Ecuador DEBATE Nº 61
TEMA CENTRAL
administración, así como una mejor redistribución espacial de los recursos públicos y un mayor equilibrio en el desarrollo de las regiones.
Reclaman además un papel protagónico de la sociedad civil en la autorregulación y/o co-administración de los organismos seccionales autónomos con el Estado. Demandan la participación directa de la población, especialmente la organizada, en instancias y mecanismos de toma de decisiones sobre necesidades y derechos individuales y colectivas, en el control a los representantes y funcionarios estatales, en la gestión de las empresas públicas y en la administración de competencias.
Aunque no han sido plenamente identificados los contenidos y alcances ideológico político de la descentralización, en los últimos años las ofertas y propuestas sobre este tema se han originado en los principales ámbitos del quehacer público y privado. Los medios de comunicación, especialmente escritos dan fe tanto de las reiteradas demandas como de las ofertas, la frondosa legislación sobre este asunto respalda la importancia que el legislador ha dado a la descentralización.
La puesta en práctica del mandato constitucional y de la legislación vigente muestra que el proceso de descentralización ecuatoriano se ha desarrollado en forma errática, tímida y titubeante, básicamente por la ausencia de voluntad política para transferir poder y recursos. Incluso los numerosos convenios de descentralización suscritos por el Ejecutivo y algunos gobiernos seccionales durante el Gobierno del Presidente Noboa, no han podido ser ejecutados por no existir la decisión política de transferencia los recursos económicos que permitiría su ejecución.
En suma, la tozudez centralista se mantiene, a pesar de los esfuerzos realizados por determinados actores sociales y políticos en revertir esta tendencia. En otros términos, el proceso de descentralización no ha logrado ir más allá de la letra de la ley y de los convenios.
Modelos políticos e ideológicos de descentralización
Bajo la denominación de descentralización, actualmente se cobijan las más diversas posiciones ideológicas y políticas. Ideologías de derecha, izquierda y centro se refieren a la descentralización como una reforma necesaria y fundamental, claro está con finalidades y objetivos distintos.
El espectro conceptual ideológico político de la descentralización es muy amplio, cubre posiciones privatizadoras y desestatizantes, que buscan transferir al sector privado las competencias y responsabilidades de prestación de los servicios públicos, particularmente de aquellos que obstaculizan la libre competencia pues, según ellos, las estructuras burocráticas centrales carecen de la flexibilidad, dinamismo y libertad necesarias para el buen funcionamiento del mercado. Otras posiciones, menos radicales, pretenden transferir las competencias más conflictivas y costosas hacia niveles subnacionales. Finalmente, una tercera concibe la descentralización como un instrumento político de reforma del Estado, potencialmente democratizadora al posibilitar la transferencia de competencias y recursos desde un poder central a los gobiernos locales.
Es evidente que este amplio espectro ideológico conceptual puede conducir a falsos o inconsistentes acuerdos o consensos, puesto que, como veremos más adelante, las consecuencias de la adopción y aplicación de un modelo neoliberal serán muy distintas de la adopción de un modelo redistributivo o solidario.
Modelos preponderantes: conservador y redistributivo o solidario
El tan debatido tema de la descentralización ha logrado constituirse actualmente en un tema "paraguas", puesto que cubre a la gran mayoría de los organismos seccionales, a los movimientos regionales, a intelectuales; todos ellos enarbolan la bandera de la descentralización, como un mecanismo de la redistribución de recursos y de fortalecimiento de la democracia social(5).
Pero el hecho que tal concepto cubra a la mayoría de propugnadores de la descentralización, no significa -como se ha destacado anteriormente- que exista una sola propuesta conceptual, sino que bajo diversos conceptos, se propugna el cambio del modelo del Estado burocrático-paternalista, calificado como centralista, ineficiente, obsoleto y autoritario. Por ello que los contenidos e interpretaciones existentes sobre la descentralización deben ser contextualizados dentro de las concepciones políticas e ideológicas preponderantes, las que se podrían agrupar en dos modelos: conservador o neoliberal y redistributivo (6).
Modelo conservador
En primer lugar, cabe destacar, el esfuerzo de sus propugnadores por incorporar a través de la cooptación, en su discurso y en su proyecto, términos y conceptos como los de participación ciudadana e involucramiento, términos que otrora correspondían al lenguaje de la izquierda. O, la redefinición del contenido y alcance de la descentralización concebida como la transferencia definitiva de competencias, por la de delegación de atribuciones, es decir por una distribución o encargo administrativo, temporal de determinadas funciones al interior de órganos estatales, sometidos jerárquicamente a órganos de la administración centra.
Defienden la existencia de una relación unívoca entre descentralización y mercado, más claramente, que el interés básico de la descentralización es la inoculación de reglas del mercado en el funcionamiento del Estado. Sostienen que tanto el sistema de transferencias, como la distribución de competencias entre niveles de gobiernos e incluso el sistema político debería ceñirse por los principios que rige a las empresas privadas, es decir por la autofinanciación, la competencia, la eficiencia financiera y
5 Eduardo Canel, Dos modelos de descentralización y participación en América latina: una discusión conceptual, en Hans Jurgen Burchardt/ Haroldo Dilla (editores) Mercados Globales y Gobernabilidad Local. Retos tapara la descentralización, Nueva Sociedad, Caracas, 2002: 113.
6 Para el desarrollo de estos dos modelos se ha tomado como guía el artículo de Eduardo Canel, antes citado.
<----