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EJERCITOS, MILICIAS
Y LIMPIEZA ETNICA
Marc Saint-Upéry
Hay que distinguir
entre las milicias político-mafiosas, quienes juntan militantes
nacionalistas extremistas y miembros de la delincuencia organizada
y pueden contar con miles de hombres, y las milicias de autodefensa
local, que se contentan con controlar y defender una localidad,
una aldea o un barrio.
En los conflictos nacidos
de la crisis yugoslava, el «ejército» de los
unos era muchas veces la «milicia» de los otros,
explica Xavier Bougarel en su libro sobre la guerra de Bosnia
. Sin embargo, se pueden hacer ciertas distinciones en función
de criterios concretos: los ejércitos reclutan sus combatientes
en el marco de una conscripción y una movilización
legales y los ponen bajo el mando de un cuerpo de oficiales profesionales
asalariados. Las milicias reclutan sobre todo en función
del voluntariado, y la remuneración que ofrecen viene
de actividades criminales o de ayudas locales o familiares. Hay
que distinguir entre las milicias político-mafiosas, quienes
juntan militantes nacionalistas extremistas y miembros de la
delincuencia organizada y pueden contar con miles de hombres,
y las milicias de autodefensa local, que se contentan con controlar
y defender una localidad, una aldea o un barrio. Esas últimas
están generalmente bajo el mando de los partidos nacionalistas
dominantes y funcionan como unidades de reserva de las estructures
locales de la policía o de la Defensa Territorial . Una
vez consolidados los distintos ejércitos nacionales, esas
milicias de autodefensa pueden ser integradas a ellos como brigadas
locales. Así mismo, las milicias político-mafiosas
pueden ser disueltas y sus combatientes integrados a «unidades
especiales» de tal o cual ejército.
En el terreno, existe un dialéctica compleja donde se
entrecruzan en un triple movimiento procesos de «monopolización»,
de «privatización» y de «socialización»
de la violencia legítima. Monopolización, como
en el caso de la formación de los ejércitos croata
y bosnio a partir de la policía o de la Defensa Territorial;
a pesar de ser ejércitos regulares, mantienen -sobre todo
al inicio del conflicto- ciertos rasgos «milicianos»,
lo que favorece el control ulterior de sus estructuras de mando
por redes informales de tipo partidario o clánico. Privatización,
con la actividad de «empresarios milicianos», los
cuales son a veces delincuentes, a veces ex-policías o
militares, a veces dirigentes de partidos nacionalistas, y también
a veces solamente individuos poseedores de un capital económico
y relacional (dueños de hostería o de discoteca,
directores de club deportivo, etc.) que les basta para montar
una milicia. Las características de las milicias «socializadas»
son su ámbito puramente local, con ofensivas contra aldeas
vecinas y una débil movilidad de los frentes.
La deriva miliciana de los ejércitos «regulares»
y la militarización inacabada de las unidades «irregulares»
producen un fraccionamiento de las jerarquías y de las
logísticas, el que se articula con el carácter
movedizo de las alianzas y la complejidad de las estrategias
de control político y depredación económica
en el terreno. La división del trabajo entre el JNA y
las tropas serbias locales tuvo un impacto retroactivo en la
naturaleza del Ejército yugoslavo. El proceso de formación
de los ejércitos croata y bosnio tuvo también sus
efectos perversos, aunque sean menos conocidos. La constitución
acelerada de la Guardia Nacional Croata (1990-1991), por una
parte, favoreció el reclutamiento de miles de zelotes
nacionalistas inexperimentados e irresponsables que echaron aceite
al descontento de los serbios de Croacia, y por otra, permitió
al HDZ de Tudjman y al lobby croata de Herzegovina monopolizar
los puestos de comando del futuro ejército. Así
mismo, en las primeras semanas de la guerra de Bosnia, el partido
nacionalista musulmán de Izetbegovic (SDA) bloqueó
el ingreso de los partidos «ciudadanos» (no nacionalistas)
de Sarajevo a la presidencia colegiada para poder adueñarse
de las estructuras de la Defensa Territorial.
La movilización miliciana de las poblaciones reproduce
la espiral del miedo ya desencadenada por los procesos políticos
de consolidación de las fuerzas etno-nacionalistas. Desde
este punto de vista, las prácticas de purificación
étnica tienen un doble objetivo: producen simultáneamente
víctimas y asesinos, estos últimos siendo a veces
obligados a matar. Estas prácticas terroristas tienden
concientemente a transformar la coexistencia pacífica
de los vecinos de diferentes comunidades en crimen íntimo
y a crear una situación traumática de «no
regreso», en el sentido literal como figurado. Así,
muchas veces, la intervención de milicias político-mafiosas
externas trastorna los frágiles equilibrios entre aldeas
y poblaciones vecinas que habían sabido mantener un modus
vivendi. Una práctica como la violación de
las mujeres sanciona la ruptura de la cohabitación, ya
que la inscribe en el corazón de la intimidad más
sagrada . Finalmente, la producción de refugiados traumados
y sedientos de venganza alimenta en parte los rangos de las brigadas
de élite, ofensivas, móviles e ideologizadas, lo
cual modifica la misma dinámica de la guerra.
Según Xavier Bougarel, para invertir la lógica
político-militar de la limpieza étnica, la prioridad
es garantizar la seguridad física y material de las poblaciones,
como algunos oficiales del Ejército bosnio trataron de
hacerlo -no siempre con éxito, ya que sus esfuerzos fueron
muchas veces saboteados por otras unidades militares musulmanes
y por las autoridades del SDA. Pero hay también que ofrecer
una posibilidad de amnistía a los combatientes de base
(mientras se debe condenar a los instigadores); en algunos casos,
eso significa permitir al asesino de ayer de volver a ser el
buen vecino de mañana: «La condenación de
los actos individuales debe combatir la noción de culpabilidad
colectiva, no reforzarla (...). Por eso, el modo en que se construye
la memoria de la guerra es sumamente importante. Polarizarse
en el gesto asesino y olvidar el gesto de protección y
de ayuda, blandir las palabras «agresión»
y «genocidio» para censurar la reflexión,
eso es preparar las agresiones y los genocidios de mañana.»
N.D. La colaboración
de Marc que transcribimos corresponde a la necesidad de contextualizar,
para una mejor comprensión y análisis, los aspectos
políticos y militares del trabajo de Pavel Barsa. Esto
incluso porque la información que hemos recibido de la
"crisis yugoeslava", ha producido una visión
tremendista, enfatizando la tragedia, ideologizando las perspectivas
y justificando la intervención. Conviene entonces, una
mirada amplia para pensar esa historia.
Xavier Bougarel, Bosnie. Anatomie d'un conflit, La Découverte,
Paris, 1996.
El ejército yugoslavo tenía dos ramas, el
JNA (Ejército Popular Yugoslavo), y la TO (Defensa Territorial);
esta última era compuesta por reservistas y dependía
de los ministerios de Defensa de las distintas repúblicas
(aunque estuviera integrada al Ejército a nivel del comando
supremo federal), lo que explica que la movilización de
sus hombres y la lucha para sus almacenes de armas hayan sido
un aspecto central en los inicios del conflicto. Ya que la TO
basada en el principio de la brigada de partisanos, algunos municipios
y algunas grandes empresas tenían su propia brigada, y
las armas eran a veces almacenadas en los mismos sitios de trabajo.
Así, el Ejército <<yugoslavo>>
actual, producto de la homogeneización étnica y
militar del JNA en el crisol de la guerra, tuvo que enfrentar
una escasez de combatientes (y masivas deserciones), lo que lo
empujó a hacer movilizaciones inconstitucionales y selectivas
o a formentar la creación de milicias locales. En Bosnia,
su retirada al inicio del conflicto se tradujo por la transferencia
de parte de sus cuadros y de su equipamiento al ejército
bosno-serbio. A un nivel más general, que sea en la guerra
croato-serbia (asedio de Vukovar) o en la primera fase del conflicto
bosnio, hubo una cierta división del trabajo entre el
JNA (artillería, aviación, apoyo logístico)
y los varios tipos de unidades milicianas desplegadas en el terreno.
Al respecto señalemos las palabras tristemente sintomáticas
del reis-al-ulema (jerarca religioso musulmán) bosnio
Mustafa Ceric: <<Para nosotros, esas violaciones son horribles,
incomprensibles e inolvidables, pero quizás nos duelen
menos y son menos difíciles de admitir que todos esos
matrimonios mixtos>> (Le Monde, 28-09-1994, citado por
Bougarel, quien comenta: <<la violación es una profanación
temporaria de las fronteras comunitarias, el matrimonio mixto,
su abolición definitiva>>).
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