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La 'enigmática' Tiahuanaco

De todos los vestigios que quedan de esa misteriosa edad en que coexistieron hombre y gigantes -mencionada por el Códice Vaticano y registrada por el Calendario Azteca- niguno más impresionantes que el de la enigmática civilización de Tiahuanaco, en América del Sur.

En este lugar existen rastros geológicos de una gran inundación, a pesar de su gran altura sobre el nivel del mar. Ocurrida hace ya cientos de miles de años, dejó su profunda huella no sólo en la memoria de los aterrados sobrevivientes sino también en el rostro mismo de la tierra

En efecto, sobre la cordillera de Los Andes, a casi cuatro mil metros de altura, se encuentra una línea de sedimentos marinos con una extensión aproximada de setecientos kilómetros de largo.

Dicha línea no es quebrada sino continua, lo que deja suponer que se trata de una marca dejada por el antiguo nivel del mar. Y una de dos: o el mar llegaba a cuatro mil metros de altura, o la tierra estaba cuatro mil metros más abajo.

Las ruinas de Tiahuanaco

A pocos kilómetros del lago Titicaca yacen las ruinas de la misteriosa y monumental ciudad de Tiahuanaco. Diríase que está en el fin del mundo. No se relaciona con nada. Sus caminos no van a ninguna parte. Nada tampoco llega a ella.


Sin embargo, el lugar se convirtió en el asiento de una poderosa y antiquísima cultura, aparentemente marítima.

Partiendo desde Cuzco, Perú, se llega a Tiahuanaco tras un día de trayecto ferroviario y fluvial. La altiplanicie semeja el paisaje de otro planeta. Cualquier esfuerzo físico tortura al visitante. Allí, la presión atmosférica es cincuenta por ciento más baja que al nivel del mar. El aire contiene una proporción mínima de oxígeno. Es inverosímil que allí pudiera desarrollarse una ciclópea civilización.

Los geólogos aseguran que en una época antiquísima, en la época de la formación de la tierra, el continente súbitamente se elevó de las aguas y la cordillera de Los Andes se formó.

Pero esto se refiere a la época en que aún no existía el hombre. Por otra parte, algunos investigadores aseguran que Tiahuanaco nunca fue una ciudad de cordillera sino un puerto de mar. Existen allí restos de lo que pudo haber sido un gran muelle y que no conduce a ninguna parte. En épocas remotas pudo haber conducido al mar. El lago Titicaca, cerca del cual está situada, no existiría. No sería lago sino prolongación del océano.

 

Puerta del Sol


Relativamente modesta, la puerta no revela haber sido hecha para que entraran o salieran gigantes. Mide tres metros de alto por tres de ancho y pesa aproximadamente diez toneladas.

Como otros muchos monumentos del lugar, éste fue horadado y tallado para convertírsele en pórtico. Fue Posnansky quien estudió los signos esculpidos sobre él y llegó a la conclusión de que corresponden a un calendario.

No se trata de un calendario normal, como el nuestro, de 365 días, sino de un calendario lunar de 290 días, como el que debió haber regido para los extraños habitantes de Tiahuanaco.

Y esto nos lleva nuevamente a Hoerbiger. Según el austríaco, antes de que la luna terciaria cayera sobre el planeta, el año duraba 288 días. Los datos coinciden. Según la Puerta del Sol, el año se compone de 290 días, el mes 24 días y el día de 29 horas.

Los meses correspondían a ciclos repetidos de la luna, la cual daba 37 vueltas en 24 días. Como la tierra gira sobre su eje, parecía a los observadores de entonces que esa luna se levantaba y se acostaba 13 veces durante el mes.

Además, de acuerdo con los que descifraron el calendario de La Puerta del Sol, el año comienza en un solsticio y está dividido perfectamente bien en solsticios y equinoccios.

Como está hecha

La Puerta del Sol constituye sin duda la gran obra de arte que caracterizó no sólo a la cultura de Tiahuanacu, sino a todo el Horizonte Medio Andino, y cuya iconografía se ha venido repitiendo hasta la epoca Inca en todo su territorio.

Tiene 4 metros de ancho por 2,75 metros de alto, y su peso se calcula en 10 toneladas. La Puerta del Sol se ha mantenido donde fue encontrada, derribada boca abajo y con una gran grieta, si bien se cree que no era esa su ubicación primitiva. El dintel esta tallado con tres franjas horizontales que flanquean a una figura central. Las franjas están formadas por 48 personajes atropozoomorfos, denominados geniecillos alados, con atribuciones de aves y felinos. Todos miran hacia la figura central, cuya identidad constituye hasta hoy en día un enigma. Se trata de un personaje macrocefalo, con rostro en forma trapezoidal rodeado de 24 rayos, algunos de ellos terminados en cabezas de puma. De los ojos caen grandes lagrimas y las manos sostienen dos basculos, símbolos de poder, que terminan en cabezas de cóndor.

En los codos exhibe dos cabezas-trofeo reducidas y en el pecho una especie de altar. Esta situado sobre un pedestal escalonado, que sustituiría a sus pies. Algunos historiadores han querido ver en este ser al Dios Sol por los rayos de su cabeza, mientras que otros lo han identificado con Viracocha.

¿Es posible que la ciudad Tiahuanaco haya sido levantada en tiempos tan antiguos como los que corresponden a la supuesta luna terciaria? ¿La que provocó el levantamiento de los mares y el gigantismo de los seres? ¿La que al caer produjo la gran inundación?

Cerca de la meseta desértica de Marcahuasi, se encontraron sobre unas rocas los dibujos de animales que desaparecieron de América del Sur hace más de 50 mil años, como los camellos y los leones. ¿Quién los pintó?

De acuerdo con los datos arqueológicos admitidos oficialmente, el origen del hombre americano es relativamente reciente. No se remonta más que a 25 mil años, a lo sumo. Ya para entonces, los leones y camellos habían desaparecido desde hacía mucho tiempo. ¿Quién los pintó?

Hay otro dato más impresionante aún. En las inmediaciones de Tiahuanaco se han hallado huesos de Toxodonte. Este animal desapareció a fines de la Era Terciaria. Y lo más interesante es que ciertos arqueólogos insisten en que algunas de las figuras esculpidas en los pórticos de edificios de Tiahuanaco son precisamente cabezas estilizadas de Toxodonte.

¿Tienen razón estos atrevidos investigadores en invocar para las ruinas una antigüedad de más de 250 mil años...?

La cifra da vértigo.

Los astrónomos del observatorio de Postdam, con todos los elementos a su alcance, determinaron que la posición del sol en la época en que fue construido el Templo de Tiahuanaco, no indica más antigüedad que la de 12 mil años.

Que las ruinas tengan 12 ó 250 mil años no resuelve el problema. El enigma subsiste. Las fortalezas y murallas gigantescas han resistido no sólo el paso del tiempo sino también grandes sacudidas universales y continúan siendo un reto a la imaginación.

Los rostros de sus estatuas siguen contemplándonos desde la noche de los tiempos. Quizá nunca llegaremos a saber quiénes fueron y cuándo existieron los misteriosos seres a los que retratan o representan. Pero habrá que intentar descubrirlo a golpes de imaginación Internet

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