Ecuador DEBATE Nº 61
DEBATE CRITICA BIBLIOGRAFICA
POBREZA, EMPLEO Y EQUIDAD EN EL ECUADOR: PERSPECTIVAS PARA EL DESARROLLO HUMANO SOSTENIBLE
Carlos Larrea y Jeannette Sánchez. 2002
Editores: PNUD Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
Comentarios: Liisa North*
Tal como el título de esta breve pero importante obra sugiere, el análisis presentado por Carlos Larrea y Jeannette Sánchez se elabora con referencia al marco teórico de desarrollo humano, derivado del trabajo pionero del Premio Nobel Amartya Sen y utilizado por el Programa de las Naciones para el Desarrollo (PNUD) desde el año 1990 para la elaboración de una serie de informes anuales que presentan y examinan los "rankings" de los países del mundo con referencia a un Indice de Desarrollo Humano (IDH). Según el pensamiento de Sen, el crecimiento económico no es un fin en sí mismo; más bien es un medio para llegar al objetivo fundamental de expandir la potencialidad de las personas para disfrutar vidas dignas con auto respeto. Por eso la promoción del desarrollo, para el PNUD y los dos autores, implica medidas para lograr "la satisfacción de las necesidades básicas en educación, salud y vivienda, el acceso a un empleo adecuado y dignificante, y la gradual eliminación de las inequidades sociales, entendidas como desigualdades innecesarias, injustas y evitables" (p. 11). Además, Larrea y Sánchez afirman que el libre funcionamiento de las fuerzas del mercado no resulta en avances hacia estas metas; al contrario, "frecuentemente ha conducido a la profundización de las desigualdades sociales" que generan pobreza (p. 11). Por esta razón, la acción estatal y las políticas públicas se convierten en esenciales para lograr avances sostenibles en desarrollo humano.
Es dentro de los lineamientos analíticos brevemente resumidos arriba que los autores proceden, primero, a indagar el "record" de crecimiento económico y cambios en los indicadores sociales en el Ecuador desde, aproximadamente, 1980 hasta 2000/01 y a elaborar una serie de "escenarios" sobre la posible evolución futura del PIB/per capita y de la pobreza; segundo, a considerar el marco institucional, nacional e internacional, de las políticas económicas y sociales; y finalmente, a presentar una "propuesta alternativa" para la elaboración de políticas públicas que puedan reducir los muy altos niveles de pobreza y desigualdades sociales que enfrenta el país.El cuadro socio-económico del Ecuador durante las dos últimas décadas del siglo veinte fue poco alentador. Al finalizar el siglo, con referencia al IDH del PNUD, el país se ubicó en la penúltima posición en América del Sur, superado solamente por Bolivia. Larrea y Sánchez resumen los datos más confiables de que se dispone sobre las condiciones relacionadas a la medición del IDH. Comprueban que no ocurrieron cambios significantes en la incidencia de la pobreza durante los ochenta y noventa, y los que niveles verdaderamente alarmantes de pobreza e indigencia persistieron entre las poblaciones rurales e indígenas, afectando a casi las tres cuartas partes de ellas (p. 18 y 25). Mientras tanto, los indicadores de educación se estancaron con la reducción del gasto social del Estado (bajó de 145.0 dólares por habitante en 1980-81 a 108.6 dólares en 1990-1995), una cifra que se ubicó fuertemente por debajo del promedio latinoamericano (que subió ligeramente de 194.8 a 202.3 dólares por habitante en el curso de los mismos años) (p. 23). Al mismo tiempo, la concentración en la distribución del ingreso se incrementó en las zonas urbanas (no existen suficientes datos confiables para analizar la situación rural) entre 1988 y 1997, y este incremento ocurrió, "como en la mayoría de los países latinoamericanos, simultáneamente al proceso de apertura comercial" (p. 19).
Los datos disponibles a escala nacional no son adecuados para analizar en detalle las tendencias sobre empleo e ingresos con referencia a distintos sectores de la economía y categorías sociales, como edad y género. Pero sí existe una serie de encuestas que permiten tales indagaciones para Cuenca, Guayaquil, y Quito durante 1998-2001, cuando el país pasó por lo que probablemente fue su peor crisis económica del siglo veinte. Aunque Larrea y Sánchez encuentran diferencias en la profundidad de la crisis en las tres ciudades y también en la evolución de la pobreza e indigencia, los índices de desempleo, los salarios medios, y la distribución del ingreso, sin embargo descubren un elemento compartido: i.e., en los tres casos fueron las mujeres "quienes sufrieron más intensamente el deterioro laboral" (p. 39). Entre las diferencias más significantes, vale mencionar que todos los índices arriba mencionados experimentaron una recuperación sorprendentemente rápida en la ciudad de Cuenca, lo cual se puede explicar por "el elevado peso del turismo con amplios enlaces económicos y sociales [que incrementaron el empleo], la masiva remisión de divisas de los trabajadores emigrantes, y la propia migración internacional desde el Austro" (p. 31). La importancia de la creación de enlaces económicos y de la renegociación de la deuda para retener divisas dentro del país son cuestiones retomadas en la última sección del libro con referencia a la propuesta alternativa.La discusión de la institucionalidad (la segunda parte de la obra) compara los elementos de los varios acuerdos internacionales firmados por el Ecuador como el acuerdo que surgió de la Cumbre de Copenhague y los varios planes de desarrollo elaborados por comisiones estatales y gobiernos Ecuatorianos, junto con elementos relevantes de la Constitución de 1998 (como los compromisos sobre la educación bilingüe y el gasto social). Los autores señalan las contradicciones entre estos acuerdos y planes por un lado, y las medidas económicas exigidas por el Fondo Monetario por el otro lado. También concluyen que estos acuerdos y planes erraron por su falta de atención a la generación del empleo y por su orientación asistencialista hacia los sectores más pobres.
* PhD Sociología. Profesora e investigadora de la Universidad de York, Canadá.
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