- El solsticio
de verano
-
El 21 de junio se celebra, en
el hemisferio norte, el día más largo del año.
En esta fecha, los habitantes de la región septentrional
del planeta se aprestan para presenciar uno de los espectáculos
más bellos de la naturaleza: el sol de media noche.
En algunos lugares, como el
Polo Norte, el sol continúa brillando a la media noche
del 21 de junio
Definitivamente el 21 de
junio no es un día como los demás. La naturaleza,
el hombre y las estrellas se disponen a celebrar una gran fiesta,
cargada de gran poder y magia.
Las hadas y demás deidades
de la naturaleza andan sueltos por los campos; los agricultores
dan gracias por el verano, las cosechas, las frutas y por disponer
de más horas para cumplir con sus tareas y entregarse
también a la diversión.
También es el momento
justo para pedir por la fecundidad de la tierra y de los mismos
hombres; además se debe comenzar a almacenar alimentos
para pasar el otoño y el invierno.
Pero cuál es el motivo
de esta festividad? Nada menos que el solsticio de verano, la
única fecha en el año en que el día
cuenta con más horas.
La celebración del solsticio
de verano, es tan antigua como la misma humanidad. En un principio
se creía que el sol no volvería a su esplendor
total, pues después de esta fecha, los días era
cada vez más cortos.
Por esta razón, fogatas
y ritos de fuego de toda clase se iniciaban en la víspera
del pleno verano (Midsummer's Eve), o el 20 de junio, para
simbolizar el poder del sol y ayudarle a renovar su energía.
En tiempos posteriores se encendían
fogatas en las cimas de la montañas, a lo largo de los
riachuelos, en la mitad de las calles y al frente de las casas.
Se organizaban procesiones con antorchas y se echaban a rodar
ruedas ardiendo colinas abajo y a través de los campos.
A menudo se bailaba y saltaba
alrededor del fuego para purificarse y protegerse de influencias
demoniacas y asegurar el renacimiento del sol.
De acuerdo con el astronómo
barranquillero Jorge Enrique Senior, se puede decir que todo
empezó hace cerca de 5 mil años, cuando en nuestros
antepasados, tan amigos de observar las estrellas
y establecer su influencia en nuestras vidas, se dieron
cuenta que en determinada época del año el Sol
se mueve desde una posición perpendicular sobre
el Trópico de Capricornio, hasta una posición perpendicular
sobre el trópico de Cáncer
A estos días extremos
en la posición del Sol se les llamó solsticios
de invierno y verano, los cuales ocurren los días diciembre
21 y junio 21 respectivamente. Estas fechas corresponden al hemisferio
norte, pues en el sur es al contrario.
Otra manera de visualizarlo es
imaginarse que paseamos todos los días por la playa al
atardecer. El día que lo veremos al sol ponerse
más al sur es el 21 de diciembre (Solsticio de invierno
lo llaman en el hemisferio norte) y el día que lo veremos
ponerse más al norte es el 21 de junio (solsticio de verano,
para el hemisferio norte, pues para los del sur sería
de invierno).
"Las fechas mencionadas
son las típicas, pero puede ser que en un año determinado
caiga un día antes o después, debido a las irregularidades
del calendario, como los años bisiestos", afirma
el astrónomo Senior
Hablando propiamente del solsticio
de verano, en esta fecha el eje de la tierra está inclinado
23,5 grados hacia el sol. Esto ocasiona que, en el hemisferio
norte, el 21 de junio sea el día más largo del
año, pero esto no es válido para cualquier
región, pues en países como Colombia, que está
más al Sur de los 23,5 grados de latitud norte, la diferencia
no es tan notable.
Este descubrimiento permitió
al ser humano medir exactamente 1 año y así crear
el calendario solar, predecir con exactitud las estaciones, con
todo lo que eso significa para la agricultura y, en general,
para la civilización. Para visualizar esos días
se construyeron obras o señales, a veces monumentales,
como Stonehenge en Inglaterra.
Stonehenge es uno de los más
famosos monumentos prehistóricos del mundo. Aunque no
se sabe muy bien su fecha de construcción, los científico
estiman que ésta ocurrió cerca al año 2800
A.C.
Precisamente, al amanecer del
día más largo del año, el sol que sale por
el horizonte queda perfectamente encuadrado entre las aberturas
de los megalitos.
Sin embargo, algunos científicos
consideran que esto es pura coincidencia, pues desde hace 5 mil
años hasta hoy el eje de la Tierra ha sufrido modificaciones,
lo que lleva a suponer que en el tiempo en que fue construido
Stonehenge el sol no quedaba "atrapado" entre las separaciones
de las grandes piedras que conforman este monumento.
NOCHE DE SAN JUAN
Esta es una fecha en la que numerosas
leyendas fantásticas son unánimes al decir que
es un período en el que se abren de par en par las invisibles
puertas del "otro lado del espejo": se permite el acceso
a grutas, castillos y palacios encantados; se liberan de sus
prisiones y ataduras las reinas moras, las princesas y las infantas
cautivas merced a un embrujo, ensalmo o maldición; braman
los cuélebres (dragones) y vuelan los "caballucos
del diablo"; salen a dar un vespertino paseo a la luz de
la Luna seres femeninos misteriosos en torno a sus infranqueables
moradas; afloran enjambres de raros espíritus duendiles
amparados en la oscuridad de la noche y en los matorrales; las
gallinas y los polluelos de oro, haciendo ostentación
de su áureo plumaje, tientan a algún que otro incauto
codicioso a que les echen el guante; las mozas enamoradas sueñan
y adivinan quién será el galán que las despose;
las plantas venenosas pierden su dañina propiedad y, en
cambio, las salutíferas centuplican sus virtudes (buen
día para recolectar plantas medicinales en el campo);
los tesoros se remueven en las entrañas de la Tierra y
las losas que los ocultan dejan al descubierto parte del mismo
para que algún pobre mortal deje de ser, al menos, pobre;
el rocío cura ciento y una enfermedades y además
hace más hermoso y joven a quien se embadurne todo el
cuerpo; los helechos florecen al dar las doce campanadas...
En definitiva, la atmósfera se carga de un aliento sobrenatural
que impregna cada lugar mágico del planeta y es el momento
propicio para estremecernos, ilusionarnos y narrar a nuestros
hijos, nietos o amigos toda clase de cuentos, anécdotas
y chascarrillos sanjuaneros que nos sepamos.
Esta noche se abre la puerta que nos introduce al conocimiento
del futuro y a las dimensiones mágicas de la realidad.
Es la noche en que los entierros arden, el Diablo anda suelto
y los campos son bendecidos por el Bautista. En la mañana,
muy temprano la gente se lava el pelo y la cara con las aguas
bendecidas y comienza a llamar, tres veces consecutivas:
-¡San Juan!, ¡San Juan!, dame milcao (guiso de papas
con manteca) yo te daré pan.
La noche anterior dos han sido los eventos más importantes:
el baile del fuego y las pruebas. Algunas de estas pruebas son:
l. La joven que sale al amanecer y se encuentra con un perro
su marido será un goloso perro durante su vida.
2. Al salir, después de las 12, se encuentra con un gato
negro es mala suerte para el futuro, felicidad si el gato es
de otro color.
3. Si a medianoche se hace una cruz en los árboles, producirán
el doble.
4. Si a las 12, mira la luna y después la higuera, la
verá florecer.
5. La higuera y el "pesebre" (helecho) florecen esta
noche. Quien posea una de estas flores será muy afortunado.
6. Quien vea florecer la hierbabuena esta noche será muy
afortunado siempre que lo mantenga en secreto.
7. En la víspera se planta la flor de la hortensia, en
un tarro con tierra y agua. Luego se le hace un pedido poniendo
fe en el bautismo de San Juan.
8. Hay que lavarse las manos con agua de manantial para mantenerse
joven y el cabello para conservarlo hermoso. Esa noche las aguas
están benditas por el Bautista.
9. Cuando llueve esa noche o al día siguiente, va a haber
abundancia de manzanas.
10. Antes de la salida del sol hay que regar los árboles
con agua de manantial, para que den bastante fruta durante el
año.
11. Para tener buena siembra hay que tirar un pedazo de vela
la noche de San Juan.
12. Para aprender a tocar guitarra hay que colocarse durante
esta noche bajo una higuera.
La noche y el amanecer, están dedicado a San Juan en un
esfuerzo por cristianizar las numerosas fuerzas que se manifiestan
en esta mágica jornada, en la que todas las sociedades
tradicionales de Europa ponen en marcha numerosos rituales de
antiguo origen y profunda funcionalidad cultural. La fiesta no
es específica de localidades concretas, sino que se extiende
por toda Europa con diversas variantes.
Un personajesímbolo de la cristiandad y un astro
presiden la celebración. Por una parte el Sol que, según
la tradición popular, sale bailando al amanecer del día
24. Por otra parte el santo de la fecha, San Juan, encargado
de dotar de sacralidad a la fiesta, pero que no ocupa lugar central
en los rituales.
Contando con el Sol y San Juan como componentes básicos
de la celebración, en la noche y el amanecer sanjuaneros
los hombres manipulan diversos instrumentos simbólicos
con la finalidad de luchar contra los distintos males que perjudican
a los humanos, a sus actividades y a sus bienes a lo largo del
año.
Fecha de transición astral que anuncia diversos cambios
en la naturaleza equivale a una ruptura de orden cósmica
propiciadora de emergencias del inframundo. Por eso la noche
de San Juan es noche de brujas, entes que pueden provocar numerosos
males a los humanos.
La Noche de San Juan, la de las tradiciones mágicas, se
caracteriza por la multitud de hogueras que iluminan la noche.
Los ciudadanos arrojan a la hoguera antes de su encendido pequeños
objetos, conjuros, deseos e incluso apuntes del curso con el
objetivo de hacer desaparecer los malos espíritus.
La tradición de enramar
las fuentes está relacionada con la prosperidad, la abundancia
y la fecundidad. La tradición dice que al amanecer del
primer día de verano, las mujeres recogían de las
fuentes la flor del agua con la esperanza de encontrar pareja,
concebir hijos o hacerse con poderes curativos. Al amanecer,
cuando las mujeres iban a la fuente, se cantaba a la flor del
agua.
¿POR QUÉ SAN JUAN BAUTISTA?: San Lucas narra en
su Evangelio que María, en los días siguientes
a la Anunciación, fue a visitar a su prima Isabel cuando
ésta se hallaba en el sexto mes de embarazo. Por lo tanto,
fue fácil fijar la solemnidad del Bautista en el octavo
mes de las candelas de junio, seis meses antes del nacimiento
de Cristo. (de hoy en seis meses - el 24 de diciembre - estaremos
celebrando el nacimiento de nuestro Redentor, Jesús).
Desde entonces se señaló
esta noche como la de San Juan, muy próxima al solsticio
de verano que ha heredado una serie de prácticas, ritos,
tradiciones y costumbres cuyos orígenes son inmemoriales
en toda Europa y se han extendido por muchos pueblos de América.
Lo paradójico del asunto es que el 24 de junio se celebra
la fecha del nacimiento del Bautista, que en realidad no debería
festejarse porque de los Santos siempre se recuerda el día
de su muerte. San Agustín hace la observación de
que la Iglesia celebra la fiesta de los santos en el día
de su muerte, pero que en el caso de San Juan Bautista, hace
una excepción y le conmemora el día de su nacimiento,
porque fue santificado en el vientre de su madre y vino al mundo
sin culpa. Es digno celebrarse su nacimiento, ya que fue motivo
de inmensa alegría para la humanidad tener entre sus miembros
al que iba a anunciar la proximidad de la Redención.
En el Evangelio de San Lucas se cuenta que su padre, el sacerdote
Zacarías, había perdido la voz por dudar de su
mujer, Isabel, estuviera en cinta. Sin embargo en el momento
de nacer San Juan la recuperó milagrosamente, como se
lo había predicho el ángel Gabriel. Rebosante de
alegría, la tradición religiosa dice que encendió
hogueras para anunciar a parientes y amigos la noticia. Cuando
siglos después se cristianizó esta fiesta, la noche
del 23 al 24 de junio se convirtió en una noche santa
y sagrada, sin abandonar por eso su aura mágica. Cuando
el portavoz de la Redención nació, y Zacarías
escribió en una tablilla: "Su nombre es Juan",
el sacerdote recuperó inmediatamente el habla y entonó
el hermoso himno de amor y agradecimiento conocido como "Benedictus",
que la Iglesia repite a diario en su oficio.
El capítulo primero del evangelio de San Lucas nos cuenta
de la siguiente manera el nacimiento de Juan: Zacarías
era un sacerdote judío que estaba casado con Santa Isabel,
y no tenían hijos porque ella era estéril. Siendo
ya viejos, un día cuando estaba él en el Templo,
se le apareció un ángel de pie a la derecha del
altar.
Al verlo se asustó, mas el ángel le dijo: "No
tengas miedo, Zacarías; pues vengo a decirte que tú
verás al Mesías, y que tu mujer va a tener un hijo,
que será su precursor, a quien pondrás por nombre
Juan. No beberá vino ni cosa que pueda embriagar y ya
desde el vientre de su madre será lleno del Espíritu
Santo, y convertirá a muchos para Dios".
Pero Zacarías respondió al ángel: "¿Cómo
podré asegurarme que eso es verdad, pues mi mujer ya es
vieja y yo también?".
El ángel le dijo: "Yo soy Gabriel, que asisto al
trono de Dios, de quien he sido enviado a traerte esta nueva.
Mas por cuanto tú no has dado crédito a mis palabras,
quedarás mudo y no volverás a hablar hasta que
todo esto se cumpla".
Seis meses después, el mismo ángel se apareció
a la Santísima Virgen comunicándole que iba a ser
Madre del Hijo de Dios, y también le dio la noticia del
embarazo de su prima Isabel.
Llena de gozo corrió a ponerse a disposición de
su prima para ayudarle en aquellos momentos. Y habiendo entrado
en su casa la saludó. En aquel momento, el niño
Juan saltó de alegría en el vientre de su madre,
porque acababa de recibir la gracia del Espíritu Santo
al contacto del Hijo de Dios que estaba en el vientre de la Virgen.
También Santa Isabel se sintió llena del Espíritu
Santo y, con espíritu profético, exclamó:
"Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito
es el fruto de tu vientre. ¿De dónde me viene a
mí tanta dicha de que la Madre de mi Señor venga
a verme? Pues en ese instante que la voz de tu salutación
llegó a mis oídos, la criatura que hay en mi vientre
se puso a dar saltos de júbilo. ¡Oh, bienaventurada
eres Tú que has creído! Porque sin falta se cumplirán
todas las cosas que se te han dicho de parte del Señor".
Y permaneció la Virgen en casa de su prima aproximadamente
tres meses; hasta que nació San Juan.
De la infancia de San Juan nada sabemos. Tal vez, siendo aún
un muchacho y huérfano de padres, huyó al desierto
lleno del Espíritu de Dios porque el contacto con la naturaleza
le acercaba más a Dios. Vivió toda su juventud
dedicado nada más a la penitencia y a la oración.
Como vestido sólo llevaba una piel de camello, y como
alimento, aquello que la Providencia pusiera a su alcance: frutas
silvestres, raíces, y principalmente langostas y miel
silvestre. Solamente le preocupaba el Reino de Dios.
Cuando Juan tenía más o menos treinta años,
se fue a la ribera del Jordán, conducido por el Espíritu
Santo, para predicar un bautismo de penitencia.
Juan no conocía a Jesús; pero el Espíritu
Santo le dijo que le vería en el Jordán, y le dio
esta señal para que lo reconociera: "Aquel sobre
quien vieres que me poso en forma de paloma, Ese es".
Habiendo llegado al Jordán, se puso a predicar a las gentes
diciéndoles: Haced frutos dignos de penitencia y no estéis
confiados diciendo: Tenemos por padre a Abraham, porque yo os
aseguro que Dios es capaz de hacer nacer de estas piedras hijos
de Abraham. Mirad que ya está el hacha puesta a la raíz
de los árboles, y todo árbol que no dé buen
fruto, será cortado y arrojado al fuego".
Y las gentes le preguntaron: "¿Qué es lo que
debemos hacer?". Y contestaba: "El que tenga dos túnicas
que reparta con quien no tenga ninguna; y el que tenga alimentos
que haga lo mismo"
"Yo a la verdad os bautizo con agua para moveros a la penitencia;
pero el que ha de venir después de mí es más
poderoso que yo, y yo no soy digno ni siquiera de soltar la correa
de sus sandalias. El es el que ha de bautizaros en el Espíritu
Santo"
Los judíos empezaron a sospechar si el era el Cristo que
tenía que venir y enviaron a unos sacerdotes a preguntarle
"¿Tu quién eres?" El confesó claramente:
"Yo no soy el Cristo" Insistieron: "¿Pues
cómo bautizas?" Respondió Juan, diciendo:
"Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está
Uno a quien vosotros no conocéis. El es el que ha de venir
después de mí"
Por este tiempo vino Jesús de Galilea al Jordán
en busca de Juan para ser bautizado. Juan se resistía
a ello diciendo: "¡Yo debo ser bautizado por Ti y
Tú vienes a mí! A lo cual respondió Jesús,
diciendo: "Déjame hacer esto ahora, así es
como conviene que nosotros cumplamos toda justicia". Entonces
Juan condescendió con El.
Habiendo sido bautizado Jesús, al momento de salir del
agua, y mientras hacía oración, se abrieron los
cielos y se vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma
de paloma y permaneció sobre El. Y en aquel momento se
oyó una voz del cielo que decía: "Este es
mi Hijo muy amado, en quien tengo todas mis complacencias".
Al día siguiente vio Juan
a Jesús que venía a su encuentro, y al verlo dijo
a los que estaban con él: "He aquí el Cordero
de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquél
de quien yo os dije: Detrás de mí vendrá
un varón, que se ha puesto delante de mí, porque
existía antes que yo".
Entonces Juan atestiguó, diciendo: "He visto al Espíritu
en forma de paloma descender del cielo y posarse sobre El. Yo
no le conocía, pero el que me envió a bautizar
con agua, me dijo: Aquél sobre quien vieres que baja el
Espíritu Santo y posa sobre El, ése es el que ha
de bautizar con el Espíritu Santo. Yo lo he visto, y por
eso doy testimonio de que El es el Hijo de Dios".
Herodías era la mujer de Filipo, hermano de Herodes. Herodías
se divorció de su esposo y se casó con Herodes,
y entonces Juan fue con él y le recriminó diciendo:
"No te es lícito tener por mujer a la que es de tu
hermano"; y le echaba en cara las cosas malas que había
hecho.
Entonces Herodes, instigado por la adúltera, mandó
gente hasta el Jordán para traerlo preso, queriendo matarle,
mas no se atrevió sabiendo que era hombre justo y santo,
y le protegía, pues estaba muy perplejo y preocupado por
lo que le decía.
Herodías le odiaba a muerte y sólo deseaba encontrar
la ocasión de quitarlo de en medio, pues tal vez temía
que a Herodes le remordiera la conciencia y la despidiera siguiendo
el consejo de Juan.
Sin comprenderlo, ella iba a ser la ocasión del primer
mártir que murió en defensa de la indisolubilidad
del matrimonio y en contra del divorcio.
Estando Juan en la cárcel y viendo que algunos de sus
discípulos tenían dudas respecto a Jesús,
los mandó a El para que El mismo los fortaleciera en la
fe.
Llegando donde El estaba, le preguntaron diciendo: "Juan
el Bautista nos ha enviado a Ti a preguntarte si eres Tú
el que tenía que venir, o esperamos a otro".
En aquel momento curó Jesús a muchos enfermos.
Y, respondiendo, les dijo: "Id y contad a Juan las cosas
que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos
andan, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres
se les anuncia el Evangelio"
Así que fueron los discípulos de Juan, empezó
Jesús a decir: "¿Qué salisteis a ver
en el desierto? ¿Alguna caña sacudida por el viento?
o ¿Qué salisteis a ver? ¿Algún profeta?
Si, ciertamente, Yo os lo aseguro; y más que un profeta.
Pues de El es de quien está escrito: Mira que yo te envío
mi mensajero delante de Ti para que te prepare el camino. Por
tanto os digo: Entre los nacidos de mujer, nadie ha sido mayor
que Juan el Bautista"
Llegó el cumpleaños de Herodes y celebró
un gran banquete, invitando a muchos personajes importantes.
Y al final del banquete entró la hija de Herodías
y bailó en presencia de todos, de forma que agradó
mucho a los invitados y principalmente al propio Herodes.
Entonces el rey juró a la muchacha: "Pídeme
lo que quieras y te lo daré, aunque sea la mitad de mi
reino".
Ella salió fuera y preguntó a su madre: "¿Qué
le pediré?" La adúltera, que vio la ocasión
de conseguir al rey lo que tanto ansiaba, le contestó:
"Pídele la cabeza de Juan el Bautista". La muchacha
entró de nuevo y en seguida dijo al rey: "Quiero
que me des ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista".
Entonces se dio cuenta el rey de su error, y se pudo muy triste
porque temía matar al Bautista; pero a causa del juramento,
no quiso desairarla, y, llamando a su guardia personal, ordenó
que fuesen a la cárcel, lo decapitasen y le entregaran
a la muchacha la cabeza de Juan en la forma que ella lo había
solicitado.
El sepulcro del Bautista, junto
con los de Elíseo y Abdía, fue venerado en la ciudad
de Samaría hasta el siglo IV, cuando Julián el
Apóstata hizo que sus restos mortales fuesen diseminados.
La Iglesia católica celebra el 24 de junio el nacimiento
de San Juan Bautista y el 29 de agosto conmemora su decapitación.
Oración: "Gloriosísimo
San Juan Bautista, precursor de mi Señor Jesucristo, lucero
hermoso del mejor sol, trompeta del Cielo, voz del verbo eterno,
sois el mayor de los santos y abanderado del Rey de la Gloria;
más hijo de la gracia que de la naturaleza y por todas
las razones, príncipe poderosísimo en el Cielo;
Otorgadme el favor que os pido _____, si fuere conveniente para
mi salvación; y si no para mi perfecta resignación,
con abundante gracia; que haciéndome amigo de Dios, me
aseguré las felicidades eternas de la Gloría. Amén."
El nombre JUAN: Procede del hebreo Yo-hasnam, con el significado
de "Dios es misericordioso". Otra etimología
muy cercana es la de Jo-hanan o Jo-hannes, que significa "Dios
está a mi favor". Empezando por san Juan Bautista,
la personalidad de los santos y otros hombres insignes que han
llevado este nombre, es inconmensurable.
San Juan Bautista es el príncipe del santoral cristiano:
es el único santo del que se celebra el nacimiento y no
la muerte, y su fiesta, el 24 de junio, es una fiesta solar,
de luz y de fuego, decantación de los más antiguos
ritos de la humanidad en la más grande de todas las fiestas.
Mientras Jesús ocupa el solsticio de invierno (la Iglesia
optó por cambiar su titular, al ver que era imposible
suprimir estas fiestas), san Juan toma posesión del solsticio
de verano porque fue imposible erradicar las ancestrales celebraciones
solares.
Y fue precisamente el hecho de
la vinculación de su nombre a las fiestas más esplendorosas
y más vitalistas, lo que elevó su prestigio hasta
límites que sólo milenios de historia pueden explicar.
Pero no es gratuita la coincidencia entre el ancestral culto
solar y san Juan Bautista. El personaje es de una gran talla:
es un Sol menor que abre camino al gran Sol que es Cristo, con
una firmeza que hace temblar al mismo rey Herodes. Tenía
el Bautista una misión, y nada le acobardó. Preparaba
los caminos del Señor. Era La Voz que clamaba en el desierto.
No se callaba cuando no se debe callar: cuando veía los
abusos del poder, no giraba la cabeza, aunque no le afectasen
directamente; por eso acabó su cabeza servida en la bandeja
de Salomé. Una cabeza que el mismo Herodes valoró
en la mitad de su reino. San Juan Bautista abrió de par
en par las puertas del cielo a los Juanes, que tras él
entraron en legión: san Juan Evangelista, el discípulo
predilecto de Jesús; san Juan Crisóstomo, uno de
los más grandes oradores de todos los tiempos; san Juan
Bautista de la Salle, fundador de las Escuelas Cristianas; san
Juan de la Cruz, el poeta que divinizó el amor humano
y humanizó el amor divino; san Juan I Papa, iniciador
de la serie de grandes papas que llegó hasta el humanísimo
Juan XXIII; san Juan de Dios, fundador de los Hermanos Hospitalarios,
y así hasta ciento veinte santos. El nombre de Juan tiene
un encanto y una virtud invencibles. Se impone con la fuerza
positiva del mismo Sol, con la viveza del fuego, con la fecundidad
de la verbena. "Entre los nacidos de mujer, nadie más
grande que Juan el Bautista".
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