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 Revista Chasqui No. 89

Ensayos

 

El imperio mediático de Silvio Berlusconi en Italia

Hablar de medios de comunicación en Italia es una tarea difícil, vista la realidad compleja e imperante en los últimos años. Llama poderosamente la atención cómo la mayoría de los conceptos aportados durante años, en el contexto internacional, por prestigiosos estudiosos italianos de las ciencias sociales, hayan sido arrasados en un lapso muy breve, como si de un gran tsunami se tratase.
Lo que se puede hacer ante tal situación es establecer algunos paralelismos con otros contextos más o menos análogos. Además, dada la complejidad del asunto, tan solo nos centraremos en la televisión, que fue el motor del fenómeno italiano.
En el último quinquenio muchos son los cambios que han afectado la situación internacional, y por ende, directa e indirectamente a los medios de comunicación social. El concepto libertad de expresión ha sido redefinido a partir de los atentados en Nueva York. Lamentablemente, por unos pocos, la gran mayoría de las personas honestas está pagando un precio muy alto. Lo peor del caso es que no se vislumbra el final del túnel.
Ahora bien, volviendo al emperador itálico, el origen del auge del imperio hay que buscarlo en modelos de comunicación provenientes del otro lado del Atlántico, más precisamente en el área sur del continente americano, especialmente, en los medios de comunicación audiovisuales y aquel elemento que se interpone entre la libre e interrumpida fruición de contenidos, es decir, la publicidad. Es a partir de la misma donde se gestaron ciertas estrategias que fueron extrapoladas a Europa.

El poder de la publicidad

    El auge de Berlusconi hay que buscarlo en

    modelos de comunicación del otro lado del Atlántico

En la televisión pública mediterránea de los años 80, la publicidad no interrumpía ciertos tipos de programas como películas, series, documentales, telenovelas, etc., cada cinco o diez minutos. Tampoco existía la publicidad camuflada en los programas, y menos aún no se podía poner subtítulos en la pantalla que promovieran marcas comerciales, como se solía ver en esos tiempos, en los partidos de fútbol de cualquier país americano.
Entonces, con el advenimiento de la televisión privada ciertas reglas se cambiaron despachadamente por los dueños de esas cadenas televisivas. Sin lugar a dudas, se produjo un copiar y pegar de modelos publicitarios provenientes del nuevo continente. Los ingresos por esos servicios hicieron crecer las arcas de los medios de comunicación privadas de manera veloz.
Los programas realizados por dichas cadenas privadas se aprovecharon del vacío legislativo, o en otros casos hacían omisión de la normativa existente, ya que su misión prioritaria era atraer a los destinatarios de los mensajes en el menor tiempo posible. Los medios públicos, para reaccionar ante tal realidad, también adoptaron este modus operandi, o sea, abrir la puerta a la publicidad salvaje.

    Los seres humanos han caído en la ley de la jungla, donde sobrevive

    el más fuerte o el que hace más trampas a las reglas del juego

Muchos, en ese entonces, pensaban que los medios de comunicación privada mejorarían el panorama cultural de la población, porque tenían fuertes ingresos gracias a la publicidad, lo que teóricamente redundaría en contenidos de alta calidad. Nadie podía imaginar el efecto bumerang de esa realidad.


Francisco Ficarra, italiano, profesor, periodista y escritor. Reside en la actualidad entre la costa mediterránea y los Alpes italianos.
Correo-e: f_ficarra@libero.it

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