Ecuador DEBATE Nº 61
 
 DEBATE ANALISIS

CUANDO LAS ELITES DIRIGENTES GIRAN EN REDONDO: EL CASO DE LOS LIDERAZGOS INDIGENAS EN ECUADOR

Roberto Santana *

La animación de un debate nacional parece ser una responsabilidad insoslayable para todos aquellos líderes que constituyen la inteligentzia india porque la mejor traducción de la diversidad étnica está en el pluralismo político y no en un populismo trasnochado o en las concepciones dicotómicas de la lucha de clases, o de indios contra no-indios.

La Confederación de las Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) y otras organizaciones indígenas y sociales del Ecuador deliberan y despliegan mucha actividad desde fines de diciembre del 2003 con vista a la preparación de movilizaciones en contra de la política del Presidente Gutiérrez, las cuales, en la idea de algunos líderes, deberían tener como objetivo provocar incluso la dimisión del gobernante. Recordemos que el gobierno actual acaba de cumplir su primer aniversario. De suceder esta alternativa límite, sería la tercera vez que en un corto espacio de siete años el movimiento indígena habría contribuido a la interrupción prematura de gobiernos legítimamente constituidos, siguiendo una dinámica que parece haberse instalado como un ritual de la política ecuatoriana. Recordemos que en ese mismo lapso de tiempo el país ostenta el récord de cinco presidentes. Esta alta inestabilidad del sistema político obliga a preguntarse a qué juegan verdaderamente los diferentes actores políticos y en particular a qué juega el movimiento indígena, omnipresente en la escena política del país en los dos últimos decenios y, por qué no decirlo, convertido en el principal hacedor y enterrador de gobiernos.

Una respuesta no convencional a estas interrogantes obliga necesariamente a un cuestionamiento de fondo y no solamente estructural y circunstancial del quehacer político del liderazgo indígena, ejercicio hasta ahora eludido por los analistas, sea por interés político o por solidaridad con quienes por muy largo tiempo estuvieron completamente excluidos de la historia ecuatoriana, sea por sentirse desarmados frente al argumento del "victimismo histórico" esgrimido por los líderes indígenas ("500 años de dominación, de explotación y de discriminación"). Creo, sin embargo, que esas no son razones para que los actores políticos indígenas no sean objeto, como todos los demás actores de la escena política, de observación y de análisis objetivos de sus discursos y de sus prácticas. Ello no puede ir sino en su propio interés.

Yo voy a intentar el ejercicio comenzando por un poco de historia, la historia de un movimiento que emerge con dificultades pero bajo los mejores auspicios, que se fortalece orgánicamente y se legitima como actor en el escenario nacional, pero que luego se empantana políticamente y es amenazado de disgregación por carecer de una visión realista del futuro.

De los éxitos y de las promesas

Una movilización política sostenida a lo largo de un cuarto de siglo había permitido a las poblaciones indígenas del Ecuador contar ya a comienzos de los años 1990, con un andamiaje organizacional que es uno de los más densos y de los mas vivaces que existen en el continente. Casi 3.000 organizaciones de base (entre comunas, cooperativas y asociaciones), 126 organizaciones de segundo grado (OSG - uniones y asociaciones), 17 federaciones de tercer grado (regionales) se repartían principalmente entre la Sierra y la región amazónica (1). Por encima de ese entramado una Confederación Nacional, la CONAIE, se había legitimado como ampliamente representativa, instalándose durablemente en el escenario político del país.

La construcción de este potente dispositivo tuvo lugar principalmente en la década de 1980, es decir, en un período que en general no fue favorable en América Latina para la progresión de los sectores populares, en razón de un contexto nacional e internacional marcado por la crisis del modelo de acumulación y por los impactos negativos de la transición a las políticas neo-liberales.

En el Ier Congreso de Antropólogos ecuatorianos celebrado en Quito en 1996, haciendo el balance de la "década ganada" por los indígenas (2), yo tuve oportunidad de decir lo siguiente: "Como consecuencia de una considerable acumulación de experiencias, de contactos con el exterior, de formación de líderes y de preparación de los miembros de grupo de base, puede decirse que a fines de los años 80 las comunidades tanto serranas como amazónicas muestran que un verdadero "salto histórico" ha tenido lugar tanto desde el punto de vista de los ritmos como de las modalidades del desarrollo. Un escenario inédito aparece, donde la novedad es la apertura hacia el exterior, la disposición a la innovación organizacional y tecnológica, a la adopción de nuevos sistemas productivos. Yo creo no exagerar diciendo que quien visita hoy las comunidades queda sorprendido por el accionar de hombres y mujeres que buscan soluciones, se plantean cuestionamientos, discuten, van a ver lo que ocurre en otros lados, se consagran a las tareas de la organización..." Esto era dicho en aquél momento, no solamente para sostener que todo no era negativo en el período de la globalización sino también para sugerir el interés de parte de los líderes indígenas de abrir un debate sobre las líneas estratégicas que podrían permitir una consolidación de lo avanzado hasta allí por las poblaciones indígenas.

Los éxitos de los indígenas ecuatorianos venían a desmentir a aquéllos que todavía a fines de los 70 no creían para nada que la potenciación de la variable étnica en el seno de los diversos campesinados indígenas podría un día aportarles beneficios tanto sobre el plano político como sobre el plano material. La progresión política india había venido a desmentir el pesimismo generalizado de aquélla época. Ella había sido posible en gran parte gracias a la globalización. En el Congreso de Antropólogos ya citado, yo llamaba la atención sobre esta circunstancia que me parecía esencial: "Si pensamos bien el camino realizado por los movimientos étnicos en Ecuador, algunos hechos vienen a señalar un cierto paralelismo, sino una relación de causa a efecto, entre la expansión del fenómeno de la globalización, la adopción de las políticas neo-liberales a escala internacional y la emergencia de una vigorosa modernización étnica. Conviene reflexionar a propósito de ciertos puntos controvertidos, aún a riesgo de ir a contra-corriente de la diabolización a priori de las nuevas estrategias internacionales del capital. Por ejemplo, el instrumento privilegiado por el neo-liberalismo para intervenir en el dominio de lo social/marginal o de lo social/étnico ¿no han sido acaso las ONGs?, es decir, esos mismos organismos que, con más o menos eficacia, son sin lugar a dudas los que más han contribuido a dinamizar las sociedades autóctonas. Y sin embargo, debe decirse que ellas son el primer producto institucional exportable desde los centros del neoliberalismo para atender las periferias. Producto por excelencia de la transnacionalización. Otra interrogación: ¿cómo se explica que en la historia indígena ecuatoriana pueda claramente reconocerse un tercer período de intensa actividad organizativa precisamente cuando la política oficial reinante es aquélla del proyecto neo-liberal? Los dos períodos organizativos anteriores fueron: aquél que viene inmediatamente después de la ley de comunas (1937) y el que corresponde al período más activo de la reforma agraria, entre 1965 y 1977"(3).


* IPEALT, Université de Toulouse Le Mirail ; e-mail : roberto.santana@wanadoo.fr
1 Ver de León Zamosc su trabajo "Estadísticas de las áreas de predominio étnico de la sierra ecuatoriana. Universidad de California, San Diego, 1994 (manuscrito).
2 La expresión es de Galo Ramón
3 En esos dos períodos anteriores, la influencia de factores venidos del exterior creó las condiciones favorables a la dinamización indígena: la emergencia del movimiento indigenista en México y Perú en el primer caso, y la política norteamericana de la Alianza para el Progreso en el segundo.

 
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