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La
nueva ley, además, centraliza las funciones supervisoras
en un solo ente, OFCOM, el cual vela tanto por los medios de
comunicación audiovisuales como por la actuación
de las empresas de telecomunicaciones, Internet y telefonía
celular. Adicionalmente, flexibiliza la propiedad de medios,
lo cual ya ha permitido el inicio de grandes fusiones y deja
en manos de los dueños de medios la auto-regulación
de contenidos.
La nueva ley está fundamentada
en los cambios tecnológicos, especialmente en la revolución
digital. Para los legisladores que la promovieron y apoyaron,
la ley responde a las nuevas condiciones creadas por el surgimiento
de las nuevas tecnologías de la información y comunicación,
caracterizadas por la digitalización y convergencia de
plataformas. La idea es que la radio y la televisión en
Gran Bretaña pasen a ser totalmente digitales, con fecha
limite del 2010, cuando el 95 por ciento de los hogares británicos
tenga televisión digital, aunque para ello se deba subsidiar
la provisión de aparatos de televisión con el producto
de la venta de los espectros terrestres, (que serían presumiblemente
vendidos a empresas de telefonía y comunicaciones) ya
que los actuales canales terrestres pasarían a transmitir
enteramente vía digital.
Los críticos son, en
cambio, mucho más cautelosos y han manifestado su preocupación
con respecto a la nueva ley porque, fundamentalmente, socava
los principios de servicio público. El periodista John
Pilger ha llamado a la nueva ley "la cuna de un Big Brother"
y ha dicho que "representa el mayor peligro para la pluralidad
de opiniones y un decreto seguro de muerte para la televisión
y radio de servicio público". Otros especialistas
han unido sus voces al coro de escepticismo y cuestionado incluso
las motivaciones de los legisladores, a quienes acusan de haber
aprobado la ley para satisfacer al poderoso magnate australiano
Rupert Murdoch, quien así podrá incrementar la
presencia de su emporio News Corporation en el Reino Unido y
consolidar el monopolio satelital de su empresa Sky. Críticos,
como el profesor Robert McChesney, sostienen que la nueva ley
es el pago que los laboristas tuvieron que hacer como compensación
por el apoyo recibido del poderoso tabloide The Sun y del también
influyente estándar The Times, ambos propiedad de Murdoch.
Los críticos argumentan que llevar la BBC completamente
al plano digital es poner su futuro en manos de la única
operadora satelital del país, la empresa Sky, de Murdoch.
La BBC luce como un dinosaurio,
aún fuerte y activo, pero operando en un ambiente cada
vez más reticente a aceptar la participación
Tecnología
de dominación
Sin embargo, el problema para
la BBC no es tanto la nueva ley sino las tecnologías sobre
las cuales se fundamenta la ley. Lo cierto es que ya antes de
la aprobación de la ley, la BBC enfrentaba unas condiciones
muy diferentes que están reconfigurando el espectro mediático
en el Reino Unido y que desde hace mas de 10 años están
poniendo en aprietos la corporación pública.
En primer lugar, la BBC ya
ha pasado a ser de facto un proveedor de contenido, perdiendo
su independencia de transmisión. Hoy por hoy, más
del 50 por ciento de los hogares británicos reciben televisión
satelital o por cable, por lo que la BBC debe pagar tanto a Sky
-quien posee el monopolio legal satelital- como a otras empresas
de cable por transmitir lo que debería ser un servicio
público universalmente accesible. La nueva ley solo confirma
lo que ya estaba sucediendo y, peor aún, no hace provisión
alguna para garantizar acceso gratuito de los ciudadanos a televisión
y radio de servicio público.
En segundo lugar, la introducción
de tecnologías digitales y satelitales ha permitido el
surgimiento de una multiplicidad de canales de bajo costo, provocando,
consecuentemente, una fragmentación de las audiencias.
Esto, por supuesto, aliena al ciudadano que paga la licencia
de televisión, ya que debe cancelar no solo su licencia
de televisión, sino además el servicio de televisión
por satélite o cable. Estadísticas oficiales señalan
ahora que la evasión fiscal, en relación a este
impuesto, se ha más que duplicado en los últimos
diez años.
La BBC responde
La tia abuela, como se conoce
entre los círculos cercanos a la BBC, no se ha quedado
de brazos cruzados. Bajo la dirección de Greg Dyke, la
corporación lanzó nuevos canales digitales, tanto
de radio como televisión, para nichos de mercado específicos.
Niños, jóvenes y minorías tienen ahora sus
propios canales, mientras que la página web se ha convertido
en una de las más visitadas del mundo. Dyke incluso anunció
que los contenidos históricos de la BBC (que incluyen
más de 300 mil programas de radio y televisión)
se pondrían gratuitamente al acceso de todos en la red.
La idea era competir en la era digital ofreciendo a la gente
acceso gratis y universal. Una idea no muy bien vista por las
corporaciones privadas, pero que de concretarse imprimiría
una nueva lógica al mundo digital, ya que la comercialización
de otros contenidos no sería sostenible en el tiempo.
Pero esta oportunidad histórica se ha perdido ahora para
siempre.
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