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 Revista Chasqui No. 89

Opinión

 

Democracia y prensa: mito y realidad

Peter Schenkel

De acuerdo con los escritores norteamericanos Chalmers Johnson y Stanley Hoffman, la democracia atraviesa serios problemas. El politólogo francés Jean-Marie Guéhenno aún va más lejos. Sostiene que la democracia no podrá sobrevivir la sociedad informatizada y globalizada ¿Y qué tiene que ver la prensa en esto? Podría argumentarse que el desarrollo político y económico de las naciones y del mundo determinan el curso de la historia y que el papel de la prensa, así como de los medios electrónicos, apenas refleja estas tendencias de una manera más o menos objetiva y ecuánime, sin el afán y la capacidad de influenciarlas de una u otra manera. ¡Pero, he aquí el error!

A lo largo de los últimos decenios, numerosos estudios realizados, entre otros por el CIESPAL, demuestran que la verdad es otra. La libertad de prensa es uno de los principios más sagrados de la democracia, del sistema pluralista y del derecho. Según él -y casi todas las Constituciones democráticas lo consagran como tal- los medios y especialmente la prensa grande son libres de censura y presiones, ya sea del Estado o de grupos poderosos de la sociedad civil. Pueden informar y opinar lo que les venga en gana, con el fin de mantener a la sociedad informada adecuadamente sobre todos los problemas que acechan al país y al mundo. Pero esto -ya se sabe- es un mito. No existe un país democrático en el mundo, donde este ideal se cumpla a cabalidad. Todos los gobiernos -unos con un garrote mas grande que otros- limitan la libertad de prensa, utilizan su poder para intimidarla, hacerla servil a sus intereses, tratando de imponerle su línea y poniéndole tabúes para autoabstenerse de abordar ciertos temas que no desean que se ventilen a la luz pública. Presiones económicas, amenazas y hasta el asesinato de periodistas considerados indeseables, son los medios utilizados frecuentemente, especialmente en América Latina.

Fuertes intereses económicos también constituyen un siniestro obstáculo para una verdadera libertad de prensa. La gran prensa no se encuentra en manos de humanistas e idealistas, sino de empresarios que manejan sus empresas con fines comerciales y que buscan maximizar sus ganancias. Dependen en alto grado de la publicidad de grandes intereses económicos, ya sean industriales, comerciales o de otra índole, y esta dependencia coarta su libertad y transforma al periódico, la radio, la revista o al canal de televisión, en un sumiso aliado y defensor de estas fuerzas y de sus intereses particulares.

O sea, el lector de un diario, el radioescucha o un televidente, en realidad lo que recibe de estos medios no es una versión completamente independiente, objetiva, veraz de los hechos, sino un menú premasticado con un enfoque parcializado, limitado, acorde con determinados intereses políticos y económicos. Recibe un mar de información y unas telarañas de opinión dirigida, no con la fuerza brutal de un régimen totalitario, que no permite alternativas a la línea decretada por los centros de poder, sino de una manera más sutil y por ende más peligrosa.

Se podría decir que esto solo es normal, que cada medio sostenga su línea y que mantenga sus intereses particulares. El lector -para obtener una versión completa y verídica, no distorsionada de los hechos- debería leer la mayor cantidad posible de diarios, para poder asimilar todos los aspectos y complejidades de un tema, los pro y contra, para poder formarse una opinión que corresponda a la realidad. Pero, cabe la pregunta, ¿quién puede y tiene el tiempo para cumplir con esta exigencia? Con razón el hombre común es víctima de una desastrosa desinformación, y permanece ignorante de la multifacética y difícil naturaleza de muchos asuntos vitales de una nación y del mundo.


Peter Schenkel, nació en Yugoslavia, de nacionalidad alemana. Estudio Ciencia Política en Austria. Trabajó en América Latina con la Fundación Frederich Ebert. Autor de muchos libros. Reside desde hace más de 30 años en Ecuador.
Correo-e: schenkel@ecnet.ec

 
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