Democracia y prensa: mito
y realidad
Peter Schenkel
De acuerdo con los escritores
norteamericanos Chalmers Johnson y Stanley Hoffman, la democracia
atraviesa serios problemas. El politólogo francés
Jean-Marie Guéhenno aún va más lejos. Sostiene
que la democracia no podrá sobrevivir la sociedad informatizada
y globalizada ¿Y qué tiene que ver la prensa en
esto? Podría argumentarse que el desarrollo político
y económico de las naciones y del mundo determinan el
curso de la historia y que el papel de la prensa, así
como de los medios electrónicos, apenas refleja estas
tendencias de una manera más o menos objetiva y ecuánime,
sin el afán y la capacidad de influenciarlas de una u
otra manera. ¡Pero, he aquí el error!
A lo largo de los últimos
decenios, numerosos estudios realizados, entre otros por el CIESPAL,
demuestran que la verdad es otra. La libertad de prensa es uno
de los principios más sagrados de la democracia, del sistema
pluralista y del derecho. Según él -y casi todas
las Constituciones democráticas lo consagran como tal-
los medios y especialmente la prensa grande son libres de censura
y presiones, ya sea del Estado o de grupos poderosos de la sociedad
civil. Pueden informar y opinar lo que les venga en gana, con
el fin de mantener a la sociedad informada adecuadamente sobre
todos los problemas que acechan al país y al mundo. Pero
esto -ya se sabe- es un mito. No existe un país democrático
en el mundo, donde este ideal se cumpla a cabalidad. Todos los
gobiernos -unos con un garrote mas grande que otros- limitan
la libertad de prensa, utilizan su poder para intimidarla, hacerla
servil a sus intereses, tratando de imponerle su línea
y poniéndole tabúes para autoabstenerse de abordar
ciertos temas que no desean que se ventilen a la luz pública.
Presiones económicas, amenazas y hasta el asesinato de
periodistas considerados indeseables, son los medios utilizados
frecuentemente, especialmente en América Latina.
Fuertes intereses económicos
también constituyen un siniestro obstáculo para
una verdadera libertad de prensa. La gran prensa no se encuentra en manos de humanistas
e idealistas, sino de empresarios que manejan sus empresas con
fines comerciales y que buscan maximizar sus ganancias. Dependen
en alto grado de la publicidad de grandes intereses económicos,
ya sean industriales, comerciales o de otra índole, y
esta dependencia coarta su libertad y transforma al periódico,
la radio, la revista o al canal de televisión, en un sumiso
aliado y defensor de estas fuerzas y de sus intereses particulares.
O sea, el lector de un diario,
el radioescucha o un televidente, en realidad lo que recibe de
estos medios no es una versión completamente independiente,
objetiva, veraz de los hechos, sino un menú premasticado
con un enfoque parcializado, limitado, acorde con determinados
intereses políticos y económicos. Recibe un mar
de información y unas telarañas de opinión
dirigida, no con la fuerza brutal de un régimen totalitario,
que no permite alternativas a la línea decretada por los
centros de poder, sino de una manera más sutil y por ende
más peligrosa.
Se podría decir que
esto solo es normal, que cada medio sostenga su línea
y que mantenga sus intereses particulares. El lector -para obtener
una versión completa y verídica, no distorsionada
de los hechos- debería leer la mayor cantidad posible
de diarios, para poder asimilar todos los aspectos y complejidades
de un tema, los pro y contra, para poder formarse una opinión
que corresponda a la realidad. Pero, cabe la pregunta, ¿quién
puede y tiene el tiempo para cumplir con esta exigencia? Con
razón el hombre común es víctima de una
desastrosa desinformación, y permanece ignorante de la
multifacética y difícil naturaleza de muchos asuntos
vitales de una nación y del mundo.
Peter Schenkel, nació en Yugoslavia, de nacionalidad
alemana. Estudio Ciencia Política en Austria. Trabajó
en América Latina con la Fundación Frederich Ebert.
Autor de muchos libros. Reside desde hace más de 30 años
en Ecuador.
Correo-e: schenkel@ecnet.ec