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El Pucará de Rumicucho, observatorio astronómico?
En las conocidas ruinas de Rumicucho, que son admiradas por su belleza arquitectónica Boris Ullauri, administrador de empresas y astrólogo aficionado, inició una investigación de los símbolos hallados en las piedras.

Según Ullauri en Rumicucho (Rincón de piedra o piedra escondida) se esconde un misterio, que de ser comprobado podría echar abajo los preceptos históricos sobre los movimientos de los astros.

Rumicucho, que a primera vista parece una fortaleza, según Ullauri, era un laboratorio donde se estudiaban los astros y "el movimiento de la tierra".

Basado en la investigación de Eduardo Almeida, arqueólogo que trabajó en las ruinas por 25 años, Ullauri encontró que lo más importante de Rumicucho no son sus terrazas ni las construcciones, sino dos óvalos y una piedra.

Estos símbolos, si se los puede llamar así, están ubicados en la parte norte de las ruinas y, pese a que fueron estudiados muy a fondo, no se descubrió su secreto.

De acuerdo a la teoría de Ullauri, ni la piedra, ni los óvalos fueron construidos por casualidad, pues tenían una función, la de representar los equinoccios y los solsticios.
La piedra gigante

Las primeras investigaciones del astrólogo aficionado iniciaron en la roca semilabrada conocida como Rumi Jatun (piedra gigante), la cual está alineada a la unión de dos montañas.

Esta roca, que estaría invertida respecto a su posición original y que tendría la forma de batea, representa al sol, durante el día, y, en la noche, según su hipótesis, si se la llenaba de agua servía como un espejo para ver las estrellas.

Junto a esta piedra, en una línea recta, al norte y al sur están los dos óvalos, que de acuerdo al investigador, representan a la tierra y que en su interior también esconden otros misterios.
En el óvalo ubicado al sur, por ejemplo, el arqueólogo, Eduardo Almeida, identificó unos huecos, que según él servían para colocar una especie de postes ceremoniales.

Lo extraño de estos huecos, que tenían diferentes diámetros y profundidades intrigó a Ullauri, quien al revisar los libros de Almeida descubrió la existencia de un "tupo" (artefacto que se usaba para unir prendas de vestir) que tenía los mismos orificios encerrados en un pelícano.
Una constelación

Tras comparar los "puntos" encontrados en el óvalo y los del tupo el símbolo del "pelícano" tuvo una explicación... se trataba de una constelación ornitomorfa (que tenía la forma de un ave)

Los huecos en cuestión representan, según Ullauri, a la Cruz del Sur y a la Osa Mayor, que se pueden contemplar desde Rumicucho los días del equinoccio (21 de marzo y 15 de abril) desde las 22h00 hasta las 02h00.

Lo más asombroso de este hallazgo, es que la Osa Mayor, que está al norte del óvalo, representada tal como está en el espacio, era vista o concebida, por los antiguos pobladores de Rumicucho como la "Constelación del Pelícano".

Pero ¿por qué un pelícano? En este punto, Ullauri sostuvo que los aborígenes que vivían hacia el Océano Pacífico sabían que el pelícano, al igual que la constelación se mueven en forma horizontal y, luego, se pierden o se hunden en el mar.

"Lo más paradógico es que la presencia de dichas constelaciones, de acuerdo a las astrología moderna anuncian la llegada del equinoccio en ese sector el 21 de marzo", aseguró Ullauri.
 
Construcción paralela
Si se mira con detenimiento a las ruinas de Rumicucho con respecto a la montaña que se encuentra al oriente, la de la Providencia, se puede ver que es una construcción paralela a la misma.

Esto, dijo el experto, tampoco se hizo al azar, pues en su versión La Providencia sería un punto de referencia natural para analizar los movimientos del sol.

Una prueba de esto se la puede vivir el 26 de septiembre, cuando se produce una conjunción entre el sol, la montaña y la piedra que está ubicada en el sitio del equinoccio.

El estudio de los astros, al parecer era muy importante para nuestros antepasados, quienes también, a través de los óvalos de Rumicucho identificaron claramente las fechas de los solsticios de invierno y verano (22 de diciembre y 15 de junio).
 
Nace una teoría
Con sus descubrimientos, nada descabellados, Ullauri, se aventuró a formular su teoría, que habla de las posibilidades que intrigaron a la humanidad desde su creación. ¿Qué se mueve la tierra o el sol?

"Nuestros ancestros, los que estuvieron antes que los incas, sabían que la tierra se movía alrededor del sol, pues en los óvalos, al igual que en los equinoccios ellos plasmaron constelaciones diferentes", asegura el investigador. Esto, agregó, no sucedería si el sol se moviera alrededor de la tierra, pues se verían las mismas estrellas.

Para Ullauri, quien pidió que se investigue a fondo su teoría, este descubrimiento hizo que quienes construyeron Rumicucho hicieran los óvalos elipsoidales, que representan los movimientos de rotación y traslación de la tierra.

" Con sus conocimientos del movimiento de la tierra, de los equinoccios y de los solsticios los nativos hicieron mediciones de la posición del sol e inventaron un calendario solar", dijo el experto.

Si estas construcciones fueran meras coincidencias la teoría de Ullauri fracasaría, pero si se comprueban se demostraría que las culturas aborígenes andinas tenían una cultura muy avanzada en lo que se refería a la lectura de los astros.
 

 

Evidencia arqueológica

Una publicación del Banco Central del Ecuador de autoría de Eduardo Almeida Reyes, más que un informe simple de los trabajos que se han realizado en el Pucará de Rumicucho, recoge la evidencia arqueológica aportada por el estudio del monumento, así como los estudios etnohistóricos complementarios, que confirman que esta es una estructura arquitectónica de carácter y función militar.

Se piensa que sirvió también como observatorio astronómico y sitio religioso; Rumicucho permite una visión amplia del cerro de La Marca y del Cayambe, elevaciones que forman un línea horizontal en sentido este-oeste por donde atraviesa exactamente el sol durante su equinoccio.

Por esto se cree que el Pucará de Rumicucho fue también un lugar de culto al Sol.

El Pucará de Rumicucho importante monumento prehispánico, está ubicado en una loma, en la parroquia de San Antonio de Pichincha, al norte de Quito.

El Banco Central, desde 1976 inició trabajos de excavación arqueológica en el sitio con vistas a un estudio y a la restauración de las estructuras existentes.

Se logró investigar y restaurar cuatro de sus cinco terrazas, las que por mucho tiempo se convirtieron en un atractivo turístico.

Almeida recomienda que "La conservación de este vestigio de la historia nacional dependerá de la conciencia del público para asumir como propia esta huella de los antiguos pobladores del país y de la acción de las instituciones y gobiernos seccionales, encargados de la protección y difusión del patrimonio cultural".

Hasta el año 1984, aparte de un inventario preliminar de las fortalezas situadas al norte de la línea equinoccial en las provincias de Pichincha e Imbabura, las excavaciones muy limitadas debidas a la Universidad de Bonn en Quitoloma, Y los trabajos arqueológicos que venía realizando, desde mediados de la década de los 70, el Museo del Banco Central del Ecuador en el Pucará de Rumicucho, situado cerca de la población de San Antonio de Pichincha, no se había llevado a cabo en el Ecuador un estudio de conjunto de estas construcciones militares prehispánicas.

El Pucará tiene alrededor de 380 m. de largo y 75 de ancho; está conformado por 5 terrazas de piedra que siguen la forma piramidal de la colina sobre la cual fueron construidas. Este pucará es parte de un sistema de fortificaciones de las cuales también se conocen los pucaráes de La Marca, Trigoloma, Pambamarca y del valle de Guayllabamba.

 

Unos pocos autores aceptan la hipótesis de que fueron construidas por los incas para apoyar el esfuerzo bélico de sus ejércitos de conquista, atribuyéndole una función diferente a la militar, o sea, básicamente ceremonial. Aunque esta opinión tiene su apoyo en ciertos datos de carácter etnográfico e histórico, la evidencia fundamental señala que su función básica y original fue la militar.

Existe una tendencia generalizada entre los historiadores ecuatorianos de la escuela tradicionalista a preferir la hipótesis de que fueron construidas por las etnias locales para defenderse de la amenaza inca, por lo general, sin aducir razones de peso.

La evidencia aportada por las investigaciones arqueológicas realizadas en Rumicucho y Quitoloma, confirma con bastante claridad una ocupación, y probable construcción, incaica. Internet

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