Ecuador DEBATE Nº 63
 
 TEMA CENTRAL

patriarcal machista, en el que el hombre mantiene un predominio sobre la mujer y en el que se propaga el ideal oficial y mestiza de ciertas masculinidad y feminidad. Instituciones como el estado, la escuela, el sistema político, el mercado de trabajo y la iglesia, así como también los medios de comunicación hegemónicos, crean y recrean un sentido social respeto a las relaciones de género y que así hacen que sean percibidas como algo natural (Bourdieu 2000, 37). En la opinión pública y en el ámbito político se parte de una masculinidad y feminidad esencializadas, lo cual significa un tipo de masculino y un tipo de femenino, que es binario y así margina otras formas de sexualidad como la homosexualidad o trans-sexualidad y que es mestizo, que no solamente no toma en cuenta las diferencias étnicas, regionales y de clase, sino que también muestra un tipo monolítico de lo mestizo (Andrade 2001, 18). Por eso, raza y clase están directamente relacionadas con la dominación de género.

Las estructuras y prácticas de género forman parte del habitus. A las mujeres, por ejemplo, se las identifica y se autoidentifican con valores como ser dulces, cariñosas y con la virtud de servir a otros; prácticas sociales con las que se identifican y legitiman como tales en la sociedad. Esto no quiere decir que todas las mujeres y todos los hombres lo reproduzcan sin cuestionarlo. Justamente de eso se trata el habitus.

Las ecuatorianas por mí investigadas hablan de machismo cuando se refieren a la dominación masculina y al rol y posibilidades de las mujeres en la sociedad ecuatoriana, a eso se debe que yo también utilice esta categoría, siempre consciente de su ambivalencia, de su carácter polémico y polisémico. En este trabajo equiparo por esta razón los conceptos de machismo y sociedad patriarcal.

Para afrontar el problema de las falsas generalizaciones y el peligro de interpretar razones culturales de comportamientos de las migrantes en España, he visitado a las familias y parientes en Ecuador de los y las entrevistados. Ahora bien, ¿qué relevancia tienen las relaciones de género para el análisis y comprensión del proyecto migratorio de las migrantes ecuatorianas en Madrid? ¿Qué rol juega su condición de mujer: por una parte, al haber sido socializadas en una sociedad patriarcal y, por otra, al incorporarse como mujer migrante en la sociedad española?

Mi aporte para una investigación sobre estos temas trata acerca de las relaciones de género como una de las razones de la emigración y además sobre su relevancia en el proceso migratorio.

Las relaciones de género como una de las razones de la emigración

Por qué migra la gente? La respuesta a esto parece ser una verdad de perogrullo: por razones económicas (p.ej. para la migración de mujeres a Navarra, cfr. Macías 2003). Estadísticas sobre la situación económica de un país generador de emigrantes apoyan este supuesto, así como también la cantidad de remesas enviadas al país de origen. En efecto, en el caso de la emigración ecuatoriana hay una clara relación entre la crisis económica en Ecuador y el incremento de la emigración (Acosta, López y Villamar 2004, 259-265).

Pero un análisis meramente económico se vuelve ciego frente a dimensiones muy importantes. Las migraciones son multifacéticas y una de las razones sociales, que a menudo no se valora en el análisis de la migración latinoamericana, son las relaciones de género como una forma de exclusión social en el contexto de origen (Ruiz 2000; Pedone 2002). Hacer frente a esta exclusión y buscar alternativas a la situación actual, motiva a las mujeres a decidirse por la migración. Razones económicas y sociales se complementan perfectamente en este caso. La decisión de migrar incluso puede ser tomada por la familia y/o el marido en vista de la feminización del mercado laboral, es decir, no necesariamente por propia decisión de las mujeres. Sin embargo, el distanciamiento que ello conlleva no siempre es observado como negativo, y dado el caso, también como una oportunidad. Por eso las mujeres toman la iniciativa en España de divorciarse de sus maridos, o buscan otras parejas, para vivir otra forma de relación y de sexualidad. Por eso es que la parcializada imagen de mujeres inmigrantes como las "pobrecitas" o "madres sacrificadas" es demasiado corta de vista (Ruiz 2002, 88). No significa que casos así no existan; tampoco que la vida de las inmigrantes no sea dura. Pero el irse lejos, la distancia con Ecuador y su rol como potenciales o actuales esposas y madres en un contexto marcado por relaciones machistas, también puede ser deseado y buscado. Por esta razón no se puede tomar como presupuesto general que las migrantes vean sus proyectos migratorios sobre todo como una estrategia familiar (Anthias y Lazaridis 2000, 11).

Muchas mujeres ya han intentado en Ecuador una transformación de las relaciones de género, por lo cual la emigración puede ser considerada como una continuidad de la transformación operada en sus propios rol y subjetividad. Así, por ejemplo, el caso de Mónica1, quien cuenta una "historia de emancipación": en Ecuador ella fue maltratada por largos años por su esposo, ella misma maltrató a sus niños, hasta que buscó en Ecuador ayuda psicológica; empezó a redefinirse ella misma y su rol y a cambiar su relación con su esposo. Se buscó un trabajo como empleada doméstica, más tarde en limpieza en una empresa y decidió emigrar cuando el dinero ya no le era suficiente y, además, una cuñada ya le había ofrecido llevarla a España. Trabaja actualmente como empleada interna e intenta sacar adelante a sus tres niños en Ecuador independientemente de su esposo.

Se trata, sin embargo, no sólo de la relación entre violencia y migración, sino también de la aspiración de las mujeres ecuatorianas a otras formas de vida, aventura, libertad e independencia. La migración se vuelve así en una estrategia femenina central de sobrevivencia, una estrategia propia de empoderamiento y desarrollo, así como también de construcción de nuevas subjetividades en el contexto de la globalización.

A menudo se habla muy negativamente sobre las "familias destruidas por la migración" (Hochschild 2003, 22). Sin embargo, no se toma en cuenta que el tipo de familia en Ecuador ya era destructivo y que las mujeres encontraron en la migración una salida a eso. Esto, sin embargo, no es válido para todas las mujeres: si es verdad que en la investigación de migración por mucho tiempo han dominado explicaciones monocausales y universalistas, por mi parte, no quiero defender un planteamiento monocausal, aunque ciertamente diferente, el mismo que pudiera explicar todos los fenómenos y todas las historias de los y las inmigrantes. Por eso es que mis observaciones son adecuadas para muchas, pero no para todas las inmigrantes ecuatorianas.

La relevancia del género en el proceso migratorio

Una ecuatoriana me decía: "Me vine para poner tierra entremedio", es decir, distancia entre su esposo y ella. La migración es un movimiento en el espacio, un distanciamiento del contexto de origen, el mismo que trae consigo un sinnúmero de transformaciones. En el contexto de la sociedad española, los y las inmigrantes la perciben como extraña, con valores nuevos y formas de convivencia desconocidas; a pesar de la cercanía histórica, producto de los procesos de colonización. El sentido práctico de las acciones ya no es más válido en todas las relaciones, ni siquiera necesariamente entre los mismos ecuatorianos, hombres y mujeres. Esto implica un desafío de lo establecido, el cual, a pesar de que sea parcialmente querido, puede traer como consecuencia cierta inseguridad en un ambiente extraño y a menudo hostil. Además es imposible que las propias historia y socialización sean olvidadas, independientemente de que se lo quiera o no: en la interacción social y en la producción de un sentido social, hombres y mujeres recurren, junto a otros recursos, también a sus formas adquiridas de percibir, pensar y actuar, es decir a su habitus, lo cual puede conducir a su transformación, afirmación o superación.

En lo que sigue quiero tratar tres aspectos, los mismos que tienen que ver con la identidad de género de las migrantes ecuatorianas: género y mercado de trabajo; relaciones de género y estrategias nuevas; y la renegociación de las relaciones de pareja.

a)Género y mercado de trabajo.

Un análisis del sistema muestra que el sexismo es constitutivo del mercado de trabajo al interior de la economía capitalista (Balibar/Wallerstein 1991), siendo triplemente discriminadas las migrantes en razón de su género, raza y clase (por ejemplo, Andall 2000). Las migrantes están insertas en un mercado de trabajo global y feminizado que, además es reforzado por instituciones como el Estado, la Iglesia, las ONGs y la familia española (Sassen 1998), y que en la mayoría de los casos es un trabajo muy duro, con muchas horas de trabajo y con apenas tiempo libre. Las condiciones de trabajo dependen de la buena voluntad de los empleadores, lo cual hace a las inmigrantes sumamente vulnerables. Además, las migrantes están expuestas a diferentes formas de violencia, entre ellas la violencia estructural,


1 Todos los nombres son seudónimos

 
  <----

---->