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 Revista Chasqui No. 89

Lenguaje

 

Errores comunes en el lenguaje periodístico

Redundancias

Juan Manuel Rodríguez

Debo el tema de este artículo a un lector que, desde Argentina, me reclama un error de redundancia en uno de mis escritos al iniciarlo con la frase "El mes de junio comenzó". Según su entender hubiera bastado con expresar "Junio comenzó". Si mi leyente quisquilloso hubiera recurrido a un clásico de su tierra, advertiría que la frase parece correcta. Ya en la primera línea del cuento El inmortal, no es necesario leer mucho sino con atención, Jorge Luis Borges escribe: "En Londres, a principios del mes de junio de 1929, el anticuario..." De igual forma, sin ir más allá del segundo párrafo de la novela Cien años de soledad, Gabriel García Márquez relata: "Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos..." Los ejemplos serían innumerables. ¿Tildaremos a estos autores de cometer redundancia?

Pero además de estos argumentos de autoridad, hay otras razones. En Roma existía la familia Junia, como también la familia Julia. El varón de la familia Junia se llamaban Junio, sustantivo propio que es frecuente en culturas como la anglosajona, donde muchas mujeres han sido bautizadas con "June", Junia. Por tanto, iniciar el artículo con "Junio comenzó" hubiera producido ambigüedad en el sentido por no saber si nos referimos a una persona o a un mes.

Y una última razón. La redundancia no es un vicio de expresión, salvo en casos de descuido, falta de léxico, amplificaciones amaneradas, ampulosidad, recargamiento y artificiosidad, y si obstruye el fluir natural del pensamiento. Ser concisos es una virtud, exagerarla es un vicio pues acarrearía oscuridad en el texto. En el arte de escribir, el buen sentido es el que marca las diferencias. Así como no todo grano en la piel es nocivo, tampoco la redundancia se convierte por sí misma en error. ¿Dónde está la diferencia? Aclaremos.
Todo sistema informativo se basa en la duplicación de ciertas señales y signos.

Por ello es imposible enviar información sin redundar. Es redundante el semáforo: verde, amarillo y rojo. Lo son igualmente los idiomas que tienen un número limitado de sonidos y palabras, y también el sistema binario (cero y uno) con el que trabaja la computadora. Aunque el exceso puede ser perjudicial, sin redundancia no hay comprensión del texto. En tal virtud, la redundancia, siempre presente, será positiva o negativa según el sentido y la intención del mensaje. Exagerarla puede conducir a la avaricia de signos y obtener como resultado la incomprensión del texto, o puede llevar al derroche y conseguir el efecto de aburrimiento y ampulosidad.

La redundancia es fonética y morfológica, como en la palabra mamá (/ma/má/), y en la frase los niños, donde el plural del artículo (s) vuelve a repetirse en el sustantivo. Hay la redundancia léxica y semántica, tal es el caso de la oración "el perro come y come sin parar"; los pronombres suelen aliviar el problema con la sustitución como en "era un árbol hermoso que destacaba por


Juan Manuel Rodríguez, español por nacimiento, ecuatoriano por adopción. docente del Colegio de Comunicación de la Universidad San Francisco de Quito, novelista y escritor.
Correo-e: juan@mail.usfq.edu.ec

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