telenovelesco
galán. Empecé con las telenovelas brasileñas,
seguí con "Café, con aroma de mujer",
me interesé por la musical "Escalona", veo "La
Caponera", y estoy cómodamente aterrizado en este
nuevo fenómeno industrial llamado "Yo soy Betty,
la fea" cuyo guionista, Fernando Gaitán, es el mismo
afortunado autor de "Café, con aroma de mujer".
Para Gaitán, la telenovela latinoamericana es "el
principal medio de expresión del continente, con más
penetración que el cine, la novela o el teatro",¿cómo
les parece este "mesurado" juicio?
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- El peligroso encanto de Betty
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- Porque se supone,desde el estereotipo
occidental, que las mujeres han nacido para ser objeto de deseo
de los cerebros masculinos
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- Confieso que soy un seguidor fiel de esta
telenovela que prefiero llamar comedia telenovelesca y cuyo éxito
creo que responde ante todo a las variaciones significativas
de la fórmula tradicional: si bien existe una heroína
bondadosa, modesta y pobre, ésta es tan poco agraciada
como inteligente y laboriosa. Y ya sabemos que tradicionalmente
las heroínas de telenovela podrán tener "poca
sal en la mollera", pero esculturales sí son. Betty
es considerada fea, abiertamente inteligente y bella por dentro.
Aunque alego que, viéndolo bien, el personaje no es tanto
feo en el sentido deformante y "fierohorripilante"
de este calificativo, cuanto poco sexual, desaliñado,
torpe y de vocesita tembleque. Con ese capul o cerquillo charolado,
esos lentes grandotes y el mal gusto en el vestir, Betty encarna
más bien a una secretaria "nerd". Este es, por
tanto, el quid del conflicto central. Betty Pinzón Solano
no actúa como la cenicienta típica de los culebrones
conocidos; es la muchacha de clase media, tirando a popular,
cuya lucidez empresarial le ha brindado la oportunidad de coleccionar
muchos diplomas y de descollar entre los hombres de negocios.
En un principio, la fealdad de Betty es motivo de burlas de todos
los ejecutivos de la empresa. Con una crueldad ya estereotipada
del discurso reducidor de los galanes "machazos" y
hasta del abiertamente "gay", Hugo Lombardi, ella es
el objeto ridículo que genera comentarios despiadados
sobre su falta de atractivos físicos y su irremediable
torpeza. Sin embargo, Betty se gana, por habilidad y sesos, el
respeto de don Armando Mendoza y de Mario Calderón, los
jefazos mujeriegos de la empresa Ecomoda. Hugo Lombardi, por
otro lado, jamás modifica su discurso irrespetuoso y cruel
contra Betty:
¿ Y esto (refiriéndose a Betty) qué hace
aquí? Curiosamente, y aunque sea ya estereotipo el del
homosexual como un ser sensible, Hugo desata toda su furia contra
la fea puesto que él se considera el esteta, el creador,
el poeta de las formas. La sensibilidad de Hugo es tal que no
resiste -ni de lejos- a los poco agraciados. De hecho, el personaje
de Hugo como el de Freddy, se encargan del toque de humor dentro
de la novela; sin embargo, este tipo de humor negro en sus comentarios
es sumamente revelador porque parte de premisas de irrespeto
e intolerancia frente al otro.
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- Betty es el "hombre"
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- En realidad, Betty es "el hombre"
que salva a la compañía Ecomoda de la quiebra.
Porque se supone, desde el estereotipo occidental, que las mujeres
han nacido para ser objeto de deseo de los cerebros masculinos.
Sobre ella, pues, descansa el poder económico de la familia
Valencia y Mendoza, dueños de Ecomoda. La capacidad financista
de Betty seguirá creciendo hasta convertirse en el objetivo
erótico del hombre que se hace pasar por empresario de
éxito, don Armando Mendoza.
En un cierto momento, las inteligentes maniobras de Betty, incluido
el "maquillaje" económico, en el campo de las
finanzas de Ecomoda, reordenan el sistema jerárquico de
la empresa: quien manda, organiza y lidera detrás de bastidores
es Betty; por tanto, ella y su "novio" Nicolás
Mora, gerentes de Terramoda, otra empresa subsdiaria, se convierten
en potenciales fuentes de preocupación para Armando Mendoza
y Mario Calderón, quienes son los únicos directivos
que están al tanto del enorme poder de la fea. Ya que
la sobrevivencia de Ecomoda depende de Betty, será preciso
neutralizarla, garantizar su fidelidad total para con Armando
Mendoza. Por tanto, es preciso, argumenta Mario Calderón,
elaborar un plan para seducir a Betty. Tal plan funciona a las
mil maravillas y de hecho, se asemeja más a las muy femeniles
tretas de toda "femme fatale"que se respete, que a
las conductas típicas de los galanes de culebrón.
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- Ejecutiva innata
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- En realidad, Betty es "el hombre"
que salva a la compañía Ecomoda de la quiebra
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- De este modo, la inteligencia de Betty
demuestra ante el mundo masculino y macho que la competencia
no reside sólo en la belleza de las triviales modelos,
sino en su capacidad innata de ejecutiva. Aquí el enunciado
tradicional es substituido por otro más actualizado y,
si se quiere, feminista: la mujer preparada que enfrenta retos
y exhibe recursos superiores a los del guapo, rico y neurótico
galán don Armando Mendoza. Es, por consiguiente, una mujer
amenazante a la que hay que controlar mediante las trampas del
amor, echando mano de su lado más vulnerable: el emotivo,
el que anhela el amor correspondido.
Betty sufre su complejo de fealdad desde su nacimiento. "Niña"
sobreprotegida por unos padres que intentan preservarla de la
crueldad pública, escarnecida previamente por un tipo
que apostó a conquistarla, ella vive su trauma a medida
que va al colegio y aguanta las burlas de sus compañeritos.
Luego enfrenta su adolescencia con el dolor de verse marginada
hasta de los bailes de quinceañeros y de los grupos de
jóvenes universitarios que miran con desprecio su pinta
de "matona" poco alhajita.
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- El cuartel de las chistosas
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- Además, Betty "la fiera"
tiene a su haber quizá el más poderoso de los mecanismos
de defensa: es una humorista permanente, se ríe de su
propia fealdad y es sumamente consciente de que en ese mundillo
de la alta y aparente costura, ella es un monstruo, un ser desacomodado,
una mujer marginada. Quizá por ello, por saberse al margen
de toda evaluación bonita o despampanante, su humor la
hace más lúcida y generadora de empatía.
Betty tiene una alta conciencia de lo ridícula que resulta
su fealdad para los demás y también de la ridiculez
implícita en aquel medio frívolo en el que trabaja.
Por eso el contenido melodramático de este culebrón
se disuelve con el humor autoirónico que celebra a cada
rato Nicolás, su leal amigo y "novio de nómina
" o de a mentiras y tan feo y torpe como Betty.
Nicolás, rígido como un robot, de voz nasal y chistoso,
es el segundo peligro potencial para Mario y Armando. Manda imprimir
tarjetas con el título de "gerente de Terramoda",
se burla tiernamente de la fealdad de su admirada Betty y está
enamorado ilusamente de Patricia Fernández, aquella que,
insegura y pretenciosa, repite hasta la saciedad que ha hecho
"seis semestres de Finanzas en la San Marino". Claro
que el humor de Betty, a medida que la trama avanza hacia el
noviazgo montado por Armando Mendoza, cede y cede, a medida que
la heroína va dándose cuenta de la traición
a sus afectos románticos.
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- Las protagonistas
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- El éxito internacional de esta
comedia telenovelesca tiene su precio: la trampa del "rating"
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- "El cuartel de las feas", está
integrado por: Sandra, una mujer "jirafa"; Berta, la
gorda; Sofía, una fea a quien una de las modelos le ha
quitado su marido y su casa; Mariana, una morena picarona y una
sensual y extrovertida Aura María; ellas son cinco dicharacheras
mujeres que, actuando a modo de coro griego, desdramatizan a
cada momento cualquier conato de tristeza a secas o de sentimiento
desbordado. Su humor chismoso y entrometido establece la distancia
necesaria para juzgar la manera convencional y reducidora que
tenemos de calificar o descalificar al otro. Víctima principal
del "cuartel" es el personaje Patricia Fernández,
-"la peliteñida"-, sueño imposible de
Nicolás Mora. Patricia es la "barbie" de camafeo,
estilo película gringa, que se caracteriza por un tic:
sacude deliberadamente su pretendida cabellera blonda, siguiendo
el código de la coquetería más desabrochada
y resabida. Con ella estamos frente a un personaje saturado de
arribismo, por su afán de aparentar y escalar (a cada
rato hace notar que es dueña de un Mercedes convertible,
aunque le debe plata a todo el mundo); por su infatuación
e hiper ridículización, la rubia Patricia Fernández
es quizá el personaje más patéticamente
risible de todo ese elenco de aparentadores.
Asimismo, circulan personajes cómicos como la pobre Berta,
la "gordita chismosa" del "cuartel de las feas"
que se la pasa trayendo y llevando rumores y que dice guardar
dieta, mientras se esconde en un baño a embutirse de "junk
food" o de comida chatarra. Alterna también Freddy
"Estiuward" Contreras, personaje rebuscadísimo
en su estilo de expresarse y de seducir a las mujeres. Freddy
es el mensajero que siempre anda alegre y picoteador y quien
con sus charadas contribuye a llenar de euforia y desenfado a
esta hilarante historia.
"El cuartel de las feas" siempre "se acuartela"
en su papel de contraparte histriónica a todo lo que pasa
a su alrededor. Sus movimientos son simultáneamente colectivos
y payasescos. Se juntan para aprovisionarse de chismes y hasta
para pronunciar unánimes exclamaciones de pretendida sorpresa.
Identificaciones y distancias
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- ¿Con qué nos identificamos
entonces los que vemos esta comedia telenovelesca?
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- En Ecuador, el canal Gamavisión,
apuntala la sintonía con un programa llamado "El
especial" en el que, además de invitar a los actores
de la telenovela colombiana a hacer gala de sus papeles y de
su vida real, se organiza un concurso de Yo soy Betty, la fea.
No faltan tres o cuatro concursantes que, ataviadas a lo Betty,
deben dramatizar una escena previamente escogida.
Y me pregunto, ¿qué lleva a esas jóvenes
y hasta niñas concursantes a correr el riesgo del ridículo?
¿Lo hacen sólo por dinero? o ¿quieren identificarse
con esa mujer monjil cuyo drama más esencial reside en
un diario que escribe y en el que consigna sus vivencias más
recónditas?
¿Con qué nos identificamos entonces los que vemos
esta comedia telenovelesca? No tanto quizá con la desfachatez
banal que caracteriza el mundi-llo "jet set" de las
revistas de modas y las páginas sociales, inalcanzable
para la mayoría, sino con este otro feo, sufrido y maltratado
"yo", representado en Betty y que, a la larga, saldrá
reivindicado y triunfante. Otros serán aliados del discurso
machista y falso de Armando y Mario Calderón, de su cinismo
en el manejo de los afectos con el fin de salvar a su compañía.
Algunos opinarán que esta telenovela perpetúa el
estereotipo de la mujer que, tarde o temprano, tendrá
que "despojarse" de su fealdad para poder hacerse merecedora
del amor de don Armando, el simulador. Para ello, el juego último
del relato sería entre el papel "feo" de la
actriz Ana María Orozco y su transformación real
en la bella actriz de oficio que es. Hasta este momento no podemos
saber la resolución de este simulacro, de este juego de
dobles.
Ni tampoco podemos adelantar si don Armando Mendoza, a la final
de la obra, terminará identificándose enamoradamente
con aquella Betty soñadora de su diario íntimo,
para mostrar que las feas también tienen suerte con los
guapos galanes.
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- De la violencia como estereotipo
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- La violencia no es protagonista en
esta telenovela como sucede en La Caponera
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- La violencia no es protagonista en esta
telenovela, como sí sucede en La Caponera, otra telenovela
colombiana de alto "rating", basada en un guión-
el gallo de oro- del escritor mejicano Juan Rulfo en la que el
conflicto central está atravesado por las luchas rurales
en torno a las peleas de gallo y las pasiones amorosas derivadas
de la venganza y el odio. Con Yo soy Betty, la fea, el mundo
de la moda y de la sofisticación cosmopolita exporta otra
imagen de Bogotá y de Colombia, aquella de los conciertos
y las exposiciones de Picasso y Botero. Aquella que muchos colombianos
reclaman como necesaria para evitar percepciones maniqueas. En
este sentido, Yo soy Betty, la fea, intenta romper el estereotipo
cultural de Colombia, para replantearlo con una imagen que acaso
suene ajena y alienante para los que se empeñan en perpetuar
prejuicios y en ver monocromáticamente nuestras complejas
sociedades. Esta es una "historia blanca" de contralectura
a la abundante e innegable serie de signos violentos y terroríficos
que han azotado por muchas décadas al país norteño.
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- Cría fama y échate a
la propaganda
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- El contenido melodramático del
culebrón se disuelve con el humor autoirónico
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- Desafortunadamente, el éxito internacional
de esta comedia telenovelesca tiene su precio: la trampa del
"rating". La trama no avanza mucho, como si no pudiese
adelantarse al desarrollo temático de la misma telenovela
que se ve simultáneamente en Colombia. Las peleas de oficina
y los dimes y diretes se repiten tanto como los "flashbacks"
con los que Betty recuerda el engaño amoroso de don Armando.
Todos, apachurrados en nuestra cómoda cama, mientras ya
intuimos -o mejor, deseamos- el final de dulce y catártica
"venganza" de la fea, hemos empezado a sufrir el desgaste
del guión, y ahora masticamos rabiosamente las propagandas
que resultan tediosas y descaradamente manipuladoras. A lo mejor,
hemos sido burlados como el corazón romántico y
"rosa" de Betty, y sí sabemos, a ciencia cierta,
que la publicidad nos ha tomado, so pretexto de una historia
de amor laboral diferente y que ciertos canales se habrán
salvado de la quiebra con tan descarado y "feísimo"
despliegue propagandístico.
Ya a estas alturas de la telenovela ni siquiera las Sardinas
Real, recomendadas para mejorar la memoria, ni "la papa
con sabor a papa y la yuca con sabor a yuca", pregonadas
por el personaje Paco Aragón, nos permiten recordar las
tantas publicidades que nos embuten y nos asquean. Tampoco sé
qué tan importante es saber que, según la revista
Domingo del diario ecuatoriano Hoy (agosto de 2000) "el
costo de treinta segundos de publicidad en el horario estelar
de telenovelas gira en torno a los 60.000 dólares",
si Yo soy Betty, la fea está regia y la requetepublicitada
mantequilla Regia, también.
Con todo, Yo soy Betty, la fea, innova positivamente a un género
latinoamericano por excelencia que ya hace mucho tiempo dejó
de ser diversión de amas de casa ociosas para convertirse
en industria boyante y en una representación genuina de
nuestro imaginario cotidiano.
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