Ecuador DEBATE Nº 48
ENTREVISTA
PRESENTE Y FUTURO DEL NACIONALISMO
Entrevista a Andrés de Blas Guerrero*
Por Hernán Ibarra. Septiembre de 1999.
Una percepción muy difundida es la de que el Estado-nación y los nacionalismos, tarde o temprano tendrán que sucumbir, modificarse o perder terreno en la irrefrenable ola de internacionalización y surgimiento de nuevos referentes étnicos y sociales de identidad. Todo lo que ahora se afirma sobre el declive del Estado nación, alude principalmente al papel de las empresas transnacionales que afectan los factores de soberanía nacional y por ello, las regulaciones políticas y económicas de los estados nacionales.
Como suele ocurrir con estas generalizaciones, pasan a convertirse en afirmaciones recurrentes que pueden ensombrecer una realidad profundamente diversa. En realidad, estamos avocados a un tema extremadamente complejo por sus diversos contenidos y variaciones a escala internacional.
La globalización y los cambios en el rol del Estado ponen en otra dimensión lo local y lo regional. Todos estos procesos tienen una especificidad, de acuerdo al nivel de desarrollo alcanzado por los estados nacionales. Pero todavía seguirá siendo importante el marco nacional. La entrevista con Andrés de Blas Guerrero, un reconocido especialista español en el tema, hace un recorrido por los factores que han definido históricamente al nacionalismo en Europa y su posible futuro en esta era de globalización.
H.I. ¿ Es posible hacer una definición general de nacionalismo que trate de abarcar lo general de la conceptualización?.
A.dB.G. Yo creo que un camino previo, es tratar de definir la idea de nación sobre la que se basa el nacionalismo. Entonces, en torno a la idea de nación si se pueden señalar dos tipos ideales que condicionan a su vez a los distintos tipos de movimientos nacionalistas que las toman como base. Por un lado, la idea de nación política. Por otro lado, la idea de nacionalidad cultural. La idea de nación política, es un modelo que entiende la nación como una comunidad de ciudadanos. Es ante todo un artefacto creado por el Estado en su búsqueda de legitimación. Tanto el Estado moderno como el Estado liberal, impulsan el surgimiento de las naciones políticas, para hacer más fácil su vida, para conseguir unos niveles de legitimación adecuados a sus necesidades. En contraste con este tipo de nación, la nacionalidad cultural surgiría como consecuencia de la politización de unos hechos étnicos, de unos hechos lingüísticos, como consecuencia de la singularidad cultural de un pueblo. Y en ese sentido alteraría su relación con el Estado, y ya no es el estado el que crea la nación, sino la nación la que demanda un Estado propio. En el modelo de nacionalidad cultural la nación precede al Estado, en ese modelo de nacionalidad que surge en el siglo pasado en la cultura alemana, que se va extendiendo luego por Europa del centro y del este, y que termina llegando al occidente europeo.
Entonces hay una convivencia de estos dos modelos de naciones que impulsan movimientos nacionalistas de signo distinto. Mientras la nación política ha generado un nacionalismo de corte liberal, un nacionalismo más ajustado a las necesidades del régimen liberal democrático, las nacionalidades culturales han generado nacionalismos más exigentes, nacionalismos más escencialistas, nacionalismos que reclaman una lealtad previa a la nación. Lo que sucede es que estos dos son modelos ideales; en la práctica estos dos tipos de nación aparecen mezclados. La nación política se proyecta hacia el modelo de nación cultural, también la nación política busca la homogeneidad en el terreno cultural, y a su vez las nacionalidades culturales se van deslizando hacia el modelo de nación política, van buscando la consecución de objetivos más racionales para la nación, se van poniendo al servicio de causas económico sociales. En definitiva, estos son tipos ideales más que descripciones fijas de la realidad, pero en todo caso es importante destacar estos dos modelos de nación, porque originan movimientos nacionalistas de tendencias distintas, de disposiciones ideológicas diferentes, y esos dos movimientos nacionalistas existen hoy en la vida europea.
Existe junto a un nacionalismo británico que se dio un nacionalismo de corte político, un nacionalismo escocés o un nacionalismo galés, que se dio un nacionalismo de base en la nacionalidad cultural. Igual existiría en el caso francés, un nacionalismo francés de corte político, junto a un nacionalismo bretón o un nacionalismo occitano de raíz cultural. Igual en el caso español, existiría junto a una idea de nación española, que origina un sentimiento nacional español, un sentimiento nacional vasco o catalán con base en una idea de nacionalidad cultural vasca o catalana.H.I. ¿ Por lo que dice, el Estado, ha sido el creador de la nación?
A.dB.G. El Estado ha sido el creador de un tipo de nación, que ha sido predominante en la vida europea hasta el siglo XIX, la nación política. El Estado -como decía Ortega en los años veinte- es el gran truchimán de la idea de nación, es el impulsor, no es, contra la idea de un nacionalismo cultural de acuerdo con el cual, los Estados se crean a impulsos de las naciones. El proceso histórico europeo ha ido al revés: han sido los Estados los que han generado el impulso para la creación de la nación.
H.I. Con la globalización se pondría en cuestionamiento la estructura misma de los Estados nacionales. ¿ Qué modificaciones se pueden prever en la formación futura de los Estados nacionales?.
A.dB.G. Evidentemente, las circunstancias por las que atraviesa el mundo actual erosionan el papel del Estado nacional, sobre todo en el sentido que el Estado ya no puede ser el proveedor universal de las demandas sociales. El Estado se ve desbordado para hacer frente algunas de las demandas sociales, por ejemplo, la regulación de las empresas multinacionales, problemas de medio ambiente, en ese sentido, el mundo actual va abriéndose paso hacia un modelo de pluralidad de jurisdicciones, en el que coexisten junto al Estado nacional, unas organizaciones supranacionales, y unos espacios infraestatales. Ese es el orden político que se va dibujando claramente en la vida europea, pero que avanza en todo el mundo. Desde luego en ese fenómeno si se produce una erosión de la lealtad a la nación política.
H.I. ¿ Esto podría dar origen probablemente a movimientos secesionistas?.
A.dB.G. No necesariamente, porque el modelo que se va a crear es un modelo de convivencia de distintos órdenes políticos. Yo no creo que vaya a desaparecer el Estado nacional. El Estado nacional se va a integrar en una nueva red política en el que existirá junto a un gobierno mundial, unos gobiernos supraregionales como el europeo, unos gobiernos estatales, unos gobiernos infraestatales, e incluso unos gobiernos locales. Lo que se va a alterar es la dinámica política, pero en principio no cabe prever que se vayan a suprimir los Estados nacionales y las naciones políticas.
H.I. ¿ Cuáles son los factores que podrían estar detrás del resurgimiento de idearios nacionalistas en una época de globalización?.
A.dB..G. Precisamente, la globalización contra lo que se ha creído mucho tiempo, puede animar identidades locales, puede animar procesos de singularidad cultural. Hay un afán de pertenencia, un afán de mantener personalidades culturales propias que se resisten al fenómeno de la globalización. En ese sentido, la globalización ha ido acompañada en Europa en algunos casos, del resurgimiento de nacionalismos culturales. Pero esos nacionalismos culturales tendrán acomodo en el nuevo orden político, y más que sustituir el viejo orden político, lo que harán es una nueva integración. Porque al fin y al cabo esos nacionalismos culturales también están amenazados por el proceso de globalización política. Quiero decir que si el proceso de globalización pone en cuestión las naciones políticas, pone en cuestión el Estado, también pone en cuestión los proyectos maximalistas de los nacionalismos culturales aspirantes a la soberanía; quiero decir, que si el proceso de globalización priva de sentido a Gran Bretaña, dificilmente va a dar sentido a un gobierno escocés, o a un gobierno galés, si el proceso de globalización se va a llevar por delante a Italia, dificilmente va a dar origen a un gobierno de la Liga norte, a un gobierno independiente en el norte de Italia.
Si el proceso de globalización va a privar de sentido a España, dificilmente va a dar sentido a un Euskadi independiente o a una Cataluña independiente. Quiero decir, que una nueva globalización afecta a todas las manifestaciones de nacionalismo, incluido el nacionalismo cultural, y en ese sentido, más que animar proyectos secesionistas lo que va a reanimar es procesos de reajustes, de reparto territorial del poder.
H.I. ¿ Esto podría implicar procesos de reestructuración federal del Estado?.
A.dB.G. Eso es, yo creo que si, que eso si se va a producir en el marco de la Europa occidental, un reajuste del reparto territorial del poder en la forma de Estados federales, de estados autonómicos, de Estados regionales, eso es mucho más probable que la generalización de movimientos secesionistas. Yo creo que con la caída del mundo comunista, el proceso de reajuste independentista ha terminado, en Europa occidental no va avanzar, que lo que va a dar paso es a un acomodo, a un reajuste de relaciones, pero dentro del mantenimiento de los Estados nacionales, y dentro del mantenimiento de la Unión Europea.
H.I. Hay un tema que nos transporta a la primera pregunta, el tema de los intelectuales. En el surgimiento de los nacionalismos culturales se ha constatado que los intelectuales juegan un papel decisivo, pero ¿ en la época actual?
A.dB.G. Incluida la época actual, lo que sucede es que contra lo que se a veces se ha mantenido, no hay que dar pie a tesis excesivamente voluntaristas en cuanto al surgimiento de los movimientos nacionalistas, haciéndolos función del esfuerzo de los intelectuales nacionalistas. Los movimientos nacionalistas necesitan tener un soporte previo para que puedan tomar forma. Los intelectuales son muy importantes en el surgimiento de un nacionalismo cultural, pero necesitan contar con unos datos étnicos, con unos datos culturales de partida para que el nacionalismo pueda existir. En ese sentido, yo creo que hay que precaverse un poco contra la hipótesis que ve a los nacionalismos culturales como el fruto de una revolución de los intelectuales. Ese papel de los intelectuales solo juega a favor de unas circunstancias de base, de unas circunstancias objetivas que permitan el surgimiento de las nacionalidades culturales, de unas singularidades históricas, de unas singularidades étnicas, de unas singularidades lingüísticas. El movimiento intelectual no puede crear un movimiento nacionalista de la nada, por muy voluntarista que sea.
H.I. Pienso en la idea de Hroch, acerca de que los movimientos nacionalistas deben tener capacidad de generar sus intelectuales, pero también estos deben operar sobre la base de ciertas estructuras sociales y económicas, ya que no se puede crear la nación sin contar con algún sustento material y cierto desarrollo económico.
A.dB.G. Exacto, eso es, esa es una idea, que precisamente Hroch destaca bien, de subrayar el papel de los intelectuales, pero no exagerarlo. Ha habido en los estudios de nacionalismo del último siglo, un énfasis excesivo en la capacidad creadora de los intelectuales en relación al nacionalismo, creo que eso hay que verlo con un poco más de calma, y atender a esos requisitos previos, para que pueda funcionar la revolución de los intelectuales.
H.I. Una pregunta sobre España: la presencia de los nacionalismos periféricos con dos polos muy fuertes, el país Vasco y Cataluña. Estos dos nacionalismos, ¿ tienen la posibilidad de apuntar a la secesión del Estado español?
A.dB.G. Yo no creo que haya un riesgo de secesión en el Estado español. De entrada la crisis nacional española, es una crisis reciente. El Estado nacional español es un Estado sólido durante siglos, y solo en el último siglo ha tenido unos desafíos significativos, ligados al impacto de la guerra civil, el impacto de la dictadura franquista y el proceso de la transición política. En ese sentido, los precedentes que hay en el siglo XIX y en el primer tercio del XX son mucho más suaves en cuanto al cuestionamiento del Estado. Entonces, hay que esperar que esos nacionalismos encuentren acomodo en un nuevo reparto territorial del poder. Efectivamente hay ahí un desafío por parte de los movimientos nacionalistas de algunos sectores más radicalizados, que apuntan hacia una soberanía, hacia una idea de autodeterminación, pero en principio todo hace indicar que el modelo territorial construido en España, tendrá capacidad integradora de esos nacionalismos, y que se integrarán en una planta política en el que convivan una lealtad a la nación política española y una lealtad a las nacionalidades culturales existentes en su seno. En ese sentido, el tratamiento del problema nacional en Europa, requiere la aplicación de las lealtades compartidas a la cuestión nacional. La idea sería que el ciudadano pueda sentirse al mismo tiempo francés, bretón y europeo, sin que eso le suponga un desgarro interno, ese es el esquema que habrá que aplicar en España, que el ciudadano pueda sentir una lealtad a la comunidad autónoma catalana, al estado español, a la Unión Europea, sentirse ciudadano del mundo y todo eso pueda funcionar equilibradamente. En ese sentido, yo creo, que los riesgos que presenta el problema, son riesgos asumibles y que podrán ser superados.
Andrés de Blas Guerrero, es catedrático de la Universidad Nacional a Distancia en Madrid. Ha publicado entre otras obras, Nacionalismo e ideologías políticas contemporáneas, Espasa Calpe, Madrid, 1984; Sobre el nacionalismo español, CEC, Madrid, 1989; Tradición republicana y nacionalismo español, Tecnos, Madrid, 1991; Nacionalismos y naciones en Europa, Alianza, Madrid, 1994; Enciclopedia del nacionalismo, (dir.), Alianza, Madrid, 1999.
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