Ecuador DEBATE Nº 48
 
 TEMA CENTRAL

EJERCITOS, MILICIAS Y LIMPIEZA ETNICA

Marc Saint-Upéry

Hay que distinguir entre las milicias político-mafiosas, quienes juntan militantes nacionalistas extremistas y miembros de la delincuencia organizada y pueden contar con miles de hombres, y las milicias de autodefensa local, que se contentan con controlar y defender una localidad, una aldea o un barrio.

En los conflictos nacidos de la crisis yugoslava, el «ejército» de los unos era muchas veces la «milicia» de los otros, explica Xavier Bougarel en su libro sobre la guerra de Bosnia . Sin embargo, se pueden hacer ciertas distinciones en función de criterios concretos: los ejércitos reclutan sus combatientes en el marco de una conscripción y una movilización legales y los ponen bajo el mando de un cuerpo de oficiales profesionales asalariados. Las milicias reclutan sobre todo en función del voluntariado, y la remuneración que ofrecen viene de actividades criminales o de ayudas locales o familiares. Hay que distinguir entre las milicias político-mafiosas, quienes juntan militantes nacionalistas extremistas y miembros de la delincuencia organizada y pueden contar con miles de hombres, y las milicias de autodefensa local, que se contentan con controlar y defender una localidad, una aldea o un barrio. Esas últimas están generalmente bajo el mando de los partidos nacionalistas dominantes y funcionan como unidades de reserva de las estructures locales de la policía o de la Defensa Territorial . Una vez consolidados los distintos ejércitos nacionales, esas milicias de autodefensa pueden ser integradas a ellos como brigadas locales. Así mismo, las milicias político-mafiosas pueden ser disueltas y sus combatientes integrados a «unidades especiales» de tal o cual ejército.

En el terreno, existe un dialéctica compleja donde se entrecruzan en un triple movimiento procesos de «monopolización», de «privatización» y de «socialización» de la violencia legítima. Monopolización, como en el caso de la formación de los ejércitos croata y bosnio a partir de la policía o de la Defensa Territorial; a pesar de ser ejércitos regulares, mantienen -sobre todo al inicio del conflicto- ciertos rasgos «milicianos», lo que favorece el control ulterior de sus estructuras de mando por redes informales de tipo partidario o clánico. Privatización, con la actividad de «empresarios milicianos», los cuales son a veces delincuentes, a veces ex-policías o militares, a veces dirigentes de partidos nacionalistas, y también a veces solamente individuos poseedores de un capital económico y relacional (dueños de hostería o de discoteca, directores de club deportivo, etc.) que les basta para montar una milicia. Las características de las milicias «socializadas» son su ámbito puramente local, con ofensivas contra aldeas vecinas y una débil movilidad de los frentes.

La deriva miliciana de los ejércitos «regulares» y la militarización inacabada de las unidades «irregulares» producen un fraccionamiento de las jerarquías y de las logísticas, el que se articula con el carácter movedizo de las alianzas y la complejidad de las estrategias de control político y depredación económica en el terreno. La división del trabajo entre el JNA y las tropas serbias locales tuvo un impacto retroactivo en la naturaleza del Ejército yugoslavo. El proceso de formación de los ejércitos croata y bosnio tuvo también sus efectos perversos, aunque sean menos conocidos. La constitución acelerada de la Guardia Nacional Croata (1990-1991), por una parte, favoreció el reclutamiento de miles de zelotes nacionalistas inexperimentados e irresponsables que echaron aceite al descontento de los serbios de Croacia, y por otra, permitió al HDZ de Tudjman y al lobby croata de Herzegovina monopolizar los puestos de comando del futuro ejército. Así mismo, en las primeras semanas de la guerra de Bosnia, el partido nacionalista musulmán de Izetbegovic (SDA) bloqueó el ingreso de los partidos «ciudadanos» (no nacionalistas) de Sarajevo a la presidencia colegiada para poder adueñarse de las estructuras de la Defensa Territorial.

La movilización miliciana de las poblaciones reproduce la espiral del miedo ya desencadenada por los procesos políticos de consolidación de las fuerzas etno-nacionalistas. Desde este punto de vista, las prácticas de purificación étnica tienen un doble objetivo: producen simultáneamente víctimas y asesinos, estos últimos siendo a veces obligados a matar. Estas prácticas terroristas tienden concientemente a transformar la coexistencia pacífica de los vecinos de diferentes comunidades en crimen íntimo y a crear una situación traumática de «no regreso», en el sentido literal como figurado. Así, muchas veces, la intervención de milicias político-mafiosas externas trastorna los frágiles equilibrios entre aldeas y poblaciones vecinas que habían sabido mantener un modus vivendi. Una práctica como la violación de las mujeres sanciona la ruptura de la cohabitación, ya que la inscribe en el corazón de la intimidad más sagrada . Finalmente, la producción de refugiados traumados y sedientos de venganza alimenta en parte los rangos de las brigadas de élite, ofensivas, móviles e ideologizadas, lo cual modifica la misma dinámica de la guerra.

Según Xavier Bougarel, para invertir la lógica político-militar de la limpieza étnica, la prioridad es garantizar la seguridad física y material de las poblaciones, como algunos oficiales del Ejército bosnio trataron de hacerlo -no siempre con éxito, ya que sus esfuerzos fueron muchas veces saboteados por otras unidades militares musulmanes y por las autoridades del SDA. Pero hay también que ofrecer una posibilidad de amnistía a los combatientes de base (mientras se debe condenar a los instigadores); en algunos casos, eso significa permitir al asesino de ayer de volver a ser el buen vecino de mañana: «La condenación de los actos individuales debe combatir la noción de culpabilidad colectiva, no reforzarla (...). Por eso, el modo en que se construye la memoria de la guerra es sumamente importante. Polarizarse en el gesto asesino y olvidar el gesto de protección y de ayuda, blandir las palabras «agresión» y «genocidio» para censurar la reflexión, eso es preparar las agresiones y los genocidios de mañana.»


N.D. La colaboración de Marc que transcribimos corresponde a la necesidad de contextualizar, para una mejor comprensión y análisis, los aspectos políticos y militares del trabajo de Pavel Barsa. Esto incluso porque la información que hemos recibido de la "crisis yugoeslava", ha producido una visión tremendista, enfatizando la tragedia, ideologizando las perspectivas y justificando la intervención. Conviene entonces, una mirada amplia para pensar esa historia.
Xavier Bougarel, Bosnie. Anatomie d'un conflit, La Découverte, Paris, 1996.
El ejército yugoslavo tenía dos ramas, el JNA (Ejército Popular Yugoslavo), y la TO (Defensa Territorial); esta última era compuesta por reservistas y dependía de los ministerios de Defensa de las distintas repúblicas (aunque estuviera integrada al Ejército a nivel del comando supremo federal), lo que explica que la movilización de sus hombres y la lucha para sus almacenes de armas hayan sido un aspecto central en los inicios del conflicto. Ya que la TO basada en el principio de la brigada de partisanos, algunos municipios y algunas grandes empresas tenían su propia brigada, y las armas eran a veces almacenadas en los mismos sitios de trabajo.
Así, el Ejército <<yugoslavo>> actual, producto de la homogeneización étnica y militar del JNA en el crisol de la guerra, tuvo que enfrentar una escasez de combatientes (y masivas deserciones), lo que lo empujó a hacer movilizaciones inconstitucionales y selectivas o a formentar la creación de milicias locales. En Bosnia, su retirada al inicio del conflicto se tradujo por la transferencia de parte de sus cuadros y de su equipamiento al ejército bosno-serbio. A un nivel más general, que sea en la guerra croato-serbia (asedio de Vukovar) o en la primera fase del conflicto bosnio, hubo una cierta división del trabajo entre el JNA (artillería, aviación, apoyo logístico) y los varios tipos de unidades milicianas desplegadas en el terreno.
Al respecto señalemos las palabras tristemente sintomáticas del reis-al-ulema (jerarca religioso musulmán) bosnio Mustafa Ceric: <<Para nosotros, esas violaciones son horribles, incomprensibles e inolvidables, pero quizás nos duelen menos y son menos difíciles de admitir que todos esos matrimonios mixtos>> (Le Monde, 28-09-1994, citado por Bougarel, quien comenta: <<la violación es una profanación temporaria de las fronteras comunitarias, el matrimonio mixto, su abolición definitiva>>).

 
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