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Alta definición y proporción o relación
de aspecto (aspect ratio), de pantalla ancha, no son equivalentes.
La resolución de un monitor de computadora equivale a
la alta definición televisiva en términos de píxeles,
pero su proporción más común de pantalla,
igual que la de los televisores comunes, es 4:3 (es decir, cuatro
partes horizontales por tres verticales), mientras que la llamada
pantalla ancha tiene proporción 16:9 (o sea, 16 partes
horizontales por nueve verticales).
Quizás lo que resulta
más confuso es que la letra D se refiera al mismo tiempo
a Digital y a Definición, con lo cual muchos conceptos
se entrecruzan.
Lamentablemente, el significado exacto de la televisión
digital también varía, dependiendo del campo en
discusión, donde la HDTV es apenas una cualidad posible.
Desde el punto de vista de
los servicios para el televidente, la televisión digital
puede presentarse como un nuevo servicio televisivo con canales
múltiples (multiplexing o multicasting), sonido envolvente
(surround) y características ampliadas para difusión
de datos (enhanced television), todo ello en definición
digital estándar.
Eventualmente, puede incluir
la alta definición, en pantalla ancha, y así está
ocurriendo en muchos servicios digitales por suscripción,
tanto en los Estados Unidos como en Europa y Asia.
Pero, estas características
no necesariamente van todas juntas, pues existen combinaciones
ligadas al mayor o menor uso de un recurso escaso, como es la
banda ancha del espectro radioeléctrico.
En la producción y la
posproducción televisiva, la DTV ya es un hecho corriente,
incluso en América Latina, dado que hablamos de la presencia
de cámaras, camcorders, videograbadoras, switchers y servidores
de video, entre otros dispositivos, cuya característica
común es su base tecnológica digital.
Por último, al hablar
de distribución y transmisión, la DTV significa
un cambio total de los procesos analógicos actuales, para
poder enviar video, audio y datos en forma digital, hasta los
destinatarios.
Y aunque la meta esté
todavía lejos, la transición digital ya está
cambiando por entero la forma en que vemos, escuchamos, usamos
y consumimos la televisión.
Un poco de historia
Tras una década de desarrollo,
la DTV ya se está implementando en los Estados Unidos,
Canadá, Australia y algunos países de Europa y
Asia.
La Unión Internacional
de Telecomunicaciones (UIT) definió en los años
1990 los principales estándares para la teledifusión
digital terrestre, con lo cual se inició el actual movimiento
mundial de migración o transición hacia la digitalización
total de la producción y la transmisión de televisión.
El estándar digital
estadounidense ATSC se publicó en mayo de 1993 y obtuvo
aprobación federal el 16 de septiembre de 1995. Desde
1997, la Comisión Federal de Comunicaciones de los Estados
Unidos (FCC) asignó una porción del espectro radioeléctrico
para la DTV y estableció el plazo del 31 de diciembre
de 2006, para completarla.
El DVB Project, consorcio iniciador
de la DTV en Europa, se creó el 10 de septiembre de 1993
y lanzó su estándar DVB (Digital Video Broadcasting),
en 1995, no solo para televisión terrestre, sino también
de cable y satelital.
En 2003, el estándar
japonés ISDB-T (Integrated Services Digital Broadcasting)
se puso en funcionamiento con servicios móviles y fijos
que ya aprovechan la experiencia adquirida por sus antecesores.
También se habla ahora
de la posibilidad de un nuevo estándar no alineado, que
podría involucrar a China, Brasil, Argentina, Chile e
India, entre otros países interesados, y vendría
a ser una norma técnica de segunda generación.
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