Las Facultades de Comunicación
en el umbral de la era Internet
La aceleración de los cambios en la comunicación
exige una reforma, en profundidad, de algunas simplificaciones
universitarias
La transformación tecnológica
de la comunicación en la sociedad moderna y la emergencia
de lo que se denomina "sociedad de la información"
plantea importantes retos a los estudios de comunicación
y a la formación de comunicadores. Estos cambios exigen
una revisión en profundidad de muchos planteamientos docentes
y, más en general, importantes retos al conjunto de la
actividad universitaria, incluida la investigación.
Pero esta época de cambios no debería ser vista
como una pesadilla sino, más bien, como una gran oportunidad
de futuro. Con una condición: que las Universidades estén
dispuestas a enfrentar cambios sustanciales en un corto periodo
de tiempo, rompiendo con alguna de las grandes inercias del corporativismo
y de la burocracia académica.
Estos retos afectan a todas las disciplinas, pero muy especialmente
a las Ciencias de la Comunicación, que en nuestros días
deben responder adecuadamente a dos principales retos:
a) La creciente demanda de formación,
que ocupa de alguna manera lo que antaño se buscaba en
las carreras de humanidades, y
b) La necesidad de enfrentar el cambio
de paradigma que significa la digitalización de la comunicación.
¿Comunicología o pluridisciplinariedad?
En primer lugar deberíamos plantear
algunas cuestiones teóricas o epistemológicas.
Es innegable que en la sociedad moderna se produce una nueva
centralidad de los fenómenos de la comunicación.
En el caso de Europa, por ejemplo, los discursos económicos
y políticos sobre el futuro se centran, cada vez más,
en las oportunidades y riesgos que significa la sociedad de la
"información" o del "conocimiento".
Pero este nuevo protagonismo (político, cultural, económico
y social) no puede traducirse en una autosuficiencia teórica
de la "comunicología" sino que debe traducirse,
más bien, en un nuevo compromiso de las ciencias de la
comunicación con el conjunto de las ciencias sociales
y de las humanidades, para poder llevar a cabo un análisis
pluridisciplinar de las nuevas formas de comunicación
en la sociedad moderna.
Esta problemática (¿comunicología aislada
o pluridisciplinariedad?) es decisiva para los nuevos planes
de estudios que han de elaborar las Facultades de Comunicación
en la era digital.
A mi entender sería un grave error
desplazar, o marginar, a las humanidades y a las ciencias sociales
de los nuevos estudios sobre la comunicación. La centralidad
del fenómeno (la comunicación) no debe confundirse
con un aislamiento de la disciplina (la comunicología).
Por el contrario, esta centralidad y la aceleración de
los cambios en la comunicación hacen más necesaria
que nunca la aproximación pluridisciplinar a la comunicación
como objeto de estudio.
El reto de Internet y de las nuevas
formas de comunicación multimedia y en red, corresponden
y afectan a todos los departamentos
La comunicación: objeto de estudio
complejo
Pero también es cierto que las ciencias
de la comunicación tienen un reto fundamental que no puede
afrontar ninguna otra práctica científica: la identificación
de su objeto la comunicación en una etapa históricamente
excepcional de cambios.
Para afrontar seriamente este reto es necesario
corregir sin complejos la tendencia a la "hiper-comunicología"
que se ha ido acentuando en algunos planes de estudios en los
últimos años. La fundamentación teórica
de la sociología, de la antropología, de la economía,
etc., sigue siendo indispensable para posteriores aplicaciones
a la "sociología de la comunicación",
a la "antropología de la comunicación",
o a la "economía de la comunicación",
solo posteriormente puede afrontarse con suficiente base teórica
otros planteamientos transversales como los que corresponden
a asignaturas como la "teoría de la recepción",
"teorías de la emisión" y otras teorías
diversas de la comunicación. Empezar directamente por
la última etapa empobrece nuestra actividad investigadora,
en perjuicio del principal objetivo de las ciencias de la comunicación:
el reconocimiento de su objeto y de las diversas formas de incidencia
de la comunicación en la estructura social y en el comportamiento
humano.
Formas de estudio: ¿prácticas
o formación teórica?
Esta complejidad y la aceleración
de los cambios en la comunicación también exigen
una reforma, en profundidad, de algunas simplificaciones universitarias
que se han ido haciendo crónicas. En la "sociedad
del conocimiento" es más necesario que nunca aprender
a aprender, evitar lo que en términos del sociólogo
Ritzke podríamos denominar McDonalitzación de la
enseñanza: enseñanza prefabricada y utilitaria,
en la que los profesores dictan y los alumnos toman apuntes,
donde la lectura y el debate son sustituidos por fórmulas
estándar de conocimiento o por un aprendizaje práctico
que se anticipa o se superpone a la sólida formación
de contenidos.
La experiencia, ya de muchos años,
de las Facultades de Comunicación ha puesto en evidencia
que, a largo plazo, los mejores profesionales de la comunicación
no acostumbran a ser aquellos y aquellas que se destacaron haciendo
prácticas en las aulas de periodismo, sino aquellos y
aquellas que supieron aprovechar su paso por la Universidad para
adquirir una formación humanística y social que
terminaría dándoles la capacidad de aprender a
saber, aprender a interpretar y aprender a comunicar. Éste
debería ser el objetivo prioritario de la formación
universitaria en comunicación. Hoy, más que nunca,
cuando algunas técnicas, formatos y géneros de
la comunicación cambian más rápidamente
que la propia duración de los estudios universitarios.
No hacerlo así sería suponer que la transformación
de la comunicación es una cuestión únicamente
de tecnologías y no una cuestión de cómo
saber usarlas para la producción y distribución
de contenidos.
La revisión de los planes de
estudio deben considerar los cambios en el objeto, los cambios
en la comunicación
En los últimos meses numerosas Facultades
de Comunicación han debido enfrentarse a un dilema significativo
y que pone en evidencia la necesidad de reorganizar a fondo los
estudios de comunicación: ¿a qué Departamento
le corresponde la enseñanza y la investigación
sobre Internet?, ¿es una cuestión de periodismo,
de comunicación audiovisual, de publicidad, de documentación,
de informática?
Se trata de un dilema que pone en jaque
a las estructuras tradicionales de nuestras instituciones académicas
y les exige una mayor flexibilidad. La pregunta, obviamente,
admite más de una respuesta y exige una nueva forma de
organización transversal, pluridisciplinar de los estudios
y de la formación sobre comunicación. El reto de
Internet y, más en general, el reto de las nuevas formas
de comunicación multimedia y en red, corresponden y afectan
a todos los departamentos.
Ante ello, la respuesta académica más razonable
apunta hacia tres direcciones: un incremento de la optatividad
de los alumnos, la organización de esta optatividad en
algunos grandes itinerarios especializados, y la reestructuración
de las titulaciones clásicas (Periodismo, Publicidad,
Audiovisuales, etc.) por nuevas formas que den cabida a una formación
para unas aplicaciones todavía inciertas y ante las cuales
la necesidad de aprender a aprender se impone sobre la práctica
de saber hacer.
Por lo que respecta a la televisión, estamos ante
el fin de lo que podríamos denominar la "era broadcasting"
Los retos de Internet para los estudios
de comunicación van más allá de la problemática
del objeto de estudio y de las prácticas profesionales
y afectan también, muy directamente, a los métodos
y a las formas de educación.
Así, por ejemplo, búsquese
en algunos de los grandes motores de búsqueda de Internet
la palabra Lazarsfeld. Ante los resultados que se obtienen se
comprenderá fácilmente que la enseñanza
del futuro no se dará únicamente en las aulas,
sino que se dará simultáneamente en las aulas y
en la red. Por esto, en el futuro, no podrá distinguirse
entre Universidades presenciales y Universidades on line, sino
que todas las Universidades deberán ser, al mismo tiempo,
presenciales y on line. Esto implica una profunda transformación
de las formas de trabajar de los alumnos, pero también,
o aún más, de los profesores. ¿Qué
sentido tendrá dictar y tomar apuntes en la era digital?
Toda la estructura docente universitaria deberá cambiar
su sistema de trabajo para facilitar la digitalización
del conocimiento, la creación de una gran memoria digital
educativa, al servicio de los estudiantes y de acceso gratuito
para todos, como servicio público de información
educativa.
Este proceso no ha de excluir el debate y la crítica,
más bien todo lo contrario, ha de permitir la distinción
entre la transmisión de información, cada vez más
fácil vía Internet, y la formación, cada
vez más vinculada al diálogo y a la discusión
en la clase.
Comunicación: ¿cambios
en el objeto o cambio de paradigma?
En la revisión de los planes de
estudio debemos considerar otro problema ciertamente importante:
los cambios en el objeto, los cambios en la comunicación.
Debemos empezar considerando un hecho determinante:
estamos en una etapa de tránsito, de la era de la comunicación
de masas a una nueva era de la información multimedia
y en red. Por lo que respecta a la televisión, por ejemplo,
estamos ante el fin de lo que podríamos denominar la "era
broadcasting", para entrar en el umbral de la nueva "era
digital". Debemos, desde luego, matizar e interpretar críticamente
estos cambios, identificar los desequilibrios, pero ya podemos
empezar a concluir que es necesario cambiar el enfoque de nuestra
docencia e investigación: no estamos en la sociedad de
los "mass media" sino en la sociedad "de la información".
Nuestro objeto de estudio, y nuestro referente para la formación
profesional, transciende ahora a los "mass media" en
todas sus direcciones, desde la comunicación interpersonal,
hasta la comunicación interactiva, "on line",
por Internet.
Aún más, es la misma definición
de sociedad lo que está ahora en juego. Un ejemplo: ¿cómo
hemos de interpretar y explicar en clase la vieja polémica
entre "apocalípticos e integrados" en la cultura
de masas?, ¿qué lugar debe ocupar en nuestros programas
la transformación de la sociedad industrial en una sociedad
de la información?, ¿quién debe explicar
y dónde deben explicarse estos nuevos fenómenos?
Como ejemplo de los desfases que hemos
de superar, podemos citar el caso de la existencia en nuestros
planes de estudio de asignaturas con títulos como "Estructura
de la Comunicación de Masas", denominada coloquialmente
"masas" por los estudiantes. Este título responde
exactamente a lo que era nuestro objeto de estudio hace veinte
o treinta años, pero ya no responde a lo que será
nuestro objeto de estudio en los próximos años.
Los cambios en la comunicación
y los retos teóricos
En el congreso de FELAFACS celebrado en
Lima (octubre de 1997) desarrollé mis primeros puntos
de vista sobre estas cuestiones. Unos años después
estos puntos de vista parecen confirmarse ante la consolidación
de algunas tendencias, especialmente las siguientes:
En primer lugar es necesario definir y contextualizar históricamente
el nuevo modelo de sociedad. De la "sociedad de los mass
media" a la "sociedad de la información",
como contexto básico para interpretar las nuevas formas
de comunicación, pero también las nuevas funciones
y los nuevos usos de los medios de comunicación.
La formación y la investigación
en comunicación deberá considerar los nuevos modelos
de comunicación, especialmente el fenómeno Internet,
pero al mismo tiempo deberá ser capaz de analizar los
efectos de las transformaciones tecnológicas sobre los
media convencionales (prensa, cine, radio, televisión),
que mantienen muchas de sus funciones básicas, pero pierden
o comparten algunas de ellas con las nuevas formas de comunicación.
También es necesario analizar el tránsito de la
centralidad de la "mass communication" a la proliferación
de los procesos de comunicación sectorial e individualizada,
a las nuevas formas de recepción de comunicación
y a la segmentación de las audiencias en un nuevo contexto
de globalización.
El análisis teórico debe
también esforzarse en la prospectiva, comenzando por identificar
las características básicas de la digitalización,
interpretando los nuevos procesos y, especialmente, la convergencia
de factores (cultura, comunicación, telecomunicaciones,
desarrollo económico, etc.).
Esto significa el advenimiento de una nueva frontera para las
políticas de comunicación, cada vez más
integradas en políticas globales de sociedad de la información.
Especialmente significativa para las ciencias de la comunicación,
es la actual convergencia de las políticas de comunicación
con las políticas culturales, las políticas de
telecomunicaciones y las políticas de desarrollo económico,
lo que las obliga a un nuevo planteamiento integrado, en la misma
dirección que, hace ya muchos años, señalaron
los más destacados investigadores latinoamericanos cuando
definieron las políticas de comunicación en las
conferencias de Bogotá y Costa Rica en los años
60.
Esta misma convergencia de factores hace necesario interpretar,
desde el punto de vista de la comunicación, los grandes
fenómenos sociales: ocio, salud, bienestar social, educación,
pero también fenómenos como la pobreza, el subdesarrollo,
los desequilibrios internacionales, los riesgos del medio ambiente,
etc., cada vez más implicados en los procesos comunicacionales.
El reto de construir una sociedad de
la información que sea para todos y no solo para algunos
En la nueva era digital pueden repetirse los mismos errores y
desviaciones ya acaecidos con la exportación ideológica
de la mass communication research funcionalista en los años
50 y 60, cuando se aplicaron los resultados de la investigación
norteamericana a todos los países de la tierra, sin distinciones
de desarrollo y de autonomía de sus economías.
También ahora será necesario evitar este tipo de
extrapolaciones, porque el mundo, como parecen suponer algunos
libros promocionales, no es "California". Será
función básica de la teoría de la comunicación
interpretar los nuevos procesos y la implantación de las
tecnologías de la comunicación en términos
comparativos, interpretando los desequilibrios, no sólo
cuantitativos sino también estructurales derivados de
los niveles de desarrollo, procurando así una nueva versión
de "Voces múltiples, un único mundo en la
era Internet".
Las teorías de la comunicación
han centrado hasta ahora su atención preferente en los
medios y en los contenidos, pero han prestado una escasa atención
a los procesos y a las tecnologías de transmisión
de la información. En el nuevo contexto de la sociedad
red los estudios de comunicación deberán corregir
este enfoque, prestando una mayor atención a la nueva
centralidad de las telecomunicaciones, no solamente como canales
de distribución, sino además como nuevos actores
que condicionan la distribución pero también, y
muy especialmente, la producción de contenidos.
Entre los retos teóricos que afectan
directamente a la comprensión de las políticas
de comunicación, también debemos mencionar la necesidad
de reinterpretar los espacios de comunicación, en una
nueva dialéctica global-local, que está determinando
una nueva dimensión de estos espacios. La influencia de
la transnacionalización se ve compensada, en parte, con
la emergencia de nuevos modelos de comunicación descentralizados
(de proximidad) que pugnan por su supervivencia, entre la escala
limitada de sus mercados y la fuerza de identificación
con las tradiciones culturales.
Finalmente será necesario revisar
a fondo los paradigmas de la comunicación, en parte por
la multiplicación de flujos entre los emisores, los mediadores
y los receptores; en parte por fenómenos como la superabundancia
de información en Internet, o por la aparición
de nuevas formas de distribución de las señales.
Pero los cambios en el paradigma serán necesarios, sobre
todo, por la nueva centralidad de un factor clave en la comunicación
del futuro: la producción de contenidos e, indirectamente,
las formas de acceso y la mediación entre los usuarios
y la nueva memoria digital. En estos aspectos se concentrará
el poder, y también los desequilibrios, de la comunicación.
En estos aspectos también se centrará la responsabilidad
intelectual y moral de los investigadores de la comunicación
ante el reto de construir una sociedad de la información
que sea para todos y no solo para algunos.