Ecuador DEBATE Nº 61
DEBATE ANALISIS
En fin, agregaba otro ejemplo: con la reactivación de la actividad petrolera privada llevada a cabo por las firmas multinacionales, campeonas por excelencia del neo-liberalismo, los grupos indígenas mas dispersos y periféricos de la Amazonia, acosados y obligados por las circunstancias a la defensa de sus territorios y a buscar nuevas formas de sobrevivencia, se dotaron de organizaciones "modernas" y obligaron a las firmas a pagar compensaciones y a negociar con ellos un modus vivendi. Había que preguntarse si las mismas concesiones habrían podido ser acordadas por el "Estado petrolero" en el contexto del modelo con monopolio estatista sobre la explotación del recurso.
Es cierto, los indios no habían hecho la revolución, utopía esperada por algunos, pero era ya un éxito considerable que en medio de una de las crisis más profundas y más durables de la economía ecuatoriana, con el apoyo venido del exterior ellos habían sabido organizarse, se habían instalado durablemente en el espacio público, habían mejorado algo sus condiciones de vida, pero sobre todo parecían haber aumentado sus perspectivas en términos de desarrollo(4).
Las vías sobre el camino de la modernización parecían abiertas a todos los grupos étnicos, gracias a una estrategia de "andar con los dos pies", es decir, por un lado promoviendo la dinamización de la sociedad indígena local y, por otro, desarrollando sus capacidades para devenir un interlocutor insoslayable del sistema político nacional. Así, la necesidad de la modernización de las sociedades autóctonas fue puesta por todas partes a la orden del día, sin que ello significase renunciar a la identidad sino, muy por el contrario, considerando que ésta debería permitir potenciar ese proceso.
La identidad indígena, había salido fortalecida de este primer período e iba a reforzarse mucho más en los años 1990, como consecuencia de conquistas fundamentales obtenidas sobre el plano constitucional (reconocimiento de las nacionalidades indígenas, carácter "plurinacional del Estado ecuatoriano"), de las reformas jurídicas y administrativas ligadas a los derechos culturales (generalización del bilingüismo, reformas relativas al registro civil, etc.), de la creación de organismos estatales para-indígenas (de desarrollo, de educación bilingüe, culturales), de una descentralización que permite a los indios el control político y administrativo de diversas provincias y numerosos cantones, y, por fin, una representación parlamentaria. (a través del partido Pachakutik). En todos esos dominios, ningún país de América Latina ha conocido tantos avances. De tal manera que, en cuanto al reconocimiento constitucional y jurídico de la identidad y de la diversidad cultural los indígenas ecuatorianos han conquistado ya lo esencial. Pero, sorpresa! Esos progresos no han resuelto todo: en los años 2000 la cuestión de la pobreza y la necesidad del desarrollo sigue siendo el foco del descontento y de la inestabilidad política.
La gran paradoja: éxitos políticos sin desarrollo
El balance a fines de los años 1990, se presta menos al optimismo, puesto que las promesas de desarrollo contenidas en la evaluación positiva del decenio precedente no se transformaron en realidad y, por el contrario, el panorama indígena político y material se ha desmejorado considerablemente en muchos aspectos. El resultado más perturbante de lo acontecido en la última década del siglo es constatar que la fuerte presencia indígena en el escenario político nacional y las conquistas logradas sobre los aspectos constitucionales y legales del reconocimiento de la diferencia, son acontecimientos positivos que por desgracia no fueron acompañados de desarrollo económico en las comunidades. La causa principal de esta paradoja está en la inmovilidad que imprime al sistema económico la clase política nacional, frente a la cual el movimiento indígena aparece desarmado, pese a las apariencias. La frecuencia con que sus organizaciones han estado en el centro de la actualidad ecuatoriana (levantamientos de 1990 y de 1994, contribución a la caída de los gobiernos de Bucaram y de Mahuad, corta participación en el gobierno del actual Presidente Lucio Gutiérrez) son elementos que, de cierta manera, han estado ocultando la incapacidad real del movimiento indígena liderado por la CONAIE y el Partido Pachakutik, a producir cambios profundos en la política nacional, y sobre todo a contribuir a una nueva estrategia para el desarrollo económico del país.
Mientras el movimiento indígena organizado ganaba espacios políticos y era saludado y vanagloriado por todas partes, la población de las comunidades de la Sierra se empobrecía, a tal punto que en las regiones menos atendidas por las ONGs y por algunos programas nacionales o internacionales, la única solución imaginable por los miembros de comunidades fue la migración al extranjero al precio de hipotecar o de vender sus escasos bienes. Las ciudades ecuatorianas, impedidas de ofrecer empleos como consecuencia de la crisis económica que golpea al país, fueron evitadas inteligentemente por los migrantes. Fue así como, por primera vez en su historia, el Ecuador conoció en los años 90 una emigración internacional masiva de una fuerza de trabajo "bracera" salida de las comunidades, dirigida hacia los EEUU, a España y otros países (5). En algunos casos, como en Saraguro o Azuay, el proceso fue tan brutal que prácticamente desaparecieron de muchas comunidades los hombres de las categorías de edad yendo de los 17 a los 50 años. Muchas mujeres siguieron a los hombres.
El colapso de las economías campesinas de la Sierra se ha producido a pesar de que en los años 90 una nueva dotación de recursos vino en ayuda de las comunidades. Después del levantamiento de 1990 se produjo, en efecto, un nuevo período de redistribución de tierras, esta vez en el marco del programa "Fondo Indígena de Tierras", ejecutado por el FEPP (Fondo Populorum Progressio) y financiado mediante el mecanismo del canje de la deuda externa (swaps). Los resultados en términos de atribución de tierras muestran que una segunda reforma agraria, esta vez privada, tuvo lugar en la Sierra. En efecto, entre 1990 y 1996 fueron adquiridas y entregadas 409 362 hectáreas a las comunidades. En la provincia de mayor concentración de población indígena, Chimborazo, se distribuyó el 59,1% de esa superficie total, concentrándose las acciones del FEPP en las áreas de Tixán, de Guamote y de San Juan. Sin embargo, a fines de la década se constata que los proyectos montados sobre esta nueva base de recursos, tampoco lograron desalojar la pobreza campesina y que la migración rural siguió siendo fuerte.
El ejemplo más ilustrativo, del fracaso de las estrategias de "desarrollo campesino" en la Sierra, reposando en un alto grado en la acción de las ONGs, ha sido descrito recientemente por Víctor Bretón(6), principalmente en el caso de la provincia de Chimborazo. En esa provincia, el cantón Guamote, uno de los más importantes y de más fuerte identidad étnica de la provincia, tiene la más elevada densidad organizacional de todo el país. Apoyándose en una multiplicidad de estructuras creadas gracias a los apoyos internacionales, los indígenas de ese cantón accedieron al control político en el nivel local: "Dicho proceso culminó con el acceso del primer Alcalde indio en 1992, reelegido por amplia mayoría en 1996, y con el inicio de una democratización efectiva de las estructuras del poder local, que por su carácter participativo, descentralizado y concertado constituye una experiencia referencial para el desarrollo local y la innovación municipal en el país" (Bretón, citando a Torres 1999). Más todavía: Guamote ha creado su "Parlamento Indígena y Popular" (integrado por 114 presidentes de comunidades) que se ocupa de la definición de políticas y de la ejecución de acciones prioritarias a nivel municipal. Sin duda hay aquí una experiencia extraordinaria de democracia local, pero lo grave es que los logros
4 Leer a este propósito el de Galo Ramón y sus colaboradores: "Actores de una década ganada", ediciones COMUNIDEC, Quito, 1993.
5 El dinero enviado a los familiares por los migrantes se convirtió rápidamente en la segunda entrada de divisas del país, inmediatamente después del petróleo, viniendo a confortar a las élites en su inmovilidad.
6 Bretón Solo de Zaldívar, Víctor, "Cooperación al desarrollo y demandas étnicas en los Andes ecuatorianos", FLACSO, Ecuador. 2001.
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