Ecuador DEBATE Nº 61
COYUNTURA
mitos respecto a su inamovilidad, han sido extremadamente elásticas para cooptar y dejarse conquistar por estos movimientos "desde afuera y desde abajo", que cada treinta años aproximadamente insuflan a las clases dominantes una renovación de personal, sangres y linajes.
Podemos mencionar algunos de estos "aluviones" plebeyos que usaron (con frecuencia, pero no siempre) el poder militar o la convocatoria plebiscitaria para treparse al poder y desde allí ganar más o menos paulatinamente la admisión en la "buena sociedad" Enumeremos algunos de estos "ciclos": el Floreano, a partir de 1823, el de los "señores de la guerra" (Ej.: Urbina, Robles, Franco, etc.) en las décadas de 1840 y 50, el de Veintimilla a fines de la década de 1870, la revolución "liberal", que , entre otras cosas, también representó una infusión masiva de marginales a los círculos de las elites, a partir de 1895; el período "juliano" de los años 20 del siglo pasado; el velasquismo y sus empresarios advenedizos de la política, a partir de los años 30 y 40; el CFP y su personal en los años 50 a 70; los regímenes militares de los años 60 y 70; el Roldosismo, a partir de los años 80. En otras palabras, el fenómeno de la Sociedad Patriótica y del Presidente Gutiérrez no tiene nada de nuevo: es una repetición bastante aproximada de un patrón muy Ecuatoriano, que permite flexibilizar los mecanismos de dominación a través de la operación de mecanismos alternos a los del mercado o de la meritocracia.
A través de este patrón, grupos periféricos (en los sentidos geográfico, étnico, social, cultural o económico, en cualquiera de sus combinaciones posibles), se inyectan en el sistema de cúpulas y pasan a ser parte de éstas, una vez cumplido el proceso de debida cooptación. A nuestro juicio, en eso consiste la estrategia política del presidente Gutiérrez y de su retinue: en usar la empresa política, los lazos de lealtad originados en matrices policiales y militares y el control de fidelidades y recursos coactivos que estos lazos hacen posibles, para forzar/implorar su entrada en el sistema de dominación corporativista/familiar que caracteriza al sistema social y político de este país. En otro sentido, Gutiérrez puede ser visto como el último en una larga cadena que arranca con personajes arquetípicos como Juan José Flores, Robles, Urbina, Veintimilla, Leonidas Plaza, El personal político empresarial del velasquismo, los Bucaram, los militares y los tecnócratas asociados a ellos en los regimenes castrenses "desarrollistas",etc.
Ahora bien, el carácter recurrente de este modo de "oxigenamiento" de las elites y de descompresión de la desigualdad puede ser entendido "funcionalistamente", como un mecanismo que permite mantener un sistema social extremadamente jerárquico y autoritario mediante oleadas de cooptación que se presentan bajo la forma de sucesivos "asaltos" plebiscitarios o golpistas a las esferas del poder. Sin embargo, aquí quisiera esbozar otra vía de ataque algo distinta, que enfatiza menos las consecuencias estabilizadoras sistémicas de este "modus operandi", que la lógica social y agencial de estos grupos advenedizos. Y esta óptica es preferible, al menos para los propósitos de este artículo, en la medida en que deseo mostrar la profunda complicidad y la apenas modificada homología entre las prácticas "excepcionales" de los grupos advenedizos y las de los grupos "establecidos". Después de todo, una arqueología genealógica de las elites más antiguamente implantadas, tenderá a mostrar que dejando de lado a aquellas que aún mantienen su descendencia colonial-, muchas de ellas son precisamente resultado de repetitivos ciclos de "asalto" al poder por la vía político-militar.
La hipótesis latente en este artículo es que las fórmulas "groseras" de la primera generación de asaltantes (o incluso de su segunda generación) no hacen sino expresar en "statu nascendi" las que luego, ya bien revestidas de un sistema de modales, astucias y representaciones escénicamente correctas, formarán parte de la cotidianidad aceptable y aceptada, del protocolo y del "savoir faire" de familias y corporaciones dominantes. En suma, Lucio Gutiérrez y Napoleón Villa son otro incómodo espejo del "establishment": a este último habría que decirle, cada vez que pronuncia sus "jeremiadas" respecto al nuevo personal gobernante: "de te fabula narratur".
Sería, pues preciso caracterizar al agente y a la naturaleza del "asalto", para empezar a entender el papel de la política y de la empresa política en la constitución de la jerarquía social y en la repartición de la acumulación colectiva, en un país como el Ecuador.
Partamos por una caracterización o definición de este modo de circulación del poder: se trata, en cada caso, de un grupo de familias, caudillos y empresarios políticos que, desde posiciones periféricas al eje de la economía y de la reproducción social se lanzan al asalto del poder político, para desde allí forzar su incorporación como miembros (o sus propios descendientes) bona fide de las antiguas clases y estamentos dominantes. Estos grupos son periféricos, en cuanto su génesis social no está "centrada" en los mecanismos nucleares del modo de producción prevaleciente o en los modos de re-producción de las jerarquías o patrones institucionalizados de interacción entre grupos reconocidos y estabilizados dentro del estado y de la economía.Existe una caracterización sociológico-política muy tentadora de este tipo de actor, y la encontramos en la clásica obra de Karl Marx "El Dieciocho Brumario de Luis Napoleón Bonaparte" (4). Hay que entender esta obra de Marx como parte de su emotiva polémica en contra de los esfuerzos para torcer el desarrollo "normal" de la sociedad burguesa desde la política. Como lo ha demostrado José Aricó(5), es este mismo anti-bonapartismo el que se halla tanto detrás de las invectivas marxistas en contra de Simón Bolívar ( un "mero aventurero")(6), como en contra de todo planteamiento capaz de convertir del voluntarismo político el eje central de la construcción de una "nueva " sociedad y del progreso humano. Si Marx debía demostrar la primacía explicativa de la economía, debía primero exorcizar como esperpentos a quienes querían o pretendía construir o reconstruir una sociedad desde el hecho político-militar. De hecho las diatribas de Marx contra Bolivar podrían ser escritas y reeditadas hoy en día casi ad verbatim por los opositores de Hugo Chavez-por ejemplo-, y ciertamente que los sentimientos y términos usados por Marx serían inmediatamente comprensibles y aceptables para los anti-Chavecistas, (como probablemente lo hubiesen sido por los opositores a Flores, a Veintimilla, a los militares julianos u otros líderes populistas del siglo XX (7)).
Marx caracteriza a Bonaparte y a sus seguidores (interesantemente, hay muchos militares, ex militares y policías entre ellos) como "lumpen proletariado". ¿Qué quiere decir Marx con este término? En la sucesiva literatura marxista o seudo-marxista, el "lumpen" se ha confundido fácilmente con el "hampa" o con el
4 Karl Marx: EL Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte; Medellín, Oveja Negra, 1974, Serie Clásicos del Marxismo Nº 4.
5 José Aricó; Marx y América Latina; Alianza Editorial; México, 1980.
6 Karl Marx; Op. Cit ; "Bolivar y Ponte" en Marx y Engels: Materiales Para la Historia de América Latina; Cuadernos Pasado, Presente Nº 30; México DF 1975.
7 Ver por ejemplo los artículos de Vicente Rocafuerte publicados por Neptalí Zúñiga (com); Rocafuerte y Quince Años de la Historia de la República del Ecuador; Colección Rocafuerte, Quito, 1947; Volumen XIV.
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